jueves, 12 de diciembre de 2019

"CORIOLIS", Sergio Balbontín.

“CORIOLIS” de Sergio Balbontín , es un bellísimo poemario, conmovedoramente verdadero sobre la fuerza fundamental del ser humano, la que nos hace sentir y querer estar vivos, aquella que nos mueve haciéndonos salir del estado de reposo: el DESEO, el cual hace que “lo imposible dure toda la vida”(“SALVAJE”), puesto que nunca alcanzamos la realización plena del mismo.
Aclaro que los poemas de este libro, como todo poema , están creados fundamental y aún quizás exclusivamente, para que semos conmovidos, luego si cabe, entrar en su análisis como he hecho yo, y es mejor leer este comentario luego de haber leído varias veces el poemario.. para dejarse ser... conmovido y leído sin interferencias de una lectura particular como es ésta, que obviamente es la mía.
El poeta elige como metáfora para nombra el Deseo al efecto CORIOLIS, fuerza (inercial en la Física) que podríamos asimilar, aunque seguramente no con precisión científica, a la que opera en la separación de todos nosotros en tanto sujetos “de” y “al” lenguaje, imposibilitando nuestro encuentro definitivo con el objeto que satisfaga de forma plena nuestro Deseo, objeto causa que en su búsqueda nos hace girar en torno al vacío de su ausencia , en pos de representaciones imaginario -simbólicas que siempre de manera momentánea recubren su falta . Y así siempre estamos respecto del mismo tan lejos y tan cerca.
Y aborda el fundamento de esa fragilidad del Deseo, la propia fragilidad del “ser humanos” puesto que ”nadie conoce nada de nosotros” como culmina uno de sus poemas :”NOS AMB NOS”. Tampoco del otro, ni de los sentimientos contradictorios que a veces ni siquiera sabemos que tenemos (“cada cosa que no sabemos que sentimos”), tanto respecto a nosotros mismos como al otro, y especialmente respecto al otro a quien amamos.
El Amor mismo está animado de un profundo desconocimiento y contradicción : es anhelo, anhelo de permanencia ... y miedo a la vulnerabilidad en que este nos deja, y a su posible pérdida . Por eso en él hay deseo de fusión y huida, y por eso a veces aún, disimulo y repliegue sobre nuestra infranqueable y definitiva soledad “ que ni entiende ni conoce la vida” :
“valdrán estos poemas para disimular el tamaño de este amor,/para vivir con otros nombres y huir …/ .
Amor que es también festejo, plenitud casi perfecta del CIRCULO en sus momentos de esplendor donde podemos llegar a sentirnos “GIGANTES”.
Amor que nos exige no pocas veces la salvaguarda del autoengaño:
“lugares en los que hicimos un pacto para ser felices; no darnos cuenta” …
de la incompletud , de la estructural imposibilidad que tenemos de hacer uno de dos como insiste en creerse el engaño del Amor, en su fracasado empeño por negar y evitar la diferencia y la pérdida que la misma supone :
“nunca más volveremos a ser nosotros”... puesto que ”volando en círculos /habían comprendido las distancias”(“LOS PÁJAROS”), y puesto que :
:“Es tan fácil perder” que “Ese es el trato; aprender a perder ….(“PERDER”)
Y es un libro fundamentalmente sobre la POESÍA y su VALOR (también en cuanto a valentía) para decirnos y escuchar nuestras medio verdades, y así “medio-entender” a nosotros mismos y al otro, mediante “LAS PALABRAS” que aunque “hechas de silencios y traiciones” son lo único que tenemos “para mentir, para contar la verdad...”FRÁGIL” que habitamos.
Para que la fuerza del Deseo nos mantenga vivos, en movimiento, en contra de la inercia (cita de la primera ley de Newton en el inicio del libro) quizá sea fundamental “depurar la alegría del recuerdo”, versos de André Breton que el poeta cita también al inicio de su poemario, puesto que su algarabía , hace señas a la vida para que siga in-sistiendo.

El recuerdo aunque guarde un valor, el único que nos está permitido tener de lo que alguna vez fue presente, es en cambio como una momia, representa una vida muerta que se intenta conservar .
El libro está estructurado en tres partes la primera NAUTAS la cual comienza con una cita de Juan Vicente Piqueras:
“El resto es mar y una mujer que baila alrededor de la palabra nunca”
donde la condición de infinitud de la mar y la Mujer(que como dice Lacan y queda patente en este verso, “no existe” puesto que la respuesta a qué es una mujer, es imposible de responder con exactitud) que baila en torno a la palabra nunca , son metáfora del Deseo y del objeto que podría provocarlo como imposibles , imposibilidad de satisfacción del Deseo plena, ...sin resto. Sobra o falta , vacío que em-puja la pulsión y nos deviene en nautas
“cuyos pobres sueños de náufragos nunca zarparán de la botella de cristal”(poema “Nautas”) pero aún así y precisamente por eso, seguirán insistiendo,
puesto que es la fuerza del Deseo la que puede “escribir un esencial y bello “poema que nunca nos olvide”como “ETERNO”)
Es porque “La Mujer” es no- toda y no existe(como La Dama del amor cortés imposible en la poesía trovadoresca ),que hay que crearla. "La mujer2 no existe, la mujer es el sueño de un hombre.Hay mujeres", dice Lacan .
Obviamente sí hay mujeres que pueden encarnarla transitoriamente, cada cual con su forma particular(“idiomas” como les llama el poeta en “NÚMEROS”) de intentar situarse como síntoma del hombre bajo ese significante que nunca las define del todo).
Y es posible hacerlo en la medida en que él cree en ella como queda patente en el conmovedor poema “INFINITOS”...”el que confía en ti para explicarse”. En este sentido, Freud mencionaba el síntoma como “una tierra extranjera interior”. Por eso es que el poeta es capaz y tiene la necesidad de re -crearla, cada vez para hacer-la ahí en ese lugar vacío... escritura , Poesía o poema como bellamente leemos en “CÓDICE” y poder seguir amándola eternamente como dice en “NÚMEROS” (fragmento final):

“Había viajado tan lejos , para más tarde
contarle poemas sobre las ruinas :
“Él tenía razón”.
“La amaría para siempre y en cualquier idioma”
Por lo tanto para recrearla y amarla en la poesía o amar la poesía que ella es, no necesita a la mujer de carne y hueso, puesto que es capaz de recrearla:
“De mí no puedes huir;
y para amarte no te necesito”( últimos versos de “POEMA NO ESCRITO”)
Ella es quien desencadena los poemas como también se lee en el cierre del libro con la referencia a Angel González :
“Estos poemas los desencadenaste tú ,
como se desencadena el viento”.

El primer poema de esta primera parte FRÁGIL poetiza valorando esa fragilidad del deseo o de su satisfacción, puesto que cada nueva huida es promesa de un nuevo comienzo, aunque luego se repita el dolor de cada soledad o noche, no dar con lo anhelado, puesto que es “tan fácil perder” ; verso con que comienza , como decía anteriormente, el poema que se titula “Perder” en el que hay una cita inicial de Elizabeth Bishop que, como dice Ana M. Gavilá de forma bellamente poética en la contratapa del libro :
“nos muestra el oficio del poeta como artesano del delicado tejido de al memoria”,
aunque nunca sepamos cuanto de verdad y de mentira hay en esos recuerdos puesto que estos se asientan en las palabras, y como dice el poeta en el primer poema de la parte III del libro “NO ES SÍ “ .
“...nada es igual a sí mismo./ El pasado siempre gana al presente,y nunca más seremos como fuimos, sino como nos recordamos .
FRÁGIL
“Valdrán estos poemas,
para darnos cuenta del poder de los silencios.
Entender que la vida ,
la escriben siempre los deseos inacabados.
Valdrán estos poemas,
para comprender que aceptamos perderlo todo,
para hallar razón en cada nueva huida y comienzo
para decir dolor ,en cada cuerpo
nuevo, de cada soledad o noche.
Valdrán estos poemas,
para disimular el tamaño de este amor, para vivir con otros nombres y huir
contra el tiempo y el invierno, para encontrar
miedo
en esta soledad
que ni entiende ni conoce la vida.
Valdrán estas palabras ,
para mentir, para contar la verdad.
¡Ay las palabras!
Todas esas palabras …
Que todo lo que amemos sea frágil.
NAUTAS
Deseo poner su nombre a mi barco
y yo lo bauticé contra su piel
Nunca los vientos nos fueron propicios,
ni jamá el mar curvó el horizonte.
Pobres sueños de náufragos.
Nunca zarparán de la botella de cristal.
Aunque a veces la plenitud del amor pueda eclipsar la vivencia de falta y pérdida como leemos en “Gigantes”
GIGANTES
(Pudong, Shanghai)
Mientras pedaleo entre gigantes pienso en ti,
en nuestro amor
más grande aún que ellos,
y en lo pequeños e insignificantes
que somos para el mundo.
Si ellos supieran quiénes
verdaderamente tocan el cielo.
La segunda parte del libro “GEOMETRÍAS DEL AZAR”( la casualidad que estábamos esperando), un título que en cuestiones subjetivas ,y de amor y poesía especialmente, me ha dado a pensar, y me suena a un oxímoron, aunque en matemáticas se hable de ello (la probabilidad,Blaise Pascal entre otros)
En términos subjetivos la palabra azar (vinculada a la tyche Aristotélica con la suerte o fortuna aplicable al los asuntos humanos,( a diferencia del azar como automatón que corresponde a lo que sucede accidentalmente en los fenómenos naturales)deja para mí un margen a lo imprevisible, lo contingente que supongo es diferente a lo improbable ,y que se vincula más según lo entiendo a la causalidad ( inconsciente)que no estábamos ni siquiera esperando, y sin embargo sucede ...sorprendiéndonos, lo fortuito que puede o no darse, real totalmente azaroso, inconsciente pulsional que en realidad corta el circuito memorístico del inconsciente cadena significante.
De ahí que que esta segunda parte de la obra esté (en parte) estructurada en círculos que a mi entender tienden o buscan el cierre ( ya sea una relación, un sentimiento, un poema quizás )sin nunca d-el TODO lograrlo, como lo refiere el poema de Jaime Gil de Biedma que Sergio Balbontín elige para citar en el inicio de esta parte II de su libro.
“Aunque la noche, conmigo, no la duermas ya,/sólo el azar nos dirá / si es definitivo.
Se trata pues de un certero recurso del poeta al círculo en su imposibilidad o fracaso, la perfección espiritual y el encuentro consigo mismo y con el otro imposibles, y da cuenta de la insistencia con que la pulsión recorre ese mismo circuito en la repetición de la búsqueda siempre fallida del cierre, del encuentro que es reencuentro... imposible y que en psicoanálisis, Lacan formula como “no hay relación sexual “ .Es imposible recuperar el objeto perdido ante la castración o falta a la que consentimos para devenir sujetos al lenguaje= al deseo, incompletud que de ahí en más hace imposible sabernos (ICC)y recuperarnos a nosotros mismos totalmente, objetos perdidos del todo Otro, que el deseo insiste en recuperar sin nunca lograrlo, efecto CORIOLIS, el que separa al Sujeto de su coincidencia o encuentro con el objeto de su Deseo, haciéndolo girar de forma interminable en torno al vacío constitutivo que sin embargo es la causa del movimiento pulsional y el origen de toda creación.
Hueco en lo real que solamente el recuerdo y la palabra anudada al mismo logran recuperar nunca como fue.
CÍRCULO CUARTO
Tu boca, o lo que queda de ella, o lo de
música que me queda de ella, es
una hoja de papel,
doblada en mi memoria.
QUINTO CÍRCULO
Mariposas cosidas a la luz,
así brillan tus ojos en verano.
Como el mar que
se evapora para poder volar.
CIRCULO OCTAVO
Aquella estrella malgastó un deseo;
que fueramos fugaces.
La tercera parte del libro CÓDICE, incluye un espléndido poema que lleva dicho nombre por título y manuscribe a La mujer que a la vez viene a ser a la propia poesía en su cualidad de poiesis (agujero que posibilita la creación poética ) , hacer el amor con la poesía , hacerle, hacerla en el amor ...es escribirla, con los recursos o diversos aspectos de de la lengua, como si fuera un intento de poder alcanzarla al escribirla en su propio cuerpo, en el cuerpo de lo real, puesto que lo más real es el cuerpo. A mano, escribir el Deseo sobre el cuerpo de la letra , en un intento que se renueva cada vez de alcanzar lo que por estructura es imposible, no posible de ser impreso si nos atenemos al significado de : manuscrito previo a la imprenta de la palabra códice. Diría Lacan “lo que no cesa de no escribirse”.
También encontramos en esta parte III un poema con el nombre que que da título al libro:CORIOLIS.
CÓDICE.
Manuscribir tu espalda,
lamerte en cada letra,
aprender el idioma de tu piel.
Acentuar tus lunares ,
hacerte bilingüe en mi saliva ,
tipografiar sudor en tus vocales.
Soplar tinta que coagula tus diptongos ,
morderte en la esdrújulas,
caligrafiarte lágrimas en tus consonantes.
Y entonces sí :
darte la vuelta , leerme en tus ojos .
Imprimirte en las sábanas,
y dormir poema dentro de ti.

MIRANDO AL MAR.
Mirando al mar
que nunca existe.
Playas que una vez fueron las huellas del
/viajero,
piedras planas de colores que fueron
/montañas,
madera arrodillada de espaldas a la noche ,
latitudes que no aprendieron a navegar.
¿Qué hago yo con todo este paisaje frente a mí
que es una gran mentira?
Sin ti no hay libros,ni danza, ni música,
ni arquitectura ,ni dioses, ni azar .
La poesía,
que nos salva del suicidio, la inmortalidad
de los primeros días. La piedra que moldea
el aire, la manzana que se convierte en agua.
¿Que hago yo mirando al mar si tu ya no me abrazas?

MIENTRAS ME LEES.
Recuerda que yo existo porque existe este libro”(Luis García Montero)
Ahora, cuando solo tú me lees,
y que no existimos más que en esta hoja .
Donde ya nadie puede separarnos
si no arranca esta página.
De donde no puedes huir sin quemar este
/libro
En este refugio donde una vez
fuimos folio en banco. Desconocidos
y tiempo detenido.
Aquí ,donde yo escribo
que tu me lees,
porque mientras me lees,
no te puedes marchar.
Muchas gracias Sergio!!! Un abrazo.

"ARDIDES". Miguel Angel Gómez.


“ARDIDES” de Miguel Angel Gómez es vibración , ritmo puls(ion)ante y apasionante de la vida, élan vital de que hablaba Bergson; una invitación espléndida que anima a soltar las amarras, a viajar por tierras misteriosas sin mapa ni itinerario prefijado, hacia la sorpresa y su alegría presentida ...o al menos anhelada; diría que es como animarse a la alegría de vivir en plenitud ...el instante, a la “asociación libre” para encontrar en lo inconsciente el regocijo de lo inesperado , bello y verdadero, lo auténticamente “poiético”, idea a la que como se pude comprobar no es ajeno el propio poeta :
“Cuando ibas errando a través de paisajes imposibles donde los árboles son de pura maravilla y por un momento te sentías en lo alto;cuando arrastrabas con lentitud grandes sueños una mañana azul y clara con tonos de oro claro donde la infancia se alza desde un cierto barrio distante; cuando advertías lento algo parecido a la ternura al acariciar la brisa marina, te buscaste a ti mismo en serio y con tristeza,había algo que forcejeaba en medio de la vida, que no podías describir con palabras ajustadas. Estabas realmente, viviendo poesía.”
Coincido entonces con lo que dice su estupendo y luminoso prólogo Javier José Rodríguez Vallejo en su referencia a Robert Walser que cito:
“Una mañana, hasta donde recuerdo, hallándome a mitad de una suave cuesta, bajo unas encinas, me puse a contemplar un adorable pueblecito perdido entre el bosque y la montaña, que brillaba a mis pies bañado en al hermosísima, cálida y benévola luz de una mañana estival. ¡Qué alegría tan sana y buena procura el vagabundear!Sólo las alegrías inocentes son las verdaderas.”
Es esto exactamente lo que una siente recorriendo las páginas de Ardides , una sana y vital alegría envuelta en “ una lírica desenfadada que no tiene límites, nómada errante que deambula por las cafeterías buscando eso que todos buscan y no saben que es”-como continúa diciendo su prologuista- Y agrego yo: que sin saber que busca y perdiéndose, encuentra, -como nos lo dice Miguel Ángel-:
“lo mejor de mí se lo debo a dos o tres rumbos equivocados”
“Gran parte de los rumbos equivocados son aciertos”
Rumbo que acierta en el equívoco, estrella fugaz , pulsación del inconsciente que al menos unos segundos nos ilumina y puede hacernos cambiar ... rumbos en las encrucijadas de la vida, pues los mejores encuentros con nosotros mismos y con otros se dan sobre todo cuando nos perdemos, y hacemos de la pérdida ganancia... en falta.
Pues “el surrealismo de Ardides es la vida que añoramos , es observar a través de una ventana apolillada, imaginariamente podrás ver el paraíso o la tempestad del dolor. La obra tiene matices cosmopolitas , es ta atrevida como un gato callejero de Montmartre , en sus metáforas están las tierras de Santander y Oviedo,en sus líneas se van tejiendo las ilusiones y los misterios”(prólogo)
En su libro “momentos memorísticos, lecturas alejadas del bullicio,aromas de cafés,kaikus con filosofías, aventuras absurdas, sonidos de trenes, al fragilidad de las meditaciones , enojos en hoteles, pueblos antiguos y charlas fantasmagóricas” (prólogo) donde Miguel Ángel es Hacedor de poesías sobre la poesía,poesías sobre el Poeta, escritura poética de lo cotidiano, de lo rutinario, de la naturaleza, de la ciudad, del amor,el dolor, la música, el cine, las ilusiones, los sueños , los psicoanalistas!, y todo lo humano, escritura que denota la riqueza y variedad de temas, de poetas, escritores y otros creadores que Miguel Ángel tiene como referencia. Con muchos de ellos dialoga de manera permanente y fecunda:
"Leyendo un poema de Jorge Galán de su libro “El estanque colmado” hay unos versos que me persiguen durante toda la mañana: “ Diez millones de puertas acaban de cerrarse. Un millón de /palabras/ se acaban de decir. Un millón. Una sola”. Ahora mientras tomo un café sentado en una de las mesas de La Corte , tan mía y tan ambigua, te espero. Entre tanto miro, tras el cristal, la calle como si fuera un museo, plagado de cuadros hermosos y con prisas”.
Hay unas líneas de Samuel Beckett, curiosas a mi entender, que me siguen muy de cerca. A veces basta con eso.” Cuando estoy fuera por la mañana, voy al encuentro del sol, y por la noche, cuando estoy fuera, lo sigo, casi hasta la mansión de los muertos.”
"....a última hora de la tarde paseamos mi hermano y yo , bajo la tormenta con la mirada perdida entre los transeúntes . Llego a casa y recuerdo unos versos de Gabriel Celaya , cuando se cumplen 25 años de su fallecimiento :
“Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;/pasar por un camino que huele a madreselvas / beber con un amigo, charlar o bien callarse;/ sentir que el sentimiento de los otros es nuestro ; /mirarme en unos ojos que nos miran sin mancha /¿ no es ésto ser feliz pese a la muerte? "
“Ardides es un libro que invita a ser leído en cualquier momento... en la lectura encontrarás caminos inhóspitos , pero no yermos, su canto tiene recuerdos que te conducen a un laberinto donde el lector se introducirá en el alma del trovador, es como si charlaras con Franz Kafka y Dostoievski en el tren,en sus páginas están esos sentimientos que, si no los escriben se olvidan"
“Escribir es llenar un vacío”
“En los viajes interiores no hace falta tener dinero, sino un buen par de zapatos·
“Esos prisioneros que no necesitan dinero sino sólo una mochila con bolsitas de comida seca y un buen par de zapatos para hacer viajes hacia adentro”
“Frases que permiten al lector introducirse en el alma de otro”
“De una manera o de otra todos llegamos a la misma estación”
“Hay páginas llenas de suplicio de Tántalo y lo mejor que podemos hacer es pasarlas”
“La muerte de una ilusión se contagia como una epidemia”
"El pesimismo nunca se vuelve abstemio".
Las peores armaduras son las que te impiden ser feliz en privado”
“El poema abre la puerta y mira la oscuridad que está llena de resurrecciones” !
"Hoy en España es el día de las Madres. Mi madre, la inspiración cercana, el motivo por el que me dediqué a la vida. La madres, las primeras madres, aquellas que siempre han sido un puerto, un mantel a cuadraditos , el guiso de la sensatez. Madres que improvisan sus cuentas cuadradas e improvisan la vida como creación y fluencia. Nos miran desde el futuro, perforan la tristeza, reinan las estrofas apuntando con sus cañones al invierno con premeditación y alevosía. En ello emplean mucha parte de su energía. Así que este domingo, día de la Madre , yo me acuerdo de la mía. Mi madre, mi Oscar de la alegría, la inmediatez que me saca del calabozo, del aguacero torrencial. Me gustaría subirla en un escenario y darle una ovación eterna.
“Hay amores de paso que sacan una pequeña linterna del bolsillo y enfocan el haz muy fino al suelo mientras nos dirigimos al verdadero amor” “
Se me ofrece la magia. Precisamente estar al borde de la tarde:con mismos ojos miro su impudor ; presiento que la luz es exacta. Precisamente estar callado , y respirar, joven, su desnudez. Después , irremediable, ver a mi sombra, verme a lo que está lejos ya muy viejo, ¿recuerdas? En un rincón del cuarto, triste, desdibujado , la misma luz exacta, con fulgor repetido. Pero es otro ya el tiempo: nadie mira la tarde tan sola entre el olvido.
“Lo importante es que en el museo puedes hallar refugio, para esconderte del mundo, entre sombras sigilosas y obras maestras donde no duerme la memoria. Ir, cualquier cosa menos detenerse. Te aguardan patrias y amores, sombras y espejos,el color del fuego, los poetas que quisiste ser. En un museo eres la ausencia del museo. Cada cosa es como era, y habla en una lengua conocida. Todo regresa de algún lugar somnoliento,son compañeros del rellano en un equilibrio entre dos secretas moradas”.
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Y sobre su “Caída libre” de aforismos los mismos nos pueden hacer sabia compañía en momentos o períodos de nuestra vida en que estamos incapacitados para lecturas demasiado largas , su compleja sencillez puede definirnos, acompasar nuestros estados de ánimo, un sentimiento cualquiera , una situación vital o definir nuestras realidades en pocos segundos captando para nosotros lo que nos cuesta, puesto que :
“Aforismos memorables llueven desde todas las direcciones pero no es fácil levantar la cara como para captar las gotas” y aún así , ellos son ,como dice otro de sus aforismos : “verdades en busca de un buen lugar donde cobijarse”. en las que “la ficción es puro exceso de pensamiento” y en verdad “La caricia calma el dolor de todos los músculos” . Y puesto que “el dolor , al repetirse , se convierte en un acto de venganza” “abre siempre la puerta de alambre tejido al deseo” ya que equivocarse con precisión es brillar con una llama nueva “
También nos descubren pequeñas grandes verdades acerca de la poesía y el arte, el amor ,en definitiva sobre la vida humana :
“En poesía, lo que cuesta tanto edificar es demolido en un abrir y cerrar de ojos “,
“La literatura nos saca como a Lázaro de entre los muertos, es una energía imperecedera “
“Mira fijamente al escurridizo lector , con mirada venenosa, la poesía”,
“Ciudadano Kane de Orson Welles; genio de la poesía”
“El amor si respira con fuerza, nunca dice la hora exacta.
“El corazón destrozado sabe que hay recuerdos expertos en balística y huellas “
Muchas gracias Miguel Ángel!!! Un abrazo

martes, 4 de septiembre de 2018

VERDAD Y LENGUAJE

ME PREGUNTABA  sobre si existe "un lenguaje de la verdad", o sea, si hay un lenguaje que pueda decir la subjetividad de forma más verdadera que otro, partiendo de que Lacan en su última enseñanza considera esencial  el trabajo con  la letra y  su materialidad ,ya no con el significante, para tocar lo real,lo verdadero.Así la lectura y la interpretación analíticas deberían hacerse " a la letra"

("Designamos como letra ese soporte material que el discurso concreto toma del lenguaje”“la letra, a saber, la estructura esencialmente localizada del significante”), Letra marca de goce, alrededor del cual el inconsciente cadena teje historias, semblante que permite cierta necesaria homeostasis. “Sin duda la letra mata, como dicen, cuando el espíritu vivifica”, “La letra está en lo real, mientras que el significante está en lo simbólico).


 Y EN MI INTENTO POR RESPONDERME , RECURRÍ A LECTURAS ENCONTRANDO ÉSTA QUE ME PARECE MUY INTERESANTE

VERDAD Y LENGUAJE . Por Javier Garmendia. 
En sesión clínica NUCEP(Centro de estudios de psicoanálisis Lacaniano en Madrid)


 Es inadmisible decir que la ciencia es un único sector de la actividad del espíritu humano y la religión y la filosofía otros, equivalentes por lo menos, en los cuales no tiene por qué intervenir la ciencia; que todos aspiran por igual a la verdad, y que cada hombre puede escoger libremente de dónde extraer sus convicciones y en qué poner su fe. Tal concepción pasa por ser muy distinguida, tolerante, comprensiva y libre de angostos prejuicios. Desgraciadamente, no es sustentable; participa de toda la nocividad de una concepción del Universo completamente anticientífica y equivale prácticamente a ella. Lo cierto es que la verdad no puede ser tolerante, que no admite transacciones ni restricciones, y que la investigación considera como dominio propio todos los sectores de la actividad humana y tiene que mostrarse implacablemente crítica cuando otro poder quiere apropiarse parte de ellos.

El problema de la concepción del universo Sigmund Freud

 1. Con Rorty 
En la obra de Rorty aparecen, como personajes de una obra de teatro: J. Dewey, Nietzsche, Heidegger, Freud, ... interpretando sus diferentes papeles, modulando sus voces, entran en escena en el momento justo para retirarse entre bastidores cuando el libreto lo requiere. La representación es tan lograda que puede llegar a producir en el espectador cierta irritación, quedándose con la sensación de que su director, como ventrílocuo experimentado, ha utilizado distintas voces, en ocasiones tan divergentes entre sí que parece casi un milagro que haya logrado hacerlas converger en un diálogo comprensible. Este diálogo comprensible no le ha evitado ser el protagonista de diversas controversias en el ambiente universitario norteamericano y hay que decir en su descargo que tal vez sea el pensador contemporáneo anglosajón que más en cuenta ha tenido el pensamiento europeo, tendiendo un puente no siempre bien visto por sus colegas. Son muchos los aspectos de su obra que pueden interesar a un psicoanalista, sólo su artículo “Freud y la reflexión moral” en Ensayos sobre Heidegger y otros pensadores contemporáneos ya merece una lectura atenta, entre estos aspectos es destacable su concepción del lenguaje y la idea de verdad que se desprende de dicha concepción.

1.1. Los Léxicos 
Contingencia, ironía y solidaridad es el texto en el que se despliega esta noción del lenguaje. Su punto de partida será la contingencia, y la verdad el concepto que dividirá las aguas desde la revolución francesa hasta nuestros días, entre utopistas políticos y poetas románticos. Para los primeros la verdad es algo que se construye y no algo que se encuentra, los segundos encontrarán en el arte o la política el medio en el que hallar esta verdad y no en la religión, la filosofía o la ciencia. Así en nuestros días podemos distinguir dos tipos de filósofos, unos que fieles a la ilustración consideran que el arte o la política son irrelevantes para la verdad y otros para los cuales la ciencia se ha convertido en la esclava de la tecnología y se han alineado con los utopistas políticos y los artistas innovadores, considerando que la verdad no puede separarse del arte o la política. Para sostener esta alianza del pensador contemporáneo con el utopista político y el artista, alianza que define un nuevo perfil para este pensador, Rorty tiene que defender una teoría de la verdad que no encuentre su fundamento ni en la ciencia ni en la religión. Esta teoría encuentra su razón en la distinción entre “el mundo que está ahí afuera” y la afirmación de “que la verdad está ahí afuera”. Podemos admitir, siguiendo el sentido común, que el mundo que está ahí afuera no es una creación nuestra, sin embargo la verdad no puede estar ahí afuera. Cuando decimos que la verdad no puede estar ahí afuera, estamos diciendo que donde no hay proposiciones no hay verdad, pero estas proposiciones son elementos de los lenguajes humanos y por lo tanto creaciones humanas. Por lo tanto las descripciones del mundo que podamos hacer no serán nunca verdaderas o falsas, pueden existir proposiciones sometidas a verdad o falsedad, pero estas proposiciones no nos dirían nada del mundo que está ahí afuera, porque el lenguaje es un lenguaje hecho por los humanos, y como las proposiciones tienen que ver con el lenguaje, esa verdad de la proposición no tendría ninguna incidencia sobre ese mundo que está ahí afuera. Mundo y creación humana aparecen entonces como líneas paralelas que nunca se encuentran, ¿cuál es la propuesta de Rorty frente a lo irrelevante de la verdad o falsedad de la proposición? Los léxicos como conjuntos, los juegos de lenguaje alternativos que hablan del mundo. El léxico de la política de Atenas versus Jefferson o el léxico moral de Juan Pablo versus Freud... Estos léxicos se oponen unos a otros, son redescripciones del mundo, pero no sabemos cual de ellos es el verdadero, es difícil que el mundo pueda decidir entre ellos, ya que el mundo no habla, sólo lo hacemos nosotros, por lo tanto la verdad es una propiedad de entidades lingüísticas. De aquí se sigue lógicamente que la verdad misma se construye como un léxico, pero no tenemos ningún léxico que sea más verdadero que otro, para dar cuenta de lo que está ahí afuera. Esto implica necesariamente desembarazarse de la idea de correspondencia, de la idea de que el mundo o el yo tienen una naturaleza intrínseca. No es una verdad que se pueda adecuar al mundo que está ahí afuera, por lo tanto no hay una correspondencia entre esos léxicos y el mundo, y no hay una naturaleza intrínseca ni del yo ni del mundo, por lo tanto si no hay una naturaleza intrínseca ni del mundo ni del yo, no hay un léxico que se pueda ajustar o dar cuenta de esa naturaleza del mundo o del yo. Por eso para Rorty nuestras teorías no pueden justificarse diciendo que se “ajustan al mundo” o que “expresan la naturaleza humana”. Si no tenemos una verdad por fuera del propio lenguaje y por el contrario sí hay un mundo que está por fuera del propio lenguaje, el problema será la relación de ese mundo con ese lenguaje.


 1.2. Mundo y lenguaje.
Aparece ahora en la escena Davidson para explicarnos como prescindir de la naturaleza intrínseca de las cosas y hacer frente a la contingencia del lenguaje que empleamos, lenguaje que no se adecua ni da cuenta de una verdad que está en el mundo. Davidson rompe completamente con la noción del lenguaje como algo que puede mantener una relación de adecuación o de inadecuación con el mundo o con el yo y con la noción de que el lenguaje es un medio de representación o de expresión. Esta tesis, que el lenguaje no es un medio de representación o de expresión, resulta necesariamente familiar al lector de Lacan, ya que para éste la representación significante lo es de un sujeto para otro significante, el lenguaje por lo tanto tampoco supone una representación de algo que podamos llamar mundo. No concebir el lenguaje como medio de expresión o representación implica abandonar la idea de que tanto el yo como la realidad poseen una naturaleza intrínseca, la idea de que hay cosas no lingüísticas llamadas significados y que es tarea del lenguaje expresar, así como la idea de que hay cosas no lingüísticas llamadas hechos y que es tarea de lenguaje representar. No es función del lenguaje representar hechos ni expresar significados. El lenguaje no hará más que prestarse para conformar los léxicos más como herramientas alternativas, ahora caminan juntos Davidson y Wittgenstein, que como piezas de un rompecabezas, ya que los léxicos no se complementan unos a otros, un nuevo léxico no corrige los errores del anterior, un léxico nuevo es una nueva invención. Así las creaciones de Hegel o Galileo “no son el resultado de la acertada reunión de las piezas de un rompecabezas. No consisten en el descubrimiento de una realidad que se halla tras las apariencias, de una visión sin distorsiones de la totalidad del cuadro con la cual reemplazar las concepciones miopes de sus partes. La analogía adecuada es la de la invención de nuevas herramientas destinadas a ocupar el lugar de las viejas. El alcanzar un léxico así se asemeja más al hecho de abandonar la palanca y la cuña porque se ha concebido la polea...”1. Un léxico nuevo barre con el anterior, no lo corrige. Pero así como el artesano piensa la labor que va a realizar y entonces busca la herramienta eficaz, el pensador no puede prever el trabajo que va a realizar y buscar después el léxico apropiado, sino que en el desarrollo del mismo va inventando un léxico que de alguna manera le sirve como herramienta. Un pensador entonces en la medida que desarrolla su trabajo, inventa un nuevo léxico. De esta forma, subrepticiamente, la tarea del pensador queda en realidad reducida a la invención de un léxico, su tarea de pensar no es otra cosa que la invención de un lenguaje, el descubrimiento es la herramienta misma y no lo que con ésta pensábamos descubrir. La idea de que el lenguaje no sirve como medio, está en relación con la idea de que el lenguaje tampoco tiene propósito alguno. ¿Cómo podemos, a partir de la idea de que la verdad no está afuera, de que el lenguaje no es un medio, de que el lenguaje no tiene propósito, concebir la idea de progreso intelectual? Gracias a la metáfora. Viejas metáforas se desvanecen constantemente en la literalidad para pasar a servir de base y contraste de metáforas nuevas. Este progreso metafórico nos permite concebir nuestro lenguaje como el producto de un gran número de meras contingencias. Esto permite a Rorty coincidir con Mary Hesse en la idea de que las revoluciones científicas son redescripciones metafóricas de la naturaleza antes que intelecciones. El progreso no se da entonces porque hayamos descubierto la naturaleza intrínseca de las cosas, sino porque la hemos redescrito con una nueva metáfora. La distinción que hace Davidson entre lo literal y lo metafórico es lo que nos permitirá aceptar esta idea de progreso intelectual. La literalidad conforma el conjunto de enunciados en los que nos acomodamos, que nos definen, entre los que nos movemos con cierta soltura, ordenan nuestro mundo, por el contrario la irrupción de la metáfora hace tambalearse esta acomodación, este orden de cosas, imponiéndose una nueva redescripción de las mismas. La metáfora no se asocia a un contenido cognitivo que un autor desea comunicar y que el interprete debe captar para llegar al mensaje, no recurrimos a la metáfora para expresar una idea que no podemos expresar de otro modo. Estamos lejos de las teorías clásicas, lejos de la teoría de la comunicación y mucho más cerca del concepto de metáfora que Lacan desarrolló a partir de la noción freudiana de condensación, por eso me voy a permitir una cita algo extensa, pero que tal vez un psicoanalista pudiera firmar: “En su opinión lanzar una metáfora en una conversación es como interrumpir súbitamente ésta, lo necesario para hacer una mueca, o extraer una fotografía del bolsillo y exhibirla, o señalar algún aspecto del entorno o abofetear al interlocutor, o besarlo. Introducir una metáfora en un texto es como utilizar bastardillas, o ilustraciones, puntuación o diagramación inusuales… Todos ésos son modos de producir efectos en el interlocutor o en el lector, pero no modos de transmitir un mensaje. A ninguno de ellos es apropiado responder diciendo: ¿Qué es exactamente lo que usted está intentando decir?”2 El uso de la metáfora, en un sentido davidsoniano, es el de producir un efecto y no expresar un significado, no se trata exclusivamente de sustituir unas palabras por otras para encontrar una mejor representación de algún tipo de contenido, el peso recae aquí sobre la producción en detrimento de la transmisión, la metáfora es producción de efecto sobre el sujeto y suspensión de la transmisión. Si bien hay una literalidad del lenguaje que está sometida a la verdad o falsedad de sus enunciados (transmisión), hay también una irrupción en esa literalidad que prescindiendo de la expresión de contenido, produce un efecto en el sujeto precisamente por situar esta irrupción por fuera del criterio de verdad o falsedad del enunciado. Lo importante de la metáfora no será su verdad o falsedad, lo fundamental de la metáfora es el efecto producido, será entonces por après coup que podremos constatar que ha surgido una metáfora, de la que sería redundante decir que es nueva, pues bajo esta forma de concebirla todas lo son. No hay metáfora si no es nueva, por eso es más correcto hablar de metáforas vivas o muertas en lugar de nuevas o viejas, ya que una metáfora vieja en realidad ha pasado a engrosar las filas de los enunciados transmisibles, de los enunciados sometidos a los criterios de verdad o falsedad, es por tanto una metáfora que ha dejado de ser tal, y está a la espera de que otra venga en su lugar para reiniciar el proceso.

 1.3. Verdad: interior y exterior
Llegados a este punto es necesario huir de la tentación de solapar la transmisión con lo exterior y la producción de efecto con lo interior. Rorty llamará ahora a positivistas y románticos para advertirnos de esta tentación, para señalar que el camino no pasa ni por unos ni por otros. Para los primeros hay algo exterior de lo que debemos dar cuenta, entonces si la metáfora no consigue representar la realidad es inservible y para los segundos se tratará de algo interior de lo que valga la pena dar cuenta, algo que se encuentra oculto en nuestro interior y que la metáfora debe expresar. Para los positivistas el lenguaje debería expresar una realidad que nos es desconocida, y que está fuera de nosotros, en esta medida el lenguaje es un medio para expresar esta realidad, y para los románticos el lenguaje sería un medio para expresar algo que está dentro de nosotros. Sin embargo la concepción davidsoniana de la metáfora, está por fuera de ambos sentidos. No es ni reduccionista ni expansionista, ni representa ni expresa una realidad oculta esté fuera o dentro de nosotros, ya que el lenguaje para Davidson no es un medio, no expresa los significados ni representa los hechos. Huir de la tentación de positivistas y románticos es ir fundamentando la contingencia; lenguaje sin propósito, construcción de metáforas que carecen de un fin, que no persiguen la superación, son metáforas que se crean ciegamente que surgen del azar y de la contingencia. Azar y contingencia ocuparán el lugar de la teoría de la verdad como correspondencia, desembarazarse de esta teoría es la verdadera apuesta rortyana, la idea de correspondencia como una armadura medieval nos habría impedido inventar nuestro propio lenguaje, cambiar nuestra forma de hablar, pensar sobre nuestro hacer y ser. La verdad entonces no se corresponde ni con una realidad exterior ni con una realidad interior, ni con el mundo externo ni con nuestro propio mundo interno. Es un cambio en nuestra forma de hablar, un cambio sobre lo que queremos hacer, sobre aquello que creemos que somos, cambio que no podemos remitir ni a la naturaleza intrínseca de las cosas ni a la naturaleza intrínseca del yo. Tendremos que ingeniárnoslas para saber cómo obtenemos eso que creemos que somos o eso que queremos hacer, pero en ningún caso lo podremos extraer de la adecuación a la naturaleza humana o de la convergencia con una idea del yo, ni la naturaleza ni el yo pueden orientar nuestra búsqueda. “Una percepción de la historia humana como la historia de metáforas sucesivas nos permitiría concebir al poeta, en el sentido genérico de hacedor de nuevas palabras, como el formador de nuevos lenguajes, como la vanguardia de la especie”3. La ausencia de adecuación convierte al poeta, al hacedor de palabras en la orientación a seguir, en el guía que nos mostrará con nuevas palabras como desprendernos del lenguaje de nuestros ancestros dejando de venerar “los cadáveres de sus metáforas”. Nietzsche, Freud, y Davidson formarán parte de esta vanguardia que nos sugiere que ya no veneramos nada, que a nada tratamos como a una cuasidivinidad, que tratamos a todo como producto del tiempo y del azar. Alcanzar ese punto, le hace decir a Freud sería ‘tratar al azar como digno de determinar nuestro destino’. La contingencia se soporta en los siguientes pilares: hay un mundo que está ahí afuera pero no una verdad que esté ahí afuera. No hay verdad de la naturaleza intrínseca de las cosas o del yo. Verdadero o falso sólo puede decirse de los enunciados, no de los juegos de lenguaje o de los léxicos. La importancia de los léxicos es la redescripción metafórica a partir de la literalidad, pero esa misma redescripción metafórica no se puede postular como una Verdad. Cabe preguntarse entonces que sentido tiene esa redescripción metafórica de las cosas, esos nuevos léxicos que nos permiten pensar el mundo de forma distinta y que nunca presuponen una adecuación al mundo o al yo como tal.

  1.4. Contingencia del yo.

Philip Larkin La última parte de un poema de Philip Larkin, poema que habla del temor a la muerte, de la identificación, de las ciegas marcas, fundamentará la contingencia del yo.

 Y una vez que has recorrido la extensión de tu mente, lo que
gobiernas es tan claro como un registro de cargas;
no debes pensar que alguna otra cosa
existe
 ¿Y cuál es el beneficio? Sólo que, con el tiempo,
 identificamos a medias las ciegas marcas
que todas nuestras acciones llevan, podemos hacerlas remontar a su origen. Pero confesar
 en aquel descolorido atardecer en que nuestra muerte empieza,
 lo que era, difícilmente satisfaga,
porque se aplicó sólo a un hombre a la vez,
 y, a ese hombre, agonizante.4

 Hemos podido tomar conciencia de las cargas de nuestra vida, de las ciegas marcas que sellaron nuestras acciones, pero en la tarde en que agonizamos difícilmente eso nos satisfaga, porque en el mejor de los casos se aplicó sólo a nosotros y cuando agonizamos. Este poema de Larkin le sugiere a Rorty una reflexión sobre las huellas en el lenguaje. Uno puede haber dejado su huella en el lenguaje o pasarse la vida arrojando “monedas ya acuñadas”, si uno arroja monedas acuñadas, su yo y sus creaciones no serán sino repeticiones de tipos ya conocidos. La creación que no es repetición, dejar una huella, conformaría entonces un auténtico yo, pero el poema sugiere algo más, sugiere que esta huella debe poder aplicarse a todos los hombres y en todos los tiempos y no a un sólo hombre a la vez. Uno no puede morir satisfecho si la huella dejada en el lenguaje no es más que la huella de sus propias contingencias. El interés por el poema se debe a la evocación de la disputa clásica entre poesía y filosofía, a la tensión entre dejar una huella producto de nuestras contingencias o el esfuerzo por alcanzar la universalidad yendo más allá de nuestras ciegas marcas. 

Esta tensión habría invadido a la propia filosofía. Nietzsche 5 marcará este punto de inflexión señalando un antes y un después con su definición de la verdad como un ‘ejército móvil de metáforas’. A través del poema, Rorty, divide a los pensadores en prenietzscheanos y posnietzscheanos. Lo que Larkin propone es que podemos hallar una mayor satisfacción si descubrimos una ciega marca que se aplica no a un hombre a la vez sino a todos los seres humanos. 
Supongamos el hallazgo de una marca así, una marca que afectara a todos los hombres, estaríamos hablando del ‘descubrimiento de las condiciones universales de la existencia humana’, esta marca se convertiría en clave universal de la especie humana condicionando no sólo las discontinuidades, sino lo permanente y ahistórico.
¿Qué sucede si el poeta ha dado con esta clave? Si el poeta encontrara esta clave desmoronaría los pilares de la contingencia, el edificio se vendría abajo. Al no ser esta clave una marca ciega, producto del azar, se tornaría necesaria, esencial, final, definiendo lo que un ser humano es o debe llegar a ser, meta a la que llegar. Si efectivamente el poeta consigue imprimir al lenguaje esa marca, que no es una marca ciega y contingente, sino una marca necesaria que implica a la humanidad, las contingencias individuales son absolutamente banales. Pero esto sería así en una concepción prenietzscheana, porque Nietzsche introduce para Rorty una diferencia fundamental; es el primero en mostrar explícitamente la exclusión de la idea de ‘conocer la verdad’. Definir la verdad como un ‘ejercito móvil de metáforas’ equivale a la afirmación de que hay que abandonar la idea de ‘representar la realidad’ por medio del lenguaje y, con ello, la idea de descubrir un contexto único para todas las vidas humanas. Es entonces esta exclusión de la idea de conocer la verdad el pilar básico del edificio, es porque no podemos conocer la verdad que no podemos hallar la clave universal, es una imposibilidad lo que nos hace optar por nuestras contingencias particulares y no una elección caprichosa.

 Por tanto después de Nietzsche sólo podremos llegar a conocernos a nosotros mismos, enfrentándonos a nuestras propias contingencias, inventando un nuevo lenguaje, ideando nuevas metáforas. Nietzsche rompe con la idea de que se pueda imprimir en el lenguaje algo más que la marca particular, esa marca ciega que el individuo posee en sus contingencias. La única manera, después de Nietzsche, de hacer remontar a su origen las causas del propio ser sería la de narrar una historia acerca de las causas de uno mismo en un nuevo lenguaje. Narrar una historia acerca de nuestras causas en un nuevo lenguaje, será para Rorty el aporte fundamental de Freud.

1.5 Freud y la moral
 Freud cerrará el acto como abanderado de la contingencia, podremos comprender el papel de Freud en nuestra cultura como el del moralista que contribuyó a desdivinizar el yo, si el yo no es más que el producto de las contingencias de nuestra educación, podemos considerar la posibilidad de que no haya un yo central, una facultad central llamada razón, podemos ver la consciencia moral como algo históricamente condicionado, como producto del tiempo y del azar y por lo tanto dejar de venerar la idea platónica y kantiana de racionalidad que nos obliga a colocar nuestras acciones particulares bajo principios generales. Será sólo aferrándonos a algunas contingencias decisivas de nuestro pasado como seremos capaces de hacer algo de nosotros mismos que valga la pena y no sometiendo estas contingencias a los principios generales. ¿Qué hacer con estas contingencias decisivas? ¿Cómo hacer algo de nosotros mismos que valga la pena? Cada uno deberá crear su propia metáfora, metáfora que si bien no es la expresión de algo que existía previamente, sí es causada por algo que existía previamente. Se trata entonces de saber qué hacer una vez descubiertas nuestras marcas, cómo hacer de nuestro pasado algo que no sea una mera repetición. Cada uno afrontará de diferente formas esta marca ciega, la coincidencia accidental de una “obsesión privada” con una “necesidad pública” tendrá como resultado la creación poética o artística, el progreso científico o filosófico, cada uno desarrollará una estrategia para afrontar estas marcas, pero ninguna de ellas ostentará el privilegio respecto de las demás en el sentido de que exprese mejor a la naturaleza humana.

 2. Con Searle
En La construcción de la realidad social 6, John R. Searle defiende la idea de la verdad como correspondencia, oponiéndose a las tesis rortyanas, y defiende esta idea suponiendo que tenemos una intuición sobre la verdad como correspondencia. Para ello es en primer lugar necesario admitir la existencia de un mundo por fuera del enunciado, el enunciado no hará otra cosa que intentar describir las cosas de este mundo y será verdadero o falso según sean realmente las cosas en el mundo tal y como el enunciado dice que son. Si digo mi perro está en el jardín, será verdadero si mi perro está en este momento en el jardín. La verdad se ve reducida a la corrección de una determinada clase de representaciones lingüísticas, aquí la idea de representación es inseparable de la idea de verdad. A esta teoría es a la que suele llamarse teoría de la verdad como correspondencia y presenta así la explicación del término “verdadero”: un enunciado es verdadero si y sólo si se corresponde con los hechos. Se dice a menudo, nos recuerda Searle, que cualquier elucidación de la verdad tiene que satisfacer la siguiente condición: Para cualquier sentencia s, s es verdadera si y sólo si p. Donde “s” es alguna especificación de una sentencia, por ejemplo “la nieve es blanca” y “p” es la sentencia misma. “La nieve es blanca” es verdadera si y sólo si la nieve es blanca. A este criterio de verdad se le llama en ocasiones “descomillación”, porque repetimos la sentencia entrecomillada de la parte izquierda en la parte derecha, pero sin comillas. Este ejemplo le sirve para apuntalar las nociones de “hecho” y “correspondencia”; “hechos” serán todas aquellas condiciones que hacen verdaderas a las sentencias, todos aquellos marcadores de verdad especificados en el lado derecho de las sentencias, en virtud de los cuales las sentencias son verdaderas si lo son, la palabra “hecho” ha llegado a convertirse así en marcador de verdad; y “correspondencia” no es sino un término general para nombrar los diversos modos en que las sentencias se hacen verdaderas en virtud de los hechos. A lo que queda por fuera de las comillas lo podemos llamar “hecho” y si la sentencia entrecomillada de la izquierda es verdadera, entonces tiene que corresponder al hecho enunciado por fuera de las comillas. La comprensión adecuada de estas nociones implica la teoría de la verdad como correspondencia.

2.1. La polémica entre Austin y Strawson 

Searle retoma la polémica entre Austin y Strawson, de la que admite que Strawson salió vencedor al criticar la teoría de la verdad como correspondencia. Strawson determinó que la teoría de la verdad como correspondencia no necesitaba ser enmendada, necesitaba simplemente ser eliminada, ya que una vez que hemos definido el hecho, hemos establecido ya la verdad del mismo y no necesitamos por tanto dos enunciados, no hay dos enunciados independientes; el enunciado verdadero y el hecho. Los hechos, por lo tanto, no son cosas en el mundo independientes del lenguaje, por el contrario como las mismas palabras “enunciado” y “verdad”, son deudores de cierto tipo de discurso que relaciona mundo y palabra. Los hechos no son entes extralingüísticos, llevan incorporadas las nociones de enunciado y de verdad, ya que es el enunciado verdadero el que determina el hecho, el que le da su existencia. No es entonces que las sentencias se hagan verdaderas en virtud de los hechos, noción de correspondencia, sino que la sentencia verdadera determina el hecho. Esta crítica ha transformado a la teoría de la verdad como correspondencia en teoría de la verdad como redundancia: la descomillación sugiere que la palabra verdadero no añade nada al enunciado original, sugiere que ‘es verdadero que el perro está en el jardín’ no es sino otro modo de decir ‘el perro está en el jardín, de modo que la palabra “verdadero” es redundante.

 2.2. Verdadero, confianza y fiabilidad

 Si Strawson tiene razón, por qué insistir en la teoría de la verdad como correspondencia. Searle insiste sobre dos cuestiones, la necesidad y la adecuación, quiere demostrar por qué nos es necesaria esta teoría de la verdad. La demostración recorre el siguiente argumento; si la verdad se reduce a la redundancia, por qué deberíamos preocuparnos por la verdad, cómo nos explicamos por qué nos importa tanto la verdad. Podemos responder a Searle que disentir de la teoría de la verdad como correspondencia no conduce necesariamente a la teoría de la redundancia y por otro lado no está claro tampoco de qué modo nos importa la verdad o cómo estamos concernidos por ella. Pero continuemos con su argumentación, se propone explicar por qué seguimos preocupándonos de la verdad. Para ello, parte de la etimología entre verdadero (true), confianza (trust) y fiable (trustworthy), todas ellas tienen la misma raíz etimológica y todas derivan de la raíz indoeuropea “deru”, que quiere decir “árbol”, lo que sugiere derechura, y en general, fiabilidad. La conexión entre verdad, confianza y fiabilidad, nos obliga a preguntarnos, ¿bajo qué condiciones diríamos que un enunciado es fiable o confiable? Obviamente, cuando hace lo que pretende que hace, esto es, cuando enuncia adecuadamente cómo son las cosas (adecuación). Se trata ahora de un enunciado fiable o confiable, no ya verdadero, se ha producido un desplazamiento sobre el criterio de verdad que le permite reintroducir la noción de correspondencia con el nombre de adecuación. El término “verdad”, será entonces, aplicado a enunciados, un término estimativo que implica confianza, y la descomillación un criterio de confianza. Necesitamos (necesidad) un término general, “verdadero”, para el rasgo de confianza aplicado a los enunciados, así también necesitamos un término general para aquello que hace a los enunciados verdaderos, para aquello en virtud de lo cual éstos resultan fiables. Si es verdad que el perro está en el jardín, tiene que haber algo en virtud de lo cual sea verdad, algo que lo haga verdad. Los hechos son entonces, de alguna manera, los que nos hacen ver si podemos confiar o no en los enunciados. Bajo este prisma los hechos no son entidades lingüísticas, son condiciones del mundo que satisfacen las condiciones de verdad expresadas en los enunciados. Una vez restablecida la relación entre enunciado y hecho sólo necesitaremos un verbo para describir estas relaciones: corresponder será el verbo que satisfaga esta necesidad. Searle ha mantenido intacta la teoría de la verdad como correspondencia, sirviéndose de Strawson. En realidad no ha admitido ninguna enmienda y a través del argumento etimológico pretende haber demostrado la necesidad de está teoría. ¿Pero, hasta qué punto, la verdad se relaciona con la confianza, qué nos hace pensar que verdad y confianza tengan algo en común, más allá del parecido familiar que le otorga su raíz etimólogica? ¿Quién puede asegurarnos que la verdad nos importe tanto como él afirma? ¿Y en cualquier caso, qué verdad es la que nos concierne?

 3. Con Lacan

Cada teoría de la verdad esconde en su interior una forma de concebir el lenguaje, una forma diferente de pensar el lenguaje. En Rorty el acento recae sobre las redescripciones que seamos capaces de hacer partiendo de nuestra propia contingencia, la importancia del lenguaje no estriba en la posibilidad de representar las cosas del mundo. Sin embargo, Searle nos ha llevado a la necesidad de admitir la existencia de un mundo por fuera de los enunciados, en este caso el lenguaje no haría sino intentar describir con mejor o peor fortuna las cosas de este mundo. Para Lacan, la verdad también será inseparable de los efectos del lenguaje.

3.1. Significante

 Lacan, en El reverso del psicoanálisis, dedica dos capítulos a la cuestión de la verdad. En el capítulo IV afirma que la verdad no es un término que deba manejarse fuera de la lógica proposicional, aunque su uso desprovisto de esperanza sea lo que tiene de sano. En la misma lógica que Strawson, sostiene que cuando decimos algo no hay necesidad de añadir que es verdad, este es el punto alrededor del cual gira la problemática del juicio. Realiza con Frege la misma operación que Strawson realizaba con la teoría de la verdad como correspondencia. Frege escribe la pregunta con un trazo horizontal y cuando se afirma que es verdad se añade un trazo vertical en el lado izquierdo, convirtiéndose entonces en una afirmación. La diferencia está en que para Lacan carece de importancia que esto sea redundante, la pregunta pertinente será ¿qué es verdadero?, para responderse que lo verdadero es lo que se ha dicho y lo que se ha dicho es la frase. Para que la frase sea verdadera por el mero hecho de decirse, Lacan tiene que adelantarnos su propia concepción del lenguaje; ¿en qué puede sostenerse la frase para cumplir con esta condición?, se sostendrá en el significante, pero en tanto no concierne al objeto sino al sentido. Entre la parte comillada y la parte descomillada o entre el trazo horizontal y trazo vertical está el sentido, sólo el sentido es el sujeto de la frase. Pero el sentido no dará el “peso de la existencia”, por el contrario el sinsentido “sí que pesa”. El significante en tanto no concernido por el objeto nos arrastra inexorablemente a la psicopatología de la vida cotidiana, ahí Freud en el chiste, el lapsus, el sueño, encuentra “la palabra sin pies ni cabeza”. Y es en esta palabra sin pies ni cabeza donde pretende hallar la verdad, verdad que como señala Lacan se va volando precisamente cuando uno ya no quiere pescarla. Valga como ejemplo el sueño del que despertamos en el momento justo en el que podría soltar la verdad. ¿Cuál es, entonces, nuestra relación con la verdad y dónde hallarla? ¿Nos importa y preocupa tanto como a Searle? De ser así, ¿por qué no querer pescarla? No estará ni en el interior como pretendían los románticos, ni el exterior como pretenden los positivistas. ¿Por qué no a un lado? Heimlich, unheimlich, nos recuerda la lectura de Freud y la ambigüedad que encierra el término, ya que al evocar el interior sin estar en él, acentúa todo aquello que es extraño. No estamos sin una relación con la verdad -afirma- y nos advierte de la ambigüedad de las raíces en inglés, para señalar la excepción casi exclusiva de los ingleses al llamar without al sin-con (que está) fuera. Concluye en este punto que la verdad es para nosotros una extraña, al menos nuestra propia verdad, que está con nosotros sin duda, pero sin que nos concierna tanto como suele decirse.

3.2. La proposición 

¿Cuál sería el resultado de plantear que no hay más verdad que la que se inscribe en una proposición y articular lo que del propio saber puede funcionar con todo rigor como verdad? ¿Cuáles son las verdaderas consecuencias de admitir la teoría de la verdad como correspondencia? Un tal Wittgenstein, dirá Lacan en su Seminario, fue el que extrajo las auténticas consecuencias de esta maniobra al formular que lo único verdadero sería una proposición compuesta de modo que comprendiese la totalidad de los hechos que constituyen el mundo. Si efectivamente contáramos con una proposición que contiene la totalidad de los hechos que constituyen el mundo, ya no habría más que decir, todo lo que pudiéramos añadir a esa proposición no sería más que sinsentido y la verdad, que se escribiría con mayúsculas, estaría definida por esta proposición. Ahora bien para sostener estas conclusiones tenemos que acordar con Searle que hecho y proposición se corresponden o como observa Lacan, que nada es verdadero, más que a condición de partir de la idea, en la vía de Wittgenstein, de que el hecho es un atributo de la proposición bruta. Proposición bruta le llama Lacan a la proposición que Searle ponía entre comillas. Esta proposición elemental, bruta, entre comillas, es la que nos permitirá salir de las conclusiones de Wittgenstein, ya que al ser esta la proposición de la que podemos afirmar que es verdadera o falsa tiene que ser necesariamente la que asegure la verdad de la proposición compuesta. Analicemos con Lacan nuestra proposición, ‘el perro está en el jardín’, que el perro esté en el jardín sólo se convierte en hecho por el hecho de que sea dicho, hasta aquí con Strawson, pero lo verdadero sólo depende de nuestra enunciación, o sea si lo enunciamos oportunamente. Lo verdadero, por tanto, no es interno a la proposición, en ella sólo se anuncia el hecho. Aquí comienza la diferencia que podemos leer como una revisión de la teoría de la redundancia; que sea verdad no es un hecho, si no añadimos expresamente que, por otra parte es verdad. Lacan nos recuerda que como bien observó Wittgenstein, precisamente, añadirlo es superfluo. Es superfluo o redundante que digamos: que el “perro está en el jardín” es verdad si y sólo si el ‘perro está en el jardín’, lo que no es superfluo es que tenemos que tener una razón para decirlo.

3.3. El goce
 Una razón para decirlo, Pegan a un niño 8, ¿qué razón para decir ‘pegan a un niño’? y sin embargo lo que constituye esta frase del fantasma es una proposición, proposición que si bien no puede designarse en términos de verdadero o falso no deja de tener efectos sobre el sujeto. No podemos dejar de recordar ahora la importancia de la producción de efectos cuando hablamos de la metáfora. Si esta proposición tiene efecto, señala Lacan, es por sostenerse en un sujeto dividido por el goce, tal como Freud lo analiza. Un sujeto divido por el goce indica aquí a un ser nacido del plus de goce como resultado del empleo del lenguaje. El empleo del lenguaje hace del ser humano, en realidad, un empleado del mismo, este empleo tiene como efecto que del goce no obtengamos más que su plus, el resto permanecerá como goce imposible, prohibido. Sostener, al mismo tiempo, que la verdad es inseparable de los efectos del lenguaje implicará necesariamente concebir una ‘verdad afectada’, una verdad podríamos decir tocada. Es en esta medida que Lacan puede decir que la verdad es hermana del goce prohibido, es como hermana de este goce que se puede decir de ella que es “no toda”. Si una estructura lógica, ‘pegan a un niño’, puede vincularse con el plus de goce, se pregunta entonces; por qué no plantear a qué goce responden las conquistas que hacemos en la lógica.

4. Con Ricoeur

¿Qué verdad concierne al sujeto? ¿De qué forma es concernido el sujeto por esta verdad? Paul Ricoeur dedica dos capítulos a la cuestión del sujeto en Hermenéutica y estructuralismo, dos capítulos escritos de la mano con Heidegger y Freud para escudriñar esta relación entre verdad y sujeto.

 4.1. Crítica de las filosofías del sujeto

 Ricoeur arranca con el cogito de Descartes, lo primero que hace es poner en cuestión su supuesto ahistoricismo. El cogito no puede ser una verdad inmutable por encima de la historia, tiene sus antecedentes en Sócrates o en el cogito agustiniano y se continúa con Kant, Fichte o la “egología” de Husserl. Por lo tanto Descartes deberá ser situado en esta serie, que no se reduce exclusivamente a estos pensadores, su cogito sería tal vez la cima más alta, pero sólo una de las cimas, que conforman la tradición reflexiva que pretende la afirmación de una verdad sin sujeto. En esta misma tradición podemos también situar, aunque desde otra posición, las tesis sostenidas por Searle. Lo que Ricoeur pondrá en tela de juicio, en nombre del psicoanálisis, será la pretensión de esta tradición de considerar la reflexión del sujeto sobre sí mismo como un acto que pueda ser original, fundamental o fundante. ¿Por qué de la reflexión, del sujeto sobre sí mismo, no puede surgir la certeza que Descartes creyó encontrar? Precisamente porque Freud socavó los efectos de sentido que conforman el campo de la conciencia, porque sacó a la luz el juego de fantasmas donde se oculta nuestro deseo. Nuestra conciencia se torna sospechosa, poco fiable para comprender el sueño, el síntoma, nuestros fantasmas, dicha inteligibilidad es inaccesible a la conciencia por la distorsión producida por la barrera de la represión. Una instancia, el inconsciente, produce unos efectos que llegan distorsionados, condensación y desplazamiento freudianos, a la conciencia, de ahí la necesidad de la interpretación para hacer inteligibles estos efectos. La reflexión sobre sí mismo no podría conducir a ninguna certeza, porque esta reflexión estaría enturbiada por la barrera de la represión, necesitaría del filtro de la interpretación para aclarar las aguas y beber de una certeza no contaminada. Esta diferencia entre consciente e inconsciente le impone ya al cogito una primera rectificación. Esta primera rectificación anticipa, para Ricoeur, el divorcio entre el psicoanálisis y las filosofías del sujeto.


4.2. Apodicticidad y adecuación 

Freud en su segunda tópica nos muestra que no solamente es inconsciente la parte más profunda del Yo, también su parte más elevada lo es. La explicación de la génesis del superyó freudiano es como una genealogía de la moral en la órbita de Nietzsche, el seguimiento de esta génesis haría cuestionable la idea de Rorty sobre la moral en Freud, pero no es este desarrollo el que ahora nos ocupa. Lo que ahora nos importa destacar es que para Ricoeur, este “inconsciente de arriba”, el superyó, no es menos irreductible a la constitución del ego cogito que el Ello. Ni la conciencia ni el yo son reducibles a esta autoconstitución del ego cogito. La conciencia intenta cuidar la casa; vigila, percibe, ordena y aprehende la realidad, mientras el yo se debate entre diferentes amos sin acertar nunca en su satisfacción, entre los mandatos superyoicos y las exigencias pulsionales el yo aparece siempre desorientado. La primera rectificación del cogito no evita que tengamos que seguir utilizando los términos de conciencia y Yo a la hora de pensar el sujeto, estos términos acompañan al sujeto. La idea del inconsciente y sus efectos, no reemplaza al sujeto no lo elimina de nuestro ámbito de pensamiento, lo que produce es un desplazamiento de la problemática en la medida en que ni la conciencia ni el Yo estarán en la posición de principio u origen. En el lugar de la reflexión del sujeto sobre sí mismo estará la Subversión del sujeto9, desde esta subversión habrá que pensar el cogito; ¿qué modificaciones sufrirá éste, al verse afectado por esta subversión, al postular esta subversión en el origen ocupando el espacio de la reflexión? ¿Cómo pasará esta prueba? El cogito que atraviese esta reformulación crítica ya no es el mismo que reivindicaba la filosofía en su “ingenuidad prefreudiana”, sentencia Ricoeur. Esta ingenuidad se daba antes de Freud por la confusión de dos momentos: el de la apodicticidad10 y el de la adecuación. De acuerdo con la apodicticidad el pienso-soy está verdaderamente implicado, no admite contradicción. Dudemos, nos dejemos llevar de la ilusión, nos invada el error o nos dejemos engañar por el genio maligno, es igual porque al pensar, somos, no podemos dejar de ser. Sin embargo esto que es incuestionable, que soy, esta apodicticidad del pienso-soy se confunde con el momento de la adecuación según el cual soy tal como me percibo. Lo que oculta la apodicticidad es la pregunta por el qué soy, por el ser del soy, ¿qué soy, yo que soy?, es lo que, tras haber pasado esta prueba, ahora ignoro. ¿Qué soy?, es entonces la pregunta que el cogito deja sin respuesta.

4.3 Implicación positiva. La pulsión

 ¿Se ha destronado al cogito de su reinado con estas críticas? se pregunta nuestro autor. No, no es suficiente con esta crítica abstracta para destronar al cogito, será necesaria una implicación positiva, un paso más que sólo una meditación sobre el psicoanálisis, a falta de un paso efectivo por el mismo hará posible. El enraizamiento de la existencia subjetiva en el deseo permitirá pensar esta implicación positiva superando la tarea negativa de la de-construcción del falso cogito. Una verdadera reformulación tiene que situar en el origen la anterioridad del deseo, su arcaísmo, su subversión y sus consecuencias. Esto quiere decir que antes de que el sujeto se piense consciente y voluntariamente, antes de su autoreflexión, ya existía en el ser en el nivel pulsional. El registro pulsional es anterior a la toma de conciencia, la pulsión es anterior a la volición, lo que implicaría la prioridad del ser pulsional sobre el pensar reflexivo. Concluye, entonces Ricoeur, que el acto puro del cogito no es más que una verdad abstracta y vacía, tan vana como invencible. Pienso-soy, es también un hecho, un hecho indudable, salvo que es superfluo sino añadimos qué soy. Inconsciente, deseo y pulsión se perfilan como términos imprescindibles para cualquier reflexión sobre la verdad que no pretenda verse reducida a lo superfluo.

 5. Con Wittgenstein

Debo esta lectura de Wittgenstein al magnífico libro de Cyril Barrett Ética y creencia religiosa en Wittgenstein11. Vimos con Lacan que fue Wittgenstein quien formuló que lo único verdadero sería una proposición compuesta de modo que comprendiese la totalidad de los hechos que constituyen el mundo. Wittgenstein intenta encontrar un concepto general de proposición que dé cuenta tanto de las proposiciones elementales como de las complejas.

 5.1. La solución simple

 La solución encontrada por Wittgenstein está recogida en su Diario filosófico 1914-1916; “¡El concepto general de proposición conlleva también un concepto muy general de la coordinación de proposición y estado de las cosas: la solución de todas mis cuestiones ha de ser extremadamente simple!.. En la proposición es compuesto un mundo a modo de prueba.”12 Para un observador sin prejuicios, dirá, está claro que una proposición es una representación lógica; recuerda, en esta misma anotación del 29.9.14, como en una de las salas de los juzgados de París se representan los accidentes automovilísticos con muñecos para reproducir la situación, esto debería haberle revelado la esencia de la verdad si no estuviera ciego. Explica a continuación como funcionan los escritos jeroglíficos, en los que cada palabra representa su referencia. Da como ejemplo dos figuras que al parecer están haciendo esgrima, una a la derecha el hombre A y otra a la izquierda el hombre B, el todo podría decir por ejemplo, “A combate con B”, la proposición así representada puede ser verdadera o falsa, pero tiene sentido con independencia de su verdad o falsedad. Entonces; podemos afirmar que A y B están haciendo esgrima, esta afirmación puede ser verdadera o falsa –pueden estar haciendo otra cosa- pero también pueden estar haciendo esgrima, sea verdadero o falso lo representado por la imagen, ésta tiene lo que Wittgenstein llama sentido y este sentido es independiente de la verdad o falsedad, es la posibilidad de la verdad o falsedad y por último está la seguridad de Wittgenstein de que esta analogía puede determinar cuanto es esencial para la naturaleza de la proposición. Estas reflexiones de la anotación del 29.9.14 constituyen, para Barrett, los ingredientes esenciales de la teoría figurativa del lenguaje. Sobre el sentido volverá después en el Tractatus Logicus-Philosophicus13 (en adelante TLP) cuando afirma que “la proposición es una figura de la realidad, pues yo conozco el estado de cosas que representa si yo entiendo el sentido de la proposición. Y yo entiendo la proposición sin que me haya sido explicado su sentido” (TLP 4.021). Presupone por tanto que sabemos lo que es una representación, la representación no requiere ser explicada, comprendemos la proposición sin necesidad de que su sentido sea explicado, pero, y esto es lo destacable, tiene que tener un sentido. Esta es la razón de que no necesitemos proposiciones explicadas (al menos en los lenguajes que conocemos) ya que: “La proposición muestra su sentido. La proposición, si es verdadera, muestra cómo están las cosas. Y dice las cosas están así” (TLP 4.022). Esta claro que una proposición muestra su sentido mostrando lo que pudiera ser una situación o estado de cosas real, pero Barrett pone en duda que la proposición diga (en el sentido de afirmar) que algo es. Y lo duda con el mismo Wittgenstein, “Cada proposición debe ya tener un sentido; la aseveración no puede dárselo, pues lo que asevera es el sentido mismo…” (TLP 4.064). Lo afirmado por tanto dice simplemente que el sentido de la proposición corresponde a como son las cosas, no dice cómo son. Si la crítica al cogito dejó abierto el interrogante sobre el qué soy, la corrección de Barrett dejará abierta la pregunta por el cómo son las cosas que se corresponden con la proposición, la correspondencia no resuelve este interrogante.

 5.2 Las seudoproposiciones

 Decir y sentido imponen dos distinciones fundamentales; por un lado entre lo que puede decirse y lo que puede proferirse y por otro, entre proposiciones genuinas y proposiciones aparentes o seudoproposiciones. En ocasiones las proferencias adoptan la forma de una proposición, ‘el verde-vaca es más dulce que el cuadrado de la hipotenusa’, estas proferencias, aunque carentes de sentido, se dicen aunque no digan nada, nada se ha aseverado aunque las palabras hayan sido proferidas. El dicho esquizofrénico ilustraría esta tipo de proferencias, mientras que el decir paranoico muestra una proposición que tiene sentido más allá de su verdad o falsedad; ‘Juan me persigue’ es una proposición que muestra su sentido más allá de que Juan efectivamente me persiga. Pero también existen para Wittgenstein las llamadas seudoproposiciones, que aparentemente dicen algo cuando de hecho no dicen nada, sea porque no pueden decir nada o sea porque no hay nada que decir. Parecen representar algo profundo cuando, en realidad, no representan nada y carecen de sentido al no poder ser aseveradas o negadas, por lo tanto no pueden ser dichas, son lo indecible. Para Barrett, igual para Lacan, Wittgenstein es preciso, demasiado preciso y restrictivo en lo que considera decible, es la “ferocidad psicótica”14 que encarna su discurso en este punto: “La totalidad de las proposiciones verdaderas es la ciencia natural total (o la totalidad de las ciencias naturales)” (TLP 4.11). Estas proposiciones, que parecen profundas, pero no están sometidas al criterio de verdad o falsedad y carecen por tanto de sentido, no pueden ser dichas, son las proposiciones de las que se nutren la filosofía, la ética, la creencia religiosa o la estética. Wittgenstein va a utilizar tres palabras distintas para describir estas proposiciones aparentes, usa tres términos: bedeutungslos (“sin significado”), sinnlos (“sin sentido”) y unsinnig (“sinsentido”). Las proposiciones aparentes podrían describirse por alguno de estos tres términos. Las proposiciones bedeutungslos no pueden ser consideradas propiamente seudoproposiciones. Las sinnlos son tautologías y contradicciones no dicen nada; son sinnlos. No tienen condiciones de verdad, al no poder ser verdaderas o falsas. La proposición muestra aquello que dice; la tautología y la contradicción muestran que no dicen nada. La tautología no tiene condiciones de verdad, pues es incondicionalmente verdadera; y la contradicción, bajo ninguna condición es verdadera. La tautología y la contradicción carecen de sentido… (Yo no sé, por ejemplo, nada sobre el tiempo, cuando yo sé que llueve o no llueve)” (TLP 4.461). Por lo tanto no serán para Wittgenstein figuras de la realidad, no podrán representar el estado de las cosas. También son sinnlos los principios a priori de la ciencia, por ejemplo, el principio según el cual cada evento tiene una causa no nos dice nada de los eventos o las causas, se puede traducir sin pérdida al simbolismo ‘si p entonces q’, representan la estructura formal de la realidad, pero un hecho y menos la totalidad de los hechos. Las tautologías, las contradicciones y los principios a priori de la ciencia no son sin embargo unsinnig, “sinsentido”; pertenecen al simbolismo, del mismo que cero es parte del simbolismo de la aritmética. ¿Cuáles son entonces las proposiciones unsinnig? Serán las que corrresponden a la filosofía y a las expresiones valorativas. El final del Tractatus dicta la sentencia sobre la filosofía al decir que su método verdadero sería propiamente no decir nada, sino aquello que se puede decir, es decir las proposiciones de la ciencia natural. Este rigorismo conduciría inexorablemente a silenciar aquellas proposiciones aparentemente profundas de la ética, la religión, la estética, la filosofía o el psicoanálisis.


 5.3. Límites del lenguaje

 ¿Qué sucede entonces con su propia obra, el Tractatus Logico-Philosophicus? Por ser filosófica no dice nada ni del mundo, ni de la lógica, ni del lenguaje, su método no es el correcto, él mismo admite que su obra es unsinnig “sinsentido”. Pero entonces se pregunta Barrett, con toda pertinencia, ¿por qué molestarse en escribirlo y dedicar entre 75 y 95 páginas (según la edición) a no decir nada? La respuesta de Wittgenstein en la penúltima entrada del libro es elegante aunque algo misteriosa: “Mis proposiciones son esclarecedoras de este modo; que quien me comprende acaba por reconocer que carecen de sentido, siempre que el que comprenda haya salido a través de ellas fuera de ellas. (Debe, pues, por así decirlo, tirar la escalera después de haber subido.) Debe superar estas proposiciones; entonces tiene la justa visión del mundo” (TLP 6.54). Wittgenstein nos está diciendo en primer lugar que la filosofía muestra algo que es un “sinsentido”, que es tratar de decir lo que no se puede decir, traspasar los límites del lenguaje, al traspasar los límites del lenguaje no nos dice nada del mundo, de cómo son las cosas o de por qué las cosas son como son. Pero paradójicamente al mostrar el “sinsentido”, al mostrar que es un sinsentido intentar hablar de eso, la metafísica, la filosofía del lenguaje o la filosofía de la lógica manifiestan cómo habría que interpretar sus aparentes proposiciones, como indicadores, peldaños de una escalera que señalan una intuición de algo que no puede enunciarse. Muestran el tipo de andamiaje que se precisa para entender el mundo y decir algo de él. Esta es la idea Rorty sobre la filosofía y el lenguaje, en este punto es solidario de Wittgenstein, la intuición y la creación son indicadores de lo que no puede enunciarse. Las expresiones valorativas; ética, estética y creencia religiosa cumplirán para Wittgenstein la misma función, ya que una proposición genuina tiene un único valor, el de ser verdadera y no falsa. Decir ‘el perro está en el jardín’ o ‘el lunes se desplomó la Bolsa’, si son verdaderas tienen como proposición el mismo valor, enuncian un hecho que es la función de la proposición. Sin embargo las proposiciones de las expresiones valorativas no enuncian un hecho, expresan un valor añadido que por estar fuera de la posibilidad de ser verdadero o falso, se convierte en valor trascendental. De ahí que la ética no se pueda expresar, que sea trascendental, como dice en la entrada 6.421, y esto porque ha afirmado un poco antes (TLP 6.41) que; “El sentido del mundo debe quedar fuera del mundo. En el mundo todo es como es y sucede como sucede: en él no hay ningún valor, y aunque lo hubiese no tendría ningún valor…” Tenía razón Rorty, el sentido del mundo no puede estar en el mundo, en el mundo las cosas suceden como suceden y punto, y además como cualquier tipo de valor queda por fuera del mundo y no es un hecho entre otros, no puede ser representado figurativamente y por lo tanto no puede ser expresado en una proposición genuina. Por eso dice también de las expresiones valorativas que son “sinsentido” y en su intento por expresarse fuerzan los límites del lenguaje. Este “sinsentido” que trata de ir más allá de los límites del lenguaje, no es el “sin sentido” que forma parte de la estructura formal, es el “sinsentido” de la filosofía y las expresiones de valor que para encontrar su expresión tienen que despojarse de la camisa de fuerza con la que el lenguaje nos somete. En un momento Wittgenstein piensa si no será un déficit no haber encontrado una forma de representar los valores, no haber sido capaces de encontrar una proposición que ajustándose al sentido de la representación expresase este tipo de valores. Pero las ú el lenguaje, este es el rostro de la verdad. Es a través de la repetición que podemos experimentar algo de la verdad. Esta experiencia, es una experiencia con el lenguaje y su franqueamiento, con la travesía por sus límites. Para unos es suficiente con decir lo que saben, para otros es siempre necesario decir algo más.

 6. Con Gracián y Russell

Enfrentar los riesgos de la verdad, hacer esta experiencia, ¿es algo que todo sujeto anhela, como pensaba Searle? ¿Es seguro que todos queramos habitar en su reino? En un capítulo de El Criticón, el llamado “La verdad de parto”, Critilo y Andrenio se acercan a una ciudad en que la verdad está de parto y de la que todos huyen: “... Estos sin duda vienen huyendo del reino de la verdad, donde nosotros vamos.- No le llames reino, replicó uno de los tránsfugas, sino plaga, y con razón, pues así lastima, y más hoy que tiene alborotado el mundo, solicitándose la ojeriza universal. ... ¿No sabéis que la verdad va de parto estos días?_ ,Cómo de parto. - Sí, aun con la barriga a la boca, reventando por reventar.- ¿Pues que importa que para?, replicó Critilo; ¿por eso se inquieta el mundo? Haced que para en buena hora, y el cielo que la alumbre.- ¿Cómo que qué importa?, levanto la voz el cortesano; que linda flema la vuestra, mucha alemania gustáis: si ahora con una verdad sola no hay quien viva, ni hay hombre que la pueda tolerar, ¿qué será si da en parir otras verdades?.... con una verdad que le digan a un hombre tiene para toda la vida, ¿qué será con tantas?...Pasaron un tanto a los sabios: éstos sí decían, que toda su vida hacen estudio de averiguarla: mas ellos tan presto como la conocieron, la arrimaron diciendo: que tenían harto con la teórica, que sólo la querían en especulación y no en ejecución”16. Y termina Gracián advirtiéndonos “que la verdad en la boca es muy dulce, pero en el oído es muy amarga; para dicha no hay cosa más gustosa; pero para oída no hay cosa más desabrida”. “Con todo, hay una voz interior -dotada de una autoridad absoluta que no menguan las palabras vanas- que nos impulsa a seguir la Verdad aunque nos destruya, aunque arruine la vida de los que amamos, aunque marchite las flores de la alegría y agoste con su aliento reseco la amable primavera de la felicidad”17. Quien da réplica así a la huida es Bertrand Russell. Como el pintor que al realizar un retrato imagina color, sombras y luces, figura y fondo, ánimo en la expresión, mirada; el pensador busca entre las proposiciones, el sentido, el lenguaje y sus tropiezos, el sujeto y su certeza, las proporciones que darán rostro a la verdad. Así cada uno contemplará el cuadro con tranquilidad y confianza, desesperación o temor, arrojo y valentía o simplemente con estudiada indiferencia.

  1. R.Rorty,Contingencia,ironíaysolidaridad,Paidós,Barcelona,1991,p.32.
  2. Ibid.,p.38.
  3. Ibid.,p.40.
  4. Ibid.,p.43.
  5. Ver “Introducción teorética sobre la verdad y la mentira en el sentido extramoral”. F. Nietzsche, El libro del filósofo, Taurus, Madrid, 1974.
  6. J.R.Searle,Laconstruccióndelarealidadsocial,Paidós,Barcelona,1997.
  7. J.Lacan,SeminarioXVII:Elreversodelpsicoanálisis,Paidós,Barcelona,1992.
  8. TextodeS.FreudpublicadoenelTomoVIIdesusObrasCompletasenlaedicióndeBibliotecaNueva,Madrid,
    1974.
  9. “Subversióndelsujetoydialécticadeldeseoenelinconscientefreudiano”,formapartedelconjuntodeescritos
    publicados bajo el nombre Escritos I, en la edición de Siglo Veintiuno, Madrid, 1980.
  10. Sentencia o proposición necesarias que no admiten contradicción.
  11. C. Barrett, Ética y creencia religiosa en Wittgenstein, Alianza Universidad, Madrid, 1994.
  12. L. Wittgenstein, Diario filosófico (1914-1916), Planeta-De Agostini, México, 1986, p. 19 y siguientes.
  13. L. Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus, Alianza Universidad, Madrid, 1973.
  14. J. Lacan, Seminario XVII: El reverso del psicoanálisis, op.cit., p. 65.
  1. L. Wittgenstein, Conferencia sobre ética, Paidós, Barcelona, 1989, p. 43.
  2. B. Gracián, El Criticón, Espasa-Calpe, Madrid, 1980, p. 291
  3. B. Russell, El credo del hombre libre y otros ensayos, Cátedra, Madrid, 1996, p. 40