martes, 18 de marzo de 2014

Comentarios  acerca del taller “Me encuentro en/con la poesía”, el Psicoanálisis y la Literatura.


Una de las condiciones fundamentales para devenir psicoanalista y para poder sostener con los analizantes dicha   función,   es -además de la formación teórica y lo que llaman  el “control” de los análisis que ese analista realiza-,  el haberse tenido que psicoanalizar, y ello implica  haber trabajado en sí mismo, con su inconsciente. En el análisis, el trabajo consigo mismo para precisamente por trabajar-nos como sujetos al inconsciente (“sujetados al”  y “hablados por” el lenguaje, determinados por los significantes que nos vienen del Otro del lenguaje por intermedio de nuestros padres ya que “el inconsciente está estructurado como un lenguaje” nos dice Lacan).  El psicoanálisis en ese sentido no es psicología pues parte del supuesto que  somos seres de alguna manera determinados por el inconsciente y ello implica que no tenemos un dominio total sobre quienes somos ni lo que hacemos, no somos todo consciencia ni razón. Por ello tampoco damos técnicas o ejercicios para que las personas cambien las conductas o aspectos de su personalidad que le generan sufrimiento.
 Nuestra herramienta de trabajo primordial es la palabra (en un análisis, la regla fundamental  sin la cual ningún análisis puede comenzar es que quien viene a consultar hable, se le pide a la persona que hable lo que se le ocurra sobre sí mismo), porque en ese hablar hemos de poder ir escuchando aquellas palabras, o más bien significantes- los llamaba Jaques Lacan, - psicoanalista francés-, concepto con un  carácter específico en su obra, reformulado a partir de la concepción acerca del signo de Ferdinand de Saussure-,que determinan el ser subjetivo de esa persona, aquellas palabras que le otorgan un sentimiento de ex –istencia y le posibilitan las identificaciones, y le dan placer pero que al mismo tiempo pueden  hacerle sufrir(concepto de goce en Lacan), pues hay palabras que nos nombran ubicándonos en lugares o bajo nombres que nos provocan a la vez y hasta cierto límite placer pero también sobrepasado cierto límite, sufrimiento. Pero  aún así, en estos casos nos es muy difícil abandonar esas palabras o a esos lugares que ellas determinan para nosotros, y cambiarnos de lugar, digamos salirnos de ellas, y por tanto dejar de ser de una determinada manera o de hacer determinadas acciones o conductas. Por ejemplo, ser siempre el bueno es un imperativo para un sujeto si eso deviene un nombre deseado por sus padres para él, pongamos que porque sus padres repetían una y otra vez “es un niño tan bueno, el sí que es bueno, etc. o cualquier otro adjetivo y porque todo niño para ser querido, lo cual es lo fundamental,  aceptara ubicarse bajo aquellos nombres que los padres tengan destinados para él, aunque puedan ser nombres o palabras con connotaciones negativas y perjudiciales para el propio niño. El “ser bueno”, si va unido a demasiada sumisión y renuncia puede devenir algo perjudicial y que angustia al sujeto por ejemplo. En este sentido, somos seres de lenguaje, gracias al lenguaje tenemos existencia subjetiva, somos un ser biológico con un cuerpo real que merced al lenguaje devenimos sujetos, las palabras nos constituyen como tales, nos dan un nombre, unas identificaciones a determinados significantes y eso nos brinda un ser, pero también nos limita, porque al fijar nuestro ser  a algunos de estos significantes, nos priva de otros. Por ejemplo en  el ser, o el sentimiento de ser o de identidad si se quiere llamar así, cada cual está identificado tomado,  si se puede decir, “por” y “en” determinados significantes y  no “a” o “en”  otros; si me nombro en uno, hay un cierto nivel donde siempre me excluyo en otro, y ello por la propia limitación del lenguaje que está constituido por opuestos (se puede ser el bueno o malo, o no tan bueno ni tan malo, pero no hay una palabra para nombrar lo intermedio digamos, o es  el miedoso, o el osado, o el alegre o el amargado, el mirado y admirado o el no mirado o devaluado.
 Ahora bien, esas palabras que nombran a cada uno de nosotros vienen de Otro, del Otro del lenguaje, o sea que están en lo simbólico cultural donde nace el sujeto y por tanto lo pre-existen y son los padres quienes las escogen-y descartan otras- para cada uno o una,  en función de su propio deseo que es inconsciente, de su vida, de su sufrimiento. De esta manera    cada uno/a viene a llenar o suturar alguna falta parental de la cual ni ellos ni el hijo sabe nada en principio, o sabe muy poco.

 Por ejemplo, ¿por qué a Salvador Dalí le pusieron Salvador?, ¿tenía que salvar a alguien, a quién, de qué  y por qué? En su caso, antes que él, había nacido un hermano que falleció nueve meses antes de que naciera Salvador y a quien le habían puesto el mismo nombre. Así que este Salvador que sí sobrevivió, ¡vaya si tenía una misión grandilocuente o exagerada de cara al ideal!,  de ahí quizás el carácter tan ególatra que tenía el pintor. No solo salvar con su nombre al hermano muerto, salvar en su propio nombre a ese otro que no sobrevivió, sino también quizás salvar a   la madre de esa pérdida, esto es, de tener que asumir esa pérdida, el dolor , el desgarro que implica para una madre la pérdida de un hijo, pues si lo que ella hace es desplazar un hijo muerto en otro, desplazar la vida que uno perdió en otro vivo, es porque no puede hacer el duelo, desprenderse realmente, aceptar la muerte  de  ese primer hijo; hacer el duelo significa aceptar su muerte y que en su lugar quede un vacío para desear otro hijo , no el mismo como fue el caso . De ahí que Dalí quedara  fijado a ese otro Salvador que no se salvó, y eso trajo aparejadas determinadas   consecuencias tanto respecto a su personalidad como a  su vida, y  tanto negativas como positivas. Digamos que en el núcleo de su ser, o en su ser más intimo, habitaba la muerte –como en todos lo hace, aunque de diferente manera, ya que todos somos “en contra de” la muerte ; era contra esa muerte que es la de todos pero en su caso tomaba cuerpo (muerto) en el hermano, que él era Salvador; quizás su pretensión –también como la de todos en mayor o menor medida- fuese salvarse de la muerte a través de su arte, ser un genio (¡y hay que leer los significados de esta palabra!) de la pintura, del surrealismo, donde quizás lo  surrealista(sur es “sobre, por encima”, en este caso  por encima de la realidad) para cualquiera,  es  querer salvarse de la muerte. Pero también sin todo esto, no hubiera sido el magnífico artista que fue, y que de alguna manera logro su objetivo de sobrevivir, de salvarse,  obviamente que simbólicamente, de la muerte.

¿Qué podría haber sucedido si Salvador no hubiera tenido ninguna aptitud ni determinación de carácter o certeza más bien “quasi” delirante en su caso, que le permitiera satisfacer su ansia tan desmesurada de sobrevivencia y admiración. Estaría en un grave conflicto entre un ideal de sí mismo desmesurado ante un yo que no puede satisfacer esas exigencias porque no cuenta con recursos para hacerlo, y se sentiría mal, sufriría, podría ser que se deprimiera por ejemplo, por lo que  y ahí ese nombre, ese significante Salvador, hiciera síntomas  le provocaría sufrimiento y es lo que le sucede a alguien que a veces  consulta a un psicoanalista, que algún significante hace síntoma y produce algún tipo de malestar.

Y en esos casos el analista lo que propone es empezar a decir, a producir, la cadena de significantes que provienen del Otro  por el cual he sido deseado (la asociación libre), porque esos significantes me ayudaran a encontrarme, a saber en qué lugar y cómo soy deseado, en que lugares y bajo que palabras he decidido ubicarme para ser amado, aún a veces a costa de mi propio padecimiento (ser siempre el fuerte por ejemplo). Además cabe agregar que cuando elijo identificarme a determinados significantes es porque en ellos encuentro placer pulsional, disfruto por ejemplo siendo el fuerte porque me tienen en cuenta, me admiran o creo que los otros solo esperan de mi eso, etc. o por lo que sea. Pero eso mismo que me otorga satisfacción a nivel de mi narcisismo, puede convertirse a veces en un arma de doble filo, producirme tanta auto-exigencia para cumplir con ello, porque he llegado a creerme que si no soy eso que los otros admiran, quieren y esperan de mi no me aceptaran. O eso que yo creo (de creer y de crear) más bien que esperan (ya que en definitiva soy yo quien termina esperándolo de mí mismo), pues me he hecho, como todos, “la película” o   “el cuento”  sobre cómo me quieren y en qué lugares me quieren, y fomento y hago en más a veces para amoldarme a ese ideal, a eso de lo cual a la vez muchas veces me quejo porque me produce malestar.

Pero acá en el taller no vamos cada uno a buscar todos los significantes que nos nombran en relación a nuestro goce pulsional, porque no haremos un psicoanálisis.

En el taller vamos solamente a empezar a aprender a bucear en nuestro inconsciente, a probar, a animarnos a encontrar, a  crear, algunas palabras  que nos nombren en nuestros goces y en nuestros miedos o malestares. Por ejemplo el nombre propio, y algunos otros nombres referidos a nuestra imagen personal, nuestro cuerpo, nuestro sexo  y género, a nuestros ámbitos de pertenencia, etc. que constituyen nuestras máscaras sociales y que a veces nos mantienen atrapados para bien, pero otras más bien para sufrir. La manera en que intentaremos encontrar algunos de esos significantes es a partir de algunas lecturas de poesías o canciones  o fragmentos narrativos. Una vez encontrados algunos de estos, habremos  de trabajar- nos, para lo cual habremos de escribir algo con ellos: una poesía, una historia, una reflexión, lo que sea en primera o  tercera  persona, como cada cual lo quiera hacer. Esto tiene como objetivo poder tomar conciencia de cómo y hasta qué punto  soy tomado por unas determinadas palabras y hasta qué punto yo me aferro a ellas, y para que lo hago, así como porque miedos o peligros  fantaseados o reales, no puedo dejarlas y/o dejar-me ir de las mismas. Escribiendo a partir de las mismas y de las sensaciones, sentimientos, experiencias, recuerdos, fantasías etc. que estas movilizan en mí, reescribo partes de mi historia, de mi vida, me re-escribo  y  me empiezo a escribir  “un” y “en un”  presente nuevo. (También en un análisis uno reescribe su vida con ayuda del analista).
Por eso la tarea de empezar a conocernos a nosotros mismos y especialmente en aquellos aspectos nuestros que nos hacen sufrir, comienza por  encontrar y analizar las palabras que constituyen de alguna manera la trama principal de nuestra historia como sujetos de deseo. Las palabras de las cuales somos prisioneros, las palabras de las cuales, mi cuerpo, mis pulsiones, mis sentidos, mis sentimientos han quedado soldados, y que a veces me impiden cambiar y  hacer  a mi vida tomar otros rumbos.
Y también trabajaremos con la palabra no solamente por la vía del significado sino también del sonido, ya que el sonido se vincula más primariamente a las emociones que el significado. Cada persona tiene una voz predominante, pero también voces dependiendo del aspecto de si o de su vida que esté en juego, y esa voz se vincula con las emociones: la voz de las emociones, en relación a  la cual no solamente hablamos del sonido, sino de aspectos personales que se dicen de cada uno en el sonido, el tono, el timbre, etc. de la voz.  

¡Y qué mejor herramienta  que la literatura y la escritura, ya sea narrativa o poesía para ayudarnos en esta tarea de encontrar algunas de nuestras palabras?, aquellas que tocan, que abren fronteras hacia esos lugares recónditos de nuestros ser psíquico o de nuestra alma, si se prefiere llamarla así; palabras que nos permiten de alguna manera recordar quienes somos, pero también producir quizás nuevos nombres, o sea nombrarnos donde no sabíamos aún qué éramos ni quiénes éramos, y por lo tanto producir un saber acerca de nosotros mismos que nos posibilite  vivir más acorde con quienes vamos siendo o queremos ir siendo.


¿Por qué hago esta propuesta de  taller?


Obviamente esta propuesta parte de mí misma, de mi experiencia que hace que yo misma me haya encontrado “con” y  “ en” la literatura en primer lugar.    
                                         
Toda Literatura es una creación humana, y porque somos los únicos animales constituidos subjetivamente por el Lenguaje,  ésta es en tanto palabra (literatura es el arte que utiliza como instrumento al palabra), la que nos permite hablar y expresar, ya sea en forma lírica o narrativa, todo lo que nos hace humanos: nuestras sensaciones, nuestros sentimientos, pensamientos, recuerdos, miedos, deseos, etc. Y cada escritor o poeta escribe desde sí mismo, desde su propia experiencia y subjetividad ya sea recreando la misma para hablar directamente de sí mismo (creaciones auto-referenciales)  o de otros (a través de personajes o de una segunda o tercera persona líricas); pero obviamente como todos somos humanos, podemos encontrarnos en mayor o menor medida, en algunos aspectos o situaciones más que en otras,  en dichas creaciones.

 Cuando nos sentimos retratados, ya sea en un sentimiento o en una situación por algún escritor que ha dotado de ese sentimiento o a puesto en esa situación a  algún personaje, o nos encontramos en un sentimiento expresado en una poesía, nos identificamos y nos sentimos comprendidos. A veces damos con algo dicho o descrito tal como nosotros lo sentimos, pero que no sabíamos cómo expresarlo, o lo encontramos  expresado de una manera que nos parece perfecta pues se corresponde exactamente con lo que creemos sentir o pensar, y además está expresado de una forma donde la armonía entre el contenido y la forma crean tanta belleza,  que hace que nos  emocionemos por partida doble. Esto no solo nos hace sentir bien porque de alguna manera nos refuerza la pertenencia al género humano, y nos da esa ganancia de placer que siempre da o daba -pues ahora hay artes que pretenden lo opuesto-todo arte, al de presentarnos  de manera aceptable, bella, aspectos incluso horribles y terribles de nosotros mismos. En ese sentido, todo arte nos hace conocernos más a nosotros mismos y aceptarnos; en la literatura, esto sobre todo se logra  cuando nos encontramos reflejados en poesías o historias, sentimientos o situaciones  que no sabemos que estaban en nosotros, ya fuese porque no reflexionamos sobre lo que sentimos suficientemente, o porque no los queremos admitir como nuestros porque nos producen miedo, vergüenza, culpa, y los hemos reprimido y sacado de nuestra consciencia. De alguna manera encontrarnos en un texto, en un personaje, nos  “normaliza”  pues nos hace sentir que compartimos vivencias, afectos, emociones, conflictos, miedos, etc. entre todos los humanos, los cuales  a veces creíamos que solamente experimentábamos  nosotros.

En mi caso yo me sentí atraída y leída por la poesía y las historias desde mi infancia, por lo cual muchas veces a medida que crecí  se iba pensando en mi la posibilidad de  estudiar Letras en Uruguay (Filología le llaman en España) y ser escritora o hacer un profesorado de Literatura.  Incidió mucho en mi gusto por la Literatura un rasgo de carácter que era la timidez  y el retraimiento. La timidez hacía que me costara muchísimo hablar y expresarme; y de alguna manera encontraba en la lectura, a alguien con quien hablar y alguien que me hablaba de sentimientos, de sensaciones, percepciones, de miedos y conflictos que yo misma sentía y no me atrevía a manifestar; me hablaban tanto de aquellos sentimientos o situaciones que me generaban malestar como de los que me producían  placer y felicidad. Me sentía entendida y acompañada.

Otro aspecto importante que hizo que me interesara bucear en la psiquis tanto propia como de otras personas o personajes, es que la inseguridad que esconde la timidez, me llevó a estar escudriñándome constantemente para intentar dar una imagen aceptable y comprobar si la daba o no, intentaba controlar en los gestos y en lo que decía aquellos aspectos personales  que no quería poner de  manifiesto ante otros, aspectos que obviamente me  avergonzaban  o daban miedo y podrían implicar no ser aceptada por los otros. Pero ese control requería además, de la observación minuciosa de  las reacciones de los otros hacia mi(para dilucidar si se es  aceptada o no); en mi caso  dicha necesidad se fue soldando a  a un placer de mirar muy potente, de escudriñar y analizar  ya en general  a todas  las personas, a sus actitudes, a  lo que decían, a como lo decían, sus gestos, el tono de su voz, las pausas o silencios  que hacían, si lo que decían era contradictorio con su tono de voz o su actitud, etc.
Ese amor y gusto por saber sobre lo que siente y piensa la gente cuajó en el placer por  la Literatura, por adentrarme en la psiquis de los personajes para leerlos a la vez que ser leída y dejarme leer,  o en las  voces  poéticas que decían y sabían de mis sentimientos, por lo cual la misma  siempre ha estado con mayor o menos fuerza y presencia en mi vida. También me empezó gustar mucho ya desde el colegio  la Historia; en secundaria este gusto se afianzó y también encontré otro de mis grandes amores que fue la Filosofía. Ahí se me empezó a desdibujar el territorio parcelado desde lo curricular en tres materias, y empecé  a dudar sobre que profesorado seguir, si de historia, filosofía o literatura. Hasta que en cuarto curso, un profesor excelente de Filosofía que me permitió enamorarme  aún más de  esta materia, me posibilitó también  encontrar una salida que de alguna manera-lo supe mucho después- conciliaba todas estas disciplinas. En ese teníamos Filosofía, pero una gran parte del curso dedicado también a la Psicología y una introducción al psicoanálisis. Ahí decidí definitivamente que estudiaría psicología, entiéndase sobre todo psicoanálisis.

La conciliación entre las tres disciplinas citadas implica: que toda persona tiene una historia personal, una historia de vida, y dicha historia se desarrolla en un contexto histórico  (cultural, político, económico), en un período o época histórica determinada que hace a  esa historia, como decía Ortega del hombre, “soy yo y mi circunstancia”.  Y a su vez cada persona la manera de cómo hace un escritor en  la literatura  construye su propio personaje, esa construcción implica una psicología, una determina manera de sentir, de situarse en el mundo, de pensarse, de hacer. Y cada persona o personaje  vive acorde a una  filosofía de vida determinada, al cual se puede apreciar en su manera de comportarse, de pensar, de sentir.

Así mismo, luego de haberme psicoanalizado por un  período bastante prolongado de tiempo, he encontrado en el escribir, algo que siempre hice- concurriendo además a algún taller literario- de manera esporádica, una forma de terapia o ¿autoanálisis?: habitualmente escribo sobre lo que siento, sobre cómo me siento tratando de darle a lo que escribo una forma “poética”(últimamente la escritura narrativa a la que antes era más proclive no quiere hacer acto de presencia).

 Y al escribir, siento que voy  “haciendo camino al andar”, dejando caer, soltando, liberando aún  identificaciones que a veces producen malestar, recreo también  sensaciones, sentimientos y situaciones que me producen placer y bienestar, y afianzo actividades vinculadas a las mismas en mi persona gracias también a que escribo sobre ello, intento trabajar poéticamente mis sueños y mis goces, mi angustia, mi tristeza, en fin todo lo que siento y me voy des-prendiendo  de mi, de quien he venido siendo para encontrarme con nuevos y desconocidos rostros de mi misma. Como dicen dos cantantes que me gustan mucho:
 “me estoy felizmente desacostumbrando de mi”(Queyi y Ana Prada).


He aquí para concluir esta escritura, uno de mis “poemas” que hablan sobre ello:


DESANDANDO CAMINOS.

Desde hace ya un largo tramo
en vez de andar los caminos
me ha dado por desandarlos,
¡y cuanto más los desando
más lejos me voy llevando!

Desde hace ya un largo tramo
en vez de armar los caminos
me ha dado por desarmarlos,
¡y cuanto más los desarmo
 más a gusto me voy andando!

más, más se van
des-dibujando,
y me encuentro
siendo otras,
algarabía asombrosa
de seres desconocidos
pueblan hoy mi ayer archisabido.

Como alas de pichón ya listo
para abandonar el nido
como flores ya dispuestas 
a la polinización
mundos nuevos que se abren
en un inmenso latido
al azar del no sabido
al compás del sin sentido
aun los más alejados, cerrados y sepultados
de viejos odios atados,

una no puede hacer otra cosa
que dejarlos florecer,
sin oponer resistencia
ante esta nueva sapiencia
no se puede nada
en su contra hacer,
sino sumarse gozosa
a su buen savoir y faire,
pues es lección de Vida,
¡hay que desandar caminos
para escapar al destino!,
¡y saber desfallecer
para poder renacer!

jueves, 27 de febrero de 2014

PALABRAS , POESÍA PARA PSICOANALISTAS II

POESÍAS DE ROBERTO JUARROZ.

NOVENA
POESÍA VERTICAL
[1987]


8
Mensaje del azul entre las hojas,
lectura sin la trampa del sentido,
sin el enturbiamiento de las significaciones.
Mensaje del silencio cuando no es espera
de ningún otro mensaje,
cuando es sólo una masa desnuda.
Mensaje del gesto más inexperto de tus manos,
olvidadas de ti, de mí, de todo,
de la combinación de sus funciones
que a veces soliviantan al mundo.
Mensaje del azar que se despierta
o quizá del azar que se duerme
y abandona la última vigilancia,
para que lo que ocurre
ocurra como si no ocurriese.
Mensajes sin mensaje.
No hay mayor libertad,
no hay nada más opuesto a la muerte,
no hay encuentro más abierto.


11
Cada cosa es un mensaje,
un pulso que se muestra,
una escotilla en el vacío.
Pero entre los mensajes de las cosas
se van dibujando otros mensajes,
allí en el intervalo,
entre una cosa y otra,
conformados por ellas y sin ellas,
como si lo que está
decidiera sin querer el estar
de aquello que no está.
Buscar esos mensajes intermedios,
la forma que se forma entre las formas,
es completar el código.
O tal vez descubrirlo.
Buscar la rosa
que queda entre las rosas.
Y aunque no sean rosas.



35
Me dirijo palabras a mí mismo,
como si añorase a otro en mí,
caleidoscopio autoverbal
que a menudo me traba
las otras formas de elocución o diálogo.
Y también el silencio
y sus imperceptibles expansiones.
Pero todo ¿para qué?
No es más que otra variante
de la voz que clama en el desierto.
Sin embargo,
esas palabras que me digo a mí mismo
me preservan de tumores crecientes,
me salvan la sobreluz de lo salvaje
y me devuelven la perdida oración,
con este nuevo rito
de rezarme a mí mismo.
Porque toda oración es autónoma de su destinatario
y puede dirigirse hasta a una piedra del camino.




40
Me ha despertado una palabra entre mis labios,
una palabra que parecía pronunciarse a sí misma.
¿Tendrán acaso algunas palabras
la autonomía suficiente
para ejercer su propia iniciativa,
articular los órganos precisos
y ascender la cuesta del sonido?
¿Y quizá alguna de esas palabras
no podrá también prescindir de las formalidades habituales,
descartar la fonética
y generarse a solas, por su cuenta?
Tal vez mañana venga otra palabra,
que nadie ha pronunciado,
a entreabrirme los labios desde afuera.
Entonces perderé para siempre
la administración fugaz de mi silencio
y el control engañoso de mi voz.


50
Somos el borrador de un texto
que nunca será pasado en limpio.
Con palabras tachadas,
repetidas,
mal escritas
y hasta con faltas de ortografía.
Con palabras que esperan,
como todas las palabras esperan,
pero aquí abandonadas,
doblemente abandonadas
entre márgenes desprolijos y yertos.
Bastaría, sin embargo, que este tosco borrador
fuera leído una sola vez en voz alta,
para que ya no esperásemos más

ningún texto definitivo.








                                   


DÉCIMA
POESÍA VERTICAL
[1987]


2
Cuando un lenguaje se extravía en otro lenguaje,
cada palabra o signo
clausura su lugar,
lo disimula
como si alguien cerrara su casa
para que nadie la ocupe o despoje
mientras dure su ausencia.
Pero ningún signo o palabra
vuelve nunca a su sitio.
Cuando un lenguaje se extravía en otro,
también el otro se pierde en el primero.
Tal vez por eso
cada palabra o signo
debe volver a nacer constantemente en otra parte.
El lugar de una palabra
es siempre otro.


43
He llegado a soñar con las palabras.
Las palabras no me dejan dormir.
Me golpean desde atrás del decorado,
personajes subversivos
que hasta llegan a rasgar el telón
para cambiar siempre la obra.
Las palabras no esperan.
¿Hasta cuándo durarán?
Son como gotas de sangre
que van cayendo sobre el texto
y también a veces en el margen.
Pero no les bastan las figuras del día,
la vigilia ilustrada entre la vida y la muerte.
El texto es infinito
y también lo es el margen.
Quizá el texto debiera estar en el margen.
El sueño es una región abandonada
o por lo menos disponible
para la entrada necesaria del verbo.








miércoles, 26 de febrero de 2014

Palabras y algo más... Poesía para psicoanalistas I

POESÍA DE  ROBERTO  JUARROZ.

Poema Décimocuarta Poesía Vertical (72) (póstumo)


Siempre nos salva el no saber,
aquello que burla nuestras redes,
la rosa que por su cuenta se fuga del rosal,
la figura que huyó de la fotografía,
el beso que no pudimos dar a nadie.
El no saber no es un desconocimiento.
El no saber es un refugio,
el asilo del conocimiento que no tiene referencia,
el conocimiento que no es la noticia de algo
sino tan sólo una noticia del ser.

Poema Callar Puede Ser Una Música... (poesía Vertical Vi - 20) 

Callar puede ser una música,
una melodía diferente,
que se borda con hilos de ausencia
sobre el revés de un extraño tejido.
La imaginación es la verdadera historia del mundo.
La luz presiona hacia abajo.
La vida se derrama de pronto por un hilo suelto.
Callar puede ser una música
o también el vacío
ya que hablar es taparlo.
O callar puede ser tal vez
la música del vacío.


Poema Décimocuarta Poesía Vertical (104) (póstumo)

Sólo la grieta de la privación
nos acerca al encuentro.
Y si el encuentro se produce,
no importa que él sea otra grieta.
Sólo así hallaremos
el secreto de la primera.
¿Por qué sentimos lo que no existe
como una privación?
¿Será el único modo
de lograr su existencia?


Poesía vertical , 1959.

27
Entre pedazos de palabras
y caricias en ruinas,
encontré algunas formas que volvían de la muerte.
Venían de desmorir.
Pero no les bastaba con eso.
Tenían que seguir retrocediendo,
tenían que desvivirlo todo
y después desnacer.
No pude hacerles ninguna pregunta,
ni mirarlas dos veces.
Pero ellas me indicaron el único camino
que tal vez tenga salida,
el que vuelve desde toda la muerte
hacia atrás del nacer,
a encontrarse con la nada del comienzo
para retroceder y desnadarse.



Segunda Poesía vertical , 1963

52
Si alguien,
cayendo de sí mismo en sí mismo,
manotea para sostenerse de sí
y encuentra entre él y él
una puerta que lleva a otra parte,
feliz de él y de él,
pues ha encontrado su borrador más antiguo,
la primera copia.


     
 Sexta poesía vertical 1975.

40 
Desbautizar el mundo,
sacrificar el nombre de las cosas
para ganar su presencia.
El mundo es un llamado desnudo,
una voz y no un nombre,
una voz con su propio eco a cuestas.
Y la palabra del hombre es una parte de esa voz,
no una señal con el dedo,
ni un rótulo de archivo,
ni un perfil de diccionario,
ni una cédula de identidad sonora,
ni un banderín indicativo
de la topografía del abismo.
El oficio de la palabra,
más allá de la pequeña miseria
y la pequeña ternura de designar esto o aquello,
es un acto de amor: crear presencia.
El oficio de la palabra
es la posibilidad de que el mundo diga al mundo,
la posibilidad de que el mundo diga al hombre.
La palabra: ese cuerpo hacia todo.
La palabra: esos ojos abiertos.
(para Roger Munier)


TERCERA
POESÍA VERTICAL
I
POEMAS DE OTREDAD
1
El otro que lleva mi nombre
ha comenzado a desconocerme.
Se despierta donde yo me duermo,
me duplica la persuasión de estar ausente,
ocupa mi lugar como si el otro fuera yo,
me copia en las vidrieras que no amo,
me agudiza las cuencas desistidas,
descoloca los signos que nos unen
y visita sin mí las otras versiones de la noche.
Imitando su ejemplo,
ahora empiezo yo a desconocerme.
Tal vez no exista otra manera
de comenzar a conocernos.


17
Detener la palabra
un segundo antes del labio,
un segundo antes de la voracidad compartida,
un segundo antes del corazón del otro,
para que haya por lo menos un pájaro
que puede prescindir de todo nido.
El destino es de aire.
Las brújulas señalan uno solo de sus hilos,
pero la ausencia necesita otros
para que las cosas sean
su destino de aire.
La palabra es el único pájaro
que puede ser igual a su ausencia.


SÉPTIMA
POESÍA VERTICAL
[1982]
42
El hombre es siempre
el constructor de una cárcel.
Y no se conoce a un hombre
hasta saber qué cárcel ha construido.
Algunas veces parece sólo la propia,
pero siempre es también la de otros.
Y no le basta con construir la prisión:
aporta también el carcelero.
Lo único que el hombre no pone
es el material para hacer la prisión,
porque sobra en todas partes.
Pero hay otra cosa
que no sabemos quién la pone:
el combustible para el incendio.
Porque si todo hombre es la historia de sus cárceles,
la lamentable historia de un ex presidiario
que vuelve a su prisión
o inaugura otra,
a veces es también la historia de quemarse
al incendiar la mayor de sus prisiones.
O ni siquiera la mayor:
la que estaba en el límite.
(a Carlos y Marcela)


OCTAVA
POESÍA VERTICAL
[1984]


8
Debemos conseguir que el texto que leemos
nos lea.
Debemos conseguir que la música que escuchamos
nos oiga.
Debemos conseguir que aquello que amamos
parezca por lo menos amarnos.
Es preciso demoler la ilusión
de una realidad con un solo sentido.
Es necesario por ahora
que cada cosa tenga por lo menos dos,
aunque en el fondo sepamos
que si algo no tiene todos los sentidos
no tiene ninguno.
Debemos conseguir que la rosa
que acabamos de crear al mirarla
nos cree a su vez.
Y lograr que luego
engendre de nuevo al infinito.


 [1984]


86
Me están dictando cosas,
pero no desde otro mundo u otros seres,
sino, más humildemente, desde adentro.
Pero ¿quién está adentro,
además de estar yo?
¿O tal vez no estoy yo
y he dejado mi lugar
para que otro me dicte?
Si esto es así,
no importa que el dictado
no lo comprenda nadie.
No importa ni siquiera
que lo comprenda yo.
Ser no es comprender.






                           

jueves, 20 de febrero de 2014

DE COMO EL INCONSCIENTE SE DICE EN UNA ENTREVISTA LABORAL.

La experiencia que referiré a continuación tuvo lugar a los pocos años de haberme recibido como psicóloga y cuando recién estaba empezando mi formación para aspirar a poder ocupar algún día, en algún momento y con algunos sujetos, la posición de psicoanalista.

Mi encuentro con aquella persona a quien llamaré H. J. habrá durado aproximadamente una hora y media. Yo trabajaba como psicóloga en selección de personal para una  conocida (en mi país en aquel entonces) empresa de Asesoría y Recursos Humanos.

El había venido a ésta, su segunda entrevista en el proceso de  selección, luego de pasar una primera entrevista con otra psicóloga del equipo de trabajo de la empresa. Mi tarea era aplicarle algunas técnicas para evaluar diversos aspectos de su personalidad. Una de   aquellas técnicas  era el Machover o test de la figura humana, nombre con el que  también se le conoce.

Entró prolijamente vestido de traje,  muy bien peinado. Respondió a mi mano que se tendía en un saludo, de forma muy segura y contundente y  tomó asiento. 

Comencé  la entrevista presentándome y preguntándole cómo se había sentido en la entrevista anterior. Luego le  explique brevemente  que era lo que íbamos a hacer en esta segunda  instancia. Continué hablando sobre el cargo para el que él  estaba como postulante (“Ejecutivo de cuentas”) en este proceso de selección. Mirando  su currículum,  hablamos  y revisamos su  experiencia y formación y finalmente  introduje la propuesta de las técnicas y el objetivo de las mismas.
A continuación enuncie la primera consigna:

“Dibuje una persona, como usted quiera"…

En forma rápida, decidido, seguro de sí mismo dibujó  un hombre de tamaño más bien grande en el centro  de la hoja vestido de traje, muy bien peinado, con maletín, “controlado” - en exceso tal vez, con defensas obsesivas- pensé.

El dibujo daba cuenta de un yo que hacía uso de  mecanismos defensivos que denotaban un elevado autocontrol: trazo definido, líneas rectas realizadas en forma “limpia” y segura, forma y proporciones adecuadas entre las diferentes partes del cuerpo y la relación entre el tamaño de la hoja y de la figura, tamaño bastante grande pero no macro, ubicación de la figura en el centro de la hoja, detalles de la vestimenta remarcados como bolsillos, botones.Un ejecutivo seguro de sí mismo, de sus capacidades, en fin… pensaba yo…, lo que él es, para lo que se está postulando…

“Ahora quisiera solicitarle que escriba una historia de la extensión que quiera sobre este personaje” -dije cuando terminó de dibujar.

-“Prefiero decírsela y no escribirla si puede ser”- me contestó.- Sí, no hay problema- contesté.

-“Bueno, este hombre se trata de un hippie que trabaja en una empresa….tiene una familia….El “hippy” me dejó anonadada por unos momentos  al chocar contra la imagen opuesta de Ejecutivo que trasmitía su dibujo y su persona.

Intentando reponerme  le dije: _ ¿cómo ha dicho?

  Me miró sorprendido y extrañado._He dicho que se trata de un yuppie que trabaja en una empresa…