miércoles, 26 de agosto de 2015

EL ANALISTA COMO DIAPASÓN OBJETO.








“Si oír es comprender el sentido(...)              escuchar es extenderse hacia un posible sentido que por ende  no es inmediatamente accesible” (Nancy, 2002:18)








«Estar a la escucha es siempre estar a orillas del sentido o en un sentido de borde y extremidad, y como si el sonido no fuese justamente otra cosa que ese borde, esa franja o ese margen. (...) ¿Qué es un ser entregado a la escucha, formado por ella o en ella, que escucha con todo su ser?» —(...) ¿Qué es lo que resuena? —Un cuerpo sonoro. —Pero, ¿cuál? ¿Una cuerda, un metal, o bien mi propio cuerpo? —Escucha: es una piel tensa sobre una cámara de eco, y que otro golpea o puntúa, haciéndote resonar, según tu timbre y a su ritmo. 

«(...) Esa piel tensa sobre su propia caverna sonora, ese vientre que se escucha y se extravía en sí mismo al escuchar el mundo y extraviarse en él en todos los sentidos, no son una “figura” para el timbre ritmado, sino su propia apariencia, mi cuerpo golpeado por su sentido de cuerpo, lo que antaño se llamaba su alma.» (Nancy, 2002:21)
“Oír es entender el sentido, abandonar el borde. Estar a la escucha es estar siempre bordeando el sentido, sin llegar a entenderlo. Para estar a la escucha hay que ser todo oídos. Hay que estirar la oreja, moverse sin moverse del lugar, descentrarse. Estar a la escucha es una actividad pasiva, una pasividad activa. Requiere una atención sin curiosidad ni ansiedad. Una atención intensa”. “A la escucha” de Jean Luc Nancy.


Dice Enrica Lisciani Petrini que el sujeto -que todo sujeto -que escucha es un diapasón-sujeto (1), partiendo de este postulado, voy a  sostener que en la medida en que el psicoanalista no se ubica en la cura como sujeto (ya que el único sujeto del inconsciente allí es el analizante) , sino como objeto, podemos pensar al mismo como diapasón-objeto en la medida en que en él deben resonar  las palabras  tanto en su dimensión afectiva vinculada a lalangue (en el cuerpo del analista) como en la del significante(significado) para poder ser escuchadas.

 Un diapasón es un  dispositivo que se utiliza para la afinación de instrumentos musicales pues “tras un breve momento emite un tono musical puro que permite la disipación de sobre-tonos (armónicos) altos, y que La razón principal del uso de la forma de horquilla es porque, al contrario de muchos otros tipos de resonadores, el tono que genera es muy puro, cuya mayor parte de energía vibratoria está en la frecuencia fundamental  y poca en los sobretonos” (2) A partir de esto, podríamos decir que también el analista  ha de escuchar el tono musical puro de sus  analizantes, la frecuencia fundamental   de su decir, pudiendo desestimar o disipar en su escucha los sobretonos y los semitonos.
Ahora bien, ser un objeto-diapasón, objeto de afinación del decir de sus analizantes,  requiere precisamente de una “pureza” del oído (y del cuerpo como ya  veremos) para la escucha,  que solamente puede lograrse habiendo trabajado en sí mismo en su búsqueda. Es por ello que Freud decía que el analista debe de estar libre de sus propios complejos para poder escuchar en inconsciente de sus analizantes, lo cual solamente se puede lograr con el análisis del propio analista, y acorde a esto, cuanto  más lejos el mismo lleve su propio análisis más preparado estará para dicha escucha, lo cual no es sinónimo de un inconsciente totalmente analizado ya que sabemos que por estructura todo aquel que habla, incluido el analista, está en falta y por tanto, siempre dice más de lo que quiere decir o dice menos de lo que supone decir , es una cuestión de estructura del lenguaje. Entonces como hablantes estamos siempre en posición de analizantes.la diferencia del analista con el analizante es que el primero está advertido de este tope estructural. Es por eso que (3) plantea que:
“Cuando se produce un fin de análisis se seguirá escuchando el inconsciente sin la presencia de aquel con quien se analizaba.
Esto no es auto-análisis ya que implica una división subjetiva y una destitución por la cual puede escuchar el inconsciente como si fuera otro, leerlo como un texto puesto en acto por ejemplo en el lapsus o en lo que le retorna de la escucha de las otras personas, este trabajo continúa después de un análisis. Y si verdad y saber se diferencian, en este punto la pregunta dirigida al otro como quien detenta el saber se disolverá, no tanto por la dimensión de la impotencia, es decir porque aquel no sabe lo suficiente, porque es impotente en comparación al saber que se le atribuye, sino por la dimensión de imposibilidad.
Lo que se adquiere en un análisis no se limita a la aceptación de que no se sabe todo, que no hay repuesta para todo, que las respuestas son variables, etc.. Eso es correcto y es así, pero no es suficiente; el punto central no es ese sino la adquisición de la convicción de que no todo es saber.
Esto suena parecido pero no es exactamente lo mismo.
Si hay efecto de sentido es como resultado de la metáfora y si hay metáfora es porque hay significación fálica. Si no todo es saber por lo tanto no todo es cernible en el campo de los significantes, ese no-todo ubica algo que está por fuera y que una de las maneras de nombrarlo es como lo que excede al significante, o lo que resta de él, es lo real o el objeto o también lo que es no-todo fálico.
¿Un fin de análisis produce un analista? Sí, aunque el habiendo sido analizante no se dedique a la práctica del psicoanálisis. ¿Por qué produce un analista? Porque si no-todo es saber, eso en lugar de impotentizar habilita algunos saberes. Saber algo. Por ejemplo saber que no hay una estación del recorrido que se llamaría Verdad Absoluta, que no hay saber todo de la verdad, que no existe el Otro como no barrado.
Por otra parte habrá saberes posibles que se podrán ejercitar con los obstáculos de lo real, haciendo algo con la falta, incluso con esa falta en saber.
Esto es un cambio subjetivo respecto a la búsqueda obsesiva del saber. Esa transformación subjetiva implica contar con el deseo. Insisto, la cuestión no es tanto que no se pueda saber todo sino que no todo es saber por lo cual no todo es accesible al saber”.

QUE IMPLICA SER DIAPASON -OBJETO, UN EJEMPLO CLÍNICO.

Mi interés en este tema surge a raíz de que varias personas, profesionales del ámbito psicosocial (no psicólogos) tienden a pensar que un/a psicólogo/a ha de ser impermeable a los afectos. Cuando una comenta que lo que alguna persona le dijo la dejó angustiada, con deseos de llorar, o los efectos que sean  en el ámbito de los afectos, tienden a decir: “¡pero si eres psicóloga!, imagínate entonces como puede afectar  a alguien que no lo es!” , como dando por supuesto que si eres psicóloga no habrías de sentir. Y  por el contrario, estar en posición de psicoanalista, y aún de psicóloga  no implica para nada  no sentir ni dejarse afectar por lo que dice el sujeto, sino todo lo contrario. Además, de que no es posible no afectarse; porque siempre toda persona es afectada por lo que otros dicen, ya sea que experimente el afecto en cuestión aceptándolo o se defienda del mismo, en cuyo caso lo que aparecerá será justamente la defensa,  este estará presente en ausencia, reprimido: por ejemplo, frialdad o ausencia de llanto ante la muerte del ser más querido por el sujeto. 

En el caso de una analista, es por el contrario  muy conveniente que el mismo sea capaz de dejarse afectar por lo que dice el sujeto, sin recurrir precisamente a defensas ante lo que está experimentando que le impidan registrarlo, como ser que lo repriman, lo bloquen, o lo nieguen, porque estos  forman parte de lo que ha de ser escuchado, que le posibilitará entender lo que le sucede a la persona. Asimismo, es importante que sea capaz de saber que hacer desde su función con lo que está experimentando: qué hacer con esos afectos producidos por la posición de objeto de goce, y no solamente de saber y de amor en el que la  demanda del analizante lo coloca en la Transferencia. Y saber  no responder al mismo como persona, sino como analista, con su deseo de analista.

 En el caso que plantearé a continuación, el analista debe ser capaz de discriminar  la seducción que la joven le dirige de su persona: valerse de ella, o sea registrarla y saber qué sentido tiene en la demanda que le dirige la misma, pero no responder ni con goce sexual ni con amor (aunque sí sostener el engaño del mismo), pues como dice Lacan:  solo el amor (de transferencia)  permite al goce condescender al deseo, se trata de  separar/se  separarla de ese lugar de objeto de  la demanda (que me  folles/ser follada y para ello ser amada/ que tu me ames ) para promover la metonimia del deseo…, por ahí , ser cuidada , protegida, ayudada, para que pueda ser amada y tener relaciones sexuales con  otros que no sean el profesional ( ni el profesor, ni el padre o padrastro como sucede en casos de abuso infantil donde ellos dicen que la niña  era la que los seducía como forma de justificar su abuso) y  encuentre cierta satisfacción en ello, más que sufrimiento.

Poder hacerlo requiere del análisis personal, pues en caso de que el analista no pueda ofrecerse como diapasón objeto, su entendimiento del analizante estará muy limitado, cuando no imposibilitado pudiendo dar lugar a todo tipo de acting out , al no inicio de la cura o a su interrupción.

El analista diapason-objeto escucha no solamente con el oído, no escucha solamente el significante,   sino que escucha con todo el cuerpo; el mismo es como una especie de caja de resonancia y por tanto, lo que el analizante le dice produce efectos en su cuerpo. Toda palabra produce efectos en el cuerpo de los sujetos, efectos primarios ajenos aún al significado, primordialmente centrados en el sonido de la voz y aquellos aspectos de la lengua  que Lacan vincula a lalangue (ritmo, melodía, tono, etc.).Lalangue va haciendo cuerpo pulsional, cuerpo de goce antes que de sentido (significante).

El analista escucha a nivel significante lo que el sujeto analizante dice, pero a la vez escucha es en su cuerpo a lalangue, y así podrá experimentar por ejemplo angustia, o incluso deseo o excitación  sexual  sin que el analizante necesariamente esté diciendo  que está angustiado o excitado sexualmente. Y esto que es registrado por el analista en su propio cuerpo es fundamental para escuchar y entender o que le sucede al analizante, así como  el lugar en que éste  se ubica ante el analista y el lugar en que el mismo a su vez ubica al analista como objeto en  relación al goce en la Transferencia.





UN CASO CLÍNICO.

Mantengo un encuentro que deviene un símil de entrevista en un ámbito institucional  con una joven de 22 años. Digo símil, porque ella se dirige a mí en varias oportunidades para solicitarme diversos objetos que yo he de brindarle en mi rol de  educadora en esa institución donde se encuentra, y de manera espontánea e informal- como sucede muchas veces- a instancias mías en este caso, como veremos, me cuenta algo de la situación por la cual se encuentra allí y su problemática familiar.

 En su manera de acercamiento percibo una actitud seductora aparentemente inocente, se comporta como una especie Lolita (personaje que me viene  a la mente en esos momentos): se mantiene de a  ratos  en silencio y sonríe , usa un  tono de suave, “gatuno”,  hace  caídas de ojos,  y se queda en el despacho esperando algo….que no dice con la palabra, pero que yo escucho en mi cuerpo: siento una especie de presión y rigidez en el cuerpo, una incomodidad y un gesto- que controlo- de alejarme físicamente ante sus marcados  intentos de acercamiento. 
A su vez experimento  atracción: pienso que  es muy guapina, y tiene una suavidad y un poder de seducción típico de la histeria que pienso que la hará meterse en muchos problemas, ya que deduzco en base a su efecto en mí, que es probable que  las personas  con las que se encuentre tiendan a responder activamente a su actitud marcada e inconscientemente seductora , encontrando llegado el caso, los típicos malentendidos de: “tú me sedujiste y luego te haces la desentendida o pretendes que no fue así”, por  no decirlo de manera grosera,  como quizás en algunos casos suceda.      
En medio de esta situación ella dice: “pensarás que soy una pesada, siempre te estoy buscando…para algo”.

Desde mi lugar profesional de “educadora con recursos del psicoanálisis” la intervención pasa por  poner  límite a esa seducción, para lo cual intervengo  intentando que la palabra medie lo pulsional. Le pregunto  por qué esta acá, y le aclaro que no tiene por qué decírmelo, pero que si lo que necesita es hablar, la puedo escuchar. 

Obviamente así le indico mi denegación a su pedido inconsciente. Dice LACAN: “no te doy lo que me pides porque no es eso”, no es el objeto, ni ser el objeto sexual de Otro lo que pides, sino que demandas  ser amada, pero tampoco  es acá que has de serlo, sino en otro lugar, por otros que no son ni  el analista ni otros profesionales. Hablarle y preguntarle es decirle indirectamente qué quieres realmente en lo que  quieres, o sea, que otra cosa pides en lo que pareces pedir, o por qué pides eso que pides y que ni tú sabes bien  lo que es,  de esta manera tan sexualizada. Dar lugar a la palabra (simbólico)  implica la puesta de  un límite  a la demanda que se presentaba como del orden de lo pulsional (goce) ilimitado, e instaurar la dinámica de la metonimia del deseo.

Ante mi respuesta ella habla: me cuenta una historia de un enorme desamparo. De su alejamiento prematuro del hogar familiar, de la pésima relación con sus padres y fundamentalmente con su madre quien nunca la ha querido., de su imperiosa necesidad de ser querida por esa madre. Puedo escuchar también  cómo esa indefensión es lo que la hace vincularse rápidamente a cualquiera que le dé una mínima muestra de afecto, a personas que  luego terminan haciéndole daño.

A medida que avanza en su relato y va dando más información sobre ella y sobre su vida, empiezo a sentir una opresión en el pecho que aumenta, y que registro a nivel de pensamiento como una señal de angustia, mucha angustia, hasta ganas de llorar y un poco de pena.

Ella continúa contando aparentemente impasible, sin dar muestras de haber experimentado la angustia  que yo sí siento.

 Así, soy yo quien experimenta la dimensión enorme de su desamparo. Pienso en la multiplicidad de peligros a los que está expuesta estando sola, y más con esa actitud suya inocentemente seductora con que parece andar por la vida, la que en muchos casos puede ser irresistible para muchos adultos porque convoca los fantasmas perversos polimorfos de la sexualidad infantil. Pienso en sus padres y en sus posibles dificultades, para sostener su función,  me enfado con ellos y trato de entenderlos o justificar su actitud de no cuidado, pienso en mi hija y en que nunca se me ocurra lanzarla así ¿a  la vida?, sean cuales sean las dificultades que podamos tener…
Mientras pienso todo esto, la angustia comienza a disiparse. Y entonces le digo algo así como  que debe de ser muy difícil, angustiante y hasta aterrador para ella, sentir que está sola y  que no puede contar con nadie para que la apoye, que parece un bebé indefenso que intenta o se esfuerza en comportarse como adulta, como más madura de lo que en realidad ella se siente, porque no le queda otra, y que hacer  eso es  a la vez que terrible, muy valiente de su parte.

Me dice que sí, pero que ella necesita a su madre, que quiere poder  arreglar las cosas con ella, pero que es inútil, y que  ya se lo dijo su educadora,  que se deje  de intentar eso, que asuma que está sola y se valga de la ayuda que el brinden acá para salir adelante.

Pero obviamente una adolescente necesita aún el amparo de adultos responsables, por lo cual difícilmente ella pueda resignarse a no intentar un acercamiento con la misma.
Como puede apreciarse, es necesario contar con los afectos para entender y   no solamente con la información que ella brinda sobre su historia. La angustia en este caso, también posibilita entender su problemática: es tal el nivel de desamparo y al angustia que ello le produce que busca a alguien para que la proteja y lo hace de manera seductora, quizás porque ha aprendido que solamente le prestan atención cuando se comporta de esa manera, o que es así solamente que puede atraer a alguien, lo cual la hace muy vulnerable a intercambiar sexo por señales de amor y cuidado. Ella da sexo pero busca amor, o da sexo a  cambio de amor, ellos piden sexo y creen que ella también quiere dar y pide solo sexo.  Pero la demanda fundamental es de amor, y  está dirigida a  alguien (hombre o mujer indistintamente quizás) para que cumpla una  función madre: amparo, sostén, y límite o norma  también.

La problemática que presenta esta joven es cada vez más frecuente, cada vez hay mayor  abandono y  desamparo, y  cada vez más prematuro, de parte de  muchos padres,  así como otros agentes sociales e instituciones, respecto de los más  jóvenes y aún a los  niños. Cada vez más jóvenes salen al mundo adulto sin la  madurez necesaria para saber cuidar y respetarse a sí mismos, y por tanto sabe hacerse respetar por los otros. Cada vez están más confundidos en roles adultos o con adultos, ofreciéndose como objetos sexuales de manera prematura, en un intento por acallar su vivencia de desamparo.






(1)    en su Introducción al libro All’ascolto (A la escucha) de Jean-Luc Nancy, citado en “La voz de Claudio Rodríguez: propuesta para una escucha crítica” Alessandro Mistrorigo (Queen Mary, University of London):

“Todos y cada uno de nosotros somos “diapasón-sujetos” tocados por los sonidos que nos alcanzan y nos penetran continuamente de y por todas partes. Es más: penetrándonos estos sonidos resuenan dentro de nosotros, mueven nuestras membranas auriculares y producen ecos en las cavidades más internas de nuestro cuerpo. Cavidades desde las cuales, también sentimos originarse nuestros propios sonidos, nuestra propia voz. El sujeto a la escucha, es decir este diapasón-sujeto, siempre está dentro de los sonidos a los que, resonando, él mismo puede acordarse tal y como ocurre con un instrumento musical. Ahora bien, de tales sonidos, algunos son simples ruidos, mientras que otros son sonidos inteligibles, como las palabras –o mejor dicho, como la voz–.”

(2)    En Wikipedia.

(3)    “Análisis de los analistas:¿terminable o interminable?, Juan Carlos Mosca en psyquenavegante.org




sábado, 8 de agosto de 2015

EL PRIVILEGIO DE PODER VOLAR.




Hablando de volar  me decía una amiga de face que ella solamente podía hacerlo con sus obras de arte, o con  ya que no disponía de suficiente tiempo ni dinero para poder en estos momentos irse de paseo a ningún lado. Yo le decía que yo hacía lo mismo, que mis recursos para el vuelo eran  mis lecturas poéticas o de  las otras, el escribir, el disfrutar del arte en  sus diversas manifestaciones,  y que éramos unas privilegiadas. Y lo dije, no para conformarla o conformarme, como alguien a quien se lo comente me dijo,  sino porque lo creo efectivamente, más allá de que puede estar muy bien hacerse además algún que otro viaje concreto, siempre que exista dicha posibilidad y  a la persona en cuestión le agrade hacerlo.

Pero reivindicar la dimensión metáforica del viaje es para mí fundamental más en estos tiempos en que el objeto parece serlo todo, y todo vuelo y su disfrute tiende a quedar reducido  o asimilado al mismo, llámesele droga, alcohol, comida, viajes, fiestas, compras.   Hay mucha gente que puede hacer muchos viajes reales o adquirir muchos objetos, pero aún así no  encuentra en ellos  la satisfacción que desea, y  por eso sigue en una permanente búsqueda a veces frenética tratando de ver  si el nuevo viaje, el nuevo coche o par de zapatos, o el el nuevo amante,  esta vez por fin sí, la llevarán al goce  de la Tierra Prometida. Pero porque no sabe, ni quiere darse por enterada de que no la hay: por eso es prometida precisamente,  y en su propia estrategia de tratamiento de esa falta que es estructural,  hace lo imposible por no saberlo.

La necesidad de no estarse quieto, la búsqueda incansable de novedades cada vez más novedosas, valga la redundancia,  en cuestión de  cosas, personas y  experiencias, da cuenta de que muchas personas para sentirse vivas, para  poder sentir placer, no aburrirse o deprimirse,  no sentir la angustia de la incertidumbre  que es la vida, o adormecer el dolor del no saber qué hacer con sus vidas, que aumenta mucho más dicha angustia e  incertidumbre ,  necesitan ir cada vez “más allá del principio del placer” como decía Freud, en una búsqueda desenfrenada de más y más goce, hacia un espacio donde en realidad habita Thanatos. Y así podemos encontrar el recurso a distintas  drogas y /o aumento de la dosis de las mismas, compras impulsivas que exceden las posibilidades monetarias de quien las hace, relaciones sexuales indiscriminadas y sin tomar medidas de cuidado adecuadas, etc.), que paradojalmente  puede culminar precisamente en la propia muerte real, de quien nada quiere saber nada de  ella en términos simbólicos.

Falta de límite, de tener en cuenta la existencia de la misma para vivir, (o sea  saber y aceptar que ella está ahí, y que nuestro goce es limitado, que no hay nada ni nadie que pueda darnos una satisfacción absoluta ni que dure eternamente),  y ser capaces de convivir con ello, o sea, de aún así, poder disfrutar de la vida.  Por eso, poder hacer algo, un viaje ficticio a través del recurso a la fantasía, donde hay una imposibilidad o limitaciones para  hacer uno real –  hacer algo con esa falta dependiendo de cuál sea el objeto pulsional  en juego en la misma, ya sea una comida, un perfume, una lectura, una conversación amena, un poema, una pintura, un sueño, etc., es un privilegio con el que en estos tiempos pocas personas, y especialmente  muchos jóvenes, no cuentan, porque precisamente la educación actual dominada sobre todo por los medios de incomunicación masificantes apuntar a matar la posibilidad de crear,  con mensajes tales como:  la felicidad está en una marca de coche determinada o en tener todo lo que deseas, donde está implícito sin ser dicho, este otro mensaje:  trabaja en lo que sea por el precio que sea, para obtenerla y, pues solo así tendrás valor,  puedes tener todo lo que desees, etc. , y padres que bajo los influjos hipnotizadores  del “ilimited” sinónimo de felicidad, no dicen nunca que “no”, cerrándoles los ojos a lo real de la muerte,  en un intento que les apareja problemas, más que la felicidad que pretenden donarles ( que se enteren de la muerte ni del dolor, no hay que hablar, hay que hacer como si no pasara nada , no llores que ya te compro otro, etc.) 

Para culminar este artículo, compartiré algo que escribí hace mucho tiempo, y que me reveló en su momento, a nivel vivencial (porque a nivel teórico ya lo tenía), un saber sobre otra herencia que no es la del significante, -quizás más alienante y mortificante-, sino la del goce pulsional con el que puede crearse , y en dicho acto "una" re-crearse o reinventarse.



UNA OTRA HERENCIA.

Una  Otra herencia
que los padres dejan,
es la más valiosa  
aunque no lo sepas,
una gran herencia
de los padres siembra,


la más primorosa
en tu cuerpo brecha
que la vida emprende,
la más amorosa
en tu cuerpo broche
que la vida prende
a/ con cinco sentidos
de que ella está hecha,

de muchos aromas,
de muchos sabores,
en torno a cocina
tendrá su cosecha,
también su receta
que el gusto alimenta,

color y textura
la mirada a-pura,
el ojo ya sabe
que el arte es su ruta ,
 que el arte es su meta,

la mano que  escruta y trabaja
también la piel acaricia
¡vaya qué delicia!,

llámese escultura,
llámese pintura,
o hasta alta costura,
todas son Cultura,
si cine o teatro
o fotografía
siguen todas una misma vía
 la de la poiesía,

y si del oído
tal vez se tratara,
el canto y la música
podrán dar batalla,
o todas aquellas
en que la palabra
enciende la mecha:
periodista,
locutora,
escritora,
profesora de lenguas y Letras que aturan
¡sabrán dar la talla!






sábado, 1 de agosto de 2015

¿Por qué la violencia de género se da entre los más jóvenes? Una de las posibles respuestas, en algunos casos. Algunos aspectos a tener en cuenta para el cambio.




FLOR DE AMOR DESGAJADA.


Hoy soy una débil flor
de pétalos de amor 
desgajada,
al borde de la pendiente
de un hilo
raíces  de tierra despojadas,
que en la noche creciente
 el viento sin piedad azota,
sombras de tormenta dolientes
sobre mí se ciernen.

Hoy soy esa frágil flor
falta de amor,
ajada,
insoportable desgarro
de angustia
desolada.

(Autora: Anabella Rodríguez)




















“Yo estoy de acuerdo en que un hombre te cele   y no deje que vayas por ahí provocando con ropas atrevidas, porque la mujer debe de ser para el marido,  le debe respeto” .
Al ser cuestionada sobre esta afirmación responde:“es que yo crecí en eso(se ríe), mi padre es gitano  y en casa se piensa así”

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“Mis padres no están de acuerdo en que me haya ido  de   mi casa, en la suya no me aceptan por eso, no me apoyarán en nada, dicen que le hago una daño a mi hijo así, en casa siempre hubo violencia , mi madre aguantó toda la vida, y ellos lo ven bien así, y yo me siento culpable  por lo que estoy haciendo, ¿perjudicaré a mi hijo?   (llora, muy angustiada)
                                                                                                                                                      
Las citas pertenecen  dos mujeres muy jóvenes.


Hay una pregunta que últimamente vengo escuchando de manera reiterada por diferentes vías: notas de prensa, charlas con profesionales de diversas disciplinas, etc. que es: qué estamos haciendo mal como sociedad para que la violencia de género tenga un porcentaje elevado, sino el más elevado, entre parejas jóvenes.

Habitualmente en el intento de encontrar una respuesta, se piensa  en términos de una insuficiente educación tanto en el hogar como en la sociedad en general, y se propone trabajar más en propuestas de tipo preventivo.

Pero, me parece que con frecuencia se olvida que en muchas ocasiones, los chicos y las chicas que se ven envueltos en dicha problemática, aún hoy, sí aunque parezca extraño, aún hoy,  provienen de hogares donde la violencia fue una  forma legítima o “normalizada” de vínculo entre la pareja parental, o si no tal, sí aceptada a veces casi con resignación por la mujer,  por motivos diversos relacionados con su  vulnerabilidad , su falta de empoderamiento en términos afectivos y económicos, y otros determinantes,  que la dejaron en situación de dependencia emocional y económica  respecto del maltratador.

Los jóvenes repiten en su relación de pareja  ese modelo vincular, y es imposible que pueda ser cambiado por charlas y /o talleres educativos solamente. Estos pueden sí, ayudar como punto de partida, para  que los mismos  escuchen y  tomen consciencia de su manera violenta de vincularse y también de que la misma no es “normal”, inevitable, ni la única posible (porque cuando la misma está muy asentada en la personalidad de los sujetos, ni siquiera la perciben en profundidad como algo problemático), de los efectos destructivos  que ella produce en ellos mismos, en el otro integrante de la pareja, y en las consecuencias que esta situación podría acarrearles en el futuro si no intentan modificar su manera de tratarse.  Se necesita partir entonces  de que sean capaces de tomar conciencia “profunda” de su modalidad de vínculo violento y los perjuicios que les genera el mismo. Pero esto no siempre es posible, pues exige la disponibilidad del sujeto para responsabilizarse de esa manera de vincularse, y  poder percibirlo como algo negativo, o sea  algo que le depara un sufrimiento que excede los beneficios que obtiene en dicha relación  –sería hacer de eso un síntoma, en el sentido psicoanalítico del término-lo cual requiere que la persona tenga un nivel intelectual  que le permita la auto-observación y el cuestionamiento reflexivo.

Y esto precisamente no está presente a veces en las personas que viven esta problemática, y más en muchos  jóvenes, que cada vez tienen más dificultad para apalabrar lo pulsional y por tanto sus emociones, y tienden así a  actuarlas  sin pensar.

La  manifestación de la agresividad en forma de acting violento da cuenta precisamente de esa imposibilidad de procesar las emociones vía la palabra y el pensamiento. En vez de hablar de su enfado, intentando trasmitir al Otro los motivos del mismo, o de decirle lo que necesita o espera de él, y el porqué cree que necesita o espera lo que espera(qué miedo tiene, que inseguridades), en la persona que actúa de manera violenta  se produce una especie de cortocircuito que incomunica  la zona de la corteza  cerebral que es donde asienta el pensamiento, y  la zona cerebral donde asientan la emociones(sistema límbico: amígdala, hipocampo, etc.); estas no  son entonces procesadas por el mismo y obviamente  tampoco por la palabra (la palabra crea el pensamiento), y la respuesta del sujeto emerge directamente(sin pasar por la corteza cerebral) de la zona emocional del cerebro. Obviamente que la persona aprendió con sus modelos de referencia  a  procesar/actuar de esta manera sus emociones, a no procesarlas vía la palabra, no sabe (porque eso requiere conciencia y pensamiento) muchas veces ni siquiera qué siente (simplemente experimenta  una  inquietud/ansiedad/ angustia a nivel físico, o sea en el cuerpo, y actúa casi como un animal: se defiende atacando /golpeando o huyendo.

Obviamente que hay personas que tienden a procesar su agresividad de manera habitual de esta manera, en todas o casi todas las situaciones, pero hay otros que quizás  han aprendido a controlarla (reprimirla y hacer uso de la misma de otras maneras civilizadas: competir respetando ciertos límite,, ser irónico por ejemplo ), pero que en ocasiones particulares, que actualicen para él  algo del traumatismo originario, pueden no obstante llegar a actuar de manera violenta. Esta posibilidad de ser quienes no somos ni creemos ser dependiendo de a qué circunstancia podamos vernos enfrentados en la vida, es quizás lo que da popularidad al dicho: “nunca se puede decir de esta agua no beberé”. Hay una parte oscura, inaprensible  vía el lenguaje (LO REAL) en nosotros mismos, de la cual nada sabemos y de la que no podemos pensar, y que precisamente nos da miedo pensar que no podemos pensarla, que puede jugarnos una muy mala pasad por lo menos alguna vez en la vida, y esto con suerte (de que no nos atrape el destino), porque la repetición es precisamente que “eso repite”. 

Quizás por este lado pueda buscarse alguna pista para entender algunos de los casos de hombres que matan a sus parejas sin que haya habido ni denuncias ni señales previas de maltrato. Pongamos por ejemplo, un hombre que sorpresivamente se entera que su mujer lo engaña, puede reaccionar matándola sin que antes haya habido un problema de maltrato, porque esa experiencia le remite a él a una similar, anterior, infantil, en la cual no hubo palabras para decir(apalabrar) del impacto   emocional esa primera situación le causó. Repite que tampoco ahora la hay, en ese  desborde de lo pulsional. Sobre  el  porqué de que  este hombre fuera a elegir una mujer que era plausible le “engañara”, siendo que pongamos, su propia madre había engañado a su padre, y eso fue para él traumático, justamente porque eso es la repetición del goce: solo el hombre tropieza tres veces con la misma piedra, o más veces, porque solo él es sujeto “de” y “al” lenguaje.

 Luego de el referido primer requerimiento de “toma profunda de conciencia”, tienen que  estar dispuestos a llevar a cabo un tratamiento que les permita entender en profundidad porque actúan de manera violenta sea él o ella, depende del caso,  y de manera sometida o pasiva el otro o la otra; también  tienen que intentar ver y entender cómo se fue construyendo esta modalidad de vínculo en la historia de cada uno. Cómo  se generó la identificación a  lo que llaman habitualmente el lugar de la víctima o el victimario, (más allá de que yo considero que ambos son víctimas de sus propias pulsiones, aunque obviamente en diferente dimensión, porque si bien es terrible llegar a  morir en manos de el agresor, también lo es  ser un criminal, y más cuando hay hijos de la pareja de por medio. Quizás también esto pueda explicar en parte porque muchos hombres se suicidan luego de dar muerte a la mujer. Un crimen tan terrible solo puede generar una culpa imposible de procesarse y asumirse vía la ley  y el castigo simbólico, la propia muerte es el castigo supremo, y  a la vez la imposibilidad de responsabilizarse del hecho cometido).

Deberán ir  pudiendo entender que cuando el sujeto se encuentra expuesto a una modalidad de vínculo parental  donde de manera regular hay un miembro de la pareja que ejerce una forma de control  violenta sobre el otro miembro de la pareja, e inclusive también sobre los hijos, y el otro miembro se somete y acata todo por inseguridad y/o miedo, al niño o niña se identificaran con una u otra posición predominantemente: lo harán con el agresor o con el lugar de sometido a la misma. En ambos casos se produce una fijación a un goce donde la pulsión destructiva  sin límite produce estragos.
Será necesario que tomen conciencia de los pensamientos y sentimientos que les llevan a actuar de una u otra manera.
 Además, habrán de aceptar que dicho proceso les llevará un tiempo bastante largo.

POR QUÉ  UNA TOMA DE CONCIENCIA DEL VÍNCULO VIOLENTO NO ES SUFICIENTE PARA CAMBIARLO.

 Las identificaciones que sostienen la forma en que cada sujeto internalizó el control o no de su agresividad se estructura de una determinada manera para cada cual,  y el sujeto actúa desde las mismas con escaso margen de posibilidad de no repetir de forma muy similar, dicho patrón, aun queriendo conscientemente no hacerlo.   

Me explico: cada persona aprende a controlar su agresividad y destructividad en relación a sí mismo y a los otros en la infancia, de acuerdo a lo que el Otro social (encarnado en cada madre y padre, maestros, etc.) marca como límite a la misma. Dicho límite a la agresividad pulsional es siempre internalizado de forma diferente por cada sujeto dependiendo en parte de lo que ese Otro enseñe (y acá sí es fundamental en este papel de  la educación, tanto la  familiar como la escolar), y de lo que el sujeto “elija –“elección forzada” dirá Lacan porque la libertad es limitada) hacer con esa enseñanza- tanto en términos de contenido como de forma; así internaliza qué es lo que está o no permitido hacerse a sí mismo  y hacerle al otro, hasta dónde puede ejercer su agresividad consigo mismo y hasta dónde con  el otro, aprehenderá  lo que es “malo”, y por tanto no debe permitirse que el niño se haga a sí mismo ( los niños también se dañan a  sí mismos) ni le haga  a  otros, y también  la  forma  en que  es trasmitido por los educadores e internalizado ese límite. En este sentido, muchas veces sucede que se pretende enseñar a un niño a no pegar, pegándole (“te voy a hacer lo mismo que el hiciste a tu hermano”,  o “cada vez que pegues yo te pego a ti, a ver si te gusta”  es algo que puede escucharse a veces) con el agregado de “a ver si te gusta”. Claro que sí, dirá el niño, me gusta, porque si el mismo ya está obteniendo goce al pegar al otro- como daría cuenta su conducta de pegar en aquellos casos en que la misma es excesiva-, si se le pega como recurso a intentar que contenga su agresividad, lo que se hace es alimentar y fijar sus pulsiones sádicas, por lo tanto fijarlo más en esa forma de goce. El límite brilla por la ausencia ahí, y la forma de goce  que se quiere prohibir termina en realidad  por  fortalecerse (el superyo que en vez de operar como prohibición, pide goce, como dice Lacan).

También en el  recurso al miedo, a la humillación o  al castigo(puede ser físico o no, proporcionado o desproporcionado, arbitrario o justo, etc.) los cuales dependiendo de su cualidad  pueden  producir efectos negativos en la personalidad del niño, futuro adulto con problemas de control de su agresividad, que le lleven a protagonizar situaciones de violencia sea del tipo que sea la misma: psicológico y/o física, y dar lugar al  fortalecimiento de sentimientos de odio y resentimiento,  de vergüenza y humillación,  o deseos de venganza, que podrán ser reprimidos en mayor o menor medida en algunos casos, o  expresados en otros, en  “actuaciones”(acting out pues no hay suficiente control pulsional) donde se haga experimentar a otros esos mismos sentimientos.
Ese control de la agresividad se apoya obviamente en pensamientos, en ideas: básicamente no se pega porque se hace daño al otro. El sujeto lo puede saber, pero aún así tener ganas de dañarlo por diferentes motivos, por eso es una tarea ardua y compleja enseñar el control de la agresividad: se trata de no permitirla sin utilizar para lograr que el niño la controle,  recursos que le dañen psicológicamente, como ser el chantaje, el miedo, los castigos desproporcionados y/o arbitrarios, las amenazas, los golpes, los insultos, el avergonzar, el devaluar.
En los casos de violencia ese control normativo dado por la educación no se produce, seguramente porque los “métodos” utilizados para pretender “educar” son los anteriormente nombrados, aunque a veces también puede suceder que directamente al niño se le deje hacer simplemente, sin establecer el “no”, o inclusive en algunos casos que la conducta violenta le sea estimulada: “dale una paliza, la próxima vez se lo pensarán antes de meterse contigo”

La dificultad que pueden tener los adultos para realizar a sociabilización del niño y de su agresividad radica en que la misma requiere decir  “eso no se hace”,  o sea,  hacerlo con palabras (no con golpes) pero tampoco con cualquier palabra, ya que cuando se dicen palabras que hacen mella en la imagen de sí mismo (autoestima) del sujeto se está también incurriendo en violencia, en este caso psicológica. En este sentido también los discursos machacones a veces tan inevitables implican violencia: eres tonto, cuantas veces te lo he dicho, cuantas te lo tengo que decir para que lo entiendas, siempre haces lo mismo, no aprendes más. 
  
 Haciendo una acotación al margen, diré que me he acordado ahora mismo de un cuento para niños (también PARA adultos) maravilloso que fue uno de los preferidos de mi hija cuando pequeña, de la escritora Gabriela Keselman: “¡TE LO HE DICHO 100 VECES!”,  que de alguna manera juega con este tema, modificando al hacerlo el sentido destructivo de tienen estas frases en la educación e un niño, recuperando o inaugurando para las mismas un sentido ligado a Eros.

 Dejando ya la acotación, poner límites además requiere inexorablemente de que las personas que lo hagan estén envestidas de autoridad ante el menor: que sean dignas de su respeto y que su palabra sea confiable. Y para ello es necesario, que haya una coherencia mínima entre lo que se dice y lo que se hace. Si un padre dice; no se insulta, no se pega  pero él le pega al niño o a la madre, el niño hará lo mismo que él, o elegirá el papel del que es pegado o insultado  y lo permite, y no porque pretenda ser un desobediente, sino porque  se produce una identificación imprescindible con un lugar de objeto u otro: el que pega o el que es pegado, pego o me pegan , pego o me dejo/hago pegar, y esto por razones limitantes del lenguaje.

Muchas veces el discurso  por  el que estos jóvenes están moldeados, es retomado a veces hasta de manera bastante  consciente como en la primera cita que acompaña el inicio de este texto, teniendo la mujer dificultades, o directamente como en este caso, imposibilidad, de cuestionar el discurso parental ,con él que en realidad, manifiesta total acuerdo. En estos casos es muy difícil, cuando no imposible realizar un trabajo de cambio, porque ella nada quiere cambiar y aun habiendo denunciado al maltratador en algunos casos, la mujer vuelve con él o elige nuevamente como pareja a un hombre  que concuerde con su manera de pensar respecto a la mujer, al hombre y a las relaciones entre ambos. Muchas veces este “perfil” de mujer utiliza los recursos que se brindan para ayudar en esta problemática, de manera provisional, sin que haya un cambio subjetivo que implique ir saliendo realmente de una modalidad de vínculo violento.

En otros casos, como por ejemplo el de la segunda cita, al mujer tienen conciencia de lo negativo de la situación y desea y apuesta por el cambio, pero el mismo es difícil y s ele presenta como un camino en el que deberá vencer muchísimos obstáculos para tener éxito: cuestionar profundamente la ideología familiar, perder el vínculo con sus padres a nivel simbólico y real , dependiendo en cada caso de la posible flexibilidad de los mismos,  vencer la culpa que hacer esto genera ,los sentimientos de traición ,y al culpa que es permanentemente inducida por los propios padres  haciéndola creer que perjudica así a su hijo. Debatirse entre una doble culpa: hacia los padres y hacia el hijo, y seguir su camino hacia la libertad, no es tarea nada fácil, y requerirá de muchos apoyos y trabajo psicológico personal. Si a  la falta a veces total de apoyo familiar,  y a la culpa, le agregamos  que la mujer en cuestión no tiene trabajo, tiene muy pocos estudios y formación, no tiene donde vivir ni cómo sostener su sustento y el de su hijo, la dificultad se agiganta porque la vivencia de vulnerabilidad, de  desamparo, de impotencia y miedo por ella y su hijo/ hijos  es tan devastadora, que lleva  muchas veces a que la misma se dé por vencida  y decida volver con el maltratador.
Es precisamente esa vivencia lo que la hace “volver” donde más que el goce en ese modo de vínculo, lo que repite es la vulnerabilidad, el no estar empoderada respecto de si misma.

Por eso es importante  considerar como  fundamental en la educación de las niñas  el ayudarlas a ser menos vulnerables.



Este  aspecto lo dejaré para desarrollar en otro texto, donde abordaré si puede hacerse, cómo y cuáles son las limitaciones que tal propuesta puede tener.

lunes, 20 de julio de 2015

INCESTO. EL HORROR DEL GOCE DE UNA MIRADA … VORAZ.

  

 Este "poiema" que escribí hace tiempo con otra serie de creaciones agrupadas bajo el nombre de “Minotauro de la era tecnológica” hoy me viene como anillo al dedo para introducir algo de lo que quiero abordar en este artículo.


OMNIVOYEUR DE LA ERA TECNOLÓGICA.


¡Cómo hará el pobre ojo
 para curarse de espanto
como el manco de Lepanto
cuando no haya ningún manto
que su mirada vele
cuando todo se revele
 y no haya quien modele
ni modere
 la mirada que se excede!

¡ ni un ojo parpadeante
ante el horror aplastante!

¡Cómo hará el pobre ojo
cuando saturado de visio(n)
y harto de tanto vicio
reclame algún intersticio
por donde desfallecer
 por donde poder no ver!

No tendrá mejor remedio
que inventarse un artificio,
para curarse una treta
¡una miopía de aquellas!
 o alguna otra jugarreta,
desprenderse la retina,
llenarse de arena fina,
de dolor lamentarse,
 de presbicia cansarse,
 de catarata opacarse,
 o de otoño como hoja seca secarse.

El ojo muy lastimado  
de tecno-imágenes  parasitado
 lagrimea
 de tanto ver conjuntado
 de conjuntivitis se ha enfermado,
de uveítis traumatizado,
de su ser omnivoyeur
que lo ha hecho enloquecer.

Ojos desorbitados de un loco
 brillantes,
de par en par abiertos
como en el bocio
¡a tanto mal tenebroso                                        "Mesa de los pecados capitales" El Bosco, 1485

 se impone un cuadro del Bosco! 

Cort-a-za-de vista se queda corto
junto a su Casa tomada,
ahora el reality show atraviesa la pantalla,
 y  ya sin ningún pudor su desvergüenza
en nuestra sala estalla.

El ojo muy lastimado
se refuerza en la batalla,
con picor y muy borroso
se resiste a toda gafa
que insiste en hacerle ver
todo aquello que rechaza.                                                                                              
¡Cómo hará el pobre ojo
para poder no ver
todo aquello que prefiere suponer,
para dejarle al cerebro
algún saber por saber,
que resulte su quehacer
para que doña Imagina
 juegue también su papel!

hay cosas que quiere ver,
¡ hay otras que no!, prefiere,

aquellas que de tanta luz
su sensibilidad hieren.

El niño, de la habitación de sus padres
la puerta franquear no debe
so riesgo de cómo Edipo
perder pueda lo que más quiere,
so riesgo de cual Narciso

perder no pueda lo que más
¿debe-ría?

                                                                        Sophie Calle. L’Autre [L’altre], 1992.
Esta semana alguien compartió en su face un video que me dejo espantada, horrorizada, indignada y dolida; no tanto con la persona que lo compartió quien lo hizo movida por el horror ya que se preguntaba ¿por qué suceden éstas cosas?  Y quien  luego lo retiró, supongo que debido a algunos comentarios entre los cuales estaban también los míos; lo sé, porque busque nuevamente el mismo para denunciarlo en face,  y ya no estaba. El video dejaba ver y escuchar a una menor hablando de sus problemas graves de conducta y  de la situación de abuso hacia ella perpetrado por su padre.  En ese momento le dije a la persona que lo 
compartió, que creía que era ilegal que se expusiera a una menor de esa manera en una supuesta entrevista contando todo eso;  que creía que estaba prohibido difundirlo, y que si no lo estaba, yo consideraba que debería estarlo; que si no  estaba legalmente estipulado como delito,  éticamente a mi me lo parecía, que yo no estaba de acuerdo con compartir ni con que  la gente comparta  ese tipo de videos,  que consideraba que “estábamos todos locos” al hacerlo por exponer una patología mental de esa manera , y  muy especialmente porque se trataba de una menor que  estaba relatando  algo muy grave y exponiéndose a todo el mundo como si tanto el contenido de lo que contaba , como el mismo hecho de darlo a ver,  fueran “lo más natural” del mundo.

Asimismo, me quedé preguntando si  quienes lo comparten  no están también siendo cómplices de un delito, y gozando también sin límite como los propios perpetradores del “crimen” en cuestión. O si la normalización de la ausencia de límites y pudor es tal en nuestra sociedad, y especialmente a nivel de las redes, que no habrá tipificaciones de delitos en el orden del mirar y el exhibir. ¿Todo estará permitido de mostrarse y de verse?  Mi  indignación con la persona que llevó a cabo el mismo, y con el que se prestaba a hacerle las preguntas a la niña y mostrarlo públicamente, sí era enorme, tanto o  más que con el padre perpetrador del delito de abuso sexual, así como con la madre,  que permitía que su hija fuese expuesta de esa manera (además de preguntarme cual habría sido su implicación- cómplice o no- en lo que el  padre hacía).
Considero que mi indignación obedecía a que leí o interpreté, que lo que estaba en juego en esa exposición o exhibición tenía como cometido simplemente producir y dar a ver (objeto mirada) a los espectadores el goce de esa niña  ordenándole más que demandándole, que cuente todas esas atrocidades, y haciendo que los posibles espectadores gozaran también  (¿o se angustiaran y horrorizaran?) con algo que en realidad debería producirnos horror: la  per-versión de la ley del incesto, la castración. 

Perversión se puede asociar en psicoanálisis a pervertir la norma: en vez de sucumbir a la castración, acatar la ley , se hace de ella una forma de goce, lo cual imposibilita su instauración ( la  dimensión simbólica de la misma).Para que la misma pueda  prohibir el  exceso de goce sexual (papel normativo)inaugurando para el sujeto la posibilidad del deseo, debería generar angustia o miedo, y no fría indiferencia como parecía ser el caso, tanto del “interrogador” como de la niña sometida a sus preguntas, pues éstos  son necesarios para impedir que el sujeto  se abisme en el desborde pulsional. De lo contrario, como le sucede a esta niña, la ausencia de límites la lleva al borde del precipicio, sucumbiendo como sujeto de deseo. Y como el objetivo  del susodicho interrogatorio es simplemente el goce y la complicidad de los otros a quienes se pretende mostrarlo, no se explicitaba allí ningún objetivo (porque no lo había, más que la voluntad de hacer gozar al  posible espectador), que pudiera mínimamente por lo menos, hacerme preguntar y dudar acerca de si tenía algún sentido válido  la grabación y difusión del mismo. Más allá de que a mí,  ningún objetivo, ni siquiera el de la ciencia (en este caso supongo a la Psicología y Psiquiatría)  tan cara a nuestra sociedad actual,  y en nombre de cuyo progreso se perfila una cierta  tendencia a prescindir de la ética según que supuestos logros estén en juego y para quienes, justifican para mí este proceder.   

En el video en cuestión se le realizaba a una niña de unos 7 años un interrogatorio (porque era eso) acerca de una serie de conductas suyas muy sádicas y destructivas. Sus ganas ( uso esta palabra y no deseo porque  “Deseo” para el psicoanálisis tiene un sentido particular que lleva implícito cierto grado de libertad, del cuya ausencia  precisamente dan cuenta las conductas de esta niña) de hacer daño fundamentalmente a su hermano más pequeño, al que la propia niña decía que debían de proteger de sí misma porque no podía controlar sus impulsos de dañarlo en sus partes sexuales, además de abusarlo sexualmente, lo cual efectivamente hacía cuando no la controlaban.  Relataba además sus ganas  de hacérselo a otros niños, y también  de matar a toda su familia, impulsos que  a su vez le producían mucho miedo. También comentaba al detalle sus conductas agresivas hacia diferentes animales, y  en un momento decía de haber matado a un montón de pajaritos en un nido, la misma era reforzada positivamente por  la persona que interrogaba(ya que entrevistador no puede llamárselo,
 pues no se trataba de ente-ver nada, sino de sacar todo a luz):“lo estás haciendo muy bien” , alimentando más su disociación, o más bien su escisión del yo  (Freud, “La escisión del yo en el proceso defensivo”, 1940, 38)
Seguramente  esperaba que este video deviniera viral.

 Este hombre pretende o hace como si alentara (inconscientemente goza de ello, por lo que  ejerce su voluntad de goce) a la niña en su conducta de poder contar frente a una cámara toda su intimidad y patología mental sin tapujos, cuando en realidad la misma no necesita ser alentada  a vencer ninguna pudor o vergüenza  de contarlo, pues  ya en esta pequeña la represión no está instaurada, y en cambio está presente  la escisión que da lugar a la frialdad típica de lo que en términos psiquiátricos denominan piscopatía,  la cual hace que pueda contar todo sin ninguna manifestación afectiva que permita suponer la presencia de la anterior : no hay asco ni pudor ; solamente aparece como un débil límite a su tendencia constante al pasaje al acto destructivo, el sentir aún, algo de miedo de su instinto  destructivo ilimitado.

Miedo que si es dejado de lado, desconocido o renegado repetidas veces, como sucede en aquellos casos en que el niño  o la niña  devienen psicópatas al hacerse adultos, no puede  devenir miedo a la conciencia moral,  la cual está en la base de la formación de la instancia psíquica interna reguladora de lo pulsional que denominamos  superyó. (1)



 La escisión del yo que sostiene la desmentida, mecanismo de defensa que Freud propone para las perversiones,y que también encontramos en las psicopatías (no todo perverso es psicópata, pero no entraré en abordar teóricamente  estas diferencias ahora. Solo diré que el término perversión para el psicoanálisis denomina  un modo de estructuración psíquica (junto con la psicosis y la neurosis) y el término psicopatía proviene del ámbito psiquiátrico. (2)

Esta escisión  se instaurará en el yo de un sujeto,  al decirle que está bien haber matado a esos animales,  e indirectamente  estarle diciendo además: está bien que hagas a otros, incluidos los animales,(lo que te hicieron a  ti) , mensaje que va  directo al inconsciente, y que deja fuera , por eso escindida, desmentida, la ley, el hecho de que eso no es así, por el contrario:  no, no está nada bien hacer eso.

En este tipo de “actuaciones”(acting out) está el origen de la confusión que tienen los llamados psicópatas con la ley y con lo que nosotros nombramos como  transgresión  o tergiversación de la misma, lo cual podría expresarse más o menos en estos términos: “sé que no está bien lo que hago (donde ese saber es superficial y no estructural , prendido con alfileres, ya que son los otros quienes lo dicen pero él no está dividido/castrado por el mismo),  pero igual lo hago porque no puedo controlarme(la represión no se instaura para limitar la descarga pulsional que es entonces sin límite(repetición del trauma ), y no puedo controlarme porque: o me hicieron a mí eso que dicen que no debe hacerse,  me incitaron a hacérselo a otros, o  simplemente me dejaron hacerlo (faltó el no)sabiendo que socialmente estaba prohibido”, y quedé fijado a ese gocé y sigo gozando con ello”. Yo me he preguntado siempre, si tamaña contradicción o absurdo más bien, originado en  los padres o quienes  están encargados de la crianza del futuro psicópata, no es motivo suficiente para considerar a la psicopatía una  forma de locura, aunque no se la considera tal, y por eso van a  la cárcel y no a un hospital psiquiátrico como sí lo hace un psicótico cuando  comete un crimen, ya  que se considera que el psicópata sabe que lo que está haciendo está mal, y aún así lo hace. Pero realmente sabe y a la vez no sabe de la castración (la desmentida o re-negación implican esa co-existencia de dos juicios opuestos: “sé que eso está prohibido, pero no, o aún así, yo voy a hacerlo porque el goce que siento en ello me arrastra, no puedo controlarle (controlar eso que es pulsional y me domina).
 Y me pregunto si acaso esta  contradicción no es un motivo para volverse  cuando menos un poco loco.
 Pero en el caso de este interrogatorio al que me refería,este sujeto preso de su goce exhibicionista  refuerza en la niña (y en los espectadores) dicho mecanismo de escisión que genera la desmentida,  al conminarla a contar Todo frente a una cámara, porque se le está dando el mensaje de que eso no es grave, que  es muy natural o “normal”, tanto, que se puede contar a todo el mundo sin ningún problema, a más de que es un goce hacerlo, y para otros verlo y oírlo.

 Repite de otra manera lo que hicieron sus padres  y vuelve a violentarla y fijarla en su goce,  en vez de  ayudar a reprimirlo, lo cual requeriría  sancionarlo  como prohibido , indigno de  ser dicho y  mostrado a diestra y siniestra.Así  desvirtúa  o pervierte otra vez la ley la que debería en realidad regular ese goce, y la deja aún más identificada  a la negación del horror (horror que es tratado con indiferencia y hace que el sujeto se burle de la ley.

Eso reproduce los efectos perversos sobre la menor incitándola inconscientemente a reforzar esa máscara de fría indiferencia que  caracterizan a los psicópatas adultos y que  tanto asombro y  critica produce en la sociedad , máscara (que nos sale más cara a todos como sociedad, tanto al victimario como a  las víctimas de los delitos y sus respectivas familias, como a la sociedad en general  tanto a nivel socio-afectivo como económico ) , la cual con el tiempo se petrifica cada vez más, al no encontrar nunca la posibilidad de ser desintegrada. Es como decirle:  ponte una máscara de indiferencia y frialdad ante eso, y deja fuera de tu conciencia (escindidos, desmentidos)tus sentimientos de que eso está mal y no debe hacerse ni mostrarse; haz que el horror lo sientan ellos”. Por eso el horror que a la niña se le obliga  a negar, a  no sentir, lo siente el otro(nosotros que vemos el video) .Ella puede terminar  haciendo del mismo (como parece hacer el que da a ver este video)una forma de goce y niega así  también el rechazo y el odio hacia dicha transgresión social (tanto a la del padre abusador como a la de este interrogador que  también abusa con su mirada y con su dar a ver exhibicionista).Se la deja en el odio, el cual  luego se presenta escindido, volcado en las actuaciones agresivas de la niña, y sin poder ser limitado, reprimido  ni reconducido.

En muchos casos a estos niños no se les brinda la oportunidad  (ni la familia, ni la sociedad, ni los profesionales que le tratan) de tomar conciencia de que su conducta destructiva y disruptiva está causada por una situación de  abuso (sea por acción u omisión) de los mayores. 

Una vez perdida, y desmentida la relación  de causa- efecto entre ese odio y destructividad, y los abusos a que fue sometido el posible psicópata, hasta él mismo se convence  de que es un desalmado (por no decir otra cosa), esa es la convicción que también tiene la sociedad de él, sustentada en que hace todo eso simplemente porque si, porque le place y es “más libre que los demás” o porque  es malo por naturaleza  en una tesis anti Rousseauniana. Si bien el sujeto efectivamente repite su goce,  hace lo que hace efectivamente porque goza con ello, dicho goce quedó fijado y por tanto el no puede más que obedecer, ser arrastrado al mismo, y  nunca podrá normativizarse si no se deshace esa escisión tempranamente, favoreciendo que pueda integrar  en su psiquismo el odio; esto se puede lograr en algunos casos   intentando ayudarle  a que tome conciencia de que lo siente y a que sea capaz de conectarlo con la situación originaria que dio lugar al mismo, una vez logrado esto, muy lentamente en los casos que aún podrían ser tratables, el sujeto no tiene ya que dañar a otros, la   proyección de su conflicto y de su odio sobre otros  puede ser reconducida, se reconducen las consecuencias  a la causa, deshaciéndose como diría Freud los “enlaces falsos” que culpaban y victimizaban  a otros que en realidad no fueron los causantes directos del daño.

  Este mecanismo de escisión  permite explicar el hecho por demás común, de que muchos psicópatas son capaces de mantener  una relación relativamente  cercana con los perpetradores del abuso  a quienes no dañan( esta niña también teme y por tanto desea dañar a su familia: matarlos a todos dice), y dañan a otros que tienen algo similar a aquellos, similitud de la cual el sujeto no es consciente( en el caso de los animales que esta niña mata por ejemplo, podemos pensar que el rasgo común con la niña, con el que ella se identifica y proyecta en los animales, es su vulnerabilidad , su total indefensión, daña también  al hermano que es ante ella indefenso, como en realidad querría  poder dañar a su padre que fue el autor del abuso, y precisamente lo hace en sus partes sexuales ). Esta destructividad que se presenta como disruptiva en la psicopatía , y nunca  parece saberse de dónde viene ni su porqué , y que es por eso mismo  tan juzgada por la sociedad tanto en el  caso de psicópatas adultos como en el de menores infractores, despertando tantos deseos de venganza, encuentra en este mecanismo su explicación. Nadie hace a otro algo que aunque sea de manera un tanto diferente, le hicieron a él.

Así, solamente reconociendo el Otro social (adulto) ante la menor en  este caso, y la sociedad, esa violación a la ley como algo terrible, sancionando eso que sucedió como algo que no debió suceder nunca, que está mal, para lo cual es primordial precisamente hacer lo opuesto de lo que este hombre hace, que es preservar a la menor y a lo que le sucedió en la intimidad, cubrir el horror de  ese real descarnado, ocultarlo a los ojos y oídos abominables de los curiosos hambrientos de goce, de  los que están movidos por la espantosa y chabacana costumbre casi endémica del cotilleo que tanto daño hace a la salud del tejido social.

Y preservarla  aún en los casos en que intervenga un profesional; este debe ser capaz de poner coto a su propio goce escópico e invocante (goce de ver y oír) so riego de incurrir en idéntica  perversión que estos  “interrogadores” , y  no pretender que el sujeto cuente Todo,  no solamente porque eso es imposible por estructura subjetiva( ya que justamente estar estructurados por el lenguaje, hace que nunca podamos decirlo todo, que nunca coincida lo que queremos o creemos que queremos decir con lo que decimos, y además el otro escuchará lo que él quiera y pueda por más que nos esforcemos en a alcanzar la supuesta comunicación “perfecta o total”, que en realidad no existe), sino porque precisamente para ayudar a instaurar el límite que está faltando y produce este supuesto “trastorno antisocial de la personalidad” como lo califica la psiquiatría, es necesario que alguien instituya el mismo, la norma. De poder ser ayudada por un analista u otro profesional, para instaurar algo de ese límite, seguramente en algún momento pueda ser necesario  decirle por ejemplo algo así como: “no tiene por que contar todo, hay cosas que puede, o aún debería, guardarse”,  o “con lo que ya me ha contado es suficiente para poder ayudarle”, o decirle si se percibe que el sujeto está se explaya en detalles truculentos gozando con lo que cuenta o intentando horrorizar al otro: “ya está bien, con lo que oí es suficiente para ayudarle”. 

El horror, o la angustia, que en psicoanálisis se dice que intentan producir en el otro los sujetos cuya estructura es perversa, pienso que puede entenderse si se lo considera  parte de la repetición  de la experiencia traumática originaria: ese horror  es la actualización del horror  seguramente sentido por esta niña u por otros niños en el momento de la castración real abusiva. Al ser re-negado el mismo, una y otra vez, por quienes someten al menor, y también por el propio menor que es “obligado” (elección forzosa del goce) a eso, es repetido ante otros para dárselos a ver en este caso,  vía el acting out, ya que la palabra está en cortocircuito al no haberse instaurado la castración que posibilita la sombolización del goce (que este devenga deseo).  Es como si  intentara  producir en el Otro el mismo horror una y otra vez.

 Para salir de ese lugar, el sujeto necesita de Otro que  haga algo diferente, que en el momento en que el sujeto intenta horrorizar al Otro y producir su división subjetiva(que en él no se produjo porque la ley no se instituyó), éste sancione ese goce como del orden del horror y lo limite:( ya basta, eso es terrible, ya con lo que ha contado es suficiente, o  sacar al sujeto del tema preguntándole o pidiéndole que hable de otra cosa), lo cual obviamente es quizás imposible de soportar para un sujeto perverso. De ahí que no soliciten ayuda ni tratamiento, no quieren ser curados de su goce, el mismo no les genera conflicto a ellos, sí a la sociedad.

Pero aún así, mucha veces los profesionales trabajan con ellos en instituciones , y en el caso del trabajo con menores  es muy importante  que el profesional ocupe un lugar en la transferencia  que dé cuenta de  que él mismo  está marcado, limitado por la ley,  (eso siempre obviamente), pero muy especialmente en estos casos; trasmitirle que  él es solo un representante en lo social de la misma (también esta castrado), y no que él es La ley que manda decirlo todo; eso es lo que el sujeto ha sufrido en exceso, el peso de un Otro (padre,madre )que arbitraria y abusivamente ha traspasado todo límite social, instando con igual ferocidad superyoica  posiblemente a lo totalmente  opuesto: que lo calle todo, que lo mantenga en secreto, valiéndose como hacen habitualmente, ya sea de premios o posibles sanciones y castigos. No se trata ni de callarlo  todo, ni de mostrarlo o decirlo todo, hay que poder decirlo a medias, y  saber antes a quien se le puede decir, dónde, en qué condiciones y con qué finalidad.

 Eso para empezar, pues luego se requeriría de  una ayuda profesional que posibilite a la niña tomar conciencia, por un lado de que la responsabilidad de eso que le hicieron  es  del adulto que realizó la transgresión, pero  por otro lado y a la vez, que la responsabilidad de lo que esa niña  o niño está haciendo a partir de lo que le sucedió, aun habiendo llegado a eso desde un  lugar de víctima, es ahora responsabilidad suya. Que solamente ella (o él si fuera un niño), con  ayuda profesional y el beneplácito de algún familiar o institución en caso de que los mismos pierdan su patria potestad como sucede si se comprueba la  complicidad de ambos padres en el asunto, pueden modificar esas conductas destructivas, si obviamente aún hay alguna oportunidad de cura cuando se toma contacto con él  o la menor infractores.

Eso de instigar a contarlo todo, tan común en nuestras pantallas de televisión actualmente, se basa en algunos casos y en parte en  una creencia de que hay que sacar a luz todo, los trapos sucios personales y familiares (tiene que saberse, que en realidad hoy es mostrarse, antes no se sabía- veía- lo que sucedía), en cualquier momento y con cualquiera, “porque eso es terapéutico” ; quedar expuesto y encima en lo más íntimo y traumático nunca puede ser terapéutico ni curar a  nadie( a nadie se le ocurriría pensar que para que una herida cicatrice hay que abrirla cada vez más hasta llegar al hueso para que todos lo vean, sin ofrecer a la vez algún medicamento que la vaya cerrando).Quizás lo que está en juego ahí no es realmente el deseo de ayudar o curar sino el de goce perverso de ver y/o de dar a ver.

Hasta ahora  para vivir en sociedad con  “normalidad” el contrato social ha tenido su función de regular las pulsiones, y eso ha supuesto que el goce  de cada cual sea algo privado, reprimido,  que  no todo el mundo tiene que saber todo, el agujero, el trauma, la castración de los otros, quizás solamente algunas personas (secreto profesional de por medio) que puedan brindar ayuda con el mismo. Pero puede que con el tiempo y dados los cambios de valores que velozmente se suscitan en nuestra sociedad, en el futuro lo normal sea andar de revés, con  las vísceras y todas nuestras podredumbres afectivas a la vista de todos,  y la piel por dentro.

Además, me pregunto precisamente cual es el objetivo de este contar a que la mueve, ahí no quedaba explicitado. Visto lo visto, y escuchado lo escuchado, considero que era hacer una mostración al Otro, ¿de qué?, no del goce de la niña en sí, sino de su propio goce abrochado a algo del de esa niña. El exhibicionista parecía necesitar el saber sin límites de esa niña sobre un goce  perverso( el abuso sexual a que fue sometida y la destructividad sádica de la pequeña, resultante del mismo). Y gozaba dándolo a ver y oír en las redes.

Pero el goce también perverso del interrogador la lleva a incitarla a contar   el abuso sexual a que ha sido sometida por su propio padre biológico. Lo cuenta al detalle y hasta muestra un dibujo explicativo, y ahí ya mi rabia y mi pena  por esta niña me hacen tener ganas de poder estar delante del susodicho para  intervenir de alguna manera  interrumpiendo lo que  está haciendo. Interrogaba con una total falta de límites, sin el más mínimo rastro de pudor.

En estos casos, cuando son atendidos profesionalmente es fundamental  que el profesional tenga ese límite que marca el pudor para preguntar,  porque tenerlo es indicarle que precisamente existe un límite que otros no han respetado con ella, pero existe, y hay quienes si lo respetan. Esto es ya una medida terapéutica en sí misma, la primera para comenzar a sanar su escisión afectiva, es como decirle: hablar de esto sin tapujos no es natural, está bien que quieras quizás  guardarte algunas cosas, es tu intimidad y esta ha de ser salvaguardada en la medida en que tú lo desees, aún  y especialmente con los profesionales.(una no pide a los analizantes que cuenten todo, sino que cuenten lo que quieran y puedan , y la mayoría de las veces se requiere mucho tiempo para que una persona pueda hablar de los hechos muy dolorosos y graves que ha vivido, -cuando tiene internalizada obviamente la represión socializante que inaugura el asco, y da lugar  al pudor y a la vergüenza- porque para poder hacerlo necesita además haberse reasegurado repetidas veces de que la persona a quien se lo está contando es realmente confiable, confiabilidad que implica no solamente que no lo contará por ahí, sino que no le juzgará  y será por tanto capaz de entender(no justificar, ni culpar) lo que le sucedió y el porqué de la posición que ella tomó frente al mismo.
La madre de la niña  también hablaba sin tapujos de su hija y sus conductas, y consentía a esta exposición (¿iría a ganar algún dinero con esto además o lo haría de pura inconsciencia?), por lo cual también “sin saber o sin querer” (mecanismo de negación)  fomentaba el tratamiento psicopático de la situación.

La persona que compartía en mi facebook el video, estaba horrorizada de que la niña se masturbara en lugares públicos siendo tan pequeña. Yo le decía que eso es lo menos grave, que no es que lo sea, pero es un síntoma que comparado con el daño que psicológicamente tiene esta pequeña es como la punta de un iceberg. Cómo no se va a masturbar y a hacerlo delante de cualquiera,-aunque la madre, como comenta en el video, le diga que “eso no se hace en público, que es algo íntimo”-, si lo más íntimo en ella ha sido arrasado y precisamente por la persona que más debió cuidarlo. Si fue sometida precozmente a un goce traumático, traumático tanto por la precocidad del mismo, como porque el mismo provino del propio padre. ¿Cómo puede esperarse que la niña no quede atrapada en dicho goce ilimitado? ¿Cómo puede  diferenciar lo íntimo de lo no íntimo, y respetar esa diferencia  si las figuras que deben ayudar al niño o niña a instaurar dicho límite, cometen la peor de las transgresiones que es la violación de la prohibición del incesto? Y luego, con qué autoridad es llamado por la madre ese “padre” (por nombrarlo así), para venir a intentar regular y ordenar el goce de esa pequeña cuando mata a los animales (como cuenta la madre en el video), cuando él es el primer transgresor del mismo y esas conducta destructiva  obedecen fundamentalmente  a lo que él ha hecho. Es tan irónico, por no decir que es el absurdo del absurdo.

Y luego, la sociedad quiere linchar a los psicópatas, pero no tiene en cuenta que la psicopatía se genera en la infancia, ( y no es cuestión ni solamente ni preponderantemente de  genes, y en todo caso, los genes son moldeados también por el ambiente social, económico y político en que se concibe a un niño, aunque haya quienes prefieren dejar fuera tales determinaciones “supuestamente” porque no pueden ser medidas con exactitud, como si ser seres de Lenguaje permitiera apresar algo de nuestra afectividad de manera exacta y definitiva), que quienes pueden devenir psicópatas malignos como dice el psiquiatra y psicoanalista Otto Kernberg, fueron niños abusados, ya sea por acción como en este caso, o por omisión, porque no poner y enseñar los  límites, dejar hacer lo que se quiera a los niños, está tipificado como una forma de abuso. Aunque también en la acción que lleva a cabo este sujeto asocial, hay la mayor omisión de lo que debería ser las obligaciones de socialización que todo padre debería poder hacer para con su prole, si es que queremos seguir pudiendo vivir en sociedad.

¿Y nosotros qué? ¿Miraremos impasibles como otros graban (y gravan) y comparten,  dándonos a ver el horror y nos quedaremos tan conformes y tranquilos con nuestra ética, apoltronados en nuestra silla frente a las pantallas,   comentando lo terrible que es lo que le sucede a la persona que aparece en el video? ¿Naturalizaremos la visión de tantas atrocidades? En este caso, que se trate de una menor  lo hace  gravísimo, por lo cual esto es un delito, según lo entiendo.


ACERCA DE LA ESCISIÓN DEL YO COMO DEFENSA.

La incitación a contarlo todo para dar a oírlo y verlo todo, al goce de los expectantes, hambrientos y morbosos espectadores en que todos corremos el riesgo de convertirnos, dada la normalización que estamos llevando a cabo de dichos comportamientos, fomenta la escisión del yo a nivel social y también aumenta la particular de esa niña.

A nivel social como en la niña,esa escisión del yo, por un lado: “¡qué terrible!, pobrecita, que hijo de puta el padre, etc., etc.” que da cuenta de la represión, y a la vez “pero yo quiero verlo, saber, siento curiosidad” donde el goce de la pulsión escópica(mirada) nos convierte en mirones gozadores sin límites y desalmados. El mecanismo de la defensa del yo que Freud llamó la desmentida consistiría acá
en esto: sé de la castración(3) (límite), pero aún así (“Ya lo sé, pero aún así”, Ocatave  Mannoni), sé que no puede verse, ni  decirse, ni hacerse todo lo que una desea, con quien se desea, o sea,  el goce sexual tiene un límite, eso me han dicho(la ley) pero aún así yo quiero verlo, saberlo y hacerlo todo, con quien yo quiera (este él o no de acuerdo, o sea como en este caso una menor) mecanismo normal en las primeras etapas de estructuración del psiquismo, luego es superado .

Psiquismo que tiene dificultades para aceptar  el NO (por lo menos hasta estos tiempos, pues ahora todo está cambiando mucho), que cuando interviene la represión (mecanismo de defensa) se transforma, simboliza y desplaza hacia la exogamia. El problema en nuestra sociedad actual es que esa prohibición al querer saberlo, verlo y hacerlo  todo, hoy parece no solamente no tener vigencia según qué temas o cuestiones,  sino que tiene más bien valor de ley lo opuesto, incluso está siendo instituido y autorizado  hasta por la vía del derecho con el riesgo de llegar a traspasar el límite: tienes derecho a ver, saber y hacer todo lo que desees(no te prives de nada que tu tiempo es hoy).Ello implica por tanto una perversión de lo que era la antigua ley, el antiguo orden.¿ Estamos autorizados a  filmarlo o fotografiarlo todo, dar a ver todo sobre alguien? Aún no, aún no.

A esto hay que sumarle el peligro que encierra que a la imagen (sobre la que se construye lo imaginario), las personas tendemos a confundirla con lo real o lo objetivo; contarlo implica lo simbólico, y en ese punto siempre hay pérdida de de “exactitud”, hay ficción (está en cuestión el tema de la Verdad, que requiere otro artículo). Quizás por eso,  hoy en día parce valer más para un juicio una grabación o un video de los hechos acecidos,  que la palabra de las personas que cuentan lo que vieron o escucharon, en esa búsqueda loca de la verdad última, de lo verdadero, lo  más verdadero, como si fuera posible, cuando siempre  cada cual hará una lectura de eso que ve y escucha, pues siempre estará en juego al subjetividad del que mira o escucha en su carácter de  procesadora de eso visto o escuchado.

Y esto no es nada exagerado, yo llegue a ver en un programa de televisión a una mujer que para tener como prueba en su denuncia contra un ginecólogo que se “excedía su labor de tocamientos” a las pacientes, volvió a la consulta y se hizo atender nuevamente para poder filmar al susodicho, de hecho en el programa se mostraba dicha filmación. Ella obviamente consideraba que esa era la única prueba fehaciente, sus palabras no eran suficientes. Obviamente asusta el descrédito que la palabra está tomando en nuestra sociedad actual.

En la niña, el odio y la agresividad dirigida a personas y animales es la respuesta afectiva sana, aunque sus efectos sobre sí misma y el mundo no lo sean, acorde a lo que le sucedió, el odio es el rechazo al abuso paterno , al padre y  a  todos los que pueden estar implicados con una  mayor o menor complicidad,  sea que la misma se deba al desconocimiento de lo que estaba sucediéndole o no:  a la madre , a toda la sociedad (familia, vecinos, amigos, etc.). De ahí sus deseos de matar a toda su familia. Sus deseos y actos destructivos podrían llegar a implicar solo muy secundariamente la ley del talión donde obviamente estaría en juego la rabia y el deseo de venganza: de que otros y especialmente padezcan  lo mismo (de ahí su  conducta descontrolada (acting out) de  estimular sexualmente y también hacerle daño  de maneras diversas a su hermano y a otros niños en su pene y en su ano, como ella lo decía) porque al no estar instaurada la ley no hay posibilidad de simbolización del trauma. Más bien se trata en ella de un acting out y la repetición,  un actuar lo mismo una y otra vez sin el límite, como sucede en todo psicópata; poner en juego la defensa primaria de la que Freud habla frente al trauma: volver activo algo sufrido pasivamente como forma de intentar evitar  y controlar la angustia que asumir eso le produciría.

Ella es consciente de que es incapaz de controlar esa agresividad y  sus conductas destructivas y abusivas, por eso  pide a la madre que encierre a su hermano en el cuarto para que ella no pueda entrar por ejemplo, en un intento de protegerlo de ella misma  (se me encogió el corazón al escucharla cómo intentaba controlar sus ¿pulsiones? o instintos  desbocados).

Este comportamiento da cuenta de que  el “no” de la ley, aunque muy leve, a punto de perderse si no se hace algo para ayudarla,  está cumpliendo su papel de límite todavía en ella: por sí misma no puede controlarse, pero sabe que eso está mal y debe controlarlo y pide a los otros que lo hagan por ella. 



Sophie Calle. Que voyez-vous ? Le concert. Vermeer [Què hi veieu ? El concert. Vermeer], 2013 



 (1)Cuando dicha instancia psíquica  cumple su función reguladora de lo pulsional,  el sujeto tiene una  relación con el miedo que es diferente a la que establece alguien que devendrá psicópata: el sujeto evita dañar a otro porque lo ama, más allá de que también pueda odiarle (lo que sucede siempre),  por las prohibiciones a lo pulsional a que ese Otro (madre, padre, maestro) le somete. Pero lo ama más que lo odia, y en eso radica la pequeña gran diferencia que inaugura el ideal del yo( es por amor al padre dirá Freud  que el sujeto controla sus pulsiones, en realidad  por amor al ideal de sí mismo, que el sujeto mismo construye, en base a lo que supone que el Otro espera de él para poder ser incluido(amado) en la cultura y no quedar fuera, y eso suponiendo que el ideal está constituido por todo lo que en una sociedad se considera bueno, permitido, porque en el caso de la psicopatía también el ideal esta tergiversado y  a veces los padres pueden esperar que un niño sea  por ejemplo,  el mejor delincuente del barrio).

  En el caso de la psicopatía en cambio, ese superyó queda  en un estado de formación muy primitiva,  ya que el sujeto odia al Otro  no porque le prohíbe “normalizándolo” o normativizándolo, sino precisamente porque no lo hizo. Cuando ese  Otro social, Otro del Lenguaje (encarnado en los padres y otras figuras de autoridad ) cuya función es supuestamente instaurar y trasmitir la ley, viola o transgrede la misma, deja al sujeto fuera, excluido de esta, y repitiendo ad infinitum ese violarla (hacerle a otros lo que el hicieron a él, o hacerle algo similar)y quedar fuera del sistema (ley) del que en el caso de aquellos delincuentes que son psicópatas -no todos lo son-  el circuito interminable de  delito-cárcel- salida- delito cárcel -salida, da perfecta cuenta). El odio domina al sujeto y su relación con el otro: me odio porque  me hicieron esto, porque soy “esto” (escoria, mierda, puro odio, etc.), odio al que me lo hizo,  y solo puedo odiar a otros y dar  solo odio al hacerles lo mismo que me hicieron a  mí. Al quedar el amor excluido, o casi totalmente excluido de su relación con el otro y consigo mismo(a veces algo o alguien puede ser una pequeña excepción a ese odio, dependiendo de la gravedad de la psicopatía), el sujeto solamente puede  acatar la ley  por un temor “exterior”, el  miedo a los castigos que proceden del Otro social, y a los  que es habitualmente sometido cada vez que  viola las normas (policía, cárcel).Aunque la mayoría de las veces ni eso puede detenerlo, ya que el sujeto no puede controlarse, y eso aunque quiera,  porque nunca ha logrado tener un mínimo de dominio  sobre lo pulsional, la pulsión lo arrasa al no haber sido instaurado el límite que la represión vía la castración que humaniza posibilita.
En esta niña se aprecia claramente ese odio en su incontrolable destructividad.

(2) La psicopatía se aproxima a la perversión en que no respeta la subjetividad del otro, produciéndole angustia a la víctima; el psicópata intenta colocar al partenaire neurótico de la experiencia de la angustia. Descriptivamente, dos características relevantes de la psicopatía son ausencia de angustia y culpa genuinas.
Es importante aclarar también que no todo delincuente es un perverso o un psicópata, tampoco todo perverso o psicópata es delincuente. Simplemente, se parte de la base que tanto el perverso como el psicópata adquieren en la conformación de su psiquismo ciertas características que pueden conducirlos a realizar comportamientos delictivos.

(3)Saber que es sobre la castración materna, sobre su límite al goce, y frente a la cual en una primera etapa el sujeto(todos) se defiende de la misma con la  desmentida (en ella el sujeto insiste en que la madre tiene falo, y por tanto el propio sujeto es el mismo, aunque él  desconoce que lo es,  pues está ubicado en ese lugar en la primera etapa del Edipo Lacaniano , el de madre-fálico-narcisismo, atrapado en el goce  incestuoso. Una vez superada la etapa de la desmentida, instaurada ya la represión,  el sujeto sabe que la madre esta castrada, que ella no es la madre fálico narcisismo que él creía, y que él no es por tanto su falo.Su goce no se agota en el sujeto, este no es todo para ella, y por tanto el goce del sujeto tampoco se agota en ella, el sujeto no es  todo para ella, debe buscar gozar fuera, pasaje de la endogamia a la exogamia, metáfora que permite el desplazamiento y la separación con el objeto de goce que perdido intentará siempre en vano ser recuperado totalmente, y se alcanzara solo a medias, o sea, que gozará solo  parcialmente: el objeto parcial de la pulsión. Pero implica también que la ley obedece a algo fuera de la dualidad narcisista,  un tercero, padre, cultura o  lenguaje, que establece un límite a ese goce madre-niño, así pues la madre no es todo para el niño ni este todo para ella, porque hay un tercero con quien ella goza  más allá  del niño y de otra manera,  el cual a su vez goza con ella o con otras similares, pero tampoco él (ese padre o cualquier otro en la sociedad) puede  gozar con su  hija o hijo o con un o una menor.

Cuando el padre sí goza con su hija como sucede en  este caso, sabiendo que no le está permitido hacerlo, somete a su hija a tener que hacer de la prohibición un motivo de burla, porque él mismo se ha burlado de la ley de la castración del goce. De ahí que luego, los psicópatas burlen la ley, la perviertan a veces de forma maníaca ( la defensa maníaca se caracteriza por “hacer una  fiesta” de lo que es doloroso y terrible , y surge precisamente cuando un niño es obligado a negar sus sentimientos de dolor y hacer como si no hubiera pasado nada, esa es la negación, la cual deviene maníaca cuando al sujeto además de impedírsele manifestar el duelo por pérdida (en este caso brutal) es conminado a poner en su lugar una  alegría que por tanto, será discordante con lo que le sucedió(se le “obliga” a falsear la  realidad) : te llevaremos vacaciones y se te  se te pasará todo, te regalaremos tal y te olvidarás de todo en poco tiempo, no piensen en eso, no estés triste, vamos a hacer esto y aquello. El dolor hay que expresarlo para que no devenga muerte enquistada, ya luego de pasar y elaborar el duelo, lo cual requiere tiempo  se podrá estar feliz de nuevo y de a de verás. Y un trauma como el de esta niña requerirá un trabajo de duelo que quizás  dure toda su vida si es acompañada a hacerlo y supera el duelo, de lo contrario,, quedará fijada a su psicopatía.