jueves, 5 de junio de 2014

¡MAMÁ LÉEME, UN CUENTO!


¿Que pide el niño o la niña cuando pide que le lean un cuento? 

Pide antes que nada que le lean o lo/la lean a él/ella (lée-me) Que lean, que le hablen  acerca de su deseo y del deseo de la madre y del padre por él o por ella, del deseo que dio origen a su concepción, de sus sentimientos positivos y negativos, de sus miedos, de sus conflictos, etc. como una manera de ser ayudado para tomar contacto con los mismos y poder elaborarlos.
O como le dice poéticamente la Psicoanalista Carmen Gallano en un excelente trabajo: pide saber de aquello que solo el artista a través de su obra hace saber, lo in-sabido en el Otro” (“De lo in -sabido que hace saber”)

Respecto al tema del inicio de los cuentos, pero que remite también al inicio de la vida, lo que está en juego en muchos cuentos es el deseo de  los padres por ese hijo o hija, lo cual responde al “como fue que todo comenzó”. Pregunta por el origen que todo niño se hace, y por el deseo de los padres en juego en su nacimiento.   ¿Y no es así que comienzan la mayoría  de los cuentos de hadas?  Tomemos el cuento de Blancanieves, que dice en la versión más próxima a la original  algo así como:

Era un crudo día de invierno, y los copos de nieve caían del cielo como blancas plumas. La Reina cosía junto a una ventana, cuyo marco era de ébano. Y como mientras cosía miraba caer los copos, con la aguja se pinchó un dedo, y tres gotas de sangre fueron a caer sobre la nieve. El rojo de la sangre se destacaba bellamente sobre el fondo blanco, y ella pensó: "¡Ah, si pudiera tener una hija que fuere blanca como nieve, roja como la sangre y negra como el ébano de esta ventana!". No mucho tiempo después le nació una niña que era blanca como la nieve, sonrosada como la sangre y de cabello negro como la madera de ébano; y por eso le pusieron por nombre Blancanieves. Pero al nacer ella, murió la Reina.

O el de “La bella durmiente” (fragmentos)

En otros tiempos había un rey y una reina, cuya tristeza porque no tenían hijos era tan grande que no puede ponderarse. Fueron a beber todas las aguas del mundo, hicieron votos, emprendieron peregrinaciones, pero no lograron ver sus deseos realizados, hasta que, por último, quedó encinta la reina y dio a luz una hija. La esplendidez del bateo no hay medio de describirla, y fueron madrinas de la princesita todas las hadas que pudieron hallar en el país, y siete fueron, con el propósito de que cada una de ellas le concediera un don, como era costumbre entre las hadas en aquel entonces; y por este medio tuvo la princesa todas las perfecciones imaginables…

Cuando cada cual se estaba sentando a la mesa, vieron entrar a un hada muy vieja que no había sido invitada porque hacía más de cincuenta años que no salía de una torre y la creían muerta o hechizada…
Entretanto, las hadas comenzaron a conceder sus dones a la princesita. La primera le otorgó el don de ser la persona más bella del mundo, la siguiente el de tener el alma de un ángel, la tercera el de poseer una gracia admirable en todo lo que hiciera, la cuarta el de bailar a las mil maravillas, la quinta el de cantar como un ruiseñor, y la sexta el de tocar toda clase de instrumentos musicales a la perfección. Llegado el turno de la vieja hada, ésta dijo, meneando la cabeza, más por despecho que por vejez, que la princesa se pincharía la mano con un huso*, lo que le causaría la muerte.

En la versión que yo leía de pequeña de Blancanieves, la reina deseaba que los labios de su hija fueran tan rojos como la gota de sangre, su piel tan blanca como la nieve y su cabello tan negro como el ébano de su ventana.

Pero en fin, a los efectos de mi comentario lo que importa ahora es como se juega el deseo de una madre respecto al nacimiento de una hija en este caso, y cómo de alguna manera los cuentos se dirigen de manera  inconsciente al origen y al deseo de los padres que estuvo en juego en el propio origen del niño o niña. Es a partir de una falta en el Otro que  se desea, y en este cuento la misma esta maravillosamente dicha simbólicamente en la referencia a la crudeza del invierno y la blancura de la nieve. ¿Cómo hacer menos cruda esa falta constitutiva en nosotros, cómo vestir ese invierno que nos habita y hacer aceptable su  frialdad mortífera de nieve? ¿Cómo sobrevivir de alguna manera a la muerte que anida en nuestro propio ser desde el origen?

Deseando e creando parece ser la respuesta, cociendo (podría ser bordando, tejiendo o cualquier actividad sublimatoria) sobre ese agujero de lo real que  por su propia crudeza origina el deseo. Creando ahí  un objeto-hija en este caso (puede ser un objeto artístico, literario, etc.) que oficie de costura para esa  hendidura del origen, una costura hecha de hilos-palabras que  hilvanen una historia donde nuestro deseo encarnado en  esa niña, en una hija o hijo, o  en otro objeto, pueda habitar.

En el caso de “La bella durmiente” también hay unos padres que están en falta, tristes por desear y no poder alcanzar el objeto hijo de sus anhelos, y que intentan por todos los medios tener ese hijo o hija tan deseado/a hasta que lo logran. El escritor, ex profeso o quizás sin tener consciencia de  por qué lo hace, enumera y destaca todos los esfuerzos que hicieron estos padres para tener a su hija, y de esta manera dirige al corazón afectivo del niño lector, el mensaje de que hay algo que en psicoanálisis llamamos  el deseo (inconsciente), que está en el origen de su nacimiento(del del niño y también del escritor como escritor),así como en el de toda creación, y que  para crear un hijo o lo que sea, hay que desear y persistir a pesar de los obstáculos que puede encontrar nuestros deseo para su realización. 

Esa  hija, como sucede muchas veces en nuestras vidas, es esperada con amor y deseada con multiplicidad de dones, paradoja mediante, ya que precisamente se le otorga lo que en realidad se le pide, lo que se espera de ella. Se le demanda (esto es el concepto de demanda en psicoanálisis) que sea o tenga  todos esos dones que otorgan los padres, dones que en el cuento brindan las hadas, ya que invariablemente en ese punto del don al hijo o hija, los padres devienen invariable y  verdaderamente hadas, como certeramente lo dice el cuento. Es el niño o la niña en verdad la donada o donado, donado o donada a la vida, los padres le donan la vida y la vida les dona a ellos un hijo. Y el don del amor a los padres que el hijo es, o se hace ser,  o acepta ser más bien, de acuerdo a lo que aquellos le demandan que sea, es el don del amor de los padres.
 Pero también y ya desde el origen, desde el nacimiento de la niña, la muerte está presente, aunque ningún padre quiera jamás  invitarla a la fiesta que es la vida de un hijo o una hija. Aunque se la prefieran olvidar, aunque no la hayan invitado, ella se convida al festín.

Y ahí el “genio” maravilloso del escritor salva  al niño de la desolación, con la creación de otra hada que salvando a la princesita  de la muerte, tan solo la hará dormir durante cientos de años. Ello tiene como función aminorar el impacto que implica especialmente para un niño saber que aún comenzando, su vida lleva ya desde el inicio a la muerte en su seno, y aunque no sabemos  si el escritor lo hace consciente o inconscientemente , podemos animarnos a decir, que al hacerlo de manera inconsciente se está dirigiendo  con esta defensa y sin saberlo, a su propio niño y adulto impactado por la muerte, y es gracias  a ese “saber hacer” fundado en su inconsciente, que es capaz de ser un buen escritor, pues a partir de sí mismo, sabe modular -con lo que dice y lo que no, con los recursos técnicos que utiliza-, el nivel de angustia que el yo infantil puede soportar sin desbaratar el placer del niño por la lectura. 

  No obstante, como diría Freud hablando del disfraz del sueño, el disfraz en este caso es muy parecido a lo que esconde (“solo caerá en un sueño profundo que durará cien años), pero esa diferencia aunque sutil y pequeña, así como en el sueño permite el no despertar al soñante, en el cuento hace posible el no despertar al lector: permitirle seguir leyendo. Hacer que el niño se angustie sí, y pueda reconocerse, dolerse, representarse en su ser mortal que ya sabe que es, (aunque haga o parezca que no lo supiera), pero que la angustia que ello le genera no lo desborde, al punto de que el cuento no pueda cumplir su función de ayudarle a leer y elaborar sus  “complejos” (en este caso el tema de la propia mortalidad)

Complejo, no en el sentido vulgar del término, sino (del latín complectere: abrazar, abarcar; participio perfecto: complexum) es un término que indica un conjunto que totaliza, engloba o abarca una serie de partes individuales (hechos, ideas, fenómenos, procesos). Se utiliza en forma general en psicología para indicar la integración de vivencias o experiencias individuales en una experiencia de conjunto o totalizadora. El concepto es utilizado principalmente en las escuelas psicológicas y enfoques dinámicos o analíticos y mucho menos en los enfoques conductuales.

Pero hoy en día no se lee demasiado a los niños, y quizás menos los cuentos clásicos pues muchos padres consideran que estas historias son anticuadas para nuestra época , o que incluso son demasiado crudas porque plantean el tema de la muerte , la rivalidad, los celos, envidia, en fin, todo los sentimientos normales negativos de los seres humanos. Y muchas veces cuando sí se lo hace, se da con versiones de los cuentos totalmente diferentes de la original que generalmente cercenan de la historia lo que para la construcción del psiquismo infantil es lo fundamental, como por ejemplo el comienzo de los cuentos entre otros aspectos. Eso sucede precisamente con algunas versiones de estos dos cuentos  a que he hecho referencia, algunos comienzan planteando ya de entrada que:

“Había una vez una niña muy guapa y muy buena llamada Blancanieves  que cuando pequeña su madre murió y su padre volvió a casarse”.

 En esta versión, se pierde la constelación de deseo-además de la belleza y la tensión que sí crea el verdadero comienzo de la historia- que dio origen al nacimiento de la hija (y del sujeto psíquico) como si ello no significara nada para la historia en cuestión. Pero hay que tener en cuenta que esta historia es- diferencias personales mediante- la historia de cada cual que lee el cuento cuando lo está leyendo, y es muy diferente la lectura que psíquicamente se hace del sujeto del inconsciente cuando el niño lee el cuento en la versión original, que en otra modificada sin ningún cuidado ni acierto de cara a diferentes criterios u objetivos que nada tienen que ver con lo que verdaderamente anima al ser que habita en cada cuento y se dirige a cada lector. Cuando se hacen esa modificaciones,  no se respeta ni considera para nada que el escritor hace su obra a partir de ese agujero, de un vacío que opera como una línea de fuerza(pulsional) que dirige y guía su deseo por senderos que él mismo muchas veces desconoce, o conoce a medias, porque el deseo es inconsciente. Y que hace que incluso él mismo, tenga a veces que doblegar(respecto a lo que escribe o cómo lo escribe)lo que le dice su conciencia, para no desviarse como a veces estaría tentado de hacerlo, del camino que le indica ese Otro aliado a la pulsión. Y así seguir, como suelen decir ellos, el camino que le señala  la propia historia o cada personaje.

 (En este sentido, hasta el género en que el escritor escribe es pedido por algo del orden de la pulsión cada vez, y la calidad artística de la obra en cuestión dependerá de si el escritor es capaz de dotar de palabras y de la forma  certeras  a eso pulsional que le empuja y mueve, y le mueve  a su acto de escritura, para lo cual  ha de estar preparado con algo del orden de lo técnico: su estudio, su disponibilidad de recursos literarios; o sea, tener  internalizados  los medios técnicos que mejor se ajusten para dar salida de la forma más justa o verdadera posible a dicho goce..

Por ello la versión original de una obra es fundamental, porque hasta en el nombre que se le ha dado, se puede palpar la verdad que está en juego, lo cual implicaría decir que no hay más versión, que la única versión (verdadera) es  la original. Porque es la que de manera  certera y única surge de ese caldero de fuego de las pulsiones (como le llamaba Freud) y crea tanto al sujeto escritor como a su obra. Se trata de la  verdad que ese acto de escritura  escribe, o que en ese acto de escritura se escribe. Una verdad que es primariamente la  suya, pero que deviene la de cada lector por tocar el punto de vacío que nos hace  ser simplemente humanos. 
“El decir del poeta es un acto que revela nuestra condición, que no es sino la de nuestra falta original, nuestro poco ser” (Octavio Paz, “la casa de la Presencia”)

¡Nótese la similitud del acto del escritor con el acto psicoanalítico!:

“El antecedente de lo que es en Lacan el acto psicoanalítico aparece en Freud en "Psicopatología de la vida cotidiana", del lado del acto fallido. Los actos fallidos no son inocentes, son interpretables y tienen significaciones, es decir, están coordenados a lo simbólico. En este sentido son distintos de un hacer. Son interpretables, al igual que los sueños. El acto, tiene que ver con la determinación de un comienzo, con algo nuevo, y con un cambio de posición en el sujeto, que es una renovación. No hay acto sin Otro - es decir, sin las coordenadas simbólicas en juego - para ir más allá de ese Otro. En el momento del acto, no hay Otro ni hay Sujeto. El acto excede la articulación significante, hay acto donde la cadena significante falla. Cada acto tiene relación con la verdad e implica la puesta en juego de la función paterna bordeando el vacío del objeto a. En el acto se repite el significante que representa al sujeto, es donde el significante estaría más cerca de representarse a sí mismo”(“Introducción al acto analítico” una excelente presentación de  Mariana Davidovich, EFBA que sugiero leer), se encuentra en internet.

Pero hoy en día hay una prisa en todos los ámbitos  por simplificar, por hacer todo más superfluo, más veloz, más concreto. “Se trata de ir al grano” y dejarse de darle vueltas a los temas, con lo que se desvirtúa la función del lenguaje, de la palabra  y el  desarrollo del pensamiento. Se apunta en muchas actividades, a dar todo casi digerido, y en lo posible a darlo visualizado pues se considera que  así  se entiende mejor, o se supone  de que  si se complejiza un texto los niños no tendrán tiempo ni paciencia para releerlo hasta que lo entiendan. Se pretende también que ha de quedar todo entendido y sabido, todo claro, todo comprendido y que sea repetido tal cual por los niños. Eso implica muchas veces obtener buenas calificaciones en la escuela  por un aprender memorístico. Se cercena así la relación del lector, o del educando, con la falta, con el vacío, con el saber a medias, que es lo único que puede mantener viva la llama del deseo (o como dicen ahora, la motivación) y la curiosidad, y dar lugar a la creación. Si está todo dicho, todo es tan claro, concreto y de una única manera, no hay lugar para crear, para cada cual se apropie a su manera (con afecto, dejándose afectar por lo que lee o aprende), y de una manera que le sea útil de cara a su ser persona y no solamente a su ser alumno, futuro trabajador y consumidor doblegado bajo el peso de Otro que lo goza exprimiéndole su subjetividad.



—Y ahora, ¿qué? —dijo Otomar, cuando Teodoro se calló repentinamente—. ¿Esto es todo? ¿Ésta es la explicación que das? ¿Qué fue de Fernando, del Profesor X, de la bella cantante, del oficial ruso?
¿No os he dicho de antemano que sólo era un fragmento lo que os iba a ofrecer? Aparte de eso, me parece que la historia del Turco parlante ya desde el principio fue esbozada de una manera fragmentaria. Quiero decir que la fantasía del lector o del oyente, al recibir poderosos impulsos, puede desplegarse luego a su voluntad.
—A esto deberá añadirse —continuó diciendo Otomar—que a nuestro Teodoro desde siempre le ha gustado mucho avivar poderosamente nuestra fantasía con toda suerte de extravagantes historias, para luego interrumpirlas bruscamente. Llegará un día en que todos se quejarán de sus mistificaciones. Hay que reconocer que desde hace tiempo toda su obra aparece de modo fragmentario. A veces, lee segundas partes sin preocuparse del principio ni del final, y en las representaciones sólo ve el segundo y el tercer actos, y así por el estilo.
—Aún conservo esta tendencia —dijo Teodoro—. No hay cosa que más me contraríe cuando leo un relato o una novela que ver el suelo en el que se edifica ese mundo fantástico, barrido al final, con una escoba histórica, que deja todo limpio, sin un granito, sin una mota de polvo, que no hay posibilidad alguna cuando se regresa a casa de sentir ni siquiera deseos de mirar entre las cortinas. En cambio, el fragmento de una historia ingeniosa impresiona mi alma de tal modo que da pie a la fantasía para tomar impulso, y el goce es más duradero. ¡A quién no le habrá pasado eso con la joven morena de Goethe!... A mí, sobre todo, ese fragmento de Goethe, del maravilloso cuento donde relata lo de la mujercita que lleva al viajero en una cajita, ¡siempre me ha producido un placer indescriptible!”
(Fragmento final de “Los autómatas” de  E.T.A. Hoffmann)







domingo, 25 de mayo de 2014

CUANDO EL OTRO NO LEE.

Por Anabella Rodríguez.

Una pequeña historia de-muestra que si el Otro no lee, el niño tampoco leerá, y que lo que se juega en la lectura es antes que nada,la lectura del deseo (como)inconsciente.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      
Hace tiempo que Patricia se venía quejando a su mamá de dolor de estómago. La mayoría de las veces ese dolor hacía acto de presencia en las mañanas cuando la niña debía acudir a la escuela, pero también cuando debía asistir a otras actividades, por lo cual su madre, la lleva en varias oportunidades al médico. Finalmente  sin que este pueda encontrar en el cuerpo de la niña-luego de haberle realizado los exámenes apropiados  para diagnosticar las posibles enfermedades a que dicho síntoma pudiera responder-, ninguna manifestación que diera cuenta de una enfermedad orgánica, opta con atribuir la causa de ese dolor a la excesiva nerviosidad o ansiedad de la niña, “normalizando” dicha ansiedad como un rasgo de carácter de la pequeña: es que se pone muy nerviosa, es que es una niña ansiosa. Otras veces, ante una situación así, se descarta el problema diciendo que se trata de que “simplemente la niña quiere llamar la atención” (!!! ) lo cual dicen mucho las maestras, dicho sea de paso.

Hasta aquí podemos decir que la madre de Patricia va haciendo algunas lecturas acerca del malestar de su hija, unas lecturas muy básicas, o habría quizás que decir  del orden del signo y no del significante: un dolor es signo de una enfermedad orgánica, (un signo es lo que representa  algo para alguien, y un significante es lo que representa a un sujeto para otro significante): un dolor es signo de una enfermedad orgánica. Lecturas obviamente acordes sin lugar a dudas con el  sentido común, y además  habilitadas y reforzadas diría yo, por la cultura actual. En ese sentido, un dolor físico responde a una enfermedad orgánica y por eso se ha de acudir al médico, teniendo presente algo que todos sabemos y hacemos: ante un malestar físico, antes que nada se ha de acudir al médico. Si éste no encuentra en la niña una enfermedad  como sucede muchas veces, la gente habitualmente repite su visita suponiendo que el facultativo se ha podido equivocar con la falta de diagnóstico de una enfermedad,  y/o que quizás ello pudo deberse a que el mismo no ha  realizado alguna prueba o examen  que hubiera sido necesaria para arribar al diagnóstico correspondiente a la misma. Algunas veces hay quienes en esa búsqueda de una marca que inscriba el malestar del sujeto  en el cuerpo, recurren a otros médicos, suponiendo que el primero se ha equivocado.

Ante lo infructuoso del diagnóstico de enfermedad orgánica, la madre en cuestión en este caso,  realiza una segunda lectura también del orden del signo: se trata de la nerviosidad o ansiedad de la niña, lo cual implica ¿que ella se imagina que hay un dolor donde no lo hay o donde no hay una marca en el cuerpo que responda objetivamente al mismo? como en “El enfermo imaginario” de Moliere o como se hacía –y sigue haciendo- con las histéricas a quien se acusaba de mitomanía. (¿No será más bien que las personas de estructura histérica han tenido que devenir fibromiálgicas ante un Otro actual que sistemáticamente no las escucha ni las lee, solamente las signa.)


¿Por qué aún en algunas cuestiones seguimos sin poder creer en la existencia de aquello que no es aprehensible a nuestros sentidos, y por qué será que justamente ello parece  acentuarse en  todo aquello que se trata de nosotros mismos, y en cambio sí  somos capaces de aceptar la existencia de electrones,  átomos y moléculas o del bing bang sin necesidad de poderlos ver, tocar o corroborar científica, o sea  experimentalmente, su existencia?

¿Por qué no pensar que el  dolor del alma puede sentirse en el cuerpo? O que el dolor simplemente es dolor y que a veces deja huella o marca  en el cuerpo, que se lo siente en el cuerpo  y otras no, y que especialmente lo hace  cuando no se lo escucha, cuando no se lo lee y por tanto no se le  ponen palabras, o cuando aún poniéndolas son insuficientes para nombrar lo real del goce corporal.


En esta lectura, la madre adjudica el dolor a un fenómeno que ella ha podido deducir del comportamiento de la niña, ya que la ansiedad es visible a través de diversas conductas donde el movimiento agitado está muy presente  a nivel físico y mental: el niño o niña se mueven sin parar, corren, saltan, hablan mucho y con voz alta, les cuesta concentrarse porque pasan fácilmente de una actividad o pensamiento a otro, puede que en algunos casos también coman mucho y velozmente, por ejemplo.

Ahora bien, la madre con su lectura, adjudica a su hija la ansiedad con carácter de rasgo de personalidad  de orden constitucional hereditario y/o congénito, ya que no se pregunta a qué puede deberse esa ansiedad, ni porqué la niña no se había quejado de ese dolor antes del momento en que sí comienza a hacerlo, no se pregunta por una causa exterior a la propio carácter  o naturaleza de la niña que pueda estar incidiendo en dicha ansiedad y dolor. En ese no preguntarse y fijar la causa a un solo aspecto y además  inmodificable, hay una ausencia de lectura con valor significante , una imposibilidad de instaurar la falta, lo simbólico ( la metonimia y la metáfora) en la materialidad bruta del signo. También ello sucede obviamente, cuando se dice que se trata de una manera que tiene la niña de llamar la atención, y en este decir sucede algo aún peor de cara a la subjetividad de la niña , se la sanciona con una violencia extrema al desconocerla justamente como sujeto, pues se establece que llamar la atención es algo sin importancia, no se puede escuchar precisamente el mensaje fundamental (la enunciación)que hay en ello: que hay un llamado al Otro, un pedido de ayuda que no puede ser dicho o  formulado en ese momento por el niño o la niña de otra manera.

 Si ese Otro social (madre, maestro, médico) no puede escuchar que ese llamado de atención no es una simple actuación mitómana, un simple querer molestar, y se le desconoce sistemáticamente (minimiza, desautoriza, responde con indiferencia  e incluso aún peor se le castiga por su comportamiento), se estará desconociendo al niño en su subjetividad, matándole en parte,  al matar en sí mismo el germen  mismo de su vida, que es el deseo, donde habita auténticamente el sujeto.


¿Qué de alguna manera siempre hay una parte en uno mismo que ha sido objeto y por tanto muerta, negada, desconocida da cuenta el yo, formación defensiva, fortaleza, concha enquistada que aún y necesariamente así,  posibilita  al sujeto la perla que es su subjetividad y la conservación de un resquicio para su deseo? ¿Qué era, si no eso, aquel falso self del  que nos hablaba el psicoanalista Donald Winnicott? Pero aún así,  ello no justifica ni implica dejar de lado el intento de  minimizar los efectos que el desconocimiento o la negación subjetiva en diversidad de formas y con diferente intensidad pueden llegar a  tener sobre el sujeto, así como a disponibilidad para minimizarla o trabajarla en la medida en que cada cual pueda ir siendo consciente de ello.

Obviamente no todo puede leerse pero cuanto más pueda leerse mejor, por eso los psicoanálisis son tan largos, cuanto más del goce pueda tramitarse vía la palabra, vía lo simbólico menor repetición y ¿menor monto de pulsión de muerte en el cuerpo?


QUÉ PREGUNTAS DEBERÍA PODER HACERSE LA MADRE PARA INSTAURAR LA LECTURA O LO SIMBÓLICO EN LA ESTRUCTURA SUBJETIVA DE SU HIJA.


Este planteamiento  implica antes que nada que estoy haciendo  una propuesta ética que apuesta y valida el pensar las situaciones, ya que preguntarse diferentes causas o motivos ante una conducta o un hecho implica poder pensarse y pensar implica la presencia de lo simbólico que mata la cosa. Habría que considerar si hay acuerdo con la misma, o  con la otra que parece dominar la actualidad, ya que de pronto hay quienes apuestan y consideran igualmente ético una apuesta por el no pensar ni pensarse más .Habría que pensar, si es que se opta por hacerlo, qué consecuencias puede tener sobre los sujetos y la sociedad este tipo de apuesta por el no pensar más las cuestiones inherentes al sujeto y su deseo.
Si optamos por leer y pensar (suponer, cuestionar) el deseo inconsciente, cabría que la madre se pregunte por ejemplo, por qué estará ansiosa mi hija, desde cuándo está ansiosa, existe algún motivo (cambio, suceso) que haya acaecido para que ella empezara a quejarse de dolor en el estómago,  hay algo en la manera de funcionar mía, de la familia, de la casa, que pueda estar determinando en alguna medida ese dolor.

Y si ese dolor se presenta siempre cuando la niña tiene que salir de la casa y relacionarse con otros, puede que pueda pensar si el mismo tiene alguna relación con alguna dificultad en lo social, en su disponibilidad para vincularse con los demás. ¿Qué de su vínculo o en el vínculo con los demás le puede estar produciendo ansiedad y dolor? Observar, pesquisar, preguntar, interesarse.

Y entonces quizás se pueda proponer a la niña una lectura posible, una hipótesis: será que cuando sales te sientes…. Será porque tus compañeras, será porque la otra vez….etc. Si alguna de esas palabras tocan el punto donde el goce hace marca en el cuerpo, esa manifestación podrá empezar a devenir síntoma en el sentido analítico (encierra un saber y sentido simbólico), el sufrimiento podrá apalabrarse y  haciendo eso simplemente ya se estará favoreciendo la simbolización del dolor, el desplazamiento (metonimia)-metáfora mediante-   sobre la representación , sobre uno o varios nombres,   escribiéndolo, inscribiéndolo  en el psiquismo, en una trama de  historicidad subjetiva, y ya no marcándolo sobre la realidad material bruta del propio cuerpo. Y para esto, no se requiere de manera imprescindible un analista, es tarea que siempre han cumplido en generaciones anteriores los propios padres. Ahora cada vez lo hacen menos, debido al desprestigio de la palabra (del valor simbólico de la misma) y desidia, ¿o será falta del placer e interés? en hablar, contar, preguntar y saber  acerca de la subjetividad, de  los sentimientos, de los malestares  (cada cual prefiere escribir a los otros desde su ordenador o móvil) y para mostrar más que contar, solamente sus éxitos, sus experiencias  gratificantes y felices, pues  está mal visto sentirse mal o no ser exitoso. Por ello cada vez son más frecuentes  las inscripciones del dolor  en lo real del cuerpo  (enfermedades psicosomáticas, autoinmunes, etc.) y patologías donde la acción como respuesta al malestar está en el primer plano.

Leer, querer leer , querer aprender a leer libros, implica necesariamente primero , inauguralmente digamos, haberse interesado por leerse como sujeto de deseo y leer el deseo de los otros hacía sí mismo (¿qué me quiere el Otro?, ¿qué desea de mí, por qué me quiere, por qué me tuvo, por qué me dice lo que me dice, por qué no me dice lo que no me dice),haber sentido curiosidad y deseo por poder leerse a sí mismo como sujeto de deseo, para lo cual el otro que socializa y humaniza debe haber trasmitido la ley del deseo que es la palabra( lo simbólico), que es la que separa a la vez que une y da consistencia imaginaria a lo real de la carne de nuestro cuerpo y evita que seamos pura carne adolorida, puro muñón amoratado, rasgado, lastimado, y que seamos sujetos a quienes nos duele eso que aunque no lo veamos sabemos certeramente que existe, porque lo sentimos y nos  sentimos, eso, que algunos llaman alma y otros quizás lenguaje.

Que hubiera sido- o más bien no sido- de nosotros, de nuestros niños, esos que cada uno aún somos, de Blancanieves y de la madre de Blancanieves,  si aquel pinchazo en su dedo, mientras estaba bordando (¿bordeando? el agujero de lo real, pues bordar es una forma de escritura), hubiera quedado solo en eso, en un simple y burdo pinchazo granate sangrante. Y que sería también, si  su mirada, en vez de deslizarse metonímicamente sobre la  blancura anhelada de una  piel, solo se hubiera quedado, eternamente absorta, en la  belleza mortífera de la nieve,  aquel día en que la misma, golpeando suavemente sobre los cristales, llamó  azarosamente  a la ventana de su deseo.








¿Y SI ES EL OTRO EL QUE NO LEE? 

Por Anabella Rodríguez.


Y ahora Brian O Brannigan-dijo el hombre viejo-¿puedes contar una historia?
-Sí, puedo- dijo Brian Obarnnigan-Soy el hombre que ha vivido una historia para contar.
Y él les contó a la mujer vieja y al hombre viejo todo lo que había sucedido desde que  había ido a           buscar agua al pozo…
-Bien Brian O Brannigan -dijo el hombre viejo una vez que aquel había finalizado. A partir de ahora, vayas donde vayas y siempre que alguien te pida contar una historia, cuéntale ésta. Tú eres el hombre que tiene una historia que contar.
(Fragmento del cuento “El hombre sin historia” citado en “Cuentos para leer en familia” de Jean Grasso Fitzpatrick)


Hoy en día es frecuente escuchar desde diversos frentes, que los niños y jóvenes leen cada vez menos, que su interés de antaño ha sido desplazado y casi absorbido por los videojuegos y otras propuestas relacionadas con las nuevas tecnologías, en las cuales  la imagen ha cobrado una relevancia marcada ante la palabra. Sin embargo, parece una obviedad decir  que todos en realidad leen y escriben casi permanentemente, pues ha devenido un hábito en la mayoría de la gente, y especialmente en los adolescentes, el estar enviándose mensajes por diferentes medios; uno de ellos,  el correo electrónico, que ya incluso ha sido desplazado por el móvil mediante  sistemas de mensajería  WathsUpp, Line, Telegram, etc. que permite un contacto permanente al punto que pueda ser comunicable lo que a cada quien se le pasa por la cabeza casi en tiempo real-la demora solo implica los segundos que lleva escribir el mensaje y enviarlo-, pero también la gente está permanentemente escribiendo y leyendo a través de Twitter, Facebook  participando en foros, escribiendo en sus propios blogs y leyendo diversidad de contenidos en internet. Basándose en ello, hay quienes sostienen, escritores u otros profesionales socialmente reconocidos, que en  realidad no es actualmente se lea menos, sino que se lee de forma diferente.

Obviamente se lee de forma diferente, pero cabe preguntarse en qué consiste esa diferencia, y  si dentro de la misma  cabe contemplar o no que se lean menos  textos literarios, tanto de parte de los  niños como de los jóvenes, pues de ser así, ello también tiene sus consecuencias-que sería interesante elucidar, entre otras cosas para saber si ello se debe a  cambios  en la relación que en la actualidad  se establece entre el sujeto y la palabra. Si será que debido a los cambios que se producen  en lo simbólico, en el Otro del lenguaje y la cultura,  que  el sujeto esté  siendo tomado por el lenguaje de una manera diferente a la de antes. En este sentido, el llamado discurso capitalista parece valerse del lenguaje en una dimensión que no contempla la palabra  y cabría preguntarse si ello no  es lo que determina precisamente  la existencia de un sujeto que mantiene una relación diferente con la lectura y ¡por fuera del inconsciente?,, un sujeto que no lee  ni es leído y por ello tampoco lee textos literarios.

Me explico, y para hacerlo he de referirme antes que nada a la diferencia que Lacan establece entre lenguaje y palabra. Lacan va a decir que si bien ambas son parte de los simbólico, al igual que lo es el discurso, el lenguaje posee un carácter  instrumental en lo que respecta a la palabra. El lenguaje, como ámbito meramente formal, y por tanto caracterizado desde el sin sentido, se opone a la palabra que se caracteriza por el primado de la significación. Hemos de tener presente que una de las acepciones del término logos es palabra, al mismo tiempo que concepto, reunión, por ende, una palabra puede reunir muchos significados posibles (de “Lenguaje, palabra y discurso: de la senda Lacaniana a la tradición y actualidad de la teoría política”, Miguel Angel Rossi, en pensamientoplural.ufpel.edu.)

Hoy asistimos a la existencia de lo que se ha dado en llamar nuevas patologías, en las que hay quienes dicen que  el sujeto no entra o rechaza entrar en la red de significantes provenientes del Otro y la consecuencia a nivel de estructura más importante es que son sujetos que presentan dificultades para  simbolizar, que tienden a diversos tipos de actuación de sus impulsos y no son capaces de prestarse a leer sus síntomas ni su historia, siendo muchas veces incapaces de establecer relaciones  causales narrativas, y por tanto de ficción, entre los mismos y los acontecimientos biográficos  de su historia vital. Hay una pérdida del sentido de los avatares subjetivos que dificulta o hace imposible el trabajo psicoanalítico  con los mismos.
Ahora bien, más que rechazar entrar en el Otro, yo diría que  el Otro los acoge de una manera diferente porque hay un Otro del lenguaje diferente al de la época en que primaban las neurosis, es el Otro el que rechaza acogerlos en el significante pues ese Otro , el del inconsciente no existe.

Esto podría vincularse a que ya no opera en la construcción de la subjetividad el discurso del amo que es el del inconsciente, y por tanto el sujeto actual sería más producto de los efectos del discurso científico y capitalista, un discurso que precisamente promueve el lenguaje al primer plano y excluye a la palabra. Se fijan  significados, se fija a los sujetos a determinados significados, imposibilitándose el sentido. Si  no hay falta, desplazamiento metonímico significante,  se ha perdido el sentido de la  búsqueda de sentido, pues al sujeto se lo signa. El sentido es lo que emerge como efecto de la combinatoria de significantes y se obtiene retrospectivamente. “El sentido solo se obtiene por la sanción del oyente que puntúa el último significante de la combinatoria, es por el corte que, con efecto retroactivo, se crea el sentido: la cadena significante funciona sin significación ni sentido” (ídem cita a Negro, 2009, pág. 14)

Así los sujetos son catalogados de ser un fibromiálgico, disléxico, depresivo, etc.(S1)¿letra muerta? (pues ya no se ubica al sujeto como Lacan  lo ubicará, en el intervalo entre significantes, entre S1 y S2 ), tienen o son un trastorno del que el Otro sabe: el Otro dice tanto lo que el sujeto es como lo que ha de hacer exactamente para curarse o reeducarse, no hay posibilidad de pregunta por el sentido, no hay no saber y por tanto tampoco querer saber ni búsqueda de sentido ni de una solución particular.

En relación a esto,  Jesús Martín Barbero, quien en  “Los modos de leer” sostiene que en nuestros días hay una mayor tendencia a  valerse del lenguaje de una manera  más bien instrumental. Considero que esto puede apreciarse- y en muchos aspectos más en los cuales vengo pensando y trabajando desde hace un tiempo-,en esa insistencia en el valor comunicacional del lenguaje, en mejorar la comunicación, y se dan cursos y seminarios para realizar una comunicación  que se pretende sea lo más efectiva o eficaz posible; en ello se olvida que ninguna comunicación es totalmente clara y efectiva debido a la propia naturaleza del lenguaje y porque el  sujeto que “comunica” no lo hace desde  una posición de yo unificado racional y pura conciencia, sino que precisamente es un sujeto dividido por el propio lenguaje , hablado más que hablante; es un sujeto afectado por la palabra, y la lengua que es la del afecto,  va a interferir en esa supuesta idoneidad del  proceso comunicativo. En este punto se excluye totalmente el saber que aporta el psicoanálisis Lacaniano, pues precisamente por esto es que Lacan dice que al sujeto su mensaje le llega de forma invertida : “ La palabra es una llamado al Otro, para que reconozca al sujeto, por eso la estructura de la palabra es  la que el emisor recibe del receptor su propio mensaje en forma invertida, porque reconoce para ser reconocido: dice “tu” eres mi mujer”, para poder reconocerse a través de ella, como marido(…)No se trata de lo que se dice, sino que se dice, sino que se dice, la constancia de mensaje, puesto que en esto consiste el reconocimiento del sujeto, reconocimiento del sujeto como lo que es: un ser de lenguaje. Esa es la fundación del sujeto (Negro, 2009) en “Lenguaje, palabra y discurso….”

Muchos o algunos sujetos en la actualidad  parecen hacer un uso del lenguaje  de manera instrumental  o funcional creyéndose dueños del mismo. Creen saber lo que dicen en lo que dicen, y que dicen exactamente lo que quieren decir, no entrando en la cuenta del Otro, la que determina (o lo hacía hasta hace un tiempo) que el sujeto se constituya como  tal porque era tomado y afectado por el Lenguaje. Y  desconocen (forclusión) que en cualquier elección, o manera de hacer, aún la más objetiva, técnica o racional y consciente, se juega algo del orden del afecto- efecto del lenguaje sobre el sujeto, que determina su posicionamiento de descentramiento o división subjetiva respecto del mismo, su ser sujeto del inconsciente. Lo problemático actualmente es que todo el hacer del hombre (en lo educativo, en la salud en general, y en la  psicológica en particular, en lo laboral) está siendo leído sin tener en cuenta esa división, por lo más que leerse se signa.  No hay así  sujeto afectado, traumatizado por la palabra. Leer entonces devendrá una tarea aburrida y “sin sentido” ya que si no hay ahí sujeto de deseo, no hay metáfora ni metonimia que posibiliten la lectura de otros sentidos. Pues la palabra si no toca el cuerpo, no significa nada más que blabla bla vacío, y la única manera de que ésta toque el cuerpo, es la misma atraviese al sujeto.
 A partir de este planteamiento me hago una serie de cuestionamientos:
                      
¿Por qué se lee de manera diferente y por qué esa nueva manera de leer implica una relación diferente entre sujeto y lenguaje, o he de decir sujeto y palabra?

¿Cómo se articula la pulsión, (el cuerpo pulsional)  y la palabra en nuestros días?

¿Podría establecerse una relación entre una nueva manera de articulación de las mismas, las nuevas formas de lectura y escritura y la disminución de la lectura de textos literarios, y de ser así, cómo repercute ello en el psiquismo del sujeto? ¿Será que los seres humanos ya no somos leídos por determinadas historias o mitos y tampoco por el Otro de lo simbólico, por el Otro de la cultura? ¿Hay nuevos mitos o historias por las que los niños o jóvenes se sientan leídos, y por tanto atraídos a leer?

¿Cómo podríamos pensar entonces, una posible relación entre estas nuevas modalidades de estructuración psíquica, y la diferente forma de lectura y escritura de la vida, de la propia historia, que parecen predominar hoy en día, y cómo ello se refleja en la lectura y escritura  literarias?

Estas preguntas me llevan pensar que es el Otro materno  y social(los tutores, los médicos, los psiquiatras, psicólogos, pedagogos, etc.) quien no lee y ello determina niños que tampoco leen. Y no me refiero a leer libros, que muchos tampoco leen efectivamente, pues ello de acuerdo a mi planteamiento sería más bien una consecuencia de la no realización de una lectura inaugural, originaria de la estructura psíquica,  por llamarla de alguna manera. En ese sentido, ¿qué es lo que ese Otro social encarnado en la madre no lee?  ¿Acaso el deseo como inconsciente? Precisamente hoy en día que a los sujetos les cuesta tanto saber cual es  y sostener su deseo. 

Si uno no es leído(apalabrado y escrito) por el Otro, y entonces su biografía no deviene ficción y por tanto historia  subjetiva,  o no puede leerse a sí mismo en lo que lee, el sujeto no va a interesarse por querer leer, e incluso más, si no se le ha trasmitido a las nuevas generaciones que al deseo subjetivo se lo lee, se lo escribe , se hace de él ficción cómo va a saberlo y dónde; siendo  así no querrá leer y mal podrá saber entonces que (libros, artículos, etc.) hay que leer. No le va a interesar leer porque leer no formará parte de su  estructura psíquica. Y esto a su vez nos lleva necesariamente a  tener que preguntarnos  qué es leer, qué entendemos por leer (más abajo lo trataremos).

Querer leer implica querer saber, y querer saber requiere de que haya una falta en el saber: se sabe algo, pero lo que no se sabe mueve en el sujeto el deseo de saber y ello implica peguntarse y darse o más bien crear (se)  en ese agujero de saber respuestas  posibles, hipótesis, teorías;  eso de alguna manera son las ficciones, los  mitos, las teorías sexuales infantiles. Pero si el Otro da una respuesta omnipotente y única y tiene la verdad;  eres o tienes un TDHA por ejemplo y debes tratarlo de tal o cual manera,   y se limita a citar todos los “trastornos” que ello implica sin vincularlos para nada con la biografía del sujeto, sin que estos le hagan pregunta, no se construye ninguna historia subjetiva, no hay  por tanto narración, ni cuento ni novela donde el sujeto pueda sostenerse y habitar, ni sentimientos ni vivencias que poetizar.

O si ante la pérdida de un juguete, el otro rápidamente repone la ausencia con otro juguete idéntico o no, en vez de llenar el agujero con palabras como hace fantásticamente Kafka con la niña que perdió su muñeca (Historia de la muñeca viajera).No estará permitiendo la inscripción de la pérdida ni su elaboración. Si no hay nada perdido no hay historia a tejer, no hay ya  hilo de Ariadna a seguir, no hay Penélope ni Odiseas.

O si ante un conducta inadecuada, al hijo o al alumno solamente se lo sanciona y/o expulsa o se lo manda siempre callar y acatar, sin intentar hablar,  sin preguntarle, sin intentar que ponga palabras a lo que le sucede y a lo que le llevó a esa conducta, sin intentar siquiera el adulto leer aunque sea solamente para sí mismo, lo que está sucediendo. Y no se trata de que porque se los escuche y entienda se los justifique y no se los sancione-ahí el temor de muchos adultos al hablar, que los lleva a actitudes autoritarias-, no; pero es diferente sancionar dando lugar a la palabra del sancionado que sancionar sin escucharlo.

 O si se evalúa a la gente como apta o no apta para un trabajo, o lo que sea  pero no se le dice ni explica, no se le  habla de que implican dichas palabras, que condiciones el evaluador ha considerado para “etiquetarlo” de esa manera.

También a nivel criminológico cada vez se escucha menos, se intenta entender menos las conductas del criminal, y se aumentan las penas y se baja la edad para  que el delincuente cumpla pena en la cárcel.
Se juzga, se califica, se clasifica, se codifica, se diagnostica, se evalúa , se mide, etc. se hace cada vez más nada al sujeto, se lo anonada.
 ¿Cómo se va a interesar el niño o el joven  por leer entonces?
¿Vamos camino de ser sin palabras,  a-palabrados, seres sin historias? ¿Sujetos fuera del lenguaje? ¿In-existentes?

Si fuera así, ello incidiría en la pérdida de interés en la lectura. Pues uno lee textos literarios o poéticos para leerse en los textos que lee, para leerse y encontrarse allí como sujeto de deseo, no así textos técnicos donde hay una búsqueda de utilidad directa (término de Miller). Y en el futuro ya próximo, ya no se tratará de qué ni como leer, pues si ni siquiera existirá el sujeto, no  habrá quien vaya a leer/se. 

Saber en  qué  libros se lee mayoritariamente la gente en la actualidad (los más vendidos) nos dará quizás  una orientación respecto a con que se identifican y qué tipo de lectura hacen ellos de sí mismos y de la realidad actual. Por qué autores se sienten leídos y por cuales no, o que autores les permiten leerse. ¿O será que no es así, y en realidad lo que vende está determinado más que nada por los top de venta y la identidad a la imagen  y entonces se compran libros en función de los mismos?

Finalmente cabe plantearnos si se puede modificar este orden do cosas  o no  y en tal caso, ¿cómo hacer para que el Otro lea-y no digo literatura, pues su lectura o no, será consecuencia de que la sociedad quiere pensar-se y leer-se)- en los diferentes ámbitos donde desarrolla su labor?

Pero antes de responder a esto, habremos de hacerlo a una cuestión fundamental, y de la cual por tanto dependen todas las demás: ¿se quiere realmente una sociedad donde haya sujetos lectores, por tanto sujetos que piensen, o eso atenta contra el sujeto que consume?, ¿a este último se lo quiere preservar a toda costa, o puede  aceptar perdérselo? Si se privilegia la existencia  a  rajatabla del objeto de consumo en que ha devenido el antes sujeto, quizás se llegue a la conclusión de que es mejor entonces dejar todo como va.


¿Qué es leer? No es simplemente saber reconocer las letras, saber unirlas  ni reconocer las palabras y frases, sino entender lo que se dice en lo que se lee. Y lo que el texto dice, o lo que se dice, que en Lacan está vinculado a la enunciación y por tanto al deseo. Quizás entienden el enunciado pero la intencionalidad que es donde se juega el deseo no la logran asir. ¿Será por eso que hoy día dicen que  la comprensión lectora de los niños es cada vez menor? ¿Qué es lo que los niños no comprenden? ¿Será acaso, como funciona el deseo lo que no entienden?, ¿será, si son sujetos de deseo u objetos alienados al goce del Otro?

¡Cómo van a poder entender así  donde está el sujeto, el predicado, el complemento y el verbo en una frase, ni que significa un signo de puntuación ni dónde han de colocarlo, si la palabra no cumple su valor de  fundar  la diferencia,  ¿dónde, cómo saber así  puntuar la diferencia entre el uno y el otro?. Esa diferencia que permite al sujeto entrar en la sintaxis  no se la enseña, no es enseñable,  se lo trasmite de manera inconsciente si se trasmite la falta constitutiva.  Si se pierde la diferencia entre el sujeto y el objeto a nivel de la estructuración del psiquismo, si los niños son cada vez más objeto fijado a un determinado nombre que opera más como signo y no como significante (  TOC, fibromiálgica, tiene un TDHA)  donde, “ser tal” o tener el trastorno “tal o cual”, ya da por acabado el entendimiento posible de lo que hay ahí en juego, se obturan obviamente las preguntas por la implicación subjetiva , el otro no da lugar a ellas, no les permite ni supone existencia, o sea que el Otro no da de entrada lugar a la palabra ni a lo simbólico. ¿Cómo entonces podemos luego pretender que quienes consultan se pregunten por su implicación subjetiva en su malestar o el sentido de sus síntomas y el papel de  su historia biográfica  en todo ello? ¿y cómo van a desear leer si no hay nada que leer?

Sin la castración, sin la simbolización de la falta, el niño o el joven, no pueden saber que él no es un objeto sino un sujeto (ser el objeto se presenta cuando se dice “soy x trastorno”, o “tengo x trastorno”, donde el  tener se presenta  de manera tan solidificada, que más bien parece que el trastorno lo tiene a él, más que el sujeto tenga un trastorno). Y solo si en la estructura psíquica del sujeto está presente esta relación o separación sujeto- objeto, es posible para el mismo discriminar en una oración, dónde está precisamente el sujeto y dónde el predicado, así como lo que se dice o no se dice del sujeto de la frase.
La función padre es la que permite la simbolización de la castración,  y esa función padre puede estar o no asentada en la madre. Pero a su vez y antes, esa función padre o función separación o simbolización, si se la puede llamar así, debe estar instaurada en la cultura, eso es de hecho lo que plantea Freud en el “Malestar en la cultura”, el control pulsional como forma de hacer posible la convivencia. Pero si no hay la represión de las pulsiones que dé lugar a la perdida de los objetos y a la simbolización de la misma, sino un empuje al goce de los objetos y aun más al goce del propio sujeto como objeto, esto es, a gozar dejándose gozar por el Otro, gozar siendo un objeto gozado por el Otro, no habrá lugar para ninguna lectura.
 Habría una tendencia en toda la sociedad a no leer, primeramente, a no leer el deseo inconsciente, a no leer a los sujetos, ya que no habría inconsciente  a leer.

¿Que podríamos entender como ser objeto gozado por el Otro  y encontrar goce en dejarse gozar?

Dejarse gobernar casi con certeza por los decir-es de la ciencia, la educación y la tecnología: dejarse y aún pedir ser  evaluados, clasificados  calificarlos, etiquetados sin querer ni sacarse las etiquetas en algunos casos, o en otras aceptar  cambiar algo solo por las vías que propone el Otro alienante, sin jugarse subjetivamente para dicho cambio (tomar medicaciones, hacerse tal operación estética porque el Otro social dice que es lo que se lleva y solo así serás aceptado, etc.) El sujeto se presta más bien a ser signado si es que puede decirse así, que significado. El sujeto queda así alienado a lo que el otro le propone como la verdad, lo que el otro dice que es  sin poder ¿ni querer? a veces, realizar la segunda operación que plantea Lacan respecto a la estructuración psíquica que es la separación. En tanto separarse es  simbolizar y pensar o representar, el sujeto actual produce en acto la misma, en lo real (por eso  acting out, out respecto a lo simbólico), o  produciendo el agujero de la falta que no tiene lugar mediante el significante, en su propio cuerpo, en las enfermedades psicosomáticas por ejemplo.


BIBLIOGRAFÍA  muy interesante para entender mejor mi planteamiento:
- ¿El discurso capitalista es un discurso? Liliana Lamovsky Escuela Freudiana de Buenos Aires.
-El discurso capitalista y la causación del sujeto,sus manifestaciones en la clínica. Héctor Gutman (revista Borromeo Nº 3,borromeo.kennedy.edu,ar)


martes, 6 de mayo de 2014

¡MADRE SÍ!, MAS, NO TODA MADRE.


Antes de ayer, acá en España,  fue el día que oficialmente se ha  dado en reconocer  como “día de la madre”, ya sea que el motivo de tal declaración y aceptación social  sea  determinado por motivos afectivos o comerciales. En mi país de origen Uruguay, este día se festeja recién la semana que viene, el día 12 de mayo. Obvio que en un día dedicado a un ser tan especial, como aquel que nos dio la vida, ya sea biológica solamente o biológica y subjetiva, las manifestaciones de amor y agradecimiento, así como la idealización de tal figura se han manifestado por doquier.
Haciendo eco de esta vertiente idealmente amorosa de la maternidad, yo también realicé  una publicación en mi facebook , en la cual incluí alguna manifestación poiética dedicada a mi hija, así como también algunas fotos suyas.

Sin embargo hoy pretendo abordar el tema de la  maternidad por su otra vertiente menos beatífica. En ese sentido, la maternidad  no siempre es tan maravillosa como se la quiere ver o pintar, ni para la  propia mujer que ha devenido madre, ni tampoco para los hijos o hijas. Quizás porque en la mujer la maternidad la enfrenta a un conflicto consigo misma, con su propia femineidad, ya que ser mujer no es lo mismo que ser madre y hacer co-existir ambos aspectos implica un duro batallar consigo misma y con el Otro social. En ese sentido, las dificultades de las que hoy tanto se habla  para conciliar la vida laboral y familiar, y las necesidad cada vez como más perentoria de la creación de leyes o la toma de  medidas que favorezcan la misma, está en sintonía o es quizás podríamos decir, un síntoma social de este conflicto subjetivo que afecta tanto a las mujeres como a los hombres. Aunque a nivel subjetivo, no creo que se trate de conciliar lo maternal con lo femenino, pues desde el psicoanálisis se sabe que son aspectos de la mujer que más bien son totalmente inconciliables; por eso se trataría más bien de poder hacerlos diría yo, co-existir.

Algunas de las formas en que actualmente podemos encontrar esta dificultad para la co-existencia es por ejemplo, que hoy día cada vez más mujeres posponen la maternidad hasta no han alcanzado determinados logros profesionales, otras directamente  la excluyen de su proyecto vital porque sienten que la misma restaría tiempo y energía no solamente a su vida profesional, sino también a su ser mujer; esto último, en el sentido de que hay parejas que precisamente dicen no desear hijos porque no quieren perder lo que ellos consideran una estupenda relación de pareja, así como hay muchas que precisamente manifiestan que con el nacimiento del hijo se resintió la pareja. Y  precisamente, cuando algo de esto sucede, es porque el ser madre toma totalmente a algunas mujeres, excluyendo a la mujer, lo cual implica un mayor o menos cercenamiento en la vida de la pareja (disminución o nulidad del tiempo que se comparte a solas con la misma, disminución o ausencia de relaciones sexuales, ausencia de deseo, etc.) Obviamente que esto también puede sucederle al hombre, puede haber hombres que se ubiquen demasiado en posición de ocuparse tanto del hijo que descuiden a la mujer madre del mismo, pero quizás son casos menos frecuentes que el de las madres que dejan a la mujer que alguna vez habito en ellas “aparcada”. (Obviamente que cada mujer se posicionara en relación a ello de manera diferente –como también lo harán cada hombre respecto a su mujer como pareja y  a su hijo o hija como padre).

Pero lo central a destacar es que en el caso de la mujer, -que es el tema que me ocupa en este caso-,  esas contradicciones, esas posturas  excluyentes en mayor o menor medida, o no, de uno u otro aspecto de su ser o más bien de su no-ser (por la falta constitutiva) madre y mujer, o esa difícil y problemática co-existencia entre ambas, podrán ser vividas de diferente manera por cada mujer. Y si bien  en todos los casos habrán síntomas de un conflicto que podrá tomar diversas dimensiones en cada mujer y en cada pareja, mientras a algunas  la angustia o el malestar podrá llevarlas a querer solucionar  la situación queriendo hacer co-existir a la mujer y a  madre en sí mismas, otras preferirán ubicarse excluyendo a una de ellas de por vida, aún a costa del sufrimiento propio , de la pareja y también de los hijos, porque creen o sienten que no pueden o no quieren hacer en pos de cambiar eso,( estando obviamente en su pleno derecho de posicionarse en ello como puedan o como quieran).

Para hablar de esta dimensión excluyente de la mujer y la madre, bástenos recordar simplemente a la tan conocida y narcisista madrastra del cuento infantil de Blanca Nieves, la cual  en franca competencia envidiosa con la juventud y belleza de su hija, es llevada hasta el límite de desear su muerte y aún más, ordenar la misma. O la odiosa madrastra de Cenicienta guardando para sus hijas, e indirectamente para sí a través de ellas, el derecho a la belleza, la felicidad y la sexualidad plena, mientras condenaba  a la pobre niña a una vida sucia y gris, anodina respecto al deseo, la sexualidad y  la femineidad. Esto, por no irnos a las grandes obras de la literatura como podría ser la Medea de Eurípides, que es capaz de matar a sus propios hijos por amor a un hombre.  De ella, en el psicoanálisis  Lacan  en el escrito "Juventud de Gide o la letra y el deseo" propone el acto de Medea como el de "una verdadera mujer en su integridad de mujer". ¿Quién es Medea?: la anti-madre por excelencia.

 Al comienzo de Medea, de Eurípides, se advierte que Medea trataba de satisfacer en todo a Jasón, como esposa y como madre perfecta. Pero, cuando él le anuncia que se irá con otra, ella gestará su venganza matando a los hijos que habían tenido juntos: con ese acto muestra que en ella lo que es mujer supera a lo que es ser madre.
Esto da cuenta de cómo la maternidad no es sinónimo de femineidad, que el ser madre no solamente no hace a la mujer, mujer, sino más bien que parece ir en el sentido opuesto. 

En “Mas que si lo hubiera parido “Silvia Ons  Fragmento del libro Una mujer como síntoma de un hombre (ed. Tres Haches) nos plantea que para Freud  sí había coalescencia de la femineidad y la maternidad:
 “Freud hacía recaer en la maternidad el desenlace de una feminidad normal que acepta la sustitución del pene por el niño. Así, la maternidad se dibujaba como el camino normal compensatorio de la castración. Si transformarse en madre es la mejor solución que encontraría la posición femenina, es porque Freud pensó esa solución en términos de tener el falo. Sin embargo, Freud mismo (Nuevas conferencias sobre psicoanálisis, “La feminidad”) antes de describir esa “solución”, se refiere al enigma de la feminidad: el que ha hecho cavilar a los hombres de todos los tiempos. Si el ser madre fuera la respuesta capaz de obturar aquello que la mujer desea, la feminidad no se presentaría como enigma. Y es sabido que Freud, a pesar de las orientaciones fálicas esbozadas, no dejó de preguntarse por el deseo de una mujer”.
“Marie Bonaparte le había dirigido a Freud la famosa pregunta: “¿Qué quiere una mujer?”. La maternidad se presenta como la solución por el sesgo del tener, mientras que el enigma femenino es lo que resta de ese tener. Jacques-Alain Miller (“De mujeres y semblantes”) dice que ser madre de sus hijos es, para una mujer, querer hacerse existir como “La mujer”. La madre podría ser la manera de “La mujer” en tanto que tiene. Pero se impone contraponer “La mujer” a la “verdadera mujer”. Lacan afirma que, por ejemplo, Medea es una “verdadera mujer”. Medea así nos indica lo que hay de extraviado en una “verdadera mujer”, ya que explora una región más allá de los límites fálicos, sacrificando lo más precioso que tiene. Sin embargo, ¿no revela acaso esta ofrenda que se “tiene” aquello que es objeto de inmolación? La vía del sacrificio no objeta la vía de la posesión, ya que se renuncia a lo que se tiene y, en la renuncia, ese tener se afirma bajo su forma negativa.
¿Habrá algún otro camino para una mujer, que no sea ni el de la “madre” ni de la “verdadera mujer”?
La respuesta a esta pregunta quedará para  otra oportunidad, quizás la próxima.

Pero sí he de compartir algunas creaciones producto de mi propia cosecha en mis a-v-atares entre la maternidad y la femineidad.


LA GRAN LOBA HAMBRIENTA.

La Maternidad,
esa Gran Loba  Hambrienta
que cuanto más la alimentas más hambrienta
de la oscuridad
agazapada te devora
cabeza, vientre, pechos, brazos, piernas
¿y yo, dónde estoy?


MATERNIDAD.

I)
Atrapada
en la horadada
madre
hondonada
habitada
ella habitaba.


II)
Esta maternidad
deshoja
desoiga
des..
¡Oye! ¡mi Femineidad!


III)
Maternidad  meternidad
oficio y sacrificio
arrojo y despojo
abrojo
cerrojo
¡¿dónde un a-zul (…)
para mis labios rojos?!



REVULSIÓN.

Odio
rechazo
esta manera
de ser
madre
de-sexual-izada.



TODA MADRE.

No Toda madre
¡yo no quiero!,¡no!
ser toda madre,
¿dónde hay
quién pueda
echarme un cable?
Mujer
ternura sura y
¡mucha hambre!



MITO, AMBIVALENCIA.

Como Moisés separó
                                  se-paró
las aguas
así separé yo
maternidad
de vida profesional exitosa
                                           ex-(i)-tos –a
¿debida a quién?
¿la maternidad?, ¿o la vida profesional exitosa?
Antes, profesional exitosa,
ahora, madre frustrada.
Si eres madre
no tienes vida,
eso veía
yo en mi madre
todos los días,
¿yo en mi madre todos los días?
Para evitarlo
Juré que nunca,
madre sería
¿Madre?
más, dejé me con- vencer
¡Ay! , el deseo,
¡nunca se sabe de su querer!
y aunque fue aquello un amanecer,
ahora me duele
un anochecer.


REESCRITURA.

MITO, AMBIVALENCIA.
Como Moisés separó
                                  se-paró
las aguas
así separé yo
maternidad
de vida
profesional exitosa
                                           ex-(I)-tos -a
¿debida a quién?
¡Dé vida ! ¿a quién?
¿la maternidad?, ¿frustrada?
¿o la vida profesional?, ¿exitosa?

Antes, profesional exitosa,
ahora, madre frustrada.
Si eres madre
no tienes vida,
eso veía
yo en mi madre
todos los días,
¿yo en mi madre todos los días?
Para evitarlo
juré que nunca,
madre sería
más, dejé me con- vencer
¡Ay! , el deseo,
¡nunca se sabe de su querer!
y aunque fue aquello un amanecer,
ahora me duele
un anochecer.



MONOTONÍA.

Invierno
¡que ya duras demasiado, invierno!
desde hace tiempo
 monotonía pinta mis días
 y en mi colchón
ideal pareja se ha apoltronado
lluvia y viento repitiendo
su cantaleta  programada
hasta el aburrimiento
cuerpo a cuerpo 
compitiendo
que no me miento
que no me siento
y si no fuera por la poesía
que en rededor ulula en el viento
yo no sé
¡qué haría con el sentimiento!

levantarse cada día,
llevar la niña al colegio,
hacer de ama de casa
¡Ji! que de la casa no soy la ama
es lo que menos me llama,
tampoco ella  a mi me ama,
¡y yo, menos a ella!
creo que comerse una manzana
mejor unas cuantas
es lo que en estos momentos
mi cuerpo clama,
pues viniendo por la acera
a la vuelta de la escuela
impulso acuciante
me sorprende
despiadado se impone
 de mí se apodera,
requerimiento desesperado
de comer
algo diferente,
de tan diferente
inexistente,
hecho de no sé qué ,
de nada,
buscando y rebuscando
en el supermercado
lo que no sabía que buscaba
no lo encontré,
salí como había llegado
sin nada nuevo comprado
nada me conformaba
nada era de mi agrado
ni lo dulce ni lo salado
para calmar mi estado
¡qué no estoy en ese estado!
que os podéis haber imaginado
bueno, en el otro sí ,
que de hijo estoy más que completa
repleta
no me cabe ni un bocado
 so riesgo de correr
al excusado
aunque suene a pecado
y ese pensamiento me haya disgustado
por muy amargo que sea
y muy malo que parezca
la verdad cuando en parte decirse puede
se dice
o se vomita
o se caga
todita de una
que una mujer desea
además de ser la madre
y para nada de la casa la ama
(donde se esconde más bien la esclava)
ser amada
¡y deseada!
por el padre
entiéndase de la criatura
¿o no?