martes, 24 de noviembre de 2015

LA MUJER:¿UN SER PARA EL OTRO EN LA VÍA DEL AMOR Y DE LA MATERNIDAD.¿Y AÚN MÁS CUANDO HAY VIOLENCIA DE GÉNERO?


Ella vino ese día “destrozada”,  resulta que había ido (acompañada) a la casa del marido del cual se estaba separando por violencia de género, y en la misma, habían objetos que daban cuenta que el susodicho, a pocos meses de ella separarse, ya tenía a otra mujer en la casa. Y además -agregó ella entre sollozos- él había subido ya fotos de él con  la otra a facebook, siendo que hasta hace menos de un mes le insistía a ella para que volviera, cada vez que tenía la oportunidad de cruzar unas palabras con él por algún tema vinculado con su hijito.
Varias preguntas posibles de abren a partir de esta situación: por qué una mujer que ha sido sometida a maltrato tanto psicológico como físico durante muchísimos años, habiendo llegado a la decisión en este caso trabajada y “pensada” durante un tiempo, con ayuda de una psicóloga (otras se separan de manera apresurada a partir de una golpiza),se siente tan afectada y está a la vez tan pendiente -como he podido observar a partir de lo que me va diciendo-, de un ex que la maltrataba,  más específicamente del amor en falta o que le falta de ese  hombre hacia ella. Por qué asimismo, cuando le digo que “ni se le ocurra pensar que  con esta mujer que él tiene ahora va a  ser diferente que con ella(hay más probabilidades de que se comporte de manera violenta  también,  pero puede que no), y  menos que  eso la pueda  llevar quizás  a reconsiderar su decisión, y a querer volver con él”  ,(esto último es  obviamente  una “manera de decir”, ya que ella pude  sentir, pensar y decir, y más en esta situación donde mi lugar es el de escucha, todo lo que quiera).
Se sonríe como diciendo “me pescaste in fraganti”, y me dice que efectivamente sí estaba pensando en eso.

Muchas  mujeres que han sufrido violencia de género se preguntan fundamentalmente  en los primeros momentos tras la separación concreta del maltratador, y de manera angustiosa, si acaso el hombre agresor no era tan terrible como ellas lo concibieron, o llegan incluso  a  suponer que tal vez este no lo era porque sí, sino porque  en realidad  hay algo malo en ellas(o algo mal que ellas hacían) , o algo de lo que ellas carecen  que es necesario tener  para merecer ser amadas , lo cual lleva  a su pareja a comportarse de aquella manera; y  a partir de ello no solamente justifican a veces la conducta del mismo, sino que suponen precisamente, que con otra mujer que cumpliera con determinados requisitos que la hicieran amable o digna de ser amada (que tuvieran aquello –falo-de lo cual ellas carecen),  este hombre sí sería capaz de comportarse de manera respetuosa y cuidadosa y amarlas “de verdad”. Y eso, aun habiendo trabajado mucho para dejar sin efecto tal idea, siendo ellas mismas quienes enumeran y repasan muchas veces “la lista” de aspectos o situaciones en que  ese Otro da cuenta de su desamor o de un amor en el que prevalece el odio, como si tuvieran una y otra vez que  tener presentes “in situ” y de manera permanente los signos de ese desamor para mantener su postura de alejamiento respecto al mismo, so riesgo de caer en una amnesia  que las haría tentarse para volver con él.

En esta suposición, ellas hacen existir a “La mujer “(Lacan), la falta es entonces supuesta como inexistente en una Otra que estuviere por fuera de la castración, una que sí sería perfecta, estaría completa y se adecuaría perfectamente al deseo del Otro, lo cual entonces la haría merecedora o digna del amor del Otro, con ella sí podría darse un Amor sin falta, perfecto y eterno, idealización de la que  el final de los cuentos de hadas da cuenta: y fueron felices para siempre, negando el saber que su propia situación les aporta, de que mutilarse a sí mismas para  el Otro, para ser  todo y como el Otro desea, las anula como sujetos de deseo y que ni aún así logran ese amor que piden , sino que al contrario, cada vez son más exigidas a darse si y a anularse y menos amadas o más odiadas.  Y es  precisamente en el momento en que  quieren recuperar su deseo, que el Otro no lo acepta y  ejerce sobre ellas violencia.  Esta posición de ser para el Otro es una característica predominante en la mujer y en la estructura histérica, estructura que caracteriza fundamentalmente a las mujeres.  Se trata de tratar de entender por qué.

La suposición de que  con esa Otra la relación funcionará o será diferente, se puede apreciar claramente en la típica pregunta: qué tiene ella, la Otra que no tengo yo, que le da ella de especial, para que él pudiera tratarla de otra manera. Cuando digo “ellas”, no solamente me refiero a quienes han sufrido o padecen violencia de género, sino en general las  mujeres, cuya posición determina que estén siempre más o menos pendientes de portar en su ser ese algo (falo) que las haga agradables , queribles y deseables para  el Otro,  pagando para eso muchas veces elevadísimos costos que a veces entran en el orden del sacrificio –que siempre es de sí mismas, y que también  se presenta muchas veces tanto en relación a su ser mujer como a su ser madre- ( operaciones de cirugía estética, cambios de imagen y comportamiento para adaptarlo  a las supuestas necesidades del Otro sea la pareja o los hijos, etc.), intentando vanamente construir-se como falo a medida del deseo de ese Otro, desconociendo la imposibilidad que anida en ello pues habrá algo que falte. El tope a esta dinámica es, o habrá de ser para cada mujer, “la posición femenina” (Lacan), que no es la de la histeria   fálica; posicionarse en la misma implica  darse cuenta de que no se trata de lo que está en más o en menos respecto al falo, de lo que se tiene o no se tiene para cubrir la falta,  sino de hacer-se (con) la falta misma. Goce más allá del falo, comparable al de los místicos, goce  suplementario, sujeto al no-todo. Posición  esta que quedaba en evidencia en una entrevista  a una actriz y cantante muy sexy que vi hace unos días: le preguntaba la entrevistadora si ella siempre estaba así tan arreglada y tan sexy, “si ella era así –siempre-“ , y ella riéndose le contestaba que no, que era una persona “normal”, que lo que sucedía es que a ella le gustaba jugar(entiéndase jugar a ser mujer o  “La Mujer” que como bien dice Lacan, en realidad no existe; pero no es lo mismo jugar a serlo, que creerse que se lo es (psicosis femenina = ser La mujer que falta a los hombres).Hacer “como si” no se estuviera castrada ,  encarnar el falo(parecer ser de la mascarada, el semblante en su función de velar la nada de lo real) implica un: “sé que no soy el falo, que nadie lo es, pero me  presto a  jugar a serlo, a jugar el engaño de que creas que lo soy, y tú te prestas a que te lo crees,  para despertar-nos y jugar el juego del amor y el deseo”., donde como lo dice bellamente Eric Laurent  “el hombre sirve de relevo para que una mujer se convierta en otra de sí misma, como lo es para él”

La verdadera posición femenina “Ser el Otro sexo, el que no se define como Lo Uno, representante de la alteridad radical. Se trata de ser el Otro para un hombre, que no se define por tener un objeto sino por ser el Otro sexo, alteridad que abre las vías de un goce no fálico, que interroga al hombre y divide a una mujer” (Laurent. 1999; 85) Laurent. (2000). “Posiciones femeninas del Ser,  Tres haches Ed.

Estamos obviamente ante la pregunta de esta mujer en el tema de la castración femenina, la que ubica a la mujer en la dinámica  fálica: ser o no ser el falo deseado por el Otro, más que en la de tenerlo o no tenerlo (más propia del hombre). Esta es la que lleva a las mujeres a pensar que cuando no son suficientemente amadas, o son rechazadas directamente  como objeto amoroso o de deseo  es porque hay algo en ellas defectuoso, algo en más o en menos: no ser suficientemente guapa, o cariñosa, o no tener  la boca, el pecho o la edad adecuada, o  lo que sea  que se avenga  a la medida del deseo del Otro, sin llegar a poder darse cuenta , lo cual no es nada fácil y requiere un trabajo personal obviamente, de que todos somos seres en falta tanto hombres como mujeres y que lo que sucede es que simplemente su falta , la falta que ella encarna  no sirve a ese Otro – a otros posiblemente sí-para hacer de ella su síntoma, porque sus agujeros constitutivos ( la castración a que el hombre también está sometido, aunque pueda la misma parecer menos “visible”) “no hacen juego(agujero)”con la del Otro, por decirlo de alguna manera.

Sucede que el acceso al Otro del lado femenino se hace más fácilmente por el amor y encuentra allí las indicaciones de Freud sobre la pérdida del amor como equivalente de la castración en la mujer.

Por esa angustiosa experiencia de la falta,a la mujer le cuesta resignar el amor de ese Otro porque ese amor la completa, la hace sentir completa: insisten en que el hombre aún maltratador les de ese falo –amor que las cubra, que las haga devenir falo amado  a ellas, esto  explica en parte la insistencia casi inquebrantable  en su demanda en ser amadas, aunque el Otro siga demostrando que o bien no las ama, o que su amor las lleva a la destrucción, al odio.
Esta posición las regresa a la madre y a su demanda originaria en relación a ella. En ese sentido, dice Lacan dice que “la mujer también quiere el objeto en tanto que ella no lo tiene. Y que esto es lo que Freud nos explica, que para la mujer esa reivindicación del pene permanecerá hasta el final enlazada esencialmente a la relación con la madre, es decir a la demanda. Es en la dependencia de la demanda que se constituye el objeto a para la mujer. Ella sabe muy bien- me atrevo a decir: algo sabe en ella-que de lo que se trata en el Edipo no es de ser más fuerte, más deseable que la madre-en el fondo se da cuenta bastante pronto de que el tiempo trabaja a su favor-, sino de tener el objeto” (1)
Ahora bien, yo diría que en realidad ambos aspectos están vinculados: solamente si siente que ella tiene el falo en ella misma, o sea si logra serlo, siente que será deseada tanto o más que la madre y otras mujeres sustitutas de aquella, cuando se trata de la posición  fálica.
Esta primera vinculación materna de la niña con su madre, deja huellas con relación a los  destinos de la feminidad y de ahí que Freud dice que muchas mujeres eligen a sus maridos de acuerdo con el modelo del padre o lo colocan en el lugar se éste, pero en el vínculo repiten con la pareja su exclusiva relación con la madre, es decir, que la impronta de la imago materna determina que en la niña el complejo de Edipo sea una formación secundaria, dado que tiene lugar posterior al complejo de castración.
Ese amor que la mujer reclama al hombre es la repetición de un reclamo dirigido a la madre, insatisfecho por estructura.

Esa  demanda de ser el falo vuelve a las mujeres más dependientes de los signos de amor de su objeto amado y hace emerger el matiz erotómano que enfatiza el hacerse amar, a diferencia de la forma fetichista del amor masculino.  Parecería que la mujer es solo si es amada: es amada o no es, ser amada deviene sinónimo de (su) ser.
¿Esta vivencia de la falta, es  quizás más virulenta en la mujer  que en los hombres debido a las diferentes constituciones físicas? Como si la falta, vacío o ausencia de significante para definir lo femenino se aunara con la realidad física de su sexo implica un agujero o abertura, vagina.

Me lo pregunto porque  la representación  que Freud dice que se hace el niño de  la castración  de la a madre como La Medusa por ejemplo, es aterradora, o la imagen de la madre devoradora que metonímicamente puede remitir también a la vagina devoradora (fantasía de vagina dentada)

  En ese sentido, durante la etapa de la vida en que se produce el primer florecimiento de la sexualidad infantil (fase fálica )por más que se le quiera explicar a los niños que a la mujer no le falta nada (de hecho Lacan dice que efectivamente no le falta nada)  como se pretende hoy día, intentando con ello educar en la igualdad, intentando hablarles de que en realidad se trata de que son diferentes: que los niños tienen pene y la niñas vagina, y no de  que ellas no tengan pene  y ellos sí ; los niños igualmente categorizan esa diferencia en base al tener y no tener el falo de lo que resulta que “ellos tienen pene y ellas no” .Y siguen pensando que a ellas se lo cortaron,  como queda claro en un ejemplo donde  un niño de unos cinco años mirando a una  niña desnuda en las duchas de una piscina le dice : “¡Ohh!, a ti te lo cortaron”. Y esto es así porque somos sujetos creados, marcados, castrados de entrada por el lenguaje, esto es lo que determina nuestra categorización del mundo en relaciones parte–Todo,  y en el inconsciente no hay inscripción de la diferencia como tal, solo hay fálico y castado. siempre se piensa que hay una parte que se desprende de un todo, y que hay un Todo que entonces podría llegar a completarse. La diferencia sexual y toda diferencia es procesada en términos fálicos: un x que pertenece a una clase o está excluido de la misma  por la presencia o ausencia en él de un determinado atributo (¿lógica de clases?).
En el inconsciente sólo existe un significante para nombrar la diferencia sexual: el falo. Pero el goce fálico es un goce limitado, es decir que el significante fálico no puede dar cuenta de todo el goce.
“El predominio del falo, como elemento fantasmático imaginario propio de la fase fálica, supone que para el sujeto "dos tipos de seres en el mundo, los seres que tienen el falo y los que no lo tienen, es decir, que están castrados" (2). En la dialéctica simbólica "lo que no se tiene existe tanto como todo lo demás. Simplemente, está marcado con el signo menos. La niña entra pues con el menos, así como el niño entra con el más" (3), siendo el falo lo que está en juego. “

 Esta herida siempre abierta, siempre pronta a desangrarse  que es la castración en la mujer conceptualizada en términos de privación del falo por Lacan ( que yo creo que es lo que lleva a que ellas en general se depriman más que los hombres, y especialmente cuando les viene el período menstrual, la cual de alguna manera reedita inconscientemente la angustia de castración)es lo que nos hace precisamente tan dependientes del amor del Otro: “La particularidad del amor en las mujeres es que en ella predomina el hacerse amar y desear )  y es por lo que no es por lo que pretende ser deseada al mismo tiempo que amada”  dice  Miller en base las enseñanzas de Lacan, “de la falta en ser pasa a la falta en tener (no le es, ni lo tiene), le queda entonces la solución del parecer ser”( la mascarada), y esto  es lo que determina que “el miedo a la pérdida de amor opere en ella como la angustia de castración en el hombre”
Si no ser amada produce una angustia de dimensión mortal, esto va a hacer posible entender la insistencia en  querer ser amadas, en darle a ese Otro  que las daña una oportunidad más, y otra y otra; en realidad es a sí mismas que intentan dársela, ya que  su propio amor a si misma (narcisismo) depende del amor del Otro por esa necesidad suya de cómo dice Miller “ser tenida” (5)

Al hacerse amar, la mujer recibe el falo que le falta a través de la metáfora del amor de su amante, como una de las tres salidas el penisneid (anhelo de pene) femenino.
Y  de este sentido tremendo de la dependencia de la mujer del amor del Otro da cuenta  Miller al decir: “el partenaire-síntoma, es el retorno de la demanda de amor con índice infinito” Lo que determina precisamente el estrago como la otra cara del amor del lado femenino. Estrago que es lo que caracteriza a las relaciones de violencia de género: me amarás hasta la muerte, me amarás… muerte/muerta.

(Estrago es el término introducido por Jacques Lacan para dar cuenta de las consecuencias que el Deseo de la Madre tiene sobre la hija y que de alguna manera siempre está presente, ya que por más buena madre que una madre sea, nunca podrá darle a la hija el “ser mujer” que ella le demanda para constituir una identificación que la libere de la castración (siempre, haga lo que haga la madre, habrá fallado por estructura de lenguaje, ya que no hay ningún significante que diga que es ser una mujer, como hay que ser para ser una mujer realmente de una manera que no genere el dolor de estar en falta en relación al deseo del Otro, cada cual deberá construirse su manera de ser mujer, de hacer-se deseable y amable para el Otro  )  Esta no respuesta de la madre será interpretada por la hija en términos de privación y carencia de amor. Incluso la propia madre ante su propia carencia de respuesta sobre su ser mujer, buscará quizás responderse la misma a través de su hija, intentando moldear la misma, proponiendo o cercenando determinados aspectos identificatorios (por ejemplo, “no quiero que seas como yo en tal aspecto porque ya ves como he sufrido, quiero que seas…”), como si la madre quisiera terminar de construir su propia identificación inconclusa en su propia hija, que le hace de espejo, en el caso de una hija mujer)
 Frente a  esa fijeza de la pulsión en el objeto de amor en la mujer (porque su goce pasa también por el Amor del Otro), el aparentemente rápido desprendimiento en el hombre que ya tiene a otra, como nos dice la mujer que escuchábamos: “es que no saben estar solos, como nosotras, necesitan siempre alguien que les sirva, alguien a  su disposición  para que les limpie, cocine y les brinde sexo” , donde esa  frase amerita dos lecturas posibles: que no saben estar solos , y supuestamente nosotras sí sabemos,  y que nosotras al igual que ellos, tampoco sabemos.

Palabras además estas de las que se desprende una concepción de la mujer ¿tradicional? en la que ésta es un objeto pasivo aparentemente  al servicio de otro (hombre), mujer-objeto que viene a cumplir funciones tanto maternales -domésticas como sexuales, y donde su propio deseo respecto de los quehaceres hogareños, maternales y su propio placer en relación a lo sexual  queda reprimido o negado.
Pero , dónde queda entonces el amor de ese hombre por la mujer, por ellas mismas cuando estaban con él, aún  en aquellos casos en que el hombre no ejerce violencia de género. Si una se ciñe a esas palabras, parecería que amarlas por sí mismas  sin relación a la “utilidad” que como objeto  la misma podría traerle, fuera un imposible  para los hombres.
Ese ser de la mujer como ser para el Otro queda muy  bien retratado en un comentario que hace en su libro “Abiertos al deseo” el psicoanalista Mark Epstein comenta como en una nursery de recién nacidos de un hospital de Estados Unidos mientras en las cunas de ellas decía: ES (nombre), en la de los niños decía: SOY (nombre), lo cual indica ya la posición pasiva en que es ubicada la  mujer por el  Otro social, mientras  ella es nombrada, él parece nombrarse y apropiarse de  sí mismo. Asimismo no es lo mismo tener que ser algo o de una manera determinada para merecer ser amada que ser amado por lo que se tiene.
En la socialización de la mujer el ser para el Otro ya denunciado de manera profusa  por las feministas, cobra dos vías,  una que es la del amor y la sexualidad y otra la de la maternidad, y  se caracteriza porque la misma  siempre o casi siempre considera más importante el otro que ellas, sean los hijos o el esposo  Hay quienes entienden esta modalidad de vínculo en términos de falta de amor propio, lo cual es un contrasentido ya que el amor propio de la mujer  fundamentalmente (aunque  también el del hombre) depende del amor que obtiene del Otro(nadie se ama a sí mismo independiente del Otro ya que como dice Lacan ,el deseo del ser humano, es siempre el deseo del Otro, el narcisismo “pasa por “ y depende del Otro)

Como concebir entonces identificaciones o lugares para la mujer tanto en lo referente a su ser mujer como a su ser esposa y madre,  sin el primado de ese ser para el Otro llevado al límite. Porque es una realidad que si bien hoy ya no se trata de “que sepa cocer, que sepa bordar, ni hacer las medias para un general”, si se trata de otras exigencias que recaen sobre el cuerpo y la imagen  fundamentalmente y sobre otros aspectos quizás también como el profesional y el material que ocupan el lugar del falo. Sin ir muy lejos hace unos días escuchaba en un lugar campestre donde  se hacía una fiesta, a una mujer reclamarle  a su esposo en tono de suave reproche, el para qué, de haberle  insistido en que viniera arreglada y vestida así, siendo que la  demás gente iba vestida de manera informal y algunos hasta desarreglados, otros con looks hippies. Me reí buscando su   complicidad y le dije que lo que sucedía era “que su marido  quería presumir de mujer”,  y agregué en tono de broma: y luego luego dicen que las complicadas somos nosotras, ellos también son difíciles de entender, cuando no ,nos tratan de pesadas que se exceden con el tema y el tiempo del arreglo personal,  son ellos los que insistían en ello, ella se rió, y  “él a medias…”, pero se le subieron los colores a la cara y quedó cortado(castrado).Presumir con su mujer de tener el falo(ella lo es), le permite a la vez  presumir de su propio ser hombre que tiene el falo valioso, y quizás también en algunos casos dar expresión a su ser femenino, ( la identificación femenina en el hombre) que es expresado a través de su mujer.

Parecería que actualmente el cuerpo de la mujer funciona como falo para sí misma y para el hombre, pero también hay hombres que prefieren mujeres donde ellas ostenten otros tipos de falo que no sean solamente el cuerpo (logros materiales y profesionales)
 Eso me lleva a considerar que  si en la economía libidinal femenina estos semblantes del falo sustituyeran totalmente al deseo de hijo, y el hombre tampoco tuviera con el mismo una relación fálica, el ser humano no podría sobrevivir, porque la fragilidad del retoño humano requiere de un Otro que esté dispuesto a anteponer y muy especialmente durante los primeros  tiempos  su ser por el ser del niño, o más bien a con-fundir su ser con el del bebé ,su deseo con el de su hijo ,y eso solo es posible si el ser del adulto que lo cuida deviene el ser del niño, su falo. Pero el ser mujer implica además que el ser de la mujer no se agote en el ser madre.

Para finalizar entonces queda abierta la pregunta de si ¿será posible generar una nueva identificación para la mujer que no implique de manera desmesurada  posicionarse como  un ser objeto para el Otro?

En esa  búsqueda actualmente están embarcadas muchas mujeres, algunas de ellas quizás por haber sufrido uno o varios desengaños amorosos, y reivindicando su lugar proponen  el amarse a sí mismas antes que al otro como forma de lograr  una autoestima   que les permita luego sí amar a otro, o inclusive saber estar solas. Lo que el psicoanálisis sabe es que el deseo del hombre es siempre el deseo del Otro (deseo de ser un objeto de deseo del Otro), no deseo de un objeto sino de ser reconocido por el Otro, y por eso esta pretensión es un  imposible: amarse a sí mismos, tanto para los hombres como para las mujeres, no puede hacerse sin que ese amor sea reflejo claroscuro del amor del Otro, de la primera que nos amó, en todo caso de la madre. No existe un amarse a sí mismo por fuera del Otro, y siempre nuestro amor propio será secundario, respecto de ese amor, y por lo tanto,  nada exclusivamente  propio en definitiva; nos amaremos  según como creímos o no  haber sido amados por ese Otro; por lo cual esta pretensión no deja de generarme preguntas: ¿se tratará como pretenden muchas mujeres hoy en día de convertirse en impermeables a esperar que el Otro las acoja como objetos de amor y de deseo, de constituirse en falo para sí misma sin importar que me quiera El Otro, hasta dónde no  implica un desafío? Desafío en el sentido de yo tengo- soy el falo autosuficiente y no necesito al Otro ni para el deseo ni para el amor. Esta es más bien  bien  una posición defensiva organizada en la lógica fálica, de obturación de la propia falta cerrándose al Otro o situándose como sucede mucho actualmente ellas mismas  como hacían tradicionalmente muchos hombres, tomándolos  a ellos como objetos para su goce fálico. Quizás se trate  más bien de buscar otras soluciones que impliquen de abrirse a un Otro pero con límites.


1-Jaques Lacan, Seminario X. “La angustia”, clase 16 del 27 de marzo de 1963.
2 y 3- Jacques Lacan, Seminario VI "La relación de objeto", Editorial Paidos ,  pág. 124   y 125.
4-  Lacan, J., "La significación del falo" (1958), Escritos. Buenos Aires: Siglo Veintiuno, 1986, p. 674.
5- Miller, J.-A., De la naturaleza de los semblantes (1991-92), Paidós, Buenos Aires, 2002, p. 156.
6- Silvia Elena Tendlarz ; “Las mujeres y el amor, entre semblante y sinthome”, AMP wapol.org.


domingo, 13 de septiembre de 2015

ÉXODO, DESARRAIGO, MUERTE. LA IDENTIFICACIÓN, DEL SER REFUGIO.









Reclinar la cabeza al paso del cortejo
para rendir tributo
 
a los ajusticiados en la noche.

(J.I. González)







Anoche mirando un reportaje sobre el tema de los refugiados  comenté en voz alta lo que sentía y mi hija me contesta: ¡pero mamá!, ¿por qué te pones así , si están refugiados, la palabra lo dice , ¿no?, mientras siguió dibujando en apariencia muy tranquila.

Ella que había estado escuchando quizás distraídamente –porque estaba entretenida dibujando- todo lo que en dicho reportaje se decía, prefirió quizás no escuchar que casi no tenían que comer, que no tenían baños, en fin, las condiciones deplorables del supuesto refugio, ni ver como la gente era perseguida, detenida y hasta tirada al suelo. Ella cree o parece fingir creer que las palabras nombran lo que nombra, negando las evidencias que rompen ojos y oídos de que no es así. Yo simplemente me sonreí y respete su velo.

Me quedé pensando, sin embargo, que ninguna de las definiciones de la palabra refugio coincide con la situación que están viviendo por lo menos en  Hungría en estos momentos las personas: asilo, amparo; lugar adecuado para refugiarse; refugio atómico: espacio habitable protegido contra los efectos inmediatos de las explosiones nucleares y contra los efectos de la radiación posterior.


Y en  nosotras, y en que a pesar de que nuestra vida de inmigrantes acá en España no ha sido para nada fácil (bueno, ella es como acostumbran decir “inmigrante de segunda generación” porque nació acá en realidad), supongo y deseo, -seguramente auto-engañándome porque el agujero está en todos y siempre es agujero, por más que depende de cada uno el como es cavado o rellenado-que la profundidad de su agujero troumatisme, trou (trauma) no sea tan terrible como el que yo estoy suponiendo en todos esos niños que han vivido la guerra , la destrucción de sus  casas y de todo  de su mundo en un santiamén, un amén sin Dios, y que  luego están teniendo que llevar a cabo un éxodo por diferentes lugares,  sin saber en esa Odisea,  ni adónde están siendo llevados, ni si seguirían vivos, ni si  llegarán a algún verdadero refugio.

El traumatismo  no depende solamente de lo terrible de las condiciones exteriores, sino que depende de cómo son imaginararizadas y significadas -simbolizadas , o sea tramitadas mediante la palabra las mismas( y las oportunidades que se generen para eso); puede que lo que para algunos sea una experiencia traumática para otros no,dependiendo ello  también de las experiencias y vivencias anteriores a esta situación actual de esas personas. Aún así, considero que en muchos casos y especialmente en el de los niños, cuyo psiquismo está en formación, las mismas están probablemente siendo de una dimensión tan devastadora como  para que sea posible quedarse sin palabras para poder nombrarlas. Se trata de ser arrancados de raíz y llevados a un éxodo terrible; también exiliados de su lengua, más  en el caso de los niños.

Indudablemente que las condiciones del mundo actual donde el desarraigo y las situaciones de pérdidas son cada vez más frecuentes, producen efectos negativos en la salud mental de las personas porque la posibilidad de crearse identificaciones que brinden una mínima vivencia de existencia, o sentimiento de ser -el cual de por  sí ya es evanescente- o cohesión/integración del yo, como quiera llamársele, requiere de   que ciertas condiciones se mantengan fijas: no es posible indentificarse con personas o situaciones que varían permanentemente, pues la identificación requiere de un objeto que tenga cierta permanencia en el espacio y el tiempo, ya que solamente eso permite que algunas de sus características puedan ser tomadas por quien está siendo socializado o re-socializado en el caso de inmigrantes, y arraigadas en el ser de las mismas.

El continuo cambio, despegue o desapego  de los objetos y lugares de referencia, implican una  estar en stand by, un estar con un pie afuera y otro dentro permanentemente, en estar en  un “si” y un “no” a las identificaciones constante, donde ambos  coexisten impidiendo cualquier afianzamiento identificatorio( y ello se perpetúa y acentúa si no se generan en los lugares donde se recibe  a los refugiados,  las condiciones para su re arraigo. Esto implica el quedar en un estado quasi psicótico, sin referencias, sin apego a nada, no sabiendo quien se es y con una vivencia que puede llegar a ser terrible de inexistencia. 
Basta pensar en lo que sucedería con una planta a la que se arranca de raíz de un lugar y no se la planta para que sus raíces puedan afianzarse en otra tierra, sino que se las deja al aire o se la cambia constantemente de sitio, para imaginarse los efectos que sobre las personas puede implicar el desarraigo sin posibilidad segura de arraigo en otro lugar. 

Para elaborar los duelos por lo perdido se requiere de pisar alguna tierra firme si no todo se vuelve un gran duelo, un gran agujero por el que se cuelan indiferenciadamente  tanto el pasado como el presente y el futuro; para que una experiencia de pérdida se signifique como tal es necesario que la misma sea acotada precisamente al pasado,  y si se está en permanente pérdida ello no es posible. 

Es necesario que los países que recibirán a toda esta gente puedan brindar las condiciones para un auténtico arraigo, no se puede estar en éxodo permanente sin que ello sea la muerte,  lo cual no será posible sin la ayuda de la sociedad civil, pero ese es otro tema que no abordaré en esta oportunidad. Se requiere un  verdadero REFUGIO.

Y para finalizar dos poemas vinculados-vinculantes



ÉXODO.
José Emilio Pacheco

En lo alto del día
eres aquel que vuelve
a borrar de la arena la oquedad de su paso;
el miserable héroe que escapó del combate
y apoyado en su escudo mira arder la derrota;
el náufrago sin nombre que se aferra a otro cuerpo
para que el mar no arroje su cadáver a solas;
el perpetuo exiliado que en el desierto mira
crecer hondas ciudades que en el sol retroceden;
el que clavó sus armas en la piel de un dios muerto
el que escucha en el alba cantar un gallo y otro
porque las profecías se están cumpliendo: atónito
y sin embargo cierto de haber negado todo;
el que abre la mano
y recibe la noche.



 EN HOMENAJE A JOSÉ EMILIO PACHECO
 Juan Ignacio González (“Cuando enero fue pasto de las llamas”)

EN ESTAS CIRCUNSTANCIAS
(A los poetas que vendrán)
Hay que ser implacables
J.E. Pacheco


En estas circunstancias,
urge escribir un verso voraz y militante.
Un verso que socave los cimientos del odio,
que nada deje indemne,
 
que te arrase por dentro,
un verso que descubra el origen del miedo.
O mejor un poema, un poema intangible,
una lluvia infinita de palabras perfectas
ordenadas al ritmo del latido del tiempo,
que describa los ríos, los paisajes,
la cicatriz cosida al corazón del otro,
los rostros que te amaron en silencio
en las noches perpetuas del exilio, en invierno.
Dejar escrito un mundo lejos de las tinieblas
para los semejantes que habrán de sucedernos.
En estas circunstancias propongo un cataclismo.
Hacer un inventario de azares y desdichas
y quemarlas al fuego.
Reclinar la cabeza al paso del cortejo
para rendir tributo
 
a los ajusticiados en la noche.
Procede tener hijos para el crimen
de la desobediencia.
Urge tener un árbol con una sombra dentro
 
y encontrar en los surcos la raíz
de las cosas pequeñas,
y en el bajorrelieve de la dicha
preservar, escondidas, las promesas,
y que paguen los héroes por su eterna victoria
frente a los agraviados de la ausencia.
En estas circunstancias, vivir no es suficiente.
Parece necesario guardar la rebeldía
a prueba de estandartes,
someter el placer a la piedad del beso,
llevar ante los jueces al escriba del frío,
que levantó las actas del oprobio.
Marcar a fuego el día, y guardar muy adentro
los lugares que habitas en secreto.
Que nadie te despierte
si no llama a la puerta con las manos vacías.
Abrir de par en par las cancelas del agua
y dejar que te anegue
en la última oleada que llegue hasta tu puerto,
un mar que desemboque en una fuente,
y nazca en la planicie de tu vientre.



domingo, 6 de septiembre de 2015

POESÍA Y LENGUAJE.

EL LENGUAJE , EL SUJETO,  SUS ALBORES Y SUS ENTRESIJOS: ALEJANDRO CÉSPEDES.  



                             alejandrocespedes.com / alejandrocespedes.blogspot.com

 



El analista hace bien cuando sigue de cerca los pasos del poeta, del creador, ya que éste le desbroza el camino de lo real.

«Los poetas son unos aliados valiosísimos y su testimonio ha de estimarse en mucho, pues suelen saber de una multitud de cosas entre cielo y tierra con cuya existencia ni sueña nuestra sabiduría académica» 

«Y en la ciencia del alma se han adelantado grandemente a nosotros, hombres vulgares, pues se nutren de fuentes que todavía no hemos abierto para la "ciencia" ». 

«dirige su atención a lo inconsciente dentro de su propia alma, espía sus posibilidades de desarrollo y le permite la expresión artística en vez de sofocarlas mediante una crítica consciente». 

                                            El delirio y los sueños en la Gradiva de W. Jensen» (1906).





Soy el intermediario de tu prójimo. 

                                                                   

                                                                     soy el intermediario de tu prójimo
                                                                         el testamento de lo desconocido
                                                                         el tú innúmero

                                                    el cuerpo de los cuerpos desgarrados que difieren
en la deformación de la inexperta semejanza  
                                                                                               el sin nombre

                                      mientras se imita lo ambiguo en cada eje el ojo dará forma
a una realidad domesticada
                                               vuelves a pensar en lo excluido y regresa lo anónimo
para ungirse de existencia al ser nombrado

                                                                         es endeble el silencio se transforma
en ácido sobre la comisura de los ojos                               en el umbral las lágrimas
se detienen teñidas de mirada                    
                                                                                                   todo es provisional
en el camino de aquello que retorna                                                     las hipótesis
ceden su apellido a lo que se está siendo                                    más acá o más allá
no importa el sitio que haya engendrado nuestra insuficiencia

                                                           la vida se proyecta en sus abreviaturas
                                                     sombras de una imaginación desordenada
                                                         fragmentos de cristal bajo los párpados
frótalos con las palmas de las manos para verificarte en las heridas
                 
                          la nostalgia esa puta encubridora que no sabe vivir su desconsuelo
nos hace sentir lástima de lo que se ha extraviado
es un ruido de fondo que vuelve de un pasado indefinible

                                                                                                 no tienes nombre

                                                     tú mismo eres tu prójimo y no hay intermediarios 
en la supervivencia                                  

                                                                   tu universo es el sonido de una orquesta
dirigida por un dios de muchos brazos                        una exposición donde la obra
no son las esculturas  en mitad de un espacio sino solo
la sombra que cada una proyecta sobre un suelo cambiante
                                                            
                                                                     aprenderás a vivir de forma permanente
en la escenografía de un sueño inacabado                                            en lo profundo                
del patio de butacas unas manos a oscuras aplauden la indigencia
de otras sombras
                                                                    No Name no puede expulsarse
                                               porque la aplicación Word la sigue utilizando

                                   
                                                                                                  Alejandro Céspedes


martes, 1 de septiembre de 2015

TRABAJO CON PERSONAS EN SITUACIÓN DE VULNERABILIDAD. PRIMERO EL SI, LUEGO EL NO.











"Gula"en "Mesa de los pecados capitales " El Bosco

Trabajando con personas que se encuentran  en situación de vulnerabilidad, hay dos 
reacciones que puede observarse de manera asidua, una es su dificultad para aceptar el “no” por respuesta ante determinadas solicitudes que realizan, inclusive en aquellos casos en que el “no” constituye una norma aplicable a todos  respecto de dichas solicitudes ,y ante la  cual no puede en la mayoría de los casos hacerse una excepción, porque la misma está establecida desde  la propia institución, y los profesionales (educadores, trabajadores sociales, etc.) que trabajan con estas personas, deben ceñirse a su cumplimiento.

 (Puede no obstante, darse el caso de que en algunas de estas situaciones el profesional hubiere podido hacer dicha excepción porque la flexibilización de su postura no atenta contra el cumplimiento de la norma establecido en dicho caso,  pero no la hace debido a la concepción que tiene de lo que es educar en ese contexto y a dicha “población”).

 La otra reacción o conducta a que hacía referencia, la cual   generalmente va a presentarse en la misma persona -u en otras- conjuntamente con la antes mencionada dificultad para acatar el no,  es la de  solicitar sin límites, y a veces de entrada, objetos que de acuerdo al criterio de los profesionales y de cualquier persona,  son prescindibles, o sea que no son de primera necesidad.  Obviamente que estas situaciones generan conflictos entre los denominados usuarios de los servicios en cuestión y los profesionales que atienden a los mismos, los cuales pueden llevar a enfrentamientos donde la agresión  de palabra en general – muy ocasionalmente en acto- hace acto de presencia.

Muchas veces los profesionales en cuestión tienden a enfadarse,  criticar y  endurecer su conducta con las personas que se comportan de las maneras antes mencionadas enunciando muchas veces el típico: “todavía que se les ayuda, todavía que se les da todo acá, pretenden lujos, pretenden que esto es un hotel – esto último en el caso de casas de acogida por ejemplo- El rechazo de éstos hacia los usuarios, y de los mismos hacia los profesionales o técnicos, termina en algunos casos, lleva a que se establezca  una relación de enemistad , falsedad y desconfianza donde debería prevalecer  la confianza y colaboración, actitudes  imprescindibles en cualquier relación de ayuda.

¿POR QUÉ ESTAS PERSONAS ACTÚAN DE ESTA MANERA?

Muchas, sino al mayoría de las veces las personas  en situación de vulnerabilidad que recurren a servicios sociales, vienen sufriendo situaciones de privaciones de recursos  tanto materiales como  también afectivos y  culturales  desde hace mucho tiempo, y en algunos casos crónicamente  desde toda la vida. Estas situaciones pueden haber  producido en su psiquismo  lo que podríamos denominar una “restricción del yo” ¿Qué es esto?
 Como sostiene  brillantemente el psicoanalista Donald Winnicott en su libro “Los procesos de maduración y el ambiente facilitador”, si bien todo individuo humano es dotado de la tendencia innata a la maduración, esto es,  a la integración en una unidad (imaginaria) que podríamos decir que es el yo, la misma no es automática y el bebe  y el niño para poder lograrlo, requieren de una ambiente facilitador  que le proporcione cuidados suficientemente buenos. La importancia de dichos cuidados es fundamental especialmente en las etapas más primitiva de formación del psiquismo y de ello va a  depender la salud mental de ese bebé y del adulto en que el mismo devendrá.

Que el ambiente sea facilitador de los procesos de maduración implica múltiples procesos cuya complejidad la obra de Winnicott refiere amplia y de manera muy acertada, pero que en síntesis puede enunciarse como la necesidad de la presencia del objeto (representado por la madre y sus cuidados) brindando al sujeto una vivencia de encuentro satisfactorio con el objeto, que deviene encuentro satisfactorio consigo mismo ya que se  produce una identificación (indiferenciación  entre ambos) especialmente en esos primeros momentos en que la dependencia del sujeto es máxima. 
Este encuentro satisfactorio, placentero entre lo que el yo necesita y lo que obtiene, otorga bienestar y confianza al sujeto respecto de  sí mismo y del mundo que le rodea, y el empodera.

En el caso de las personas que viven situaciones de vulnerabilidad psico-social, muchas veces no solamente no han podido satisfacer adecuadamente sus necesidades primarias, sino también las secundarias y ello les ha supuesto que no han encontrado un ambiente facilitador que les posibilitara expandir su yo de manera confianza en  el mundo exterior. 
Han tenido por el contrario, que hacer un esfuerzo de restricción y represión o contención de las mismas, lo cual ha supuesto  un empobrecimiento de su yo, más en el caso de que dichas restricciones  hayan comenzado desde edades muy tempranas y también si son de orden crónico.

Para que una persona experimente un sentimiento de ser, de estar viva, necesita precisamente poder encontrar en el medio exterior personas y objetos que le permitan satisfacer sus necesidades tanto biológicas o materiales como afectivas;  cuando no les encuentran o lo hacen pero de manera muy fallida(*) , la persona experimenta sentimientos de  muerte (de una parte de ese yo que no está pudiendo desarrollarse como necesita o desea): malestar,  frustración y rabia hacia el medio que no le permite satisfacer sus necesidades, o hacia sí misma en caso de que se culpe de no saber crearse las condiciones para hacerlo.

(*)Obviamente que siempre hay un fallo un desencuentro  entre lo que necesitamos o deseamos y lo que encontramos , es una falta estructural, por eso siempre vamos a reprimir en parte nuestras pulsiones, pero cuando hablo de “hacerlo de manera muy fallida”  implica que la satisfacción u el objeto que brinda la misma están excesivamente alejados de la imagen o representación que el sujeto se hizo de lo que necesita o desea; por ejemplo si una persona desea comprarse un par de zapatos buenos pero siempre tiene que conformarse con unos de muy mala calidad porque no le da el dinero para los otros, si quiere comer de una manera pero come lo que es más barato porque no puede pagar lo que realmente querría comer y si además  se repite durante mucho tiempo e su vida o en casi la totalidad de la misma.

En caso de que la persona  además se calle o resigne cuando quisiera gritar y protestar, el cercenamiento que estará llevando a cabo sobre su yo será mayor, a lo cual podrá generar sentimientos que aflorarán o no, dependiendo de la situación, de resentimiento, envidia, injusticia de otros o de la vida para con ellos, deseos de venganza, deseos de muerte de otros o propia. Esto obviamente podrá dar lugar a enfermedades tanto psicológicas como físicas. 

Cuanto mayor haya sido la restricción a la que hayan sometido las necesidades de su yo  los sujetos, habrá en ellos mayor negatividad o sea “más no”  y “menos si” a su derecho a ser y a la vida. Sin un sí, que es asentimiento al sujeto, a su ser, a su existencia, y que pasa por el placer, por la satisfacción que brinda el objeto, no puede instaurarse el no, porque si todo es  no, el sujeto directamente no existe (ver  juicio de atribución y existencia en Freud)

La persona sometida a este cercenamiento o autocercenamiento, llegada una situación en la cual avizore la posibilidad de satisfacer las mismas como es la de que le brinden ayudas sociales, podrá actuar: o siendo incapaz de intentar hacerlo, generalmente en los casos en que  la persona atribuye la culpa de sus privaciones a sí misma, y el seguirse privando deviene una forma de autocastigo, o como en el caso de las referidas personas que presentan dificultades para aceptar el “no” a sus demandas,  pidiendo todo y en exceso
. Una podría decir que experimentan con tanta virulencia la  privación , es tanta su frustración que ahora que ven la oportunidad de resarcirse sacan el freno de la represión y la demanda que también es de amor y no solo de satisfacer necesidades biológicas( a través de pedir objetos se pide ser amado y cuidado, reconocido como sujeto de deseo también, precisamente  ellos que han estado  posicionados muchas veces más como objeto y objeto de desecho en muchos casos que como sujetos)  se desboca(voracidad) , de ahí la dificultad para entender y pensar –procesar los motivos para el no, para los límites que los profesionales explicitan. Desbocarse que es también agredir con palabras en algunos casos a los profesionales cuando no satisfacen lo que piden.  

Teniendo en cuenta  el por qué de este comportamiento, los profesionales pueden estar en condiciones de tener más paciencia e insistir en explicitar de los fundamentos para la denegación, así como estar más dispuestos a decir sí, que es si al sujeto y su existencia en aquellas situaciones donde se pueda ser flexible, para que “el no” pueda ser procesado y mejor aceptado cuando sea necesario decirlo.


miércoles, 26 de agosto de 2015

EL ANALISTA COMO DIAPASÓN OBJETO.








“Si oír es comprender el sentido(...)              escuchar es extenderse hacia un posible sentido que por ende  no es inmediatamente accesible” (Nancy, 2002:18)








«Estar a la escucha es siempre estar a orillas del sentido o en un sentido de borde y extremidad, y como si el sonido no fuese justamente otra cosa que ese borde, esa franja o ese margen. (...) ¿Qué es un ser entregado a la escucha, formado por ella o en ella, que escucha con todo su ser?» —(...) ¿Qué es lo que resuena? —Un cuerpo sonoro. —Pero, ¿cuál? ¿Una cuerda, un metal, o bien mi propio cuerpo? —Escucha: es una piel tensa sobre una cámara de eco, y que otro golpea o puntúa, haciéndote resonar, según tu timbre y a su ritmo. 

«(...) Esa piel tensa sobre su propia caverna sonora, ese vientre que se escucha y se extravía en sí mismo al escuchar el mundo y extraviarse en él en todos los sentidos, no son una “figura” para el timbre ritmado, sino su propia apariencia, mi cuerpo golpeado por su sentido de cuerpo, lo que antaño se llamaba su alma.» (Nancy, 2002:21)
“Oír es entender el sentido, abandonar el borde. Estar a la escucha es estar siempre bordeando el sentido, sin llegar a entenderlo. Para estar a la escucha hay que ser todo oídos. Hay que estirar la oreja, moverse sin moverse del lugar, descentrarse. Estar a la escucha es una actividad pasiva, una pasividad activa. Requiere una atención sin curiosidad ni ansiedad. Una atención intensa”. “A la escucha” de Jean Luc Nancy.


Dice Enrica Lisciani Petrini que el sujeto -que todo sujeto -que escucha es un diapasón-sujeto (1), partiendo de este postulado, voy a  sostener que en la medida en que el psicoanalista no se ubica en la cura como sujeto (ya que el único sujeto del inconsciente allí es el analizante) , sino como objeto, podemos pensar al mismo como diapasón-objeto en la medida en que en él deben resonar  las palabras  tanto en su dimensión afectiva vinculada a lalangue (en el cuerpo del analista) como en la del significante(significado) para poder ser escuchadas.

 Un diapasón es un  dispositivo que se utiliza para la afinación de instrumentos musicales pues “tras un breve momento emite un tono musical puro que permite la disipación de sobre-tonos (armónicos) altos, y que La razón principal del uso de la forma de horquilla es porque, al contrario de muchos otros tipos de resonadores, el tono que genera es muy puro, cuya mayor parte de energía vibratoria está en la frecuencia fundamental  y poca en los sobretonos” (2) A partir de esto, podríamos decir que también el analista  ha de escuchar el tono musical puro de sus  analizantes, la frecuencia fundamental   de su decir, pudiendo desestimar o disipar en su escucha los sobretonos y los semitonos.
Ahora bien, ser un objeto-diapasón, objeto de afinación del decir de sus analizantes,  requiere precisamente de una “pureza” del oído (y del cuerpo como ya  veremos) para la escucha,  que solamente puede lograrse habiendo trabajado en sí mismo en su búsqueda. Es por ello que Freud decía que el analista debe de estar libre de sus propios complejos para poder escuchar en inconsciente de sus analizantes, lo cual solamente se puede lograr con el análisis del propio analista, y acorde a esto, cuanto  más lejos el mismo lleve su propio análisis más preparado estará para dicha escucha, lo cual no es sinónimo de un inconsciente totalmente analizado ya que sabemos que por estructura todo aquel que habla, incluido el analista, está en falta y por tanto, siempre dice más de lo que quiere decir o dice menos de lo que supone decir , es una cuestión de estructura del lenguaje. Entonces como hablantes estamos siempre en posición de analizantes.la diferencia del analista con el analizante es que el primero está advertido de este tope estructural. Es por eso que (3) plantea que:
“Cuando se produce un fin de análisis se seguirá escuchando el inconsciente sin la presencia de aquel con quien se analizaba.
Esto no es auto-análisis ya que implica una división subjetiva y una destitución por la cual puede escuchar el inconsciente como si fuera otro, leerlo como un texto puesto en acto por ejemplo en el lapsus o en lo que le retorna de la escucha de las otras personas, este trabajo continúa después de un análisis. Y si verdad y saber se diferencian, en este punto la pregunta dirigida al otro como quien detenta el saber se disolverá, no tanto por la dimensión de la impotencia, es decir porque aquel no sabe lo suficiente, porque es impotente en comparación al saber que se le atribuye, sino por la dimensión de imposibilidad.
Lo que se adquiere en un análisis no se limita a la aceptación de que no se sabe todo, que no hay repuesta para todo, que las respuestas son variables, etc.. Eso es correcto y es así, pero no es suficiente; el punto central no es ese sino la adquisición de la convicción de que no todo es saber.
Esto suena parecido pero no es exactamente lo mismo.
Si hay efecto de sentido es como resultado de la metáfora y si hay metáfora es porque hay significación fálica. Si no todo es saber por lo tanto no todo es cernible en el campo de los significantes, ese no-todo ubica algo que está por fuera y que una de las maneras de nombrarlo es como lo que excede al significante, o lo que resta de él, es lo real o el objeto o también lo que es no-todo fálico.
¿Un fin de análisis produce un analista? Sí, aunque el habiendo sido analizante no se dedique a la práctica del psicoanálisis. ¿Por qué produce un analista? Porque si no-todo es saber, eso en lugar de impotentizar habilita algunos saberes. Saber algo. Por ejemplo saber que no hay una estación del recorrido que se llamaría Verdad Absoluta, que no hay saber todo de la verdad, que no existe el Otro como no barrado.
Por otra parte habrá saberes posibles que se podrán ejercitar con los obstáculos de lo real, haciendo algo con la falta, incluso con esa falta en saber.
Esto es un cambio subjetivo respecto a la búsqueda obsesiva del saber. Esa transformación subjetiva implica contar con el deseo. Insisto, la cuestión no es tanto que no se pueda saber todo sino que no todo es saber por lo cual no todo es accesible al saber”.

QUE IMPLICA SER DIAPASON -OBJETO, UN EJEMPLO CLÍNICO.

Mi interés en este tema surge a raíz de que varias personas, profesionales del ámbito psicosocial (no psicólogos) tienden a pensar que un/a psicólogo/a ha de ser impermeable a los afectos. Cuando una comenta que lo que alguna persona le dijo la dejó angustiada, con deseos de llorar, o los efectos que sean  en el ámbito de los afectos, tienden a decir: “¡pero si eres psicóloga!, imagínate entonces como puede afectar  a alguien que no lo es!” , como dando por supuesto que si eres psicóloga no habrías de sentir. Y  por el contrario, estar en posición de psicoanalista, y aún de psicóloga  no implica para nada  no sentir ni dejarse afectar por lo que dice el sujeto, sino todo lo contrario. Además, de que no es posible no afectarse; porque siempre toda persona es afectada por lo que otros dicen, ya sea que experimente el afecto en cuestión aceptándolo o se defienda del mismo, en cuyo caso lo que aparecerá será justamente la defensa,  este estará presente en ausencia, reprimido: por ejemplo, frialdad o ausencia de llanto ante la muerte del ser más querido por el sujeto. 

En el caso de una analista, es por el contrario  muy conveniente que el mismo sea capaz de dejarse afectar por lo que dice el sujeto, sin recurrir precisamente a defensas ante lo que está experimentando que le impidan registrarlo, como ser que lo repriman, lo bloquen, o lo nieguen, porque estos  forman parte de lo que ha de ser escuchado, que le posibilitará entender lo que le sucede a la persona. Asimismo, es importante que sea capaz de saber que hacer desde su función con lo que está experimentando: qué hacer con esos afectos producidos por la posición de objeto de goce, y no solamente de saber y de amor en el que la  demanda del analizante lo coloca en la Transferencia. Y saber  no responder al mismo como persona, sino como analista, con su deseo de analista.

 En el caso que plantearé a continuación, el analista debe ser capaz de discriminar  la seducción que la joven le dirige de su persona: valerse de ella, o sea registrarla y saber qué sentido tiene en la demanda que le dirige la misma, pero no responder ni con goce sexual ni con amor (aunque sí sostener el engaño del mismo), pues como dice Lacan:  solo el amor (de transferencia)  permite al goce condescender al deseo, se trata de  separar/se  separarla de ese lugar de objeto de  la demanda (que me  folles/ser follada y para ello ser amada/ que tu me ames ) para promover la metonimia del deseo…, por ahí , ser cuidada , protegida, ayudada, para que pueda ser amada y tener relaciones sexuales con  otros que no sean el profesional ( ni el profesor, ni el padre o padrastro como sucede en casos de abuso infantil donde ellos dicen que la niña  era la que los seducía como forma de justificar su abuso) y  encuentre cierta satisfacción en ello, más que sufrimiento.

Poder hacerlo requiere del análisis personal, pues en caso de que el analista no pueda ofrecerse como diapasón objeto, su entendimiento del analizante estará muy limitado, cuando no imposibilitado pudiendo dar lugar a todo tipo de acting out , al no inicio de la cura o a su interrupción.

El analista diapason-objeto escucha no solamente con el oído, no escucha solamente el significante,   sino que escucha con todo el cuerpo; el mismo es como una especie de caja de resonancia y por tanto, lo que el analizante le dice produce efectos en su cuerpo. Toda palabra produce efectos en el cuerpo de los sujetos, efectos primarios ajenos aún al significado, primordialmente centrados en el sonido de la voz y aquellos aspectos de la lengua  que Lacan vincula a lalangue (ritmo, melodía, tono, etc.).Lalangue va haciendo cuerpo pulsional, cuerpo de goce antes que de sentido (significante).

El analista escucha a nivel significante lo que el sujeto analizante dice, pero a la vez escucha es en su cuerpo a lalangue, y así podrá experimentar por ejemplo angustia, o incluso deseo o excitación  sexual  sin que el analizante necesariamente esté diciendo  que está angustiado o excitado sexualmente. Y esto que es registrado por el analista en su propio cuerpo es fundamental para escuchar y entender o que le sucede al analizante, así como  el lugar en que éste  se ubica ante el analista y el lugar en que el mismo a su vez ubica al analista como objeto en  relación al goce en la Transferencia.





UN CASO CLÍNICO.

Mantengo un encuentro que deviene un símil de entrevista en un ámbito institucional  con una joven de 22 años. Digo símil, porque ella se dirige a mí en varias oportunidades para solicitarme diversos objetos que yo he de brindarle en mi rol de  educadora en esa institución donde se encuentra, y de manera espontánea e informal- como sucede muchas veces- a instancias mías en este caso, como veremos, me cuenta algo de la situación por la cual se encuentra allí y su problemática familiar.

 En su manera de acercamiento percibo una actitud seductora aparentemente inocente, se comporta como una especie Lolita (personaje que me viene  a la mente en esos momentos): se mantiene de a  ratos  en silencio y sonríe , usa un  tono de suave, “gatuno”,  hace  caídas de ojos,  y se queda en el despacho esperando algo….que no dice con la palabra, pero que yo escucho en mi cuerpo: siento una especie de presión y rigidez en el cuerpo, una incomodidad y un gesto- que controlo- de alejarme físicamente ante sus marcados  intentos de acercamiento. 
A su vez experimento  atracción: pienso que  es muy guapina, y tiene una suavidad y un poder de seducción típico de la histeria que pienso que la hará meterse en muchos problemas, ya que deduzco en base a su efecto en mí, que es probable que  las personas  con las que se encuentre tiendan a responder activamente a su actitud marcada e inconscientemente seductora , encontrando llegado el caso, los típicos malentendidos de: “tú me sedujiste y luego te haces la desentendida o pretendes que no fue así”, por  no decirlo de manera grosera,  como quizás en algunos casos suceda.      
En medio de esta situación ella dice: “pensarás que soy una pesada, siempre te estoy buscando…para algo”.

Desde mi lugar profesional de “educadora con recursos del psicoanálisis” la intervención pasa por  poner  límite a esa seducción, para lo cual intervengo  intentando que la palabra medie lo pulsional. Le pregunto  por qué esta acá, y le aclaro que no tiene por qué decírmelo, pero que si lo que necesita es hablar, la puedo escuchar. 

Obviamente así le indico mi denegación a su pedido inconsciente. Dice LACAN: “no te doy lo que me pides porque no es eso”, no es el objeto, ni ser el objeto sexual de Otro lo que pides, sino que demandas  ser amada, pero tampoco  es acá que has de serlo, sino en otro lugar, por otros que no son ni  el analista ni otros profesionales. Hablarle y preguntarle es decirle indirectamente qué quieres realmente en lo que  quieres, o sea, que otra cosa pides en lo que pareces pedir, o por qué pides eso que pides y que ni tú sabes bien  lo que es,  de esta manera tan sexualizada. Dar lugar a la palabra (simbólico)  implica la puesta de  un límite  a la demanda que se presentaba como del orden de lo pulsional (goce) ilimitado, e instaurar la dinámica de la metonimia del deseo.

Ante mi respuesta ella habla: me cuenta una historia de un enorme desamparo. De su alejamiento prematuro del hogar familiar, de la pésima relación con sus padres y fundamentalmente con su madre quien nunca la ha querido., de su imperiosa necesidad de ser querida por esa madre. Puedo escuchar también  cómo esa indefensión es lo que la hace vincularse rápidamente a cualquiera que le dé una mínima muestra de afecto, a personas que  luego terminan haciéndole daño.

A medida que avanza en su relato y va dando más información sobre ella y sobre su vida, empiezo a sentir una opresión en el pecho que aumenta, y que registro a nivel de pensamiento como una señal de angustia, mucha angustia, hasta ganas de llorar y un poco de pena.

Ella continúa contando aparentemente impasible, sin dar muestras de haber experimentado la angustia  que yo sí siento.

 Así, soy yo quien experimenta la dimensión enorme de su desamparo. Pienso en la multiplicidad de peligros a los que está expuesta estando sola, y más con esa actitud suya inocentemente seductora con que parece andar por la vida, la que en muchos casos puede ser irresistible para muchos adultos porque convoca los fantasmas perversos polimorfos de la sexualidad infantil. Pienso en sus padres y en sus posibles dificultades, para sostener su función,  me enfado con ellos y trato de entenderlos o justificar su actitud de no cuidado, pienso en mi hija y en que nunca se me ocurra lanzarla así ¿a  la vida?, sean cuales sean las dificultades que podamos tener…
Mientras pienso todo esto, la angustia comienza a disiparse. Y entonces le digo algo así como  que debe de ser muy difícil, angustiante y hasta aterrador para ella, sentir que está sola y  que no puede contar con nadie para que la apoye, que parece un bebé indefenso que intenta o se esfuerza en comportarse como adulta, como más madura de lo que en realidad ella se siente, porque no le queda otra, y que hacer  eso es  a la vez que terrible, muy valiente de su parte.

Me dice que sí, pero que ella necesita a su madre, que quiere poder  arreglar las cosas con ella, pero que es inútil, y que  ya se lo dijo su educadora,  que se deje  de intentar eso, que asuma que está sola y se valga de la ayuda que el brinden acá para salir adelante.

Pero obviamente una adolescente necesita aún el amparo de adultos responsables, por lo cual difícilmente ella pueda resignarse a no intentar un acercamiento con la misma.
Como puede apreciarse, es necesario contar con los afectos para entender y   no solamente con la información que ella brinda sobre su historia. La angustia en este caso, también posibilita entender su problemática: es tal el nivel de desamparo y al angustia que ello le produce que busca a alguien para que la proteja y lo hace de manera seductora, quizás porque ha aprendido que solamente le prestan atención cuando se comporta de esa manera, o que es así solamente que puede atraer a alguien, lo cual la hace muy vulnerable a intercambiar sexo por señales de amor y cuidado. Ella da sexo pero busca amor, o da sexo a  cambio de amor, ellos piden sexo y creen que ella también quiere dar y pide solo sexo.  Pero la demanda fundamental es de amor, y  está dirigida a  alguien (hombre o mujer indistintamente quizás) para que cumpla una  función madre: amparo, sostén, y límite o norma  también.

La problemática que presenta esta joven es cada vez más frecuente, cada vez hay mayor  abandono y  desamparo, y  cada vez más prematuro, de parte de  muchos padres,  así como otros agentes sociales e instituciones, respecto de los más  jóvenes y aún a los  niños. Cada vez más jóvenes salen al mundo adulto sin la  madurez necesaria para saber cuidar y respetarse a sí mismos, y por tanto sabe hacerse respetar por los otros. Cada vez están más confundidos en roles adultos o con adultos, ofreciéndose como objetos sexuales de manera prematura, en un intento por acallar su vivencia de desamparo.






(1)    en su Introducción al libro All’ascolto (A la escucha) de Jean-Luc Nancy, citado en “La voz de Claudio Rodríguez: propuesta para una escucha crítica” Alessandro Mistrorigo (Queen Mary, University of London):

“Todos y cada uno de nosotros somos “diapasón-sujetos” tocados por los sonidos que nos alcanzan y nos penetran continuamente de y por todas partes. Es más: penetrándonos estos sonidos resuenan dentro de nosotros, mueven nuestras membranas auriculares y producen ecos en las cavidades más internas de nuestro cuerpo. Cavidades desde las cuales, también sentimos originarse nuestros propios sonidos, nuestra propia voz. El sujeto a la escucha, es decir este diapasón-sujeto, siempre está dentro de los sonidos a los que, resonando, él mismo puede acordarse tal y como ocurre con un instrumento musical. Ahora bien, de tales sonidos, algunos son simples ruidos, mientras que otros son sonidos inteligibles, como las palabras –o mejor dicho, como la voz–.”

(2)    En Wikipedia.

(3)    “Análisis de los analistas:¿terminable o interminable?, Juan Carlos Mosca en psyquenavegante.org