jueves, 12 de mayo de 2016

DE- VUELTA CON LA ESCRITURA POIÉTICA Y EL PSICOANÁLISIS.



"Solo una poética puede sacar de su ausencia a este ser por venir"
(Jean Lescure, en G.Bachelar, “La intuición del instante”; Buenos Aires, SXX, 1980,p.163)



"Lo poético no es algo que está afuera 
en el poema, ni dentro, en nosotros, 
sino algo que hacemos y que nos hace" 
 Octavio Paz, “El arco y la lira” (1)
                                                       
 "Aprender a ver/oír/decir/lo instantáneo es nuestro oficio" Ocatavio Paz(2)


  
 “Cuando la mente ve  a partir del tacto, sin proyectar lo ya sabido, es decir las síntesis performadas por la reiteración , entonces se vuelve inocente y ad-mira. Y lo que ve está presente…”  Chantall Maillard (3) 
   
Una gota de agua sobre una hoja es infinita; esa gota de agua en esta hoja, ahora, en este instante».  Chantall M. (4)
   

 














  





 




















“…el caracol pasa… sin defenderse, con su casa a cuestas  porque él no se diferencia de su casa, transita, en la mano  apenas sentimos una ligera humedad que luego cristaliza. Chantall Maillard, (5)

El fuera es lo común, lo que a todos pertenece, lo animal. El fuera es la inocencia. La de todos. Porque en el  a-fuera no hay yo, no hay alguien. Un poema es una señal de inocencia. (5)








Un psicoanálisis es poiésis y escritura, un hacer consciente como decía Freud: donde “ello” era el “yo” deba advenir, dirección de la cura que con Lacan cabe resituar: que donde ello era, ello siga siendo, sin, o con menos sufrimiento,  sabiendo hacer con “ello” de otra manera, de una manera singular y nueva. En este sentido, Miller en Piezas sueltas sostiene que lalengua nunca será armónica y que dicha desarmonía nunca podrá ser reparada pero que "lo único que se puede hacer con lalengua es convertirla en una obra" (sinthome)(6). Por tanto apuntar a ello habla justamente ahí donde las palabras del Otro son los significantes encarnados tempranamente sobre la carne que goza sin límites.




 Pues "Ello habla por sí solo, en la carne y sin llegar al dicho. Lo que no es anudado por el falo"(7) Ello habla Lalengua, y en ese sentido, “la máxima que Lacan enuncia en oposición a Descartes es: Pienso, luegozoy  para señalar de inmediato que el gozoy  reaparece en lo real...Lacan evidencia que lalengua vehiculiza la muerte del signo hecha de "ese mismo gozar" (pág. 19) y que si bien el inconsciente está estructurado como un lenguaje, no elimina la presencia del S1, significante que sólo se lo puede escribir si se lo hace sin ningún efecto del lado del sin-sentido”(7)

“Tratar ese lado incurable de lo real en su cualidad de eventual, aleatorio o como acontecimiento imprevisto es ir al revés del inconsciente, ya que su función es de restablecer la continuidad entre los síntomas y los eventos accidentales de la historia del sujeto. Contrariarlo permite transformar su estatuto: el inconsciente deja de ser una sustancia y pasa ser un tanto del orden de lo "no realizado" que llama a la decisión, al acto, a la creación, como nuevas modalidades de anudamiento(7)

Dirá Lacan en L’insue (8): “La astucia del hombre con la poesía es que esta es efecto de sentido pero también de agujero”. Buscar un significante nuevo, producir un significante nuevo que nomine. Cuando uno nomina, calla al Otro. Se sustrae abriendo en otro lado. También la interpretación analítica deberá producir este doble efecto-afecto que Chantall Maillard (9) dice de manera tan poética , y que es lo  que define a la poesía :

“Hay en la poesía una aspiración hacia la horizontalidad, aunque no debe tampoco confundirse con la planicie, en la que los árboles se enraízan. La poesía es un horizonte expandido, demorado en los infinitos recodos del bosque, un juego sutil, un enramado que a veces se hará nudo, liana, frondosa derivación de hojas inconexas, y otras adoptará en su impulso de ascenso o de descenso la línea suave o rugosa de algún tronco. Cuanto mayor sea su recorrido vertical más se acercará a la filosofía. Un poema vertical es un poema filosófico».

 Y lo que ella dice, me evoca una partitura, lo cual no es nada extraño ya que Lacan mismo decía que “basta escuchar la poesía, como era el caso de Fedinand de Saussure, para que se haga escuchar en ella un polifonía y para que todo discurso muestre alienarse sobre los varios pentagramas de una partitura” (10)
“El instante (po) ético del psicoanálisis es el tiempo justo en el que el analizante rompe con la servidumbre del lenguaje y se enfrenta con el desafío de crear un nuevo significante que haga lazo social. El acto analítico rompe eslabón de la cadena significante para dejar al sujeto frente a la verdad de su deseo, él mismo ya en posición de objeto del deseo”. “Poética del Psicoanálisis”  Rosario Herrera Guido, S XXI (11)
En ese sentido, “la poesía es el arte de despedirse” nos  dice Octavio Paz. (12)Y también lo es el psicoanálisis.

Y para que ellos sea posible es imprescindible la inmediatez, la lectura-escritura del instante:

“Consciente de que la singularidad de lo vivido es refractaria al lenguaje y a sus convenciones y que la realidad siempre trasciende la palabra que la traduce, la traiciona y sacrifica, el poeta (y el psicoanalista en la palabra del analizante) ha de fijar su experiencia en el verso como a un águila la flecha, en pleno vuelo…” Chantall M. (“Orinar en la nieve”) (13)o como lo dice Octavio en su cita del comienzo de este trabajo: “Aprender a ver/oír/decir/lo instantáneo es nuestro oficio".                                                       

Y si es china la entrada de Lacan a la poesía en sus últimos seminarios, es porque el sin
sentido que porta su canturreo le procuró a través de su sonido un llamado a escuchar lo que no se escucha en una narración ya que está  sostenida del pensamiento.
Dirá que la metáfora y la metonimia en tanto anudando el sonido y el sentido son capaces de canturrear otra cosa; desunir el sentido y el sonido para hacer sonar otra cosa, lo real.
El sonar se desprende aquí de aquella resonancia que nos hablaba Lacan: semántica o metonímica. Sería el instante de la epifanía que nos abisma o da lugar a  la invención.

“…es por el forzamiento por donde un psicoanalista puede hacer sonar otra cosa que el sentido” y esta vez nos reenvía a la escritura poética china y al chiste, para situar la dimensión de la interpretación analítica.” (14)

¿Qué es ese canturrear sino el goce ya enlazado en lalangue misma? En lalangue hay un saber que no está hecho para ser sabido y no se deja apresar.

En el seminario 25, clase 3, (15) Lacan ubica a la poesía del lado del analizante: “El analizante habla, hace poesía.”. Desde Freud, sabemos, que el gran retórico es el inconsciente. “El sueño es un arte poético involuntario”. La elaboración del sueño tiene mucho en común con el trabajo del poeta y esto a Freud no le fue indiferente. Lacan dirá que es en tanto que una interpretación justa extingue un síntoma, que la verdad se especifica por ser poética. Una interpretación solo tendrá efecto a condición de subordinarse a la transferencia. Es importante destacar que lo poético no es la interpretación sino la verdad que allí se pone en juego. 

Psico-análisis entonces de los significantes que constituyen nuestra historia ficcional con la que hemos intentado explicarnos, y dar coherencia a lo  inexplicable de nuestra ex -istencia. Intento estructuralmente fallido de apresar vía el  significante y el saber en él condensado (metonimia) y metaforizado, metamorfoseado , ese no saber originario , pura falta,  objeto pulsional,  marca  de goce de la letra sobre el cuerpo, y no para agregar significación,  sino  para  horadar el significante, ese significante que nos re-presenta como sujeto ante otro significante , esos en que sostenemos nuestro yo-mascara,  hasta palpar el vacío en ser , el pura carne que en última y en primera instancia somos, para “savoir i faire” ahí con nuestra falta: acto creativo en el que el acto del analista, la interpretación a la letra, se corresponde con el acto , y quizás con el tiempo de concluir del parlêtre.

Interpretación, lectura que es a la vez escritura, lectura a la letra. “Leer a la letra que no significa develar ningún sentido oculto, correr el velo del oscurantismo de una letra a descifrar, leer a la letra un texto es producir una letra desde el texto freudiano o como le gusta decir a Lacan que su invención es una letra, su objeto a. Dicho en otros términos, hacer que el texto freudiano produzca una letra como invención”. (16)

“Al sin fin de la cadena significante, a la ilusión de poder decir todo, adviene un tope, invención de una letra, producción de una escritura”. (17)
 
“Escritura, esta está ubicada allí en el litoral entre la pulsión y el fantasma, que puede tener dos caras, una que se refiere a la representación, como significación articulada con el falo (significación siempre fálica), mientras que la otra como letra que remite a lo real. "El inconsciente dirá Lacan el 10.3.7l es "el lenguaje en medio del cual ha parecido el escrito” (18)

Es-critura  el es=el ello, que se escribe, savoir i faire imposible de ser dicho de manera más precisa:

“Apenas una traza brillante dejada por la baba del caracol, el otro que somos todos bajo las hojas de acanto. El saber no sabido por el mí, sólo adivinado, y en la traza, reconocido (Chantall Maillard) (19)

La baba del caracol, traza brillante, sendas luminosas,  dejadas por un ser pequeño , insignificante, trazas de luz sobre la piel, superficie estriada, no surcos, no hendiduras, no heridas, sino trazas, vías de acceso para el acontecer, bien pensado prefiero olvidarme de lo dicho…  y luego abajo buscar alguna umbría y allí poner la mano, extenderla , los dedos haciendo puente para los caracoles , más pequeño que el erizo, inadvertido, sin pretensiones , el caracol pasa… sin defenderse, con su casa a cuestas  porque él no se diferencia de su casa, transita, en la mano, apenas sentimos una ligera humedad que luego cristaliza” (20)


Propongo leer como leemos en tanto analistas:
 
Vías de acceso para el acontecer bien pensado, prefiero olvidarme de lo dicho
y luego abajo buscar...
Y luego a
bajo
buscar
Vías de acceso para el acontecer, bien pensado,  prefiero olvidarme de lo dicho.
Vías de acceso para el acontecer bien, pensado,  prefiero olvidarme de lo dicho.
                        
Acaso  puede remitirse este decir de al poeta a la  frase de Lacan: “que se diga queda olvidado detrás de lo que se dice en lo que se oye”

Y ello me evoca a su planteamiento en Liturattere (21)

“Llituraterra”,” neologismo que Lacan inventa legitimándose en un diccionario etimológico: lino, litura, liturarios son las raíces lingüísticas que le sirven de referencia. Lino es ungir, frotar, ensuciar, embadurnar, recubrir (lo escrito), borrar; litura significa corrección, enmienda, borrón, tachadura. Raíces etimológicas que fundan la equivalencia psicoanálisis- escritura que este texto aborda” (22)  Lituraterre juega con "rature", tachadura, y "terre". Dice Lacan allí que la letra es litoral entre significante y goce; entre saber, dominio de lo simbólico, y goce, dominio de lo real; entre inconsciente y libido. Lacan diferencia litoral de frontera. Una frontera, dice, se puedeatravesar, un litoral hace borde a los dos territorios o dominios que en él se encuentran y no son recíprocos. De ahí que la letra, que dibuja ese litoral, tiene un costado significante y un costado real, de goce. La letra hace borde al saber, dibuja el agujero de goce en el saber.  Letra que cesa en su papel de remitente y articulador y permanece como elemento autista de no-sentido que hace gozar” (23) 

“En este escrito Lacan nos presenta un apólogo de la escritura, al que J.A. Miller, con ironía, califica de apólogo meteorológico. Allí cuenta que al volver de un viaje a Japón por una nueva ruta que atraviesa Siberia, una ruta que hasta entonces había estado cerrada, le sucede algo que podríamos calificar como un acontecimiento de goce producido en condiciones especiales de espacio y tiempo: desde la ventanilla de su avión, ve los surcos dejados por la lluvia sobre la desierta planicie siberiana y lo que ve le hace pensar en una escritura, todo sucede en el transcurso de un instante.
En esta topología del espacio vacío y del tiempo como instante de ver, “la única condición decisiva es la del litoral”. Las huellas producidas por la lluvia al caer constituyen con sus líneas una orografía que tiene relieve.
Según M.H. Roch, Lacan, no sólo da valor de escritura a lo que está viendo sino que, aunque él no lo diga, el relieve de esa orografía le evoca la escritura china, y más precisamente el trazo del calígrafo4, no el de cualquiera sino el de Shitao, el pintor calígrafo del siglo XVII al que había conocido gracias a François Cheng, el calígrafo que habló del “único trazo del pincel”.
“Así fue como irresistiblemente se me presentó (…) entre las nubes, el aluvión, que es la única huella que aparece para producir, más que para indicar, el relieve (…) en la llanura siberiana, planicie verdaderamente desolada (…) sin ninguna vegetación más que reflejos de este aluvión que empujan a la sombra lo que no resplandece”.
Esta escritura no está hecha para indicarle nada a nadie, pues no hay nadie, la estepa está desierta….

 La nube como semblante, -significante que se ve-, y la naturaleza está llena de esos semblantes, según Lacan; la lluvia que cae de la nube-semblante como significado de goce que llueve del semblante “cuando éste se rompe” liberando las materias en suspensión. Este significado de goce que cae erosiona la tierra, deja huellas, escribe” (24)


ACTO CREATIVO, ACTO PSICOANÁLITICO.

«Hay veces en las que algo de esa realidad de la que formamos parte, con todo aquello que nos rodea, nos atraviesa y sabemos que hemos tocado la fibra más íntima, aquélla justamente en la que vibra al unísono lo que vemos, lo que hay, lo que percibimos y lo que somos». Chantall Maillard, (25)


¿No es acaso esta una poética manera de decir el efecto de encuentro de un sujeto con lo real  la  tyché que lacan toma de Aristóteles,  y no es también ese efecto el que produce  la interpretación analítica cuando como nos dice Lacan somos capaces de medio decir como dice el poeta.

“El Automaton sería la repetición que siempre encuentra lo mismo para quedar a resguardo de lo Real. La Tyche por el contrario sería el encuentro con lo Real. Es entre estos dos conceptos aristotélicos de uso lacaniano que puede entenderse que la repetición exige lo nuevo.

A la luz de esto el objetivo de la interpretación no puede ser añadir sentido, tiene que estar del lado del corte, sería provocar la Tyche en el acto analítico, permitir un encuentro que no sea repetición; por eso el buen manejo de la transferencia trabaja contra la repetición.
La transferencia, aliada de la pulsión, intenta conocer el tiempo desconocido de la repetición; y el inconsciente mismo sería una defensa frente a lo real. El inconsciente mismo es un intento de mentir lo real, viene al lugar de ese real como imposible, el inconsciente es la forma de mentirse el sujeto sobre ese punto, y como siempre se miente de la misma manera, repite” (26)
Que nos sea tocada la fibra más intima es el despertar de lo real, ¿no? es decir, algo que conmueve nuestra situación en el mundo, nuestra situación de armonía. Despertar nos despertamos cuando hay algo que nos toca, que nos toca profundamente, un goce inesperado, la posible muerte propia, la de un amigo, eso es lo que nos despierta.

En su Seminario 24, Lacan les dice a sus alumnos: “Yo quisiera llamar la atención sobre algo: el psicoanalista depende de la lectura que hace de lo que dice el paciente.  Y lo que escucha no puede ser tomado al pie de la letra… ¿La verdad despierta o adormece?. Me gustaría que antes de responder, leyeran a François Cheng, ya que con la ayuda de lo que se llama escritura poética ustedes pueden tener la dimensión de lo que podría ser la interpretación analítica”

Recordemos que en la cosa Freudiana, Lacan, introduce a la verdad a través de una figura retórica, la prosopopeya: “yo la verdad hablo”. La verdad del psicoanálisis es poética, habla sin preocuparse por ser verdadera ni por adecuarse a las cosas. La verdad dice “yo vagabundeo en lo que vosotros consideráis como lo menos verdadero por esencia: en el sueño, en el desafío al sentido de la agudeza más gongorina y el nonsense del juego de palabras más grotesco, en el azar y no en su ley, sino en su contingencia...” La verdad del psicoanálisis se hace oír en los puntos dónde el inconsciente sorprende con su retórica. “Lacan se pregunta: ¿la verdad despierta o adormece? Y responde: depende el tono con que es dicha. No olvidemos que la verdad es poética. Luego afirma, la poesía dicha, es un hecho, adormece. Adormece en tanto participa de la función hipnótica del discurso haciendo resonar sentidos que taponan. Adormece en tanto sostiene los velos del bien y de lo bello. Por lo tanto, para  decir del goce que nos concierne queda del lado de los poetas malditos. Baudelaire , Rilke , Rimbaud ...hacen pasar el sin sentido que lo bello vela. Y con Francois Cheng se termina de correr dicho telón.

Y de esto se trata, la voz poética seria la forma de hacer pasar, el bien decir, el decir del hay ausencia de sentido” (27)

Hay que extinguir la noción de lo bello dice Lacan. La resonancia del psicoanálisis no se fundará en lo bello sino en el chiste. No toda poesía sostiene lo bello. Rimbaud escribió: “senté a la belleza sobre mis rodillas, y la encontré amarga, y la injurié”. Injuriar, mal-decir, en latín: maledicere, ultrajar denigrar. (28)

1-Octavio Paz, “El arco y la lira”, México, Fondo de la Cultura Económica, 1979, p 168.
2-Octavio Paz, en su carta a León Felipe
3- Chantall M.  “Orinar en la nieve” Prólogo a  El monje desnudo. 100 haikus Edición y traducción de Vicente Haya, Akiko Yamada y José Manuel Portales. Miraguano Ediciones, Barcelona.
4-5-Chantall Maillard, “En la traza. Pequeña zoología poemática”, librito de la conferencia “La creación” en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, editado por dicho centro.
6- Miller, J.-A. Piezas sueltas. Buenos Aires: Paidós, 2013. p.54
7- Título trabajo de Piedad Ortega  del Seminario de Orientación Lacaniana “Cuerpo, imagen y lenguaje, sus anudamientos”, nel -amp.org.
8-Jaques Lacan, seminario XXIV L’insue.
 9-“La baba del caracol”, Vaso Roto, Cardinales
10-“Escritos” Lacan, México SXXI, pág483.
11-“Poética del Psicoanálisis”, Rosario Herrera Guido, Siglo XXI Editores, Primera edición, 2008.
12-ibídem
13-“Orinar en la nieve” Prólogo a  El monje desnudo. 100 haikus Edición y traducción de Vicente Haya, Akiko Yamada y José Manuel Portales. Miraguano Ediciones, Barcelona.
14-Seminario 24 ,1976- 1977 L’ insu que sait de l´une – bevue s´aile a mourre, Lacan.
15-Seminario 25, “Momento de concluir”, 1977-78.
16-“La letra: lo que resta del decir”, Jorge Luis Leiva, EFBA (efba.org)
17-Ibídem
18-Ibídem.
19- Chantall Maillard, “En la traza. Pequeña zoología poemática”, librito de la conferencia en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.
20-Conferencia  “La creación”, ciclo la condición Humana, Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, 11 febrero 2008.
21- Seminario 1971, sesión 12 de mayo del Seminario “De un discurso que no fuera del semblante”
22- “Escritura y Psicoanálisis”; pág. 22, a cargo de Helí Morales Ascencio, SXXI Editores,  1996.
23- “El tacto y la letra, volver sobre su escritura” Erminia Macola, A.P. Psicoanalista en Padova, Italia. Miembro de la SLP y la AMP en Letras Nº2, Revista de Psicoanálisis de la Comunidad de Madrid-ELP.
24- La función de la escritura en la experiencia psicoanalítica, Araceli Fuentes García Romero, Letras Nº1, Revista de Psicoanálisis de la Comunidad de Madrid-ELP, octubre-diciembre 2010.

25--“Orinar en la nieve”, Miraguano Ediciones, Barcelona.
26- En Puntos vivos del seminario 11 Inconsciente y repetición (Cap. 1 a 5) Javier Cepero   icf-granada.net. 

27-“Cuando La Poesía Hace La Diferencia"(*) Reunión Lacanoamericana De Psicoanálisis, Montevideo, Uruguay. 2015. María Gabriela Pedrotti , EFBA.
28-Saudade:  Poesía y psicoanálisis: Lacan Borges; Graciela Tustanoski, yontorress.blogspot.com


lunes, 9 de mayo de 2016

Taneda Santôka:  el ejercicio de despertar desnudo.

  Por Laura Salino   (www.rasgopsi.com)

UNA MARAVILLA QUE ENCONTRÉ  Y  DESEO COMPARTIR.

 



La manía occidental de engrandecer la realidad, lejos de acercarnos a ella, la extravía en explosiones de índoles diversas y cada vez menos metafóricas. Nos oculta su esencia. Para defender el camino alternativo, el íntimo contacto con la silenciosa evidencia del instante, existe el haiku: forma purísima de poesía en alta dosis con extensión mínima.
Si el lenguaje poético porta la facultad de evocar y sugerir, el haiku, con una simpleza extraordinaria que no carece de profundidad, podría ubicarse sin duda en la cúspide de la poesía.

Suele hacerse referencia obligada a Matsuo Basho, maestro en el arte de ofrecer al lector el mágico acto por el cual la conciencia del que ve y lo que ve se plasma en un poema. El reconocimiento no es ocioso ni infatuado: fue a partir de su trabajo que el haiku se independizó –en el Siglo XVII– de la serie de poemas conocida como renga (poemas breves encadenados) que venía practicándose en Japón desde el Siglo XII.
Hay, sin embargo, grandes olvidos a la hora de leer y reconocer la labor de muchos otros grandes haikuistas: Issa, Buson, Onitsura, Ryôkan, Shiki… La lista es extensa y el cendal que la oculta probablemente responda a otra manía occidental: la de entronizar un personaje determinado que, por talento, azar o producción publicitaria, recibe los aplausos y el reconocimiento de figura pública mientras otros, aunque con idénticas aptitudes, son relegados al destino de ignotos.

Siguiendo la tradición de Basho, Taneda Santôka (1882-1940) inicia su propia peregrinación de monje y poeta caminante. Comparte también con el maestro la mácula meditativa del budismo zen. No es éste un dato menor: en sus monasterios, el ejercicio de la caligrafía y el tiro con arco y flecha apuntaban a aprehender la inmediatez, la fugacidad de lo real. Tanto el haiku, la pincelada caligráfica o el tiro con arco responden de manera precisa a “la necesidad de expresar lo fugaz con la misma inmediatez con que puede captarse”. Es preciso aclarar que lo anterior no implica ninguna premura, por el contrario, es el efecto de un profundo trabajo que se aleja de la repetición del gesto para empalmarse íntimamente con aquello que se quiere representar.
El despojamiento del haiku (que potencia su poder de evocación) es el resultado de un madurado silencio, la forma poética que mejor se ajusta a la introspección, a la soledad del viajero. El voto de no-repetición que todo seguidor de la sabiduría zen debe tener presente, aún en las tareas más repetitivas, es lo que el viaje del peregrino propicia.

Recordemos brevemente que el viaje de Santôka fue realizado en condiciones de extrema pobreza y que en la historia de sus pérdidas se inscriben el suicidio de su madre y el de su hermano. Varios de sus poemas están referidos al hambre, a la extrema soledad, a las pérdidas. Se impone, no obstante, la necesidad de errar en una búsqueda incesante: hacia las profundidades del corazón humano, nos dice en sus diarios. Agrega que el contacto en demasía con la gente genera conflictos, y que para liberarse de la violencia íntima y el aborrecimiento de los demás necesita caminar. (Otros, anteriormente, habían puesto en acto la necesidad de caminar para cultivar ese germen de disidencia que preserva la lucidez aún en las peores circunstancias: nos referimos a Henry Thoreau y su valentía de oponerse a un modelo aberrante cuyas consecuencias padecemos cotidianamente.)

La pincelada que el poema traza es una indeclinable invitación a recuperar el valor de la contemplación en su sentido más fuerte, el mismo que nos es negado a diario, incluso en los lugares que se suponen creados para ello: en los museos se nos niega la posibilidad de pegar el ojo al trazo de pincel mediante el cual el artista resolvió la luz o la sombra, las obras de arte están valladas, protegidas hasta la exasperación. El haiku se instala en esa brecha de la mirada que ensancha la percepción hacia la contemplación.

En la más honda espesura
de la montaña,
llegar a la desnudez.
(Santôka)


Como todo acto cuyo gesto apunta al corazón del ser, transforma y subvierte a aquel a quien se dirige: la piel no necesariamente es igual a la piel. El valor del tacto por sobre la mirada, la honda espesura del cuerpo, la vibración de una voz. Sólo en el contacto con la naturaleza el hombre que se busca encuentra su verdad: el mundo se desnuda para el hombre desnudo. Del mismo modo que el hombre oculta el mundo, el más modesto animal puede abrirnos un camino1:

Lejanos montes
flotan en la pupila
de la libélula.
(Issa)

Son los ojos de la libélula los que devuelven en espejo la imagen de los montes lejanos y en ese mismo acto la acercan: la ceguera del hombre encuentra su libertad en el espejo animal. El haiku siempre nos toca con esa evidencia de lo irrepresentable, la fuga de lo explícito que potencia la lectura entre palabras.
Los verdaderos maestros haikuistas abdican de su narcisismo para ser un bicho más, vivir en un reflejo, en una sombra; en todo aquello que desafía nuestra estrechez clasificatoria de lo animado: ¿hay acaso algo más vivo que los movimientos de la luz y la sombra en un día cualquiera? ¿Un dibujo más animado que el de las nubes −nunca iguales− acompasadas por el viento? Sólo en esta alquimia de prismas sucede la belleza del haiku:

En el agua hay un reflejo
es alguien que va de viaje.

En este haiku Santôka no se reconoce más que como una forma en el agua. Hay también un juego de palabras en el original japonés, donde reflejo admite asimismo ser traducido como sombra: alguien que viaja con un espinoso pasado a cuestas −una mochila pesada, como diríamos en occidente− pero sin embargo pasa, ingrávido, ligero, en ese reflejo.
Recojo y alzo hacia la luna
la luminosidad del agua.

Los traductores proponen que éste debe ser un haiku «que nos exija recogerlo en la cuenca de nuestras manos». Probablemente Santôka iba a beberse el agua, la recoge, la alza, la separa de la tierra, la eleva del mundo para fusionar su luminosidad con la de la luna, para beberse, junto con el agua, el reflejo de la luna.

No dejaremos de mencionar, por su carácter de necesario, la estulticia del occidental que intenta transmutar una metáfora cualquiera en dos o tres frases creyéndose (y pretendiendo que otros así lo crean) que ha «fabricado» un haiku: en esa impronta de la medida se esfuma la esencia de la poesía al mismo tiempo que se revela un ímpetu acaparador que traiciona la belleza del gesto. Nada más alejado del haiku que el cálculo occidental. Sobran ejemplos.

La lectura del haiku −como cualquier ejercicio de despertar− no puede ser apresurada, a riesgo de no oír lo que en él se dice. En el prólogo del libro El monje desnudo2, Chantal Maillard propone detenerse en cada uno de ellos el tiempo suficiente «para que las ondas concéntricas le alcancen y ensanchen en su pecho el lugar de resonancia.»
Exactamente el mismo lugar donde concluye la senda del peregrino Santôka.


1 Maurice Coyaud, Hormigas sin sombra, DVD ediciones, Barcelona, 2005.
2 Chantal Maillard, «Orinar en la nieve» en El monje desnudo, 100 haikus de Taneda Santôka. Miraguano Ediciones, Madrid, 2006.

lunes, 15 de febrero de 2016

Sobre "POÉTICAS DE LA AUSENCIA" de Antonio Medinilla ( Inédito)


A partir de estas maravillosas “Poéticas de la ausencia" del poeta Antonio Medinilla unas ¿divagaciones?(sirven para forzar-forjar el pensar)

Lamentablemente “el sentido usurpa el libro de la vida” a la mayoría, y cuando no, hay que trabajar mucho en contra del sentido, ficción o novela familiar que diría Freud, o ser de entrada, un sin origen, un des-aficcionado , y entonces un desafectado. Solamente así hay “nadie”, nada en las páginas y se podría habitar “el silencio, el vacío”, el presente donde solo “el respiro” dando cuenta del Ser vivo. El “ahora” contrariando al habla, el instante, el acontecimiento, solo dura durante lo que sigue sucediendo, y ob-vio: lo que el yo puede ver de sí siempre está por fuerza retrasado respecto de sí (¿Aquiles y la tortuga en el núcleo narcisista del ser?).
Quizás nunca conocemos el libro del otro, creemos conocerlo porque lo a- ficcionamos a partir del nuestro, y erramos.
La forma de decir el azul que no se dice, desprendido de su sentido y de su contexto: una pantalla que en el cine se vuelve azul o mejor en una exposición una habitación vacía íntegramente pintada de azul.
Tres personas causan la escritura: el yo que no hay, tu, el.
El uno es cero. El principio es el fin. Uróboros. Infinito.
El yo (nunca) habla así, siempre habla como Otro.
Mil veces, ninguna, con suerte una.
Brujería: poder hacer coincidir el símbolo con lo simbolizado, el significante con el significado.


Antonio M: dice en mi face: Toda lectura es verdadera y real literatura (vida), pues cumple el movimiento destinado. Gracias, Anabella Rodríguez Reyes. Son brillantes los comentarios.

Antonio Medinilla (está en facebooK)
23 h
COMPAÑERO
a.medinilla
(17 poéticas de la ausencia)
1
que el sentido
no me usurpe el libro
ni la vida
2
no hay nadie
en las páginas
3
el libro de la vida
en el silencio del libro
4
aún más delgada
que ni el aire quepa
pero que respire
5
ahora
donde nunca hablas
6
dura durante
lo que sigue sucediendo
7
obvio
cíclico
y tarde
8
no conozco a mi hermano
no conozco su libro
9
la nada
habla de esto
10
hay un azul
que dice silencio
pero poco importa
11
lo dice
sin contexto
12
no tengas miedo
en otra habitación
hay tres personas
a causa de la escritura
13
detrás de mí
no hubo nadie
nadie
dijo nada
14
a good cast
is worth repeating
de película
finis coronat opus
de pie de imprenta
15
yo
no hablo así
te lo dije
mil veces
16
la melodía la
aportas tú
17
brujería
no quedará
ni una sola palabra
cuando yo te nombre
a.medinilla
COMPAÑERO
-inédito pero oliendo-

"MATAR A PLATÓN" de Chantall Maillard.

Feliz, feliz, feliz escribiendo, ex -cri-b(v)iendo sobre "Matar a Platón".
Matando a Platón, doblemente, en el acto de escribir y de escribir sobre la muerte que le da Chantall Maillard. 



Es necesario matar a Platón para poder crear.”Ad origen” una muerte.
Es necesario matar y despedazar al Otro (todo lo conocido) como hicieron con Hainuwele para que en el lugar de la falta o de ese vacío, la gestación de una semilla nueva, “ desconocida” -como aquellos tubérculos del mito-, sea posible.

"Hainewele se instaló en el centro del lugar de la danza y durante nueve noches distribuyó dones a los danzarines; al noveno día los hombres cavaron una fosa en medio de la plaza, y durante la danza arrojaron en ella a Hainewele. Se tapó la fosa y los hombres bailaron por encima” Chantall Mirallard (Mito de los Marind- anims de Nueva Guinea).


“Mi tesoro no está escondido,
resplandece en el bosque como el oro,
mas sólo un Hombre ciego
puede hallar el camino que a él conduce”
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“Pero yo nada tengo salvo

 las huellas de mis pies desnudos
en la tierra(…)
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(…) Necesito silencio para oírte,
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“Para oírte
no necesito silencio”
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De "Hainewele" (fragmentos)









El amor (a) Lacan es decir “nada”

Es¡xtraído de  : fragmentosdeescriturablogspot.com


La lectura sintomática de la frase escrita más arriba condensa en parte y con doble sentido lo que deseo decir. Leí por ahí que el psicoanalista francés Jean Allouch brindó hace algún tiempo un seminario titulado “El Amor Lacan”; y aunque no tengo idea qué se habrá dicho en tal ocasión, encontré casi a la par algo que me impactó sobre “el signo amor” en el seminario XX de Jacques Lacan, cuestión que imagino quizá resonará en alguna medida imprevista con aquello otro; de ahí mismo me entraron ganas de contarlo –efectos de resonancia inconsciente, digamos.
     Antes bien, una aclaración respecto de la índole singular de lo que se dará a leer. En este breve escrito hago uso de una cita de Lacan ―más de una, pero una sobretodo― sin preocuparme demasiado por la veracidad de la fuente en tanto me ocupa, más bien, la circunscripción del objeto. (Esta aclaración quizás sea necesaria luego de que Michel Sauval hubiera encontrado en falta a muchísimos psicoanalistas y otros intelectuales que recurren a la célebre cita de Lacan sin atender al “verdadero” significado, ínsito en el origen del mismo― incluido el que escribe, por supuesto).
Pues para mí las citas no tienen ningún valor. Entiéndase bien: ningún valor de cambioreferible a una supuesta totalidad de sentido que lo constituiría como tal (“el todo instaura el valor”, diría Lacan); pero sí quizá algún valor de uso. Las citas, como cualquier otro significante recibido, empiezan a resonar en uno y si eso lo muerde de algún modo, lo divide, empieza a hacer algo con eso, o no. Es así de simple. Resulta sospechoso entonces que los afectos a supuestas significaciones literales ―de las citas― no se percaten que el valor de la letra no está dado, que hay que ver qué se hace con eso y, en todo caso, estar dispuesto a seguir sus recorridos imprevistos ―o mejor callarse, como proponía sabiamente Wittgenstein―. De ahí que Freud no se preocupara demasiado por la veracidad de las fuentes sino, antes bien, por la construcción que se hacía a partir de los materiales hallados para circunscribir lo imposible; léase: lo real (¡Es la pulsión, idiota!). Es lógico y clásico, además, que uno pueda partir de una proposición falsa (caída) y no obstante derivar ―en su división― hacia una conclusión verdadera; sobre todo si ella prosigue en la circunscripción de lo real (anticipa, suspende y concluye otra vez). Es así, también, que a un tal Lacan el Unbewusste freudiano le haya sonado, en determinado momento de su historia, como unbêvue y que por ello, en virtú de ello cabe decir, además de la fortuna haya encontrado cierta materialidad de lalangue. A veces pasa, así de simple. Recomienzo entonces.

I.

En extensión
“El amor es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es” (Lacan dixit), es decir que allí se da “nada”. Hay que leer bien ceñido pues no es lo mismo que decir: “no se da nada”, lo que definiría simplemente una posición egoísta o avara, sin más. Dar “nada”, en cambio, es la muestra más lúcida de amor por parte de un sujeto a otro (que, por otra parte, “no lo es”). Pero es más o menos fácil de imaginar el valor de este “dar” (este don) en un mundo tan lleno de Todo, de discursos repletos de “buenas intenciones” donde abundan las expresiones del tipo “lo hacemos por tu propio bien”, “¡Goza!”, y así por el estilo (aunque fuesen no dichas o se dieran –en su deseo– por sobreentendidas). Pero ¿quién pregunta?, ¿quién sostiene un espacio abierto?, ¿quién puede dar algo de aire, de espacio, entre tanto humo?
     En este loco lugar al que llamamos como podemos, “mundo” por ejemplo, donde solo se da lo que cada quien cree (saber) qué es exactamente lo que el otro necesita, y si no es eso pues no se dará nada (quizás calmantes que, esos sí, sedan); pocos aquí, insisto, son los que efectivamente dan “nada”. O que nada dan –invirtiendo la frase– los que ahora nadan con estilo propio en este mar de lenguaje (à la Joyce); mostrando así que es posible na(da)dar, pero hay que soltarse. Y continuamos: “a quien no lo es” (el resto que queda de la frase escandida), porque uno no sabe nunca realmente quién es el otro ¿no? Esta actitud de apertura incondicional permite que el otro sea el que sea (como dios digamos) y no quien yo –o cualquier otro parecido a mí– quisiera que fuese: mero reflejo especular de una imagen narcisista digna de  –o de su– posesivo amor. Se muestra así, de repente, qué es el amor más allá del espejo; practicable aunque difícil, puesto requiere del otro acepte esa “nada” (que "es" antes que “todo o nada”) y de vez en cuando devuelva también “algo” de nada, de su propia cosecha (se requiere cierta colaboración). Creo que esto es lo que esperaba aún Lacan de la gente que lo iba a escuchar a sus seminarios (explícitamente a la altura del XX: Aun), que lo amaran tanto y como él lo hacia y proponía, que le devolvieran algo de nada, porque no olvidemos: “el amor es siempre recíproco”.
     Si no imagínense, aquellos creían que allí, en los Seminarios, recibían algo de Lacan, y algo además suculento puesto que creían alimentarse mejor que en el “comedor universitario”; pero él mismo –Lacan– les indicaba: “el goce del Otro no es signo de amor”; eso atora, impide el pase. Les demandaba por tanto que rechazaran lo que les ofrecía porque “no era eso” (demanda fundamental extensa). Es decir, les pedía que hicieran, al modo de Demócrito, algo de nada (me-den = nada en griego). Pongamos imaginariamente en boca de Lacan estas palabras: “les pido no me-den (nada), elidan ‘me’ tachen ‘me’ y lo que quede den”. Juego de palabras, serio juego de (de-) formación de nuevos significantes a(l) partir (de) los que hay.
    Ser fiel entonces a los dichos del maestro, repetirlos sin más (sin plus) es traicionarlo, es apagar su decir (Masotta dixit). Por el contrario, seguir su ejemplo y ser fiel a su decirimplica cierta relación de juego serio (de seriación) con la palabra y los conceptos; de corte y sutura; de pliegue y despliegue.

II.

En intensión
La regla fundamental del análisis es la asociación libre: se le dice al analizante que diga lo que se le ocurra, cualquier cosa. Pero el analista es el que debe saber algo: “que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha”; por ello opera habilitando las vías para que eso no se olvide tan rápidamente, para que se constituya así un tiempo singular en que se escuche (se haga oír) el decir que ex-siste al dicho. Por demás, el analizante comprueba demasiado pronto que esto es imposible, que decir-lo-todo no puede, y aún antes siente la impotencia de lo que se pierde, de lo que se escurre, de no poder encontrar la palabra justa a la medida de su padecer. Se inhibe ante el sentido sexual, demasiado sexual de lo dicho; o sintomatiza al sustituir y desplazar un dicho por otro; o se angustia ante la ausencia de palabras para nombrar lo innombrable. Se trata entonces (y se cura así secundariamente) de que el analizante libere la palabra para decir “notodo”, puesto que solo “partes” pueden ser nombradas (com-partidas) para que haya decir entre dichos (inter-dits). Y si es necesario inventar nuevos términos a fin de sostener (los principios) el deseo de decir (el comienzo), entonces se inventa. Si el analista es el sujeto que de esto algo sabe, porque ha pagado el precio, que de esto hace profesión (que profesa esto), entonces, ¿por qué no es más re-suelto?, ¿por qué no circulan más significantes nuevos en los ámbitos psicoanalíticos?, ¿por qué no hay más juego con lalangue, como incansablemente hacía y deshacía Lacan? (Siguiendo su ejemplo pero sin imitarlo).
     Si se supone que su-posición se sostiene por una relación un poco más elucidada que –y de– el resto respecto a los ideales (la buena forma, la corrección política, la estética trascendental, etc.), si no debe dar cuenta de lo que hace mediante elegantes demostraciones, como un matemático o un lógico, ni ajustarse tampoco a la moda de algún criterio estético, como un artista. Por supuesto, no todos los artistas y/o matemáticos hacen eso –repiten– pero el analista solo puede ex-sistir allí por no hacerlo de ningún modo, bajo ningún pre-texto. La función “deseo del analista” sólo se sostiene de este juego serio. Entonces, ¿por qué se dan aires de solemnidad, o se toman demasiado en serio –los analistas– en lugar de hacer series como proponía Lacan? Para ello hay que localizar el vacío, hay que aceptar la falta real/simbólica, y de esto no se hace puro “semblante”, para ser serios en verdad. “Que estén como bufones los justifica” les dice Lacan en La tercera. Y quizás algunos lo hagan más o menos en intensión, pero ¿y en extensión?
     Pues, si uno va a un sitio donde debería haber un espacio abierto, un agujero central interno, según se dice, y no lo hay pues se ha ya (y se halla) obturado con ficciones imaginarias (demasiados semblantes digamos), ¿qué hacer? La diferencia de sólo una letra y una escansión entre “ha ya” o “halla” interroga: ¿a quién? ¿Al sujeto o al Otro refiere? ¡Pero si el Otro no existe! (según se repite) ¡Ahhh! al sujeto (que ex-siste) entonces...luego, pienso. Pero ¿no era al revés? ¿Quién invierte las palabras y las cosas, las frases y los cogitos? ¿Quién invierte se divierte por eso? No tanto, parece que allí no se divierte tanto, porque hay sonrisas necias, digamos, que flotan en el significante supremo.
Repasemos la lección escolar. Si falta la falta se produce angustia. Un síntoma es un dicho en lugar de otro, desplazado o sustituido por la represión de un goce deslocalizado (loco). El sinthoma en cambio es hacer del dicho otro, allí mismo, en torsión, con lo cual el goce se localiza atravesando la palabra misma, descomponiéndola. La redundancia de sentido es por inhibición, y el todo dicho se sexualiza “como si” hubiera relación sexual.
     Para que exista la posibilidad de una lógica colectiva, sostengo, es necesario que haya un agujero real, a fin de que cada uno (se) inscriba allí (en) términos nuevos, para circunscribir la ab-sens (ausencia-sentido = ausentido). ¿Se trata de inversión dialéctica o topológica? This is the question, my dear friend. Si Freud resucitara diría: “Y tú que tienes que ver con todo eso de lo que te quejas”, pero no es asunto de “tú”, ni de “todo”, aún menos de “ver”, pues las inversiones (dialécticas) dan ganancias, por supuesto, pero ganancias de sentido y se trata, en cambio, de saber perder; por eso “inversión topológica”, agujero en el saber, de-formación continua del lenguaje y pérdida del sentido, en múltiples sentidos, más bien.

III.

En incautación
Pero vayamos sin cuidado, sin amparos ni garantías, más bien con nada, pues “los no incautos yerran”. Lacan nos propone ser incautos de lo real. ¿Qué es lo real? Para Freud –nos dice– habrán sido los fenómenos paranormales, la telepatía y todo eso; y puesto que él no creía en absoluto en tales fenómenos, se dejaba incautar por ellos e intentaba explicarlos a partir de su teoría sobre lo inconsciente (llevaba agua para su molino, digamos). Lacan, en cambio, se deja incautar por los embrollos del nudo borromeo y nos propone seguirlo en tal empresa, ya que espera de ella algo menos “boludo” que el resto –textuales palabras: Lacan juega con la palabra con-sistence ya que “con” en francés significa boludo, idiota, etc.). Es interesante entonces sostener esta posición de “incauto de lo real” en tanto no es propiamente la del creyente (que espera siempre algo más de lo que hay) ni la del escéptico (que no cree que haya nada de lo que hay). La posición del incauto (pero no “con”) se puede apreciar en cierta forma en lo que hace el mismísimo Ulises cuando les pide a sus hombres que lo aten al mástil del barco y se tapen los oídos para no escuchar el canto de las sirenas; así, él puede escuchar el hermoso canto sin sucumbir al peligro de la (auto)destrucción. Del mismo modo, el analista/investigador debería poder dividirse entre, por una parte, una disposición incauta hacia lo real en la que se asegure que realmente no va a sucumbir a la creencia (y los prejuicios), puesto que no cree para nada en eso (lo cual le permite explicarlo entre otras cosas), pero además, por otra parte, tampoco debe creer que ya sabe todo acerca de eso, con lo cual, lisa y llanamente lo desestimaría y no escucharía ya nada de nada.
     Encontramos semejante operación paradójica con respecto a las creencias (al Saber) en Descartes y en Joyce. Este último tampoco cree ya nada en la religión y tradición en las que fue educado, y no obstante se sirve de ellas para armar sus relatos, para sostenerse a flote en ese “mar de lenguaje” sobre el que ha aprendido a nada-r (no así su hija Lucía), al modo de un instrumento o un operador de conexión. Esto es para mí lo que significa la célebre frase lacaniana: “prescindir del padre a condición de servirse de él”, es decir que una vez que eso se ha vaciado de sentido (y del goce correlativo supuesto al Otro), y que es imposible creerle, entonces eso (sea lo que sea para cada quien) se habilita como posible instrumento de uso, de indagación, de escritura, etc. Es el momento en que el sujeto ya no espera nada dado, ninguna instancia del más allá o sentido último alguno, y por lo tanto, cae en la cuenta de que hay que hacer con lo que hay, por poco que esto sea, pues lo que hay no es todo, es más bien no-Todo; inventar, escribir, pensar sin garantías últimas.
Esta disposición de “incauto de lo real” requiere una suerte de división subjetiva, como ha sido dicho, en la cual uno no es ni creyente ni escéptico, o simplemente: uno-no-es. Decir esto nos lleva a pensar el ser en tanto multiplicidad y al uno como operador de cuenta (es lo que hace Badiou); y aquí cabe mencionar tanto a los presocráticos como a Nietszche (uno-no-es sino el “eterno retorno de lo mismo”) o a Freud (uno-no-es sino el “inconsciente”) o Marx (uno-no-es sino la “actividad práctico-crítica”).
     Freud, por supuesto, nos plantea su segunda tópica en la cual el sujeto está compuesto por tres instancias (ello, yo, superyo). Es un buen comienzo, aunque no es suficiente. A Lacan le ronda la idea recurrente del cuatro, es decir, la estructura debe ser cuaternaria. Por ejemplo, un nudo borromeo necesita un mínimo de tres términos para articularse, pero son cuatro los necesarios para marcar la diferencia entre los registros (esto es posible porque se introduce una disimetría: uno pasa cuatro veces sobre otro, todos los demás sólo dos veces), de ahí en más las posibilidades de conexión son infinitas.
     ¿Qué es entonces lo que marca un límite? Pues lo real del cual uno es incauto y con el cual uno hace nudo y así se desmultiplica (el Haiuno). Así, el síntoma se convierte en una ayuda-contra –como dice Lacan– ¿Contra qué? Pues contra uno mismo (redundancia), contra la predominancia estupidizante del Uno. El síntoma es ese instrumento del cual uno se sirve justamente para no creerse uno y poder dar cuenta de lo múltiple que hay, antes que todo. Lacan nos confiesa que él mismo debió soportar durante mucho tiempo el ternario RSI (real, simbólico, imaginario) bajo su nombre propio, es decir que él mismo debía estar un poco “loco” con eso, puesto que por más vacío que se considere un nombre él debía creérselo un poco, en alguna medida, para dar unidad y consistencia a los tres registros (¿de allí su aparente megalomanía?). Cuando encontró el nudo borromeo, como soporte lógico de los tres, recién entonces pudo dedicarse a manipular la diversidad de articulaciones y fallas posibles sin creérselo en absoluto. Digamos que se liberó del peso de tener que soportar bajo su nombre las articulaciones conceptuales; pudo, así, dejarse incautar por el nudo en tanto real y dar comienzo a las infinitas modulaciones que éste permite, esto es, la escritura.



Bibliografía de Jacques Lacan
Lacan, J. 1973-1974 : Les non-dupes errent1974-1975 : R.S.I.1975-1976 : Le sinthome1976-1977 : L'insu que sait de l'unebévue s'aile à mourre - Sténotypies - Versión non J.L. (en línea: http://www.ecole-lacanienne.net/bibliotheque.php?id=13
Lacan, J. El atolondradicho en Escansión n 1, Paidos, Buenos Aires, 1984
Lacan, J., (1981) El seminario, Libro XX, Aún 1972-1973, Buenos Aires, Paidós.