jueves, 26 de abril de 2012

QUÉ NIÑO MÁS LENTO!  O SOBRE EL GOCE DE LOS PADRES.

“¡Qué niño más lento!” es el título de un libro infantil cuya autora es Lucía Serrano, del cual me he servido para trabajar con padres en un taller, una de las maneras en que éstos actúan habitualmente ante algún aspecto de su hijo que les desagrada y al que  quieren corregir. Néstor, el protagonista del cuento es un niño que a juicio de todas las personas que forman parte de su mundo (padres, hermana, maestra amigos) es demasiado lento  en el ritmo de realización de las diferentes actividades o tareas cotidianas  (levantarse, desayunar, hacer un trabajo escolar, patear un balón, etc.). Todos  los otros personajes del cuento se muestran molestos con la lentitud que le atribuyen a Néstor y constantemente le repiten lo lento que es. Al principio Néstor se mantiene indemne ante las frases que repitiéndose sin cesar  repiten su lentitud, pero luego de un tiempo ello hace mella en su subjetividad y comienza a retraerse, a estar triste y a no hacer nada. Hasta que un día escucha nuevamente  un sonido igual al que le identificaba cuando hacía sus cosas, cuyo ritmo es significante de su lentitud (un ¡tam, tam, tam!) y descubre que el mismo proviene de un pequeño animalito al cual sigue a un lugar que evoca el paraíso, y en el cual todas las personas andan al mismo ritmo (lento, relajado, feliz) que él.  Este final, que hace pensar por un lado en una resolución evasiva respecto de la realidad y un refugiarse en la fantasía en lo que sería una pretendida “vuelta al paraíso perdido” que nunca existió,  también da cuenta de que  para que ello no suceda, el paraíso de cualquier sujeto solo puede forjarse hacia el futuro, y  solo es posible entenderlo como un  lugar donde  la diferencia de cada uno sea respetada.

A partir del planteamiento que realiza el cuento, pudimos pensar cómo muchas veces los padres y las madres actúan con algún aspecto que les molesta de sus hijos de la misma manera que los padres de Néstor. Le repiten incesantemente ya sea que es haragán, que es patoso o que es un trasto o que es tímido, etc. e intenté a partir de ello, promover el cuestionamiento acerca del porqué y para qué de esas repeticiones. Lo que para muchos es obvio es que esa manera de intervenir de los padres tiene como objetivo incidir en el niño, en su conducta para eliminar algo que les desagrada del/en el niño, para que aquel lo modifique.

¿Pero se tratará solamente de eso y será esa la manera más adecuada de hacerlo?
Parecería que no.
Por un lado hemos de notar que a lo que se alude (¡qué niño más lento!) no es a la característica de lentitud de la conducta  del niño sino a su ser: ser un niño lento, se hace alusión a la identidad. Se pierde la distancia (la diferencia de la identificación) entre el sujeto y el objeto o entre el sujeto y un algo que puede atribuírsele al mismo, y el niño en vez de  “actuar, de comportarse con lentitud”  deviene objeto de lentitud. Alienación significante, que como planteo más adelante, es necesaria en un tiempo de constitución subjetiva, pero insuficiente y contraproducente si el sujeto fija su ser  a ese significante que en este caso guarda un goce mortífero (en este caso es  “lento” pero pueden ser cualquier otro) donde parecería que el mismo deviene más bien signo.
Néstor es lento (solo y repetitivamente lento, y todo lo demás que también puede ser en caso de que opere la castración, queda reprimido, sin poderse decir).Al niño se lo deja abrochado a un significante  que le nombra con una connotación negativa, en vez de corregir la conducta que se considera indeseable y negativa (estás haciendo X de una manera muy lenta), se establece la lentitud como un aspecto de la identidad del niño, como una atributo permanente y se lo fija al mismo. El Otro se presenta imposibilitado de decir por ejemplo, “podrías  darte un poco más de prisa para x”, “te agradecería que lo hicieras un poco más rápido” porque  no está asumiendo su propia castración (porque su falta la tapona precisamente el “niño-lento”), tampoco puede por ello cuestionarse si acaso no será que ellos tienen demasiada prisa, que el mundo funciona demasiado aprisa y que  la constitución subjetiva es un proceso  lento que para ser llevado a cabo  requiere tiempo.

En segundo término, les hacía notar que pensar en hacer desaparecer o en corregir una conducta que nos parece negativa, remarcando constantemente la conducta o lo que es peor, y que es lo que sucede en la mayoría de las situaciones, repitiéndole al niño “tú eres eso”(un lento, un trasto o lo que sea)se nos aparece como algo contra toda lógica, como si cuando uno pretendiese borrar alguna línea o figura  en una papel en vez de usar la goma de borrar, repasara una y otra vez la línea o la figura. ¿Qué podría suceder? Seguramente llegaría un momento que el papel se rompería, pasaríamos hacía el otro lado de la hoja, haríamos un agujero.

Sin embargo, por paradójico que pueda parecernos, los padres pueden estar intentando de una manera que no es efectiva, cortar con un objeto de goce pulsional materno o con un goce a nivel del síntoma que el niño constituye para la  pareja parental, y debido a lo cual  obtura la falta que garantiza la circulación o el tránsito del deseo. Debido a lo cual los padres gozan al niño, dejándolo atrapado a la vez como objeto de goce. Y por eso también se trata de agujerear, de vaciar, de expulsar de ese lugar de la falta que debe haber, al objeto-niño que ha quedado obturándola  identificado con determinado objeto bajo un nombre (lento) que ha devenido signo, para liberar el goce de la madre o de la pareja y para liberar al niño-sujeto del goce de sus padres. Y para que dicho nombre devenga nuevamente un significante más  que circule en la dialéctica del deseo, pudiendo así el niño salir de ese lugar de objeto en pos de su advenimiento como sujeto de deseo. El problema es, que al no ser efectiva para ello, la manera en que los padres suelen abordarlo, lo que hacen es dañar al niño, romper lo que llaman autoestima y que el psicoanálisis teoriza en torno a   lo que denomina narcisismo e imagen narcisista, quedando el niño atrapado como objeto plus de goce que provoca rechazo o que es sancionado de manera negativa por los padres como en este caso. Aunque también el niño puede quedar quedar entrampado,  como un objeto de goce en relación a un aspecto que el otro sanciona positivamente, por ejemplo “ser bueno”. Identificación ésta que aún dejando a muchos  padres conformes, igualmente podrá provocar sufrimiento. En ese sentido basta tener en cuenta que hay padres  que atribuyen determinadas dificultades de su hijo/a (ceder siempre, no saber decir que no, etc. a “ser demasiado bueno”)

Al mismo tiempo, los padres quedando atrapados en ese goce que es inconsciente, gozan en el niño y al niño, aunque conscientemente  o aparentemente quieran terminar con el problema del hijo (en este caso con su lentitud), sin dejar de tener en cuenta que el niño también realiza su “elección forzosa”, la cual hace posible dicho goce(los padres repiten en su relación con el niño algo no elaborado de su historia de deseo y goce y el niño consiente esa repetición, lo cual puede quedar ejemplificado en dichos que es común escuchar en los padres como ser:“ya se lo he repetido o dicho x veces y lo sigue haciendo, he intentado corregirlo de diferentes maneras y no hay caso, cada vez va  a peor, lo hace a propósito, etc.)


¿Por qué sucede esto? ¿Pero cómo puede ser que con nuestra manera de proceder para  corregir algo de nuestro  hijo o hija que nos desagrada, lo que hagamos sea fijarlo más en ello?

 Para responder a ello hemos de considerar en principio dos aspectos fundamentalmente:

1-que esta manera de proceder es algo que podemos encontrar en muchos padres y madres por lo cual hemos de considerar si no habrá algo que determine que eso  tenga que darse de esa manera y no de otra,

2-y en segundo término, en que es una manera de proceder que no se da con todas las conductas de los hijos que producen aparentemente rechazo o malestar en los padres, solamente tiene lugar en relación a algunos aspectos muy acotados del hijo o hija en cuestión. En  este sentido, ante otros posibles comportamientos “negativos” de los hijos, los  padres son capaces de corregir los mismos sin hacerles devenir una característica  fija y molesta del niño o niña (son capaces de decir: deja de comportarte de tal o cual manera, deja de hacer eso, ya está bien de  hacer tal o cual etc.).
Digamos que en esos casos apreciamos una mayor movilidad de la libido o energía sexual que a diferencia de lo que sucede con la misma en la  situación anterior que nos ocupa,  ha quedado fijada, concentrada y detenida  en un determinado significante (lento, trasto, etc.) impidiendo al niño salirse o moverse de ese lugar. Asimismo, tampoco sucede solamente con significantes que califiquen negativamente al niño, sino que también pueden fijarlo a significantes que otorguen al mismo un valor positivo como puede ser decir que niño más bueno,  más inteligente, más respetuoso, etc. lo cual tampoco lo libra como puede pensarse, del malestar, como daré cuenta más adelante.


 Hemos de relacionar la manera de proceder que se  reitera- obviamente con algunas diferencias-en los padres, con la forma en que se produce la constitución de los sujetos (psíquicos) para el psicoanálisis. Este considera que  somos sujetos de y al Lenguaje, y el mismo  nos constituye como sujetos en falta,  incompletos por lo cual todo niño viene en principio a ocupar el lugar de la falta materna como el falo imaginario que completaría  o brindaría una satisfacción total al  Otro (materno). En este sentido,  una madre quiere devenir tal porque le falta algo que el hijo viene a colmar.

Ahora bien, esa completud es imaginaria, el falo la vela, pero la falta, el agujero en lo real  subsiste, y es nombrado por Lacan como objeto a (esté no es un objeto aunque se lo nombre así, sino que es precisamente es la falta de objeto).Además del niño, podrán venir a velar ese lugar del falo, otros objetos parciales: el pecho, las heces, la mirada, la voz.   

Todo  niño esperado en ese lugar de falta, para ser atendido en sus necesidades de supervivencia y especialmente para ser amado se posicionará en lugar de objeto; demandará al Otro qué me quiere, qué objeto soy para él y advendrá aquello  que el Otro diga o deje entrever  que espera de él, porque de ello dependerá precisamente su ser en relación al deseo del Otro materno(se es eso que dice el Otro, o no se es en un primer tiempo del Edipo ), y también que pueda, en un segundo tiempo, responderse  al “quién soy”. 
Ello nos permite retomando el planteamiento 1, responder a porque encontramos  esta “manera de proceder” en todos los padres. Es inevitable que en todos los casos  el niño reciba respuestas que fijarán su ser primordialmente a determinados significantes y no a otros (es un niño: listo, inquieto, lento, bueno, tranquilo, enfermo, sano, etc.).Esta primera operación en la constitución subjetiva Lacan la llama “alienación significante”, el niño queda alienado al deseo del Otro esencial para fijar su  ser, pero en la medida en que el Otro esté atravesado por la castración simbólica (por la falta constitutiva ya referida), podrá aceptar que el niño sea o no sea eso que ella y su esposo dicen o esperan  que sea, permitiendo al niño relativizar esas identificaciones, perderse como objeto identificado a ellas y subjetivarse entrando en  la dialéctica del deseo. Este segundo tiempo de la constitución subjetiva Lacan lo llama “separación”.

En cuanto al planteamiento 2 hemos de considerar que el hecho de que esa manera de actuar de los padres fijando al niño, ya sea a un significante que para ellos tiene una connotación negativa  como el “lento” o positiva, como puede tenerla el “bueno”, fijarlo como objeto a un lugar, a una determinada identificación, va a estar en relación no solamente al deseo de los padres sino también al goce (sufrimiento) que el  Otro (la madre en principio), pero también el padre, encuentren o quieran reencontrar en ese hijo, por lo cual los significantes que nombran determinados lugares para cada hijo en una familia y en las diferentes familias nunca serán los mismos, ya que aún estando en juego el mismo significante(lento), se anudarán de manera diferente  y tendrán distinto sentido,  porque cada familia tiene una historia de goces y de deseo diferente.  

¿Cómo es posible que los padres que según la creencia popular siempre quieren lo mejor para sus hijos, a veces actúen de manera tal que perjudican al mismo, y cómo es posible que diciendo querer una cosa (como los padres de Néstor que lo que quieren es cambiar su lentitud supuestamente), deseen en realidad otra?

¿ Cómo es posible que esta mamá o este papá que intentan a vista de todos corregir la lentitud de su hijo, quieran inconscientemente tener un hijo lento, y cómo ello es trasmitido y captado también inconscientemente por el niño?

Para ello he de retomar lo planteado unas líneas más arriba(2) donde haciendo referencia al rechazo que una determinada forma de comportarse de nuestro hijo puede provocarnos, subrayaba el término aparentemente, para considerar la división que existe en nosotros como sujetos entre consciente e inconsciente. Y tener en cuenta que tanto el deseo como el goce son inconscientes, por lo cual son aspectos desconocidos para nosotros en su totalidad  o en su casi  totalidad que  paradójicamente, determinan nuestra subjetividad.
 A raíz de esta separación entre consciente e inconsciente, es que una conducta de nuestro hijo que a nivel manifiesto nos puede producir displacer, rechazo y llevarnos a querer eliminarla (en apariencia) en otro nivel del cual no tenemos consciencia (por ello inconsciente), nos produce goce (término psicoanalítico que alude a un más allá del principio del placer que podríamos conceptuar como del orden del dolor, del sufrimiento y la pulsión de muerte). Dicho goce nos lleva a la vez a perpetuar el aferramiento a esos significantes ((características o conductas) que nos remiten al objeto de goce en un intento por eliminar la falta o nuestra  incompletud  subjetiva originaria.  Ese sufrimiento que es el goce,  del cual nada sabemos, más que es algo (una conducta, un forma de vínculo, etc. que nos deja merced al objeto de goce) que nos produce malestar, sufrimiento, pero aún así, no podemos modificar por más que lo intentamos de diversas maneras. El goce va a manifestarse en las relaciones particularísimas que cada uno de nosotros va a establecer  con diferentes objetos concretos de los que esperamos un placer ilimitado -que colme, que llene, de una vez y para siempre nuestra falta, un objeto que por fin  nos complete librándonos de la  permanentemente insatisfacción a la que la vida nos conduce-desconociendo que ella es lo que nos permite desear, sentirnos vivos, o sea, que nuestra vida tenga sentido.

Esos objetos pueden ser por ejemplo la droga, la comida, la ropa, las compras en general etc.  que van a ser simplemente subrogados de  otro tipo de objetos que el psicoanálisis llama objetos libidinales (oral, anal, mirada, voz y el falo que es un objeto con una particularidad inaugural ya que hace  posible la existencia de los demás objetos al  instaurar la dinámica de la falta en la subjetividad, la que a su vez es la que permite también que el niño venga a ocupar el lugar del falo que completaría al otro materno en el primer tiempo del Edipo Lacaniano.) que son los que comandan verdaderamente el goce. Y que  paradójicamente no son objetos reales, sino vestiduras imaginarias que cubren el lugar de la falta constitutiva de nuestra subjetividad (el llamado objeto a). Por ejemplo, cuando a los padres le genera un conflicto y malestar un “hijo lento” podemos pensar que es a nivel del objeto de la pulsión escópica que es la  mirada, y es en la mirada de los padres que este hijo está ubicado-visto como lento, cuando lo que produce malestar es que sea sucio, desordenado o excesivamente escrupuloso puede que hayamos de  remitirnos a la pulsión anal y su objeto que son las heces, si lo que nos molesta es que sea un traga, que sea un comilón, podremos estar ante exceso de goce de los padres y  también del niño si este asume ese lugar,  en relación al objeto de la pulsión oral que originariamente es el pecho.
Si nos hace felices que sea bueno o estudioso por ejemplo  también es como objeto de la mirada del otro que el adviene como tal  a ese lugar.

 No hemos de olvidar que este quedar fijado en el goce también se va a producir en relación a aspectos de nuestro hijo que pueden ser sancionados como algo deseable por los padres (el ejemplo de desear un niño bueno, tendrá una cuota de sufrimiento, de goce que podrá ser por ejemplo, ser el que siempre pierde, el que no sabe decir que no, etc. o cual puede provocar malestar en el hijo y/o en los padres).
En el tema que intentamos abordar, el niño lento, o lo que sea, viene a ocupar en el lugar de la falta(falo)  en el deseo (inconsciente) de la madre o de la pareja el lugar de objeto-niño-lento que produce displacer en los mismos a nivel consciente pero seguramente anuda  algún goce(inconsciente). Cuando digo de la madre o de la pareja parental lo hago porque muchas veces vemos que es a la madre a quien le incomoda solamente o a la que le genera más malestar “esa manera de ser o  de comportarse del hijo” y en otras es a ambos padres.  También el hecho de que esta dificultad surja y se fije  en relación a algunos aspectos del niño y no  a otros, y a que sea diferente en cada hijo, en cada madre o pareja parental se debe a la particularidad del deseo de cada sujeto y de su historia libidinal (esto es, que todos tenemos diferentes maneras de gozar lo hacemos en relación a diferentes objetos porque en nuestra vida aprendimos a hacerlo de maneras diferentes que son particulares, propias de cada uno). Ello determina que para unos padres lo que les moleste o les produzca malestar en el  hijo sea un determinado aspecto mientras que para otros padres serán otros aspectos los que les generen conflicto. Por eso tal vez aunque su hijo actué de  la misma  manera que el hijo del vecino, ello no les afecte y sí les pueda afectar algo que a los otros no.

Los motivos por los cuales los padres van a articular su goce en el hijo pueden ser muchos y muy variados, pero por citar solamente algunos ejemplos podría darse el caso de que algunos de los padres también hubiese sido un “niño lento” (en cada caso el significado de ello es diferente y solamente se sabrá algo del mismo hablando- desplegando la cadena significante- sobre lo que cada cual interpreta como tal) y la fantasía inconsciente de los padres puede ser que para estar más unidos, el hijo ha de ser igual que ellos en ese aspecto, o en la familia hay o ha habido algún familiar amado u odiado que portaba ese rasgo de lentitud, y entonces que el hijo también lo porte permite  reeditar un vínculo de placer o de  goce (sufrimiento) cuyo duelo no ha sido elaborado. También  puede estar en juego el miedo a que el hijo sea diferente, crezca rápido y sea autónomo, etc. Todo ello se trasmite al niño merced al lenguaje: lo que se dice y lo que no se dice porque es tabú, secreto ya sea por terrible, vergonzoso o demasiado maravilloso, pero que muchas veces se dice mediante gestos, actitudes, etc.


Que el goce de los padres se asiente en el niño, como  en este caso en  esa lentitud de Néstor y él consiente que así sea (ya que el niño también elige de acuerdo a su también peculiar manera de gozar, lo que en él va a hacer síntoma) va a generar en algún momento malestar, ya que los padres van a estar tratando infructuosamente  de realizar en  el hijo algo propio, y por tanto le negarán como sujeto diferente, y el hijo asumirá lo que ellos le demandan pero su malestar por no poder asumir su diferencia identificatoria, le llevará  construir síntomas que también provocan malestar.

En ese  sentido, entendemos que  pueden surgir  dificultades  para la instauración ya sea del primer tiempo de la constitución subjetiva como de este segundo, y dichas  dificultades que pueden generar malestar en el niño y/o en sus padres- como sucede con Néstor el niño del cuento- y ese malestar a veces es lo que puede llevar a los padres a  realizar una consulta psicológica.

Las diversas dificultades que pueden presentarse encuentran apoyatura teórica en el planteamiento que realiza  Lacan en  "Dos notas sobre el niño", donde propone  tres lugares que el niño puede entrar a ocupar en la estructura familiar a partir de cómo se ubica con respecto a ser objeto de deseo del Otro, el niño como síntoma –de la verdad de la pareja parental-, el niño como objeto –condensador de goce del Otro- y el niño como falo -identificado con el objeto imaginario del deseo del Otro.
Y agrega que la situación más compleja se presenta  cuando el síntoma  representa la verdad de la pareja familiar, pero que no obstante dicho caso “es también el más abierto a nuestras intervenciones”. En cambio, Lacan advierte, la operatividad del analista se dificulta cuando el niño “realiza la presencia del objeto en el fantasma materno”.
En el primer caso el niño ocupa el lugar de falo pero sin colmar totalmente la falta materna, por lo cual opera la castración simbólica, el niño responde al Otro en el intervalo de su falta; en cambio en el segundo caso el niño colma totalmente la falta materna que  en realidad falta, realizando por lo tanto la presencia del objeto en el fantasma materno.

Obviamente que el  texto trabajado  sobre Néstor nos sirve para traer al tapete estas cuestiones, pero no nos permite -y tampoco es mi intención- ubicar de cuál de las dos  situaciones referidas por Lacan se trataría  ya que no estamos ante un caso clínico, ni se trata de un sujeto en consulta, ni tampoco se trata de un síntoma( el cual es algo a construir) Por lo tanto, el “niño lento” podría responder a cualquiera de esas situaciones  si se tratase de una situación real y no hipotética como la que intento abordar en este escrito.
Sí podemos suponer para pensar esto, que Néstor a la pregunta que me quiere el Otro se ha respondido con la construcción de una respuesta (concepto de fantasma para el psicoanálisis- fantasma  materno este caso, ya que es a trabajar si estuviéramos ante una consulta, qué de eso puede estabilizarse de cara a la construcción aún en proceso del fantasma del niño-) que  únicamente y/o primordialmente y machaconamente le dice: “que seas un objeto –niño lento”. Habrá que investigar  en cada situación, en cada caso clínico porque y cómo se ha producido la construcción de esa respuesta  y para producir saber en torno a  ello la habremos de  abordar aspectos del deseo de los padres respecto al hijo en cuestión.
En algunas situaciones puede responder  a que el niño  llega marcado por el significante de lo reprimido, forcluído o renegado en la unidad familiar, o la pérdida de alguien cuyo hueco no consigue llenar. El retorno de lo reprimido, renegado o forcluído, de lo que se ha rechazado es algo que se pretende olvidar, de lo que no se habla, o que se enuncia desde el lado de la agresión o el reproche. Lo familiar, el peso de las generaciones, influye en la producción de la subjetividad a través de lo que Freud denominaba el superyó de los antepasados, que pasa vía identificaciones de una generación a otra.

Cuando sobreviene el malestar en relación al goce, ya sea en la familia y/ en el propio niño como en el “ser lento” en el caso de Néstor, para poder modificarse el mismo, habrá que hacer de la conducta o rasgo significante que genera  displacer  enigma, síntoma, en cuyo caso podrán  surgir diferentes preguntas en relación al mismo: los padres se preguntarán de donde viene ese significante lento,  acaso a  veces venga de su propia  historia infantil y/o familiar (yo también era lento, mi hermano era lento), acaso nombre otro tipo de  lentitud que se mantiene reprimida en los padres porque saber sobre ella produciría mayor malestar que esta que sí se puede aceptar en el hijo, etc. y también se preguntarán sobre el goce en juego en dicho síntoma: para que quiero o me puede “convenir” tener un hijo lento,  acaso para mantener un vínculo con ese hermano lento del que ahora estoy alejado, para poder estar pendiente de él, para perpetuar así un vínculo de dependencia con mi hijo, para tener un motivo para sentirme importante, valiosa y ocupadísima, para sentirme mejor madre, para poder quejarme a gusto y gozar con mi papel de víctima del destino, etc. habrá tantas posibilidades como personas. Podremos también cuestionarnos si acaso no  seré yo, nosotros el /los que tenemos demasiada prisa por algo y no es que el niño sea lento.


 En el cuento, la lentitud del niño provocaba el malestar a toda la familia y se extendía a personas de medio extra-familiar como la maestra y los amigos, y en un segundo momento afecta también al niño. Lo que no sabemos es si lo que le afecta es que le machaquen todo el tiempo diciéndole lo lento que es, o si él también piensa de sí mismo que es lento y ello le produce malestar: angustia, miedos, desánimo, deseos de aislarse de todos,  sentimientos de inadecuación por terminar último las tareas, llegar tarde a todos lados, etc. Tampoco sabemos si quiere e intenta cambiar esa lentitud pero no puede,  ni si ello le preocupa o no, ni si  hace alguna pregunta respecto a ello, como podría ser, porque le sucede eso, si él quiere ir más deprisa porqué no logra hacerlo, o si piensa que el va bien, pero los que tienen el problema y siempre meten prisas son los otros.
Si el malestar referido, solamente es experimentado por los padres, podríamos  decir que  se trata de un síntoma de los padres(que el niño es para sus padres), si a ese malestar se agrega también el malestar del niño respecto a eso que le sucede, así como su querer cambiar la situación y no poder, así como el realizar/se las referidas preguntas u otras en relación a lo que le sucede, podemos pensar no solamente que estamos ante algo que ha dejado de ser un simple signo y hace síntoma(se pregunta por un sentido  del mismo, se le supone un sentido), sino que precisamente hace síntoma para el niño por lo tanto es un síntoma del niño.



¿Cómo los padres  trasmiten al niño algo diferente de lo que conscientemente dicen querer?
Por  ejemplo, una madre que espera inconscientemente algo de su hijo, como que sea lento  y que a nivel consciente quiere corregir ese aspecto de su hijo(o más bien suyo, que ha proyectado en su hijo), por ejemplo la lentitud, tal vez hará muchas veces sin darse cuenta  que el bebé se adapte a un ritmo lento de adquisición de determinada maduración o conductas . Desde su decir y /o desde  sus actitudes el niño captará ese mensaje y podrá cumplir el deseo materno plegándose totalmente al mismo (será un niño lento para todo para casi todo), podrá satisfacerlo pero dará cuenta de que ello le produce malestar y como defensa generará diversidad de síntomas: le costará o será lento para aprender en la escuela siendo un niño intelectualmente capaz, o su crecimiento físico y emocional, sufrirá alteraciones y se hará a un  ritmo más lento que el habitualmente esperado de acuerdo a los parámetros de desarrollo “normal”, o parecerá deprimido, por poner solamente algunos ejemplos.


martes, 6 de marzo de 2012

“¿SÉ QUE PARA EDUCAR NO HAY RECETAS, PERO YO IGUAL LAS QUIERO?”

La necesidad de hacer este escrito me surgió a partir de algunos talleres para padres que he venido realizando últimamente en una escuela infantil.

Especialmente del último taller, para el que elegí a modo de convocatoria el nombre de “Como trasmitir normas respetando la subjetividad de nuestros hijos”, salí relativamente satisfecha ¿o relativamente insatisfecha?, algo totalmente esperable para quien desde el psicoanálisis sabe que no hay una respuesta válida ni eterna para todo ni para todos en ninguna cuestión de la vida(siempre va ha haber algo que falta, un resto imposible de colmar en la medida en que somos sujetos de deseo), y obviamente tampoco en lo referente a la educación de los hijos, tratándose de uno de los aspectos más importantes y particulares que forman parte de la vida de cualquier padre o madre.

Sin embargo sostener este lugar de la imposibilidad de dar “la o las respuestas”, o “la receta” como se dice habitualmente (en este caso, la receta educativa) que es estructural para el psicoanálisis debido a su concepción del sujeto como sujeto en falta y por tanto abierto al deseo, solo es posible con cierto malestar. Malestar en mi y en los padres, en mi por no poder brindarle “la receta” que puedo leer, o no, que piden, y en ellos, porque no satisfago su demanda en cuanto a brindarles “recetas para poner límites”, respuestas o soluciones definitivas a sus dificultades con sus hijos.

Ahora bien este nivel de desencuentro que habita siempre cualquier encuentro, nos guste o no, me lleva a cuestionarme acerca de cómo tratarán ellos esa insatisfacción: ¿serán capaces de aceptarla como algo que forma parte de nuestra humana imposibilidad de completitud, y ello les motivará a seguir viniendo a los talleres para trabajando juntos poder ir creando algunos saberes más en relación a la educación afectiva de sus hijos y/o hijas? - aún sabiendo que igualmente nunca llegaremos a poder responderlo todo, a solucionarlo todo de una vez y para siempre,- porque no es posible por estructura como ya lo decía.Y es más, a medida que los hijos crecen y los mayores nos hacemos más mayores, van surgiendo nuevas situaciones a las que hay que hacer frente-¿O dejarán de venir ya que de todos modos educar parece ser una tarea imposible?

Es obvio que me interesa que sigan viniendo porque considero más bien que educar es una tarea imposible de concluir (en todo caso solo posible de concluir con la muerte de alguno de los implicados en el proceso) pero que puede irse “mejorealizándose”

Esa imposibilidad de encontrar y dar una receta efectiva para los padres en relación a la educación de sus hijos, y la normal insatisfacción resultante de ello a las que he venido haciendo referencia, se hacen presentes o más patentes en el taller, cuando los padres comienzan a preguntarme sobre cuestiones particulares de sus hijos de una manera que yo interpreto como del orden de un estar compeliéndome a que les diga qué hacer, las cuales en el caso aludido se centraron en “cómo hacer para que mi hijo haga lo que le pido en cuanto a dejar su ropa colgada u ordenada cuando llega de algún lugar” u otros aspectos (comer, irse a dormir, etc.) que varían obviamente en cada padre y madre.

Preguntas que se mantienen como incógnita, más allá de la mayor o menor utilidad que pueda o no haberles reportado, tanto el intento por mi parte de brindar algunas respuestas más personalizadas como el abordaje de aspectos “más generales” de la trasmisión de normas que ese día realizamos. Incógnita que ha de mantenerse en cada situación particular, no únicamente porque como podría decirse “no entran dentro de las generales de la ley”, entiéndase dentro de los aspectos generales que se abordan en el taller, sino porque aún tratando la situación particular de esa madre con ese hijo en relación a esa x dificultad (por ejemplo, ordenar su ropa), subsistirá siempre algún motivo inconsciente y por tanto no sabido o sabido a medias por el hijo o la hija y los padres, que estará determinando en alguna medida esa dificultad de un padre o una madre para ordenar(poner orden) algo de la subjetividad de su hijo.

Ese motivo esta en relación con el Deseo de esos padres (que es inconsciente en el sentido psicoanalítico del término), el cual generalmente además no se aborda en dispositivos de trabajo grupal de este tipo para salvaguardar la intimidad y el derecho a privacidad de los padres que concurren a un taller. Pero así mismo, porque aún pudiendo hacerse conscientes muchos de los motivos que están determinando lo que en este caso podríamos llamar un conflicto entre padres e hijos para la trasmisión normativa, no podrá saberse nunca con exactitud matemática el sentido o el significado de cualquier conducta o dificultad, ya sea de los hijos, de los padres o de la relación entre unos y otros (porque somos sujetos al Lenguaje y sujetos de Lenguaje y este es siempre insatisfactorio para definir lo que queremos decir, por lo que siempre podremos decir lo que queremos solamente a medias), así como tampoco podrá por eso mismo, crearse una respuesta que se acomode a la perfección de una vez y para siempre a la situación que hemos de resolver con nuestro hijo.

Ello sin embargo no impide que podamos ir creando saber en relación al tema que nos ocupa, sino que más bien sucede al revés, ello opera como motor o causa para que podamos ir creando, produciendo algunas respuestas, para lo cual obviamente en el proceso será necesario hacer conscientes algunas de las determinaciones inconscientes que se pueden jugar en cada caso, como paso previo al acto (la nueva respuesta o forma de trasmitir una norma en este caso) que es en sí mismo la solución al conflicto.

Citaré un ejemplo tomado de un testimonio encontrado en un blog (WWW.cuatroenlacama.com) en el cual una madre ante un conflicto con su hijo por su desacuerdo acerca de la manera en que el niño desea ir vestido dice lo siguiente:

“Empezaba yo a sentirme frustrada, el tiempo corriendo, el desayuno aún pendiente, vestir a Azul...Suspiro hondo y recuerdo lo que leí apenas anoche, que me dejó una nota mental: debo reconocer cuando las limitaciones son mías, cuando son reducto de las limitaciones de mi propia infancia y que son absurdas a los ojos de mi hijo. Y digo, bueno, qué pasa, que use los zapatos que mejor le plazca y punto...Conflicto evitado.

Ya digo que puede parecer tonto el ejemplo pero es que quise ponerlo precisamente por lo insignificante que es, porque qué trabajo nos cuesta respetarlos en las cosas más insignificantes, en sus pequeñas decisiones.
La verdad me cuesta mucho trabajo permitirle que vaya vestido como él escoja, y hago todos los días un esfuerzo titánico por contenerme y respetarle su "libertad de expresión", de verdad, es una cosa en la que yo soy muy quisquillosa y parece que la vida me pone a prueba con este hijo. Y es que no son minucias, no se trata que vaya mal combinado sino que va a la escuela con pijama, con la playera del pijama atada al cuello a modo de capa, con casco de bombero, con guantes de Spider-Man y lentes oscuros, un zapato de un color y otro de otro...en fin. Viéndolo en frio, mi hijo está inmerso en una sociedad dada y ésta tiene sus "normas no escritas" entonces creo que él eventualmente será capaz de darse cuenta de ello y tratará de seguirlas -o no-, así que no tengo que ser yo quien desgaste los minutos de la mañana en un conflicto con él por la ropa que llevará puesta.
Este pequeño avance en mi forma de ver las cosas me da la pauta para descubrir cuáles son mis limitaciones absurdas. En qué puntos fui manipulada de niña para ser "niña buena y obediente" y entonces no perpetuarlo en mis propios hijos, socavando su autonomía”

Este ejemplo nos permite apreciar precisamente el conflicto que surge entre madre e hijo en tanto sujetos diferentes: de edades diferentes, con diferentes necesidades, deseos, formas de entender la realidad y la dificultad de la madre para aceptar un aspecto de la subjetividad de su hijo, el referido a la manera de ir vestido. La madre es capaz de tomar conciencia no solamente del conflicto, sino de algunos aspectos suyos anclados en su propia infancia que están operando en el mismo, y a partir de ello es capaz de crear un “saber hacer ahí” como madre, diferente, innovador si se quiere, llevar cabo un acto inédito con su hijo. Ello no significa que nunca más se vaya a producir un conflicto de este u otros órdenes entre ella y su hijo, pero sin lugar a dudas que su posición ante el mismo ya nunca será la misma porque ya es diferente, ya ha podido hacer otra cosa con aquello suyo que en este aspecto de la relación con su hijo le producía un malestar y un conflicto.


En esta sociedad donde la subjetividad es consumida dejando al sujeto un margen cada vez menor de protagonismo, vínculos y creación al exhortarle permanentemente al consumo cada vez más extendido de objetos “listos para usar” que en poco tiempo resuelven una situación con un mínimo de esfuerzo, tal vez haya una ilusión en algunos padres y madres, de que alguien sea capaz también de inventar las recetas para una maternidad y paternidad perfectas listas para usar, que se acomoden al poco tiempo que les queda para sus hijos, a su cansancio y a su desgana para el ejercicio de las funciones parentales, pero también hay otros que saben que ello no es posible y tampoco lo desean, y que están dispuestos a reinventarse y a renovar su apuesta como padres y madres cada día, haciéndose cargo del esfuerzo constante y extendido en el tiempo que la misma implica.





jueves, 23 de febrero de 2012

PORQUÉ NO HAY RECETAS QUE SIRVAN PARA EDUCAR Y PORQUE SURGIRÁN SIEMPRE ALGUNAS DIFICULTADES EN LA TRASMISIÓN DE LAS NORMAS.

Decía un padre el otro día hablando del programa de “Supernanny”: “esa es muy supernanny en la tele, habría que verla en su casa con sus propios hijos”. Más allá de que este señor pudiera sentir rabia o resentimiento porque en su comparación con esta super-niñera o super-mamá pudiera, como seguramente le sucedía, quedar mal parado en relación al desempeño de su rol paternal, su decir daba cuenta entre otras cosas, de que una cosa es trasmitir las normas a nuestros hijos y otra a los hijos de otros. Cuando una/ uno está en el lugar de madre o de padre, está implicado “hasta los cojones” (nunca mejor dicho), o hasta los ovarios si prefieren, está implicado emocionalmente en esa relación y por lo tanto en la manera en que va a trasmitir las normas.

La supernanny es super-nanny porque cuando actúa como tal no está en el lugar de cada una de las madres a las que asesora. Ella entonces sí puede aplicar con los hijos de otros un procedimiento aséptico, neutral para intentar trasmitir las mismas.
Las super nannys cualquiera sean parten de un supuesto que considero equivocado, que es que los padres pueden educar de manera aséptica, eso hace que crean que ambos padres (una maestra o cualquier persona) puede trasmitir las normas con objetividad y neutralidad a todos los hijos o niños por igual. Eso no es así, ni nosotros ni nuestros hijos somos robots, y es precisamente nuestra subjetividad la que nos lleva a hace tan ardua y a la vez tan creativa la tarea.

Además, la manera en que ella indica a los padres cómo han de proceder, impide a los mismos responsabilizarse de la trasmisión de las normas, ”tomar el mando” realmente, ya que no se les promueve que se cuestionen acerca de a qué creen esos padres que se debe la problemática que tienen con sus hijos, ni se les da participación en la manera en que ellos consideran que podría modificarse la situación. Los infantiliza diciéndoles si lo han hecho bien o mal, les recrimina en caso de que lo hayan hecho mal, y los deja en el mismo desconocimiento respecto a aquellos aspectos de sí mismos, de su deseo en relación a la maternidad y paternidad, que determinan sus dificultades para ejercer su función en forma efectiva y con menor malestar.

En esa manera de proceder se obvia que nuestros hijos y sus conductas producen en nosotros emociones y sentimientos que tienen motivos además de conscientes, inconscientes (no sabidos), y que eso nos lleva a reaccionar a veces ante conductas que desaprobamos en éstos, de una manera que a nosotros mismos nos sorprende. Muchas veces, ante una situación determinada en la cual reaccionamos a una conducta que desaprobamos en nuestro hijo de una manera agresiva o muy punitiva, podemos más tarde cuando ya estamos más calmados, darnos cuenta de que nuestra manera de proceder fue exagerada, pero el motivo de dicha exageración no lo sabemos o podemos llegar a avizorarlo, si intentamos reflexionar. Muchas de esas motivaciones inconscientes se encuentran en nuestra propia infancia, en cómo fuimos educados nosotros. Siempre, queramos o no, educamos en relación a cómo fuimos educados, ya sea para querer hacerlo igual que lo hicieron nuestros padres o diferente. En ese sentido es muy común escuchar a padres o madres que dicen que ellos quieren educar a sus hijos como lo hicieron sus padres con ellos, situación ésta en la cual ellos como hijos consideran que sus padres fueron muy o suficientemente buenos padres, y por tanto los toman como ideal a seguir. Pero en otros casos sucede que contrariamente a la situación anterior, los padres dicen que quieren educar a sus hijos de manera totalmente diferente de cómo ellos fueron educados, y algunos dicen que sus padres fueron demasiados severos o demasiado blandos y que ellos o serán más permisivos o serán más severos según la evaluación de resultados de tales modalidades educativas que realicen en cada caso. Muchas veces les sucede también que actúan de una determinada manera sin pretender hacerlo así, e incluso puede suceder que precisamente quieran poder actuar de otra manera, por ejemplo siendo más severos porque se dan cuenta que son demasiado permisivos y que ello está generando dificultades respecto al cumplimiento de las normas en su hijo, y no puedan hacerlo y no sepan el porqué. A veces indagando en su crianza se puede dilucidar que sus padres fueron tan severos con él y ello le produjo un daño que ahora quiere evitar reproducir en su hijo, o que no sabe actuar de otra manera porque sus padres le trasmitieron esa manera permisiva de educar.

Otro aspecto a tener en cuenta es que todos educamos en relación a un ideal que en cada cual será diferente de acuerdo precisamente a su historia personal, a sus vivencias, a su manera de haber sido educado, etc. Tenemos un ideal respecto al cual queremos forjar la imagen de nuestros hijos o hijas, el cual varía en algunos aspectos de un hijo a otro (por ejemplo puedo querer que mi hija sea limpia y ordenada pero no esperar lo mismo de mi hijo por diferentes motivos) y abarca todos los aspectos de la vida de un hijo o hija que han de ser educados( cada padre y madre tienen forjado su ideal ya desde antes de que sus hijos nazca(que sea sano, que sea tranquilo, que me deje dormir por ejemplo), también luego de nacido ( que me coma, que no se me enferme, que no sea llorón), y en todas las etapas evolutivas, los cuales van desde los aspectos más primarios como pueden ser las horas de sueño que debe tener el hijo, lo que debe comer, la manera en que debe hacerlo, los hábitos de higiene personal, hasta aspectos como la manera de vestir, la manera de comportarse en diversas situaciones.

En la tarea de transmitir normas, pretendemos que nuestros hijos cumplan o satisfagan en mayor o menor medida esas formas ideales de comportamientos que tenemos “in mente”, y dependiendo de aspectos diversos como nuestra personalidad, nuestra historia vital, etc. tendremos actitudes de mayor o menor flexibilidad respecto al no cumplimiento por parte de nuestros hijos de dichas expectativas. Generalmente, a los padres que les cuesta más resignar su ideal en favor del hijo real, que siempre va a ser diferente en mayor o menor medida de la imagen ideal que de él han forjado, van a tener actitudes más severas con las que esperan lograr que ese hijo se amolde sin desviarse, o desviándose lo menos posible, del ideal paterno. Son padres que actúan mucha veces en forma muy crítica, muy exigente aunque no siempre tienen que actuar de esa forma en todos los aspectos de la educación del hijo. Puede suceder que actúan así respecto a algún área como puede ser los estudios y sean más flexibles respecto a otros aspectos como ser las actividades deportivas del hijo, todo dependerá de en qué aspecto del hijo él quiera verse idealmente reflejado.

Otros padres podrán trasmitir la ausencia de cualquier expectativa o ideal respecto del hijo y tanto les dará si es ordenado como si no, si es buen estudiante como si no, etc. con lo cual su actitud será tan flexible o permisiva que en realidad el hijo podrá sentir que él no tiene ningún valor para su padre o madre. Estas dos posiciones extremas en que pueden posicionarse los padres o las madres así como todas las intermedias que podríamos ubicar entre ambas, en las cuales se ubican en realidad muchos padres y madres, van a determinar diferentes maneras de trasmitir las normas, diferentes formas de responder a los hijos e hijas en las situaciones en que los mismos no cumplan con las mismas. Puede que un padre o madre muy exigentes sean menos tolerantes con los fallos o las dificultades del hijo, que tengan menos paciencia, o no, habrá que considerar caso por caso para entender las dificultades que puedan surgir entre hijos y padres en el proceso de trasmisión normativa.

Si bien en general a veces es difícil para los padres llegar a admitir que educan, que trasmiten las normas de manera diferente a cada uno de sus hijos, esto es así y basta observar a cualquier familia para darse cuenta de “las diferencias” con que los padres tratan a sus hijos y en la manera diferente en que los quieren. Esto, contrariamente a lo que muchos padres que niegan esta realidad suelen pensar, no es algo negativo. La dificultad que tienen los padres en admitirlo radica en que, ese querer o tratar de manera diferente, pueda ser interpretado en primer lugar por ellos mismos y por los hijos, pero también por los otros, como que a algún hijo se lo quiere menos que a otro. Para algunos padres, el solo hecho de pensar esa posibilidad, aún creyendo que el hijo no se va a enterar de este pensamiento que él ha tenido, ya le genera malestar, culpa, de ahí que se niegue a admitir que efectivamente quiere a sus hijos de manera distinta. Ahora bien, querer de manera diferente es lo que corresponde hacer, ya que nuestros hijos son diferentes. Si a uno de mis hijos tiene un problema físico y ello ha incidido en que mi actitud con él sea más protectora y paciente que con otro de mis hijos, obviamente que estoy actuando de manera diferente con ambos pero ello no es medible en términos de cantidad, no se trata de que quiera más a uno que a otro, aunque sí los quiera de manera diferente. Si con un hijo tengo más abrazos o besos como forma de manifestar mi afecto que con el otro, será también porque ese otro hijo es diferente y nuestro vínculo con él es también distinto, tal vez con él pueda demostrar mi afecto de otra manera, por ejemplo, cocinándole lo que le agrada o incluso respetando precisamente es peculiaridad suya que lo hace no ser tan dado a formas de manifestación afectivas mediante el contacto físico. Cuando esa no manifestación física del afecto tiene por motivo alguna dificultad en el vínculo, y tanto el hijo como alguno de los padres o ambos la deseen o la echen en falta, habría si hay deseo de cambiar la situación , que hablar del tema con sinceridad e intentar modificarla.

Ahora bien, la manera de trasmitir normas nunca va a ser un proceso aséptico si se me permite la expresión (neutro, desapasionado) porque los padres traemos todo un bagaje de vida, de experiencias, de maneras en que fuimos educados nosotros, de sentimientos. etc. y además es muy posible que incluso trasmitamos las normas de manera diferente a cada hijo (acaso a veces no se tiene más paciencia con un hijo que con otro) porque cada hijo promueve en nosotros vivencias, expectativas, sentimientos tanto conscientes como inconscientes diferentes, además cada hijo fue concebido de manera diferente en cuanto al deseo de los padres ( hay hijos que son muy buscados, otros no tanto, otros tal vez simplemente vinieron, otros vinieron en momentos de duelo, por ejemplo cuando la pareja se estaba por separar, otros cuando fallece algún familiar querido o cuando la familia vive alguna crisis económica o laboral, etc.) y todo ello aunque nos parece que no debería incidir en cómo educamos, sí que lo hace y obviamente, que cuanto menos capacidad de percibir dicha influencia tengamos, cuanto más impedidos estemos o más nos neguemos a darnos cuenta de las mismas, menos posibilidades tenemos de mejorar nuestro desempeño como padres en la tarea educativa.


Así mismo el conflicto que surge entre padres e hijos en el proceso de trasmisión- aceptación de las normas se debe a que siempre existe un malentendido básico, un desencuentro entre los padres y los hijos porque existe el deseo que es inconsciente que la mayoría de las veces no sabemos cuál es, y que está en contradicción con lo que decimos querer conscientemente. Los padres queremos algo en ese niño más allá de él, esperamos que cumpla determinadas expectativas y si no lo hace se nos hace difícil aceptarlo, a su vez el niño se ubica frente a los padres desde el qué me quieren, qué quieren de mi, y para ser amado está dispuesto a hacerse objeto de ese deseo, esto es, a cumplirlo, lo cual lo lleva la mayoría de las veces a resignar su propio deseo para satisfacer el que sus padres han proyectado en él. Ello le genera malestar que va a ser expresado en diversidad de síntomas, cuyo sentido podrá tanto él como sus padres querer en algún momento, descifrar o no, para disminuir el mismo.
Sabiendo entonces que no vamos a poder controlarlo todo, ni a hacerlo de modo perfecto, sí podemos intentar tomar conciencia de algunos aspectos que sí podremos mejorar.

LA ACEPTACIÓN DE LA DIFERENCIA ES LA BASE DE UNA EDUCACIÓN RESPETUOSA Y FAVORECEDORA DEL CRECIMIENTO EMOCIONAL DE LOS HIJOS.

Sucede a menudo que cuando un hijo o hija realiza conductas que desagradan a los padres, los padres reaccionan de una manera impulsiva y muchas veces agresiva, o sea que reaccionan desde lo emocional en respuesta a aspectos inconscientes que las mismas movilizaron en ellos, sin que dichas emociones sean mediatizadas por la mente racional. Debido a ello, esa respuesta de los padres es precisamente una simple reacción, pero no una respuesta elaborada en términos de pensamiento (pensada), y por eso en la mayoría de los casos no tiene el sentido de disciplinar a los hijos (y si ello es lo que se pretende, no es la vía adecuada ni fructífera para hacerlo), aunque sí se intente evitar o desaprobar la misma.

A veces también lo que los padres pueden buscar es sancionar dicha conducta, pero obviamente que hiriendo la sensibilidad del niño o niña y su autoestima ya sea gritándole, remarcándole lo negativo (por ejemplo: “eres un trasto”, “siempre te portas mal”, etc.) o castigándolo ya sea emocional o físicamente, lo que en realidad están haciendo es sancionar la subjetividad del niño y no su conducta: si “eres un trasto” es que no eres persona , sujeto sino un objeto:“un trasto”, en cambio es diferente decir “te portas como un trasto” y también existe una gran diferencia entre decir “siempre te portas mal”, ”te comportas como un trasto”, a “te estás portando mal, te estás comportando como un trasto” ya que esta manera de nombrar la conducta inapropiada, no solamente desaprueba solamente a la conducta y no al niño, sino que le deja además la libertad subjetiva para poder comportarse de otra manera ya que es ahora, en estos momentos que el niño se comporta mal, pero puede portarse bien al siguiente o en otro momento.

Por qué tendemos a seguir reaccionando de esta manera, a pesar de lo mucho que ya se sabe acerca del daño emocional que estas formas de tratar a los niños (¡adolescentes y adultos también ¡) producen en ellos y a pesar de la importancia que se otorga actualmente a la inteligencia emocional para adquirir las fortalezas que son necesarias para salir airosos en las diferentes batallas a las que hemos de hacer frente en nuestra vida.

Algunos podrán responder que ello se debe en gran parte a que los padres tampoco somos capaces de comportarnos de una manera emocionalmente inteligente, porque no nos lo enseñaron nuestros propios padres, a pesar de que hoy día la situación es diferente ya que los padres tienen posibilidades de aprender a desarrollar o trabajar la misma.
Aun aceptando esta respuesta como válida cabe preguntarnos si es posible realmente lograr actuar de manera más inteligente, emocionalmente hablando, siempre y cuando obviamente nos pongamos “manos a la obra”, y de ser así si ello es posible en todas las circunstancias y en todas las personas.

Seguramente estaréis de acuerdo en que no siempre es posible ni todas las personas pueden hacerlo. Como sucede con casi todo en la vida, la llamada inteligencia emocional no se trata para nada de ninguna panacea universal, ya que la misma no existe. Siempre habrá aspectos de nuestras pulsiones, goces que nos serán no del todo gobernables, imposibles de domesticar totalmente o pacificar por la cultura o vía lo simbólico, por lo cual habremos de reinventarnos como padres: inventar e inventarnos maneras de hacer propias para saber hacer ahí con nuestra falta o nuestras falencias.
Un ejemplo de este saber hacer ahí puede ser por ejemplo este comentario que hace una madre: “la verdad me cuesta mucho trabajo permitirle que vaya vestido como él escoja, y hago todos los días un esfuerzo titánico por contenerme y respetarle su "libertad de expresión", de verdad, es una cosa en la que yo soy muy quisquillosa y parece que la vida me pone a prueba con este hijo. Y es que no son minucias, no se trata que vaya mal combinado sino que va a la escuela con pijama, con la playera atada al cuello a modo de capa, con casco de bombero, con guantes de spider-man y gafas oscuras, un zapato de un color y otro de otro...en fin. Viéndolo en frio, mi hijo está inmerso en una sociedad dada y ésta tiene sus "normas no escritas" entonces creo que él eventualmente será capaz de darse cuenta de ello y tratará de seguirlas -o no-, así que no tengo que ser yo quien desgaste los minutos de la mañana en entra en conflicto con él por la ropa que llevará puesta. Este pequeño avance en mi forma de ver las cosas me da la pauta para descubrir cuáles son mis limitaciones absurdas. En qué puntos fui manipulada de niña para ser "niña buena y obediente" y entonces no perpetuarlo en mis propios hijos, socavando su autonomía”.

Hará falta además, para que dichas posibilidad de transforme en oportunidad, que haya suficiente amor y DESEO por parte de los padres y las madres, deseo de dedicar un tiempo, un esfuerzo personal, a veces también económico(se hay que recurrir a la ayuda profesional) a trabajar para establecer una relación más amorosa con nuestros hijos de forma que ellos puedan elegir con mayor margen de libertad cómo y quiénes quieren ser, y de que nosotros los padres, podamos ejercer una maternidad y una paternidad más amorosa, pero también más responsable y consciente.
Por eso las respuestas solamente son posibles de ser encontradas en los propios padres, en sí mismos, en cada padre y cada madre, ya que más allá de ciertos universales en los cuales todos los padres y madres podemos encontrar puntos de identificación, es la singularidad la que determinará la respuesta más adecuada en tanto “adecuada a cada caso”.

¿Por qué los padres y madres pueden a veces reaccionar de la manera que veníamos haciendo referencia?

Porque ese hijo es parte de ellos, en él han depositado aspectos suyos, ya sea aquellos aspectos que le agradan y que esperan reencontrar o que continúen existiendo en el hijo, aquellos aspectos que les habría gustado que fuesen parte suya y no lo fueron, e inclusive aspectos que rechazan y que rechazan en ellos mismos. Esto determina que su implicación emocional sea mucho mayor y es por ello que de pronto, una conducta que en el hijo de algún otro no les molesta tanto, en el suyo les lleva a reaccionar a veces de una forma crítica desmesurada.

Un comportamiento que consideramos negativo en nuestro hijo o hija puede entonces descolocarnos, hacernos perder el control porque con el mismo, nuestro hijo/a puede estar desbaratándonos la imagen ideal que nosotros proyectamos sobre él: no es ese hijo ideal que queríamos tener (en realidad ningún hijo puede serlo ya que nadie colmará nunca totalmente la falta parental), también porque puede desarticular nuestra propia imagen idealizada de padres ( si se comporta así es porque algo hemos hecho mal, no somos buenos padres, etc.), a lo cual puede sumarse la vergüenza o el temor de “quedar mal parados” o de ser juzgados no solamente por el hijo sino también por determinados representantes de la sociedad, ya sea otros padres, maestros, etc. Pero además ese comportamiento negativo puede estar mostrándonos constantemente algún aspecto negativo que nosotros rechazamos por diversidad de motivos, pudiendo tener relativa consciencia en algunos casos de los motivos de ese rechazo o siendo los mismos inconscientes.

Así mismo, en algunas situaciones puede que dicho aspecto rechazado forme parte de nosotros mismos (de nuestro carácter, de nuestra personalidad) y que no queremos asumir como propio (por ejemplo hay padres que dicen que sus hijos les faltan el respeto, les gritan pero son incapaces de percatarse que ellos han hecho lo mismo con su hijo), o que caracterice a algún miembro de la familia. Obviamente que no en todos los casos un hijo va a responder a una conducta de los padres con la misma conducta, en el caso referido puede que el hijo responda a los padres comportándose de forma sumisa, pero igualmente esa sumisión si es excesiva, se extiende a otras relaciones y el niño se ve perjudicado o se siente afectado negativamente por la misma, esta se habrá constituido en un síntoma tan generador de malestar para el niño como el comportarse de manera desobediente gritando y no respetando a sus padres.

Pero aunque esta idea despertará el rechazo de muchos padres, las conductas negativas del hijo les brindan a éstos además de dolor y malestar, algún tipo de satisfacción de la cual no son conscientes. Recurriendo a los ejemplos referidos, una podría preguntarse por qué determinados padres quieren un hijo “trasto”, porqué sin quererlo conscientemente, con su proceder inciden para que su hijo sea o se comporte como tal. Y podríamos seguir preguntándonos: ¿acaso para poder quejarse, para poder martirizarse a sí mismos, o acaso para revalorizarse como padres al tener que hacerse cargo de alguien que les genera tantas dificultades, o para poder convertirse en imprescindibles para el hijo y evitar de esta forma que él devenga cada vez más autónomo? Obviamente que habrá tantas posibles respuestas como padres y madres y sus combinaciones en pareja parental existan, tan solo he querido nombrar algunas de ellas.

Solamente la disposición de los padres para aceptar cuestionarse acerca de su implicación subjetiva en el lugar o los lugares que el hijo o la hija ocupan en su deseo, acerca de los aspectos que ellos han proyectado en los mismos, y la aceptación de que la función del hijo o hija no es ni cumplir el o los ideales de los padres cualesquiera que sean los mismos, es lo que hará posible y garantizará el crecimiento emocional tanto de los hijos como de los padres. Ser capaz de hacer el duelo por “eso que quería que mi hijo fuese pero no es”, es poder aceptar la diferencia (él es diferente de mi y de lo que yo deseo) la cual es la base de una educación respetuosa y amorosa ya que amar es como dice Lacan: “dar lo que no se tiene a alguien que no lo es”.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Acordar las normas de clase: una manera de educar escuchando y respetando el deseo de los niños".

Este escrito surge a partir del comentario que me hizo hace unos días mi hija de 6 años quien ha empezado sus clases de primaria en un nuevo colegio hace una semana. Un día de esa primera semana de clase me contó que su maestra les había dicho que iban a establecer unas normas para poder trabajar, ya que parecía que algunas conductas de los niños como hablar todo el tiempo, no escucharse los unos a los otros, pedir para ir al baño constantemente, etc. impedían el establecimiento en el aula de un clima adecuado para el aprendizaje. Dice que la maestra fue escribiendo las normas y las puso a la vista de todos.

A los dos o tres días me cuenta que la clase es un lío porque los compañeros no respetan las normas que puso la maestra, gritan y hablan sin parar, y que la maestra les dijo que lo que ella les había marcado les entraba por una oreja y les salía por la otra. Y agrega, con una indulgencia que no aplicó a sus compañeros, que “ella también no las respeta un poquito” (¡en fin que tampoco las respeta!)

La situación por ella contada me hizo pensar, más allá de que pueda discrepar con que en todas las ocasiones los niños deban estar quietos y callados o sin pedir para ir al baño, etc., en lo mal que podrían pasarlo las maestras o maestros cuando sienten que algunas conductas o actitudes que ellos solicitan a los alumnos y las cuales en algunos momentos sí son imprescindibles para que el aprendizaje sea posible, no son escuchadas. Y también en las múltiples dificultades a lo que ello puede dar lugar. Por un lado, a que pueda ser interpretado por algún tutor o tutora como una falta de respeto, e incluso de no valoración hacia su persona y su rol, o como que los niños no respetan las normas porque no están bien educados por sus familias. Que esto sea o no susceptible de acaecer, dependerá obviamente de multiplicidad de factores, como ser la personalidad del tutor o tutora, el estado de su relación de amor con su profesión y con los niños en el momento en que la situación se produce, la situación personal de el/la educador/a, el tiempo que dure la situación de “sentir que no se es escuchado”(si se extiende en el tiempo el nivel de estrés del tutor o de la tutora irá en aumento),etc.

De las diversas situaciones que podrían presentarse dos suelen ser las más frecuentes: el establecimiento por parte del educador o educadora de un conflicto con algunos alumnos en particular (especialmente lo que menos acatan lo solicitado) que puede llegar a durar todo el año lectivo, y en el cual priman los aspectos negativos del vínculo imposibilitando o dificultando en diversos niveles tanto la enseñanza como el aprendizaje. O la instauración progresiva en el/la tutor/a del sentimiento de inoperancia e incapacidad (que no puede o no sirve para ese hacer su trabajo con ese grupo en especial o en general) lo cual muy probablemente le haga generar sentimientos depresivos, que como sucede en ocasiones le lleven a solicitar una baja por no poder asistir a clase, u a otras situaciones. Ambas posiciones están lejos de constituir soluciones adecuadas a la situación ya que son el resultado de un tratamiento inadecuado de la responsabilidad que seguramente, si hemos llegado a este punto, ya ha devenido en “culpa”. En el primer caso la “culpa” se deposita masivamente en determinado o determinados alumno/s y consecuentemente la mayoría de las veces en su familia, y en el segundo la culpa recae masivamente en el tutor o en la tutora.

Una manera de evitar esta situaciones y en la cual estaríamos ayudando al crecimiento emocional o si se prefiere al tan nombrado en la actualidad, desarrollo de la inteligencia emocional de todos (alumnos, maestro/as, madres, padres) sería que el establecimiento de las normas de clase fuese una tarea de aprendizaje. La tutora o el tutor podría llamar la atención de los niños sobre las condiciones que ellos creen que son necesarias en una clase para que todos puedan aprender, escuchar, prestar atención, etc. o empezar por llamar su atención sobre el problema en sí: ¿les parece que así podemos trabajar bien, que todos vamos a poder aprender? ( esta frase la dicen muchos docentes pero lo dejan ahí … como palabras dichas al viento, y al plantear el tema de esta manera, obviamente que el/la educador/a no logra lo que quiere, pero no porque a los niños les entre por un oído y les salga por el otro, o sí, pero ello no es así porque sí, sino porque con esa manera de plantearlo, el/la tutor/a no les trasmite el grado verdadero de importancia que ello tiene para él/ella). Es un problema obviamente de comunicación en el cual falla la forma de decirlo. Para subsanarlo sería importante que el establecimiento de las normas de funcionamiento en la clase se constituyera en una tarea y cuando se les hiciese esa pregunta a los alumnos y alumnas se dedicara un tiempo a escuchar qué piensan de ello. Y esto no solamente porque el/la maestr/a tenga que escucharlos a ellos, sino esencialmente porque solamente de esa manera ellos pueden escucharse a sí mismos y entre ellos. ¡Cuántos niños hay que no son capaces de escucharse ni saber lo que necesitan (silencio, o un tono moderado de voz, orden, etc.) para poder realizar en algún momento una tarea! Y porque poder escucharse a sí mismos y a los otros implica poder conocerse más a sí mismos y a sus compañeros, conocer las necesidades de ambos para poder llevar a cabo las tareas escolares en este caso, y ser capaces de poder empezar a decidir controlar determinadas conductas en beneficio de todo el grupo.

Tal vez se podría empezar también llamando la atención de niños y niñas sobre sus propias necesidades: ¿qué actitudes de ustedes creen que no son(o son) buenas para que todos podamos aprender, comunicarnos, bien, conocernos bien? Dependiendo de las contestaciones se van proponiendo las normas: “entonces tenemos que llegar a un acuerdo entre todos sobre que normas de comportamiento tendremos que respetar para lograr lo que nos interesa, porque se supone que a todos nos interesa aprender, escuchar a la tutora o a los compañeros y que nos escuchen ¿no?”. Trabajar el sentido que las diversas normas de clase tienen para que sean ellos quienes encuentren y otorguen la fundamentación de porque hay que cumplirlas, ya que solamente pueden asumir la responsabilidad de respetarlas y hacerlas respetar por los compañeros, si el entendimiento de porqué las mismas son necesarias, y la decisión de llevar a cabo las conductas resultantes de dicho entendimiento, parte de ellos mismos. Y por eso también sería importante que ellos mismos con la supervisión y guía obvias de la tutora o el tutor, establecieran que formas de proceder y de sancionar consideran que habría que aplicar cuando alguien no respetara en forma reiterada las mismas y llevar acabo dichas sanciones, intercambiando antes opiniones en las diversas situaciones, si fuese necesario.

En la medida en que las normas han sido consensuadas por toda la clase (alumnos y tutor/a) cabe esperar que la mayoría de los alumnos y alumnas tendrán la necesidad de ser fieles a sí mismos y a su palabra, por lo cual habrá una menor tendencia a incumplir con ellas, así como a que el control sobre el incumplimiento de las mismas sea ejercido por todo el grupo sin recaer ya exclusivamente en el tutor o tutora. Pero aún así, es probable que en ocasiones pueda tender a funcionarse de la forma que habitualmente los/las niños/as estaban acostumbrados, ocasiones en que convendrá reiterar el consenso que se había establecido, haciendo especial hincapié precisamente en el hecho de que las normas fueron acordadas por todos (no fueron impuestas sino decididas por ellos)y ellos se comprometieron con los demás, pero especialmente consigo mismos, a cumplirlas porque las consideraban necesarias para poder trabajar.

Esta forma de proceder no puede ni pretende constituirse en una panacea para el logro de la disciplina en el ámbito escolar, ya que la particularidad de cada niño dará siempre lugar a diferencias en relación tanto a la disciplina como a otros aspectos.En el tema que nos ocupa, cada niño se posicionará y respetara o no las normas dependiendo de múltiples factores: del contenido de lo que haya que acatar, de quien lo pida, de cómo lo haga, del momento, etc. Sin embargo, puede favorecer la toma de conciencia o la autoconciencia (aprehender porqué es necesario que nos comportemos de tal o cual manera, qué necesidades tanto mías como de mis compañeros, como de la maestra hacen necesario que mi comportamiento esté regulado de esta manera), autonomía y autocontrol (soy yo el que ha sido capaz de entender porqué las cosas han de hacerse de esta manera y no de otra y a partir de haberlo entendido, haber decidido regular, eliminar o postergar para otro momento y/u otro lugar aquellos comportamientos que pueden perjudicarnos a todos(yo, compañeros y maestra/o)en el proceso de aprender y autoestima ( qué bien que he sido capaz de aprender a comportarme de otra manera-bien, mejor- que nos beneficia y hace sentir bien a todos), empatía, solidaridad y sentimiento de cohesión y logro grupal (he sido capaz de entender y respetar lo que necesitan mis compañeros y el/la tutor/a y no estar solamente atento a lo que yo necesito, y ellos han sido capaces de hacer eso mismo con respecto a mí, eso ha mejorado nuestra relación, funcionamos mejor y podemos aprender, escucharnos, etc. mejor y estamos más contentos ).

Y esta tarea también puede constituir una oportunidad para trabajar la escritura haciendo que cada niño escriba una de las normas para ponerla en la cartelera de clase o que cada uno las escriba todas en su cuaderno. De esta manera también se logra que el niño se vaya reafirmando en el cumplimiento de las mismas.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Alegato por la enseñanza de las Humanidades.

Recientemente (junio de 2011), ha sido noticia en diversos medios de comunicación un Licenciado que ha ganado una sustancial suma de dinero por participar en un conocido concurso de preguntas, las cuales para ser respondidas requieren del concursante un conocimiento amplio y profundo en temas de Humanidades. Este joven está sin empleo, esperando en la lista de profesores interinos a que la Escuela Oficial de Idiomas le ofrezca una plaza vacante, teniendo un currículum muy bueno, dos Licenciaturas, una en Filología Germánica y otra en F. Románica y un futuro doctorado en Lingüística, siete años de estudios de piano…

Leyendo diversos comentarios de la gente acerca de su situación de estar en paro siendo un “sabelotodo”- término con el cual en muchos medios lo califican-, me he encontrado obviamente con diversidad de opiniones, que van desde las favorables de quienes le apoyan y admiran y no entienden su situación de desempleo, hasta quienes le critican. Dentro de las opiniones de los segundos, me interesa a los fines de mi escrito transcribir textualmente algunas procedentes de:

es.tv.yahoo.com/.../vctor-castro-un-sabelotodo-en-el-paro.html –

• Porque aparentemente nadie necesita pagar a alguien con dos licenciaturas en Filología Germánica y Románica y un doctorado en Lingüística. Si fueran cosas tan útiles, él solito se habría montado ya su empresa, dado que es tan listo, y no solo tendría trabajo, sino que estaría contratando a más gente. Lo triste de este país, no es que haya gente lista en paro, sino que hasta gente tan lista como este tío, a lo único que aspira, es a que "le salga una plaza" para poder meterse en la administración con un sueldo fijo. Solo queremos ser funcionarios y así nos va.

• Quizás necesita ser un poco más agresivo a la hora de luchar por lo que realmente quiere, o tomar riesgos grandes (que generalmente traen buenas recompensas) como mudarse de país. siendo ciudadano español no tiene que limitarse a vivir en España; puede conseguir empleo en un país donde se valore la capacidad intelectual como Inglaterra, por ejemplo. Pero definitivamente hay momentos en la vida en que tener paciencia no basta.

• Si será listo que sólo parece estar interesado en que le den un trabajillo, el que sea, en la Administración. Y con lo listo que es, ¿no ha pensado en montarse por su cuenta...?

• Vamos a ver... seamos realistas y objetivos, es normal que este señor esté en paro porque para el mercado laboral no sirve de nada tener 800 títulos de filología y chorradas semejantes. Las empresas saben que quienes sacan carreras raras son gente rara, y punto. Es lo que hay, si este señor se hubiera dedicado a estudiar cosas normales (arquitecto, ingeniero, veterinario, odontólogo) seguramente tendría trabajo y bueno, pero como en su día solo servía para encontrar plaza en una carrera que no la quiere nadie, pues ahí te quedas. Es lo que hay. Saber palabritas no da de comer.

• Esto es una pena, pero dicho esto este chico no es listo es inteligente. Con su capacidad intelectual y con un poco de empuje este tipo de personas se pueden comer el mundo pero no tienen los huevos de salir y comerse el mundo. Es todo cuestión de empuje. Yo tengo una carrera hablo dos idiomas y soy mediocre al lado de esta persona, pero el equilibrio entre mi inteligencia emocional y la intelectual está muy por encima de la de este chico. Cualquier trabajo que yo pueda hacer el seguramente lo pueda hacer cuatro veces mejor pero no tiene iniciativa, solo se le ocurre opositar, buscar trabajo no se le ocurre montar una empresa, ser distinto, especial, que es lo que realmente es él.

• O sea ¿que tiene 2 carreras y un doctorado a punto de sacarse no? Y claro sólo quiere trabajar de lo que ha estudiado, que tendrá muchas más salidas, pero parece ser que la fundamental será de profesor de idiomas. A ver si le sale una plaza al hombre..... Me recuerda a un episodio de los Simpson. Dice Barney: "en este país no hay trabajo para la gente preparada" ¿y qué estudios tiene usted? Cinco años de solfeo y 3 de ballet. Yo estudié empresariales y tardé menos de 6 meses en encontrar trabajo, pero claro, no soy un súper genio que con 35 años todavía está estudiando......

• Si, dos carreras pero que prácticamente no tienen ninguna salida y un doctorado que le va a servir para colgarlo de la pared. Si tiene filología germánica, ¿por qué no se va a Alemania a buscar trabajo? O si se quiere quedar aquí, yo por menos de la mitad de lo que ha ganado él monté mi propia empresa. Lo que hace falta para trabajar no son títulos, sino ganas.

• Es muy triste que este fenómeno no tenga trabajo. Pero tampoco parece que tenga una cualificación demasiado práctica. Creo que también tenemos un problema de formar a mucha gente en cosas para las que luego no tenemos puestos de trabajo. En España tenemos un montón de filólogos, físicos, licenciados en historia y en otras muchas cosas cuya única salida es dedicarte a la enseñanza. El problema es que no hay tantas plazas de profesor.

• No es lo mismo ser inteligente que ser listo, tuve la oportunidad de verlo en la mayoría de sus actuaciones, y pude captar que él es muy inteligente y también le hace mucha falta tener audacia, picardía, arrojo. A veces esto es lo que hace la academia te prepara para muchas cosas, pero te deja aislado de la vida real. Siempre he escuchado que el mundo es de los listos, y he observado que las más de las veces se cumple.

• Me da mucha rabia que gente tan cultivada esté en el paro, pero, aunque mi comentario escueza a muchos, también hay que saber elegir qué estudiar. Y una vez que has estudiado eso, saber buscar las pocas salidas que haya. Yo no soy ni de lejos tan letrada e inteligente, nunca me atrevería a ir a un concurso así porque haría el ridículo, pero en un momento dado me propuse sacarme una oposición, para la que también hay que estudiar mucho, y lo conseguí. Igual se lo podría plantear, como el resto de la gente, no esperar a pillar una buena suplencia.

• Yo creo que este genio le debe pedir asesoramiento a Belén Esteban que en España es la máxima exponente del éxito, siendo la más ignorante de toda Europa, pero es Lista. Es lo que le falta a él. Debería hacer un curso de Estrategias y Manipulación que en este momento de su vida y en este país tan mediocre como España es lo que toca. Pero lo más inteligente, es que con ese dinero que tiene en este momento se vaya a otro país, ya que dominando el idioma, y su inteligencia en un nuevo entorno que valore su sabiduría. Debe tener algún problema de personalidad, porque no tiene sentido lo que le pasa. Seguramente será el típico Apego a la Mamá o con un padre o Madre castradores y el pobre está lleno de Miedos, además de una baja autoestima. Le recomendaría un poco de Terapia en especial la Programación Neurolingüística (PNL) y que cambie su Programación y adquiera mayores recursos. Los Niveles Neurológicos que debe trabajar y cambiar son el Entorno (cambiar de país). Conductas (aumentar su autoestima) Creencias y Valores y finalmente su Identidad (Quien soy Yo). Si tiene suerte seguramente leer este mensaje-asesoramiento. Gracias"

• Desde cuando tener una o media docena de licenciaturas, supone que se está preparado para la lucha cotidiana en el mundo del trabajo. ES SUFICIENTE TENER UNA MEMORIA PRIVILEGIADA, para coleccionar licenciaturas y doctorados en letras en nuestras exigentes universidades. Si este hombre, estuviese medianamente preparado para la lucha, seguro que ya de estudiante, habría montado una pequeña empresa o hubiera compaginado estudios con trabajo. Todos a esperar la plaza, hacer la oposición, el empleo a dedo en un organismo público o el enchufe de por vida, QUE ARRIESGUEN OTROS, Nadie quiere montar negocios o crear pequeñas empresas, es dura la vida e incertidumbre del autónomo, Y el empresario pequeño o grande es el único en generar riqueza a la nación, TODOS A VIVIR DE UNA FORMA U OTRA DEL PAPA ESTADO. Al fin y al cabo, si te juegas tu dinero y tu vida haciéndote empresario, no dejas de ser un delincuente para los que viven del enchufe y los sindicados. Así nos va.

• Yo dejé la carrera porque trabajando ganaba dinero, me dedico al diseño. Tengo 33 años, una profesión, estoy casado, llevo casi 15 años cotizados, para la clase dominante eso es lo que les interesa, y nos hacen creer que eso es todo, pero hace unos años, hablando con mi padre, él me preguntó que tal estaba. Yo le contesté, que tenía trabajo, me iba bien con la novia, el coche que habíamos comprado iba bien, tonterías... Entonces mi padre me cortó con rostro serio y me dijo, HIJO, CUALQUIER COSA QUE HUBIESES HECHO TE HUBIESE IDO BIEN, TE PREGUNTÉ COMO ESTABAS TU. Desde entonces no hablo de tonterías con mi padre, y admiro mucho más a la gente como él.


El comentario general que estas opiniones me suscitan es que el conocimiento humanístico que este joven demuestra, el cual otrora era tanto académica como socialmente muy valorado, actualmente no lo es, o no lo es tanto, para un sector importante de la población. Esto tiene su corolario en un proceso que ha venido cobrando cada vez mayor relevancia, en el cual dicha modalidad de saber tiene cada vez menos presencia y/o importancia en los diferentes ciclos formativos y programas escolares (en la Educación Secundaria) y la formación en general de los estudiantes. Como consecuencia de ello, en términos generales se puede decir que en la Educación se está dando una tendencia a instrumentar cursos cada vez más específicos, “prácticos” y de poca duración (en España), ya que se entiende que la mayor especificidad, practicidad y el menor tiempo requerido para la obtención de la titulación correspondiente, es lo que el “mercado laboral” requiere y por lo tanto, lo que garantizaría a los jóvenes una rápida inserción laboral. De esta manera, parecería primar una conceptuación en la que se entiende que solamente lo pragmático y productivo según la opinión y directivas de “los mercados”, es lo que se requiere para logar un empleo.

Parecería que esta tendencia es apoyada por una gran parte de la sociedad de la cual las opiniones aquí citadas forman parte. No obstante, dicho enfoque “es considerado aún insuficiente ya que se reclama que la formación ha de ser aún más “práctica” de como se la viene programando en los últimos tiempos, más adaptada a la “realidad”, con más “salida” laboral, y se da a entender que precisamente el joven es cuestión no encuentra trabajo porque su formación no es adecuada a esa demanda.

Estas opiniones parecen legitimar una única opción posible: la adaptación de la formación de las personas a lo que parecen ser las “necesidades del mercado” lo cual implica la realización de “estudios prácticos”. Y en el caso de este joven, algunas opiniones hasta parecen culparle de no tener trabajo por no haber elegido prepararse en oficios o profesiones con salida laboral, así como “de ser inteligente pero no lo suficientemente listo” como para conseguir un empleo.
Muchas de las críticas a las que vengo haciendo referencia, hacen recaer además, sobre sí mismo toda la responsabilidad de la situación de desempleo,con lo cual se deja en la oscuridad la parte de responsabilidad social(aunque hay opiniones no citadas aquí que sí aluden a la misma, pero haciendo una proyección de toda la responsabilidad en la sociedad, lo cual constituye, según entiendo, una manera no equilibrada de plantearse el problema) y se proponen soluciones “individuales”( estudiar algo que realmente sea útil y demandado, irse a otro país, tener más ganas de trabajar que eso es lo que se necesita y no tanta academia) sin cuestionar lo social (la organización social y lo que de ella deriva) y por lo tanto sin visualizar ni pretender cambios en ese nivel.

Entiendo que en este planteamiento se dejan de lado, sin que ello incomode aparentemente a quienes así opinan, las connotaciones que el mismo tiene a nivel de subjetividad y de la libertad. De éstas es precisamente de las que me interesa ocuparme y reflexionar en este espacio.

Para empezar habría que tener en cuenta que el estudio de aquello que “los mercados” y/o “el mercado laboral” dice necesitar, no garantiza el estar empleado: hay muchos jóvenes que han seguido los dictados del mismo y aún así están sin empleo o con empleos temporales, mal pagos, o en otras condiciones de subempleo. Pero además habría que empezar a identificar a quienes se hace referencia (qué Organizaciones, instituciones) cuando se habla de “las necesidades del mercado” ya que “El Mercado” aparece subjetivado (él quiere, desea y dictamina lo que se necesita, lo que es válido o no) en detrimento precisamente del deseo y la subjetividad de los seres humanos. Tal vez se me podrá decir que ya todo el mundo sabe esto, y que tan solo se trata de “una manera de hablar” para que todos podamos entendernos. Pero precisamente las maneras de hablar determinan la realidad como ya lo decía por ejemplo Paulo Freire, quien justamente proponía, antes que nada, para la auto-liberación de los oprimidos (“La educación como práctica de la libertad”, “Psicología del oprimido”), un cuestionamiento y una toma de conciencia de las palabras que se usan para nombrar las cosas, como modo de comenzar a reflexionar sobre la realidad para cambiarla.

Así mismo, el hecho de que diversos agentes sociales sostenedores del “statu quo”, y entre ellos especialmente los medios de comunicación, aludan permanentemente a “las necesidades de los mercados”, a la inquietud de los mismos por el alza o baja de tal o cual índice y demás, es algo que marca una posición ideológica(no neutral ni objetiva como algunos pretenden), desde la cual se está reforzando-consciente y/o inconscientemente la omnipotencia y el saber absoluto del Dios Mercado; precisamente porque al no identificársele (no decirse qué instituciones constituyen el mismo) y repetir sin ton ni son “los Mercados esto y lo otro…” sin cuestionarse lo que en ello se está diciendo (las implicancias sociales, políticas y económicas o sea, la forma de entender todos estos aspectos de la vida humana), se lo naturaliza y por tanto neutraliza. Y ese efecto de naturalización y neutralización (“las cosas son así, los mercados lo dicen que es lo que hay que hacer” “los mercados quieren..,”, “es lo que hay”) opera en detrimento de la libertad y de la subjetividad, y la consecuencia inevitable y directa de ello, es la imposibilidad del sujeto de cuestionarse quien es, que desea y de posicionarse como gestor de su trabajo y su vida con libertad. El común de la gente no sabe lo que esa frase repetida mecánicamente significa ni si incide o no, ni como incide en caso de hacerlo en todo lo que realmente le afecta: la cotidianeidad de su bienestar, sea a nivel laboral, económico de salud, de educación, e incluso si lo atisba, lo vive como algo incuestionable, inamovible.

En segundo término, ese mercado es el que determina qué modelo de trabajador es supuestamente necesario, y establece que “hay que tener una cualificación práctica porque eso es lo que tiene salida, y eso es la vida real, en tanto que “la academia” parece dejar aislados a los sujetos que optan por ella.
En este punto cabe realizar dos cuestionamientos, el primero de ellos referido a si es ético y democrático moldear hasta tal extremo y mediante determinadas políticas económicas, determinados sistemas de premios o castigos a las personas, condicionándolas así a elegir sola o primordialmente una formación adecuada lo más posible a las “necesidades del Otro (mercado). Cuando digo “hasta tal extremo”, me refiero hasta el extremo de inocularles mensajes que lo lleven a la convicción de que lo único válido es lo que el Otro “Dios mercado” necesita y valora, lo cual implica como contraparte muchas veces confundirse respecto a sus propias necesidades (afectivas sobre todo)o negarlas en caso de que las pueda llegar a percibir mínimamente, o aún peor, a no ser capaz de reconocerlas, de identificarlas, por no tener permitida la cuota mínima imprescindible de libertad para poder pensar y pensarse a sí mismo.

Se me dirá seguramente que exagero y que todos tenemos garantizada esa cuota mínima de libertad en esta sociedad democrática. Sin embargo hay muchas pruebas que nos significan que ello no es del todo así: antes que nada las conductas adictivas (adicción a las compras o al consumo ya sea de comida, de drogas, de sexo, de personas, de objetos varios), los otros problemas de la llamada Salud mental (depresiones, suicidios, homicidios, autismo, TDH, etc.), fracaso escolar y también las llamadas enfermedades físicas que siempre son una respuesta determinada también por las condiciones sociales de vida además de las físicas y psicológicas.
Toda vez que un sujeto es obligado o acostumbrado a negar o reprimir en exceso sus necesidades afectivas, su deseo, paga con una pérdida de subjetividad y libertad, lo cual es una pérdida de sí mismo. Si la sociedad y la educación tienden fundamentalmente, como a mi manera de ver sucede, a hacer que las personas aprendan a priorizar las necesidades del Otro (Mercado, trabajo, padres, maestros) por sobre las propias, sin darles espacio, o dándoles solamente el mínimo espacio para su manifestación y para que sean tenidas en cuenta, se le está llevando a negarse a sí mismo, a alienarse.

Pero todo ser humano intentará salvar su yo en el permanente conflicto entre Eros y Thánatos en el cual el mismo se debate, siempre intentará inconsciente y conscientemente alguna defensa para poder llevarla a cabo. Ese intento de defensa dará lugar a la creación de síntomas (en el sentido psicoanalítico del término). Los mismos son ese intento de preservar la subjetividad.
Pero generalmente, el enfoque predominante, cuando no exclusivo que se realiza de los mismos (terapias o reeducación mediante técnicas conductuales o logopedia por ejemplo), no escucha, no lee lo que está sucediendo en términos del deseo de esa persona, ni operan aceptando la falta. Aceptarla es no pretender encausar y/o reeducar “lo que falla”, sino poder aceptar que para el yo que lucha por vivir de forma auténtica, no hay porque adaptarse a las necesidades del mercado si ello implica negar las propias, no hay porque estar atento y quieto ante enseñanzas que no interesan lo más mínimo o ante formas de abordaje que hacen que pierda el sentido de la vida, no hay que poder estarse quieto si se está pasando por ejemplo por una situación de duelo para el cual no se encuentran otras vías de tramitación, en el caso de niños o jóvenes, etc. Y tampoco hay (porque no se puede) porque estar siempre positivo y optimista, o saber controlar a la perfección todas nuestras conductas en todas las oportunidades, y menos cuando si escuchamos un poco a la persona, podemos llegar a la conclusión de que su depresión, su rabia, su actitud autocompasiva, impulsiva, adictiva, etc. es entendible (que no justificable) en el contexto en que ha surgido, entendible de cara a la supervivencia del su ser afectivo. La curación requerirá que primordialmente se escuche, esto es que se brinde la oportunidad de estar todo lo mal que se está, ya que esa actitud empática lleva en sí misma ya el germen del cambio y la cura, al que obviamente habrá que agregar otras herramientas de trabajo de lo psíquico para favorecer la misma.

Podrá decirse también que ese moldeamiento no es algo planificado totalmente, que no hay personas o instituciones responsables, que los Mercados son una especie de Golem de nuestra época, que una vez creado e insuflado de vida, se ha puesto en contra de la mayor parte de la humanidad para destruirla y al que, a diferencia del de la leyenda de Praga, no se lo puede matar. Solo cabe rendirse a sus imposiciones. ¿Pero realmente esto es así?
Y además, se pude pensar que cada cual es responsable de lo que hace y de lo que elige y puede no acatar lo que se le propone, en este caso en materia de formación. Pero precisamente estoy considerando que esta acaeciendo una situación social en la que la capacidad de pensar de las personas está siendo obliterada desde muchos frentes de forma subliminal, proponiéndose una especie de pensamiento único, aunque a nivel discursivo manifiesto se promulgue la libertad de pensamiento, de elección, etc.

Otra cara del tema en cuestión es el de la relación entre el deseo y la vocación.
Habría que decir que ya no se habla casi de vocaciones, y cuando se lo hace no se le otorga la envergadura que se le otorgaba en épocas anteriores. En ese sentido, recuerdo haber estudiado el tema en la materia Filosofía y de todos los libros que estaban recomendados por el profesor para trabajar el tema, la apercepción fundamental que a partir de ello me formé fue la de que era algo muy importante, ligado a la vitalidad, el bienestar, la felicidad. y lo que sería la posibilidad de instalarse en lo que Howard Gardner llama “estado de flujo” (“Mentes creativas”). Debido a estos significados asociados a la misma, trabajar sobre el tema de la vocación me producía la misma felicidad que pensar o imaginarme que estaba llevando a cabo la misma..No se me olvidó nunca que se definía como un “llamado” (del latín, vocāre; llamar) que siempre asocié con un llamado al ser, esa parte de nosotros mismos más auténtica que sabe lo desea y va a por ello. Es lo que le otorga sentido a la vida del sujeto y momentos de felicidad, plenitud y bienestar que le hacen estar dispuesto a renovar su apuesta por ello cada vez.

Quizás es por estos significados asociados a la misma (que había que ver si coinciden con los de otras personas), sea para mi más notorio el contraste con el hecho de que precisamente hoy no se haga casi referencia al término. Interesa más que se cubran las necesidades del mercado, aún a veces a costa de la vocación (que siempre es propia).Ya no se habla de orientación vocacional, sino de “orientación para el empleo”. Y alguna gente como vemos en las opiniones citadas, está en total acuerdo con que así sea, hay que “normalizarse” y para hacerlo estudiar carreras normales:

“Vamos a ver... seamos realistas y objetivos, es normal que este señor esté en paro porque para el mercado laboral no sirve de nada tener 800 títulos de filología y chorradas semejantes. Las empresas saben que quienes sacan carreras raras son gente rara, y punto. Es lo que hay, si este señor se hubiera dedicado a estudiar cosas normales (arquitecto, ingeniero, veterinario, odontólogo) seguramente tendría trabajo y bueno, pero como en su día solo servía para encontrar plaza en una carrera que no la quiere nadie, pues ahí te quedas. Es lo que hay. Saber palabritas no da de comer”.
“Me da mucha rabia que gente tan cultivada esté en el paro, pero, aunque mi comentario escueza a muchos, también hay que saber elegir qué estudiar. Y una vez que has estudiado eso, saber buscar las pocas salidas que haya. Yo no soy ni de lejos tan letrada e inteligente, nunca me atrevería a ir a un concurso así porque haría el ridículo, pero en un momento dado me propuse sacarme una oposición, para la que también hay que estudiar mucho, y lo conseguí. Igual se lo podría plantear, como el resto de la gente, no esperar a pillar una buena suplencia”.


De lo que da cuenta esta primera opinión es por un lado de la falta de cuestionamiento acerca de qué es normal y qué no lo es, y por tanto se acepta sin más que si se desvía de la norma, es raro, en el ámbito estudio-trabajo. Pero antes que nada habría que saber si realmente esas profesiones a las que se hace referencia son la norma.
Además cabe recordar que hay diversas definiciones de lo que es normal y que esos conceptos de normalidad- anormalidad (o rareza) de los que se habla, son algo socio-histórico, lo cual implica que varían según la época y sus valores. Y porque son algo determinado socialmente, hay que pensar en base a qué se determinan y cómo, quienes intervienen y desde qué lugares en el proceso de conceptuación de los mismos. Así mismo, por su determinación socio-histórica esa conceptuación es mutable, factible de cambiarse si la sociedad así lo considera. Obviamente que en dicho proceso, como en todo proceso de cambio, habrá fuerzas a favor y en contra de dicho cambio, teniendo cada una de esas fuerzas sus motivos para sostener unas u otras posiciones. Entonces, a partir de ello considero que cabe preguntarse por lo menos, porqué aceptar que lo normal es estudiar esa carreras que esta opinión-la cual está apoyada por mucha otra gente- propone como únicamente válidas, y porque aceptar sin más, que otros estudios son “chorradas o rarezas” como considera a las Humanidades.

Se me puede decir que porque “la realidad” dice que los mayores avances se están realizando en Ciencia Experimental y Tecnología y es en lo que habrá trabajo. Para empezar no sé seguro si los avances solamente se producen en Ciencias Experimentales, ya que hay grandes humanistas reflexionando sobre la sociedad y ayudándonos a pensar qué sociedad estamos construyendo y sobre el sentido o no de la misma, sobre que queremos y que es lo mejor, etc. Otra cosa muy diferente y preocupante es que sea solamente en la Ciencia Experimental y en la Tecnología que dichos avances o creaciones sean valorados/as positivamente porque no se quiera o no se pueda apreciar el valor de los “avances en humanidades”, o que ello sea porque no haya gente suficientemente preparada para apropiarse y evaluar esos avances como tales( hay que tener en cuenta el índice elevado de fracaso escolar y el hecho de que muchos alumnos carecen de comprensión lectora, o la misma es muy deficiente, y ese es un requisito indispensable para leer a grandes creadores tanto de las llamadas en las ciencias humanas como experimentales).

Lo que resulta peligroso (y la historia da suficiente muestras de ello para quien quiera y sepa encontrarlas) es que quienes emiten juicios tan contundentes y certeros sobre la inutilidad de las Humanidades, son generalmente personas que justamente las rechazan sin saber, o sabiendo muy poco acerca de las mismas, así como de los efectos que su estudio produce en el pensamiento. Impedidos así de relativizar las cosas, de sopesar sus propios intereses, miedos, prejuicios y los del otro, de analizar la realidad con herramientas del saber socio-histórico, filosófico, económico, sociológico, antropológico, etc. tienden a posicionarse en forma rígida y a tener convicciones inamovibles, creyendo muchas veces que su verdad es La Verdad y así ha de ser para todos por siempre jamás.

Además para que una persona esté motivada y por tanto sea más productiva en su trabajo, para que tenga mayor bienestar y felicidad, no puede basar el mismo predominante ni únicamente en una elección basada en aquellas opciones “prácticas”, “con salida laboral” de las cuales el Mercado asegura que son “las profesiones con más futuro” (¡si hasta resulta gracioso que son las profesiones las que tienen futuro y no las personas que las realizan!).Eso es lo que expresa el último comentario de los citados:

Yo dejé la carrera porque trabajando ganaba dinero, me dedico al diseño. Tengo 33 años, una profesión, estoy casado, llevo casi 15 años cotizados, para la clase dominante eso es lo que les interesa, y nos hacen creer que eso es todo, pero hace unos años, hablando con mi padre, él me preguntó que tal estaba. Yo le contesté, que tenía trabajo, me iba bien con la novia, el coche que habíamos comprado iba bien, tonterías... Entonces mi padre me cortó con rostro serio y me dijo, HIJO, CUALQUIER COSA QUE HUBIESES HECHO TE HUBIESE IDO BIEN, TE PREGUNTÉ COMO ESTABAS TU. Desde entonces no hablo de tonterías con mi padre, y admiro mucho más a la gente como él(el concursante).O

Obviamente que no se trata de no tener en cuenta lo que muchos llaman “la realidad” “la vida práctica”, pero ¿qué es la realidad, cómo y quién determina la misma y quién nos asegura que cuando nos referimos a ella estamos hablando de lo mismo? Y además, quién y con qué autoridad nos dice que debemos aceptar que solamente esos oficios o profesiones a los cuales les adjudican “practicidad y salida laboral”, son los únicos que realmente tienen esas características (y por lo que parece, de aquí a la eternidad).
Porque no hay que olvidar que lo que mucha veces se le está proponiendo a los sujetos es negarse aquello que precisamente es lo que se necesita para estar vivos y experimentar el sentido de la vida: su deseo.¿ Cuántos jóvenes se quedan sin poder estudiar aquella profesión que realmente aman y sin la cual para ellos su vida pierde sentido(más o menos dependiendo de la persona) y en la que hubiesen podido aportar mucho socialmente hablando, porque no alcanzaron la nota requerida en las pruebas de acceso o porque no había plazas suficientes ya que alguien ha decidido por ellos que ya hay muchos, suficientes de tal o cual profesión, y que no se necesitan tantos. En estas situaciones y en otras, no se tiene en cuenta que lo importante no es la cantidad de sujetos con determinada profesión u oficio, sino de esa persona única, de cómo esa persona y no otra, es capaz de sentir, desear y posicionarse en relación a su quehacer y que ese quehacer es para su vida mucho más que un empleo.

Además esa pretensión de domesticar el deseo humano de acuerdo a los parámetros de lo que en determinada época se entiende como “normal”, beneficioso, útil o productivo negando al sujeto, genera mayor sufrimiento, y deja al deseo mucha veces paradójicamente del lado de Thánatos en la búsqueda de un camino para su satisfacción.

Tal vez algunos piensen que “es lo que hay” y si quieres trabajar has de adaptarte a lo que piden, y si no asumir los costos que tu elección implica. Y sí, pero el elegir pensando predominante o exclusivamente en lo que el Otro dice que necesita y valora siempre que ello implique negarse a uno mismo, también costará precisamente mucho en términos de muerte( enfermedades y malestares diversos, cuando no suicidios u homicidios) a quien así lo haga.

Además, la formación Humanística a la que venimos haciendo referencia como algo no- práctico, puede serlo y considero que lo es de hecho. Tal vez se trata de darles más cabida en el mercado, demandarlas más, crear más puestos laborales vinculadas con las mismas. Pero para poder llevar eso a cabo, es imprescindible que antes, “el mercado” o quien esté dispuesto a oponerse a sus demandas sagradas, se conciencie de la utilidad que sí tienen las Humanidades, o estén dispuestos a reconocer abiertamente eso que ya saben y por la prevalencia de motivos seguramente egoístas se han negado a hacer hasta ahora. Se requiere en definitiva, que realmente se desee apostar por otro modelo de sociedad.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que además existe una contradicción en este planteamiento dicotómico en el que las Humanidades quedan ubicadas como inútiles para la vida real. La llamada “inteligencia emocional”(a la cual se hace mucha referencia en las citas del comienzo de ese escrito, y de la que me ocuparé más detenidamente más adelante) es un tipo de inteligencia que según se dice está en alza en el mercado laboral. Y la misma es el resultado de la formación humanística de las personas y tiene a mi manera de ver, una indudable función “práctica”.
El segundo aspecto del cual me interesa reflexionar es si un filólogo, alguien que como en este caso opta a una carrera docente, no tiene una formación práctica y es alguien aislado de la vida real. Y si realmente su formación no es también pragmática y productiva, aunque sus productos no puedan medirse en términos propios de “los modelos dominantes valorados” o en términos de las llamadas Ciencias Exactas.

En este punto no puedo dejar de traer a colación un ejemplo que para algunos puede parecer fuera de tema, pero que en realidad va en la misma línea de planteamiento: la devaluación que en la sociedad se hace en mayor o menor medida (en realidad a la par se la idealiza y desvaloriza)de las tareas de maternidad y paternidad en comparación con el llamado “trabajo productivo=remunerado”, el cual es un trabajo invisible e improductivo solamente para quienes en realidad no quieran ver ni saber de su valor, lo cual es obviamente por algún motivo que conviene al ideal social dominante. Dicho valor en términos muy generales (ya que el tema amerita otro escrito), implica la construcción de subjetividad, de sujetos sociales.

Creo que algo muy similar sucede con las denostadas Humanidades. ¿Será acaso porque lo que verdaderamente esta denostado en nuestra época, y cada vez más, sea precisamente el “ser humano”, o el “ser sujeto”, entendiendo que lo que principalmente caracteriza al mismo es el desarrollo de las capacidades afectivas propias de nuestra especie como ser la empatía, la capacidad de comunicación, etc. ( y no las racionales, ya que la razón no es a mi modo de ver, y como siempre se ha dicho, la piedra filosofal de la diferencia entre el hombre y los animales). Esto queda históricamente y cada día demostrado en forma más que suficiente, ya que como todos sabemos la razón y el crecimiento económico disociados de una afectividad equilibrada conduce a lo peor, de hecho, los mejores psicópatas son muy inteligentes.

Obviamente que el planteamiento que se deriva de las opiniones citadas al inicio de este escrito, está asentado en la clásica dicotomía entre saber o conocimiento científico y saber o conocimiento humanístico, donde el conocimiento en humanidades cobra el sentido de algo inútil para “la vida real”, o por lo menos “no práctico”. Aunque para empezar si la aspiración de este joven es enseñar, habría que suponer que tiene una formación didáctica la cual es plausible de que sea “práctica”.
Por otro lado, para quien esto escribe, quien ama las llamadas “Humanidades” y cree en su “utilidad” para la vida, es cuestionable la no practicidad que se les atribuye. Para empezar las mismas ocupan el corazón y el cerebro de nuestra subjetividad en tanto somos seres de lenguaje. En realidad somos sujetos al Lenguaje y gracias al lenguaje, o este es, si se lo quiere entender de otra manera, nuestra principal y diferencial herramienta comunicacional, el cual además es el único que nos posibilita comunicarnos con nosotros mismos, auto-reflexionar y reflexionar para auto-conocernos y para conocer al otro y a la realidad, para saber tanto de sus sentimientos y afectos como de los nuestros.
También hay que tener en cuenta que en los estudios de Filologías, es donde más se puede aprender sobre nosotros mismos, especialmente sobre nuestra vida afectiva, emocional ya que los diferentes personajes creados por los autores somos siempre y de alguna manera diferente en cada caso, tal vez a retales a veces, nosotros mismos.

Hay un escritor (Emili Teixidor: “La lectura i la vida”) que citaré a continuación por porque creo que es capaz de trasmitir bellamente y mucho mejor que yo la dimensión que las Humanidades tienen en nuestra formación como personas:

….”Que sin palabras no podemos vivir. Que cuantas más tengamos, mejor podremos expresarnos y, como recuerdan muchos psicólogos y poetas, menos necesidad tendremos de acudir al psicólogo o al psiquiatra. Hemos olvidado esta función ordenadora, higiénica, terapéutica de equilibrio del lenguaje. Por este motivo la poesía es esencial. Dicen que cada pueblo en que los jóvenes no hayan dejado la piel en el lenguaje, no puede presumir de haber conseguido el primer escalón de la civilización. Y por eso la primera cualidad que hemos de exigir a un libro es que esté bien escrito. Porque las palabras son el material con que los lectores ordenan su vida interior…"(12, pág. 52)

-“….necesitamos las palabras-la literatura- para nuestra ordenación interior, como instrumentos de nuestro pensamiento-pensamos con palabras- y por disponer de suficiente material para expresarnos, y una de las condiciones para conseguir la felicidad es que la expresión no se quede nunca retrasada respecto (o atrás) de la experiencia. Hemos de ser capaces de expresar todo lo que sentimos y vivimos, porque todo lo que se nos quede en el interior no expresado o mal expresado por falta de palabras suficientes o de un vocabulario aproximado y deficiente, se convierte en obstáculo para la libertad interior, en una molestia para la felicidad, y a la larga esta acumulación de experiencias no dichas o mal expresadas producen una explosión de violencia hacia fuera o una implosión nefasta hacia dentro… (6, pág.62)
“….El poeta Joseph Brodsky llega a decir que si las autoridades conociesen los beneficios inmensos que proporcionan las palabras, la buena literatura, dedicarían más dinero a los presupuestos de educación y cultura, porque habrían de dedicar menos recursos a la sanidad”.

Dice también que “habríamos de llevar siempre encima un papel para anotar e lo largo del día las palabras y frases nuevas que nos llegasen, de la misma manera que llevamos siempre con nosotros la tarjeta de crédito, cosa que demuestra que estamos más atentos a los intereses monetarios que al incremento de nuestro caudal intelectual”. (6, pág.62)

…“Existen muchos argumentos a favor de las historia bien escritas. Leer no es únicamente adquirir informaciones sobre obras escogidas, sino que consiste en aprender a leer y a escribir las obras de nuestra vida. Cada nueva lectura nos exige un cambio en la cualidad de nuestra experiencia moral. Después de todo (finalmente), en las historias más convencionales, la lectura refuerza los arquetipos de la búsqueda que llevan a término para encontrar una explicación sobre nuestra existencia, nuestras vidas, una explicación que signifique algo (alguna cosa). Siempre andamos a la búsqueda de lo absoluto. Por eso, la historia de un libro es buena si nos deja con más preguntas que respuestas en lo que hace al significado. En las primeras lecturas, pedimos a los libros, como a la vida, que sean excitantes, sobre todo románticos; más adelante que nos lo hagan pasar bien, que sean, el libro y al vida, soportables; y al final, que sean capaces de entenderlo todo, que sean, el libro y la vida, comprensibles”.(II, pág. 66)


Y a lo que dice este autor agregaría que, las letras, el lenguaje, es lo que nos permite comprender y pensar la realidad social pasada y presente, pensarnos nosotros mismos en esa realidad para saber el rumbo (futuro) que deseamos darle a nuestra vida y a nuestra sociedad, Pues somos seres sociales (nuestra subjetividad es una construcción social además de lo biológico) y por lo tanto, todas nuestra decisiones son tomadas por un sujeto cuya individualidad es social. Y es aquí donde cobran especial importancia para poder hacerlo las otras disciplinas llamadas humanísticas además de la Filología y la Lingüística, las cuales son: la Historia, la Geografía, la Sociología, la Antropología, la Política, el Derecho, la Economía, las Artes.
Ahora bien, la frase de Joseph Brodsky citada por Teixidor me lleva a preguntarme qué otros motivos llevarán a que “el mercado”, y un sistema educativo excesivamente complaciente con el mismo, no demanden gente formada en Humanidades, al punto de que las mismas tengan cada vez menos cabida e importancia en los planes formativos, siendo que más allá del surgimiento de nuevos requerimientos en lo social que hacen necesaria la formación en nuevas disciplinas aparentemente “más prácticas”(Ciencias exactas y tecnología), las Humanidades igualmente tienen una importancia fundamental como decía para el desarrollo de la capacidad de pensar, de comunicarse, de dialogar con uno y con el otro, de pensar al realidad, etc.

¿ SERÁ ACASO PORQUE EN REALIDAD CONOCEN ESOS BENEFICIOS DE LAS MISMAS QUE CADA VEZ DAN MENOS OPORTUNIDADES, YA QUE UN PUEBLO QUE NO PUEDE PENSAR NI PENSARSE, NI PENSAR SU REALIDAD INDIVIDUAL, SOCIAL NI HISTÓRICA PORQUE CARECE DE LAS HERAMIENTAS QUE ES IMPRESCINDIBLE PARA ELLO( un nivel elevado de desarrollo del lenguaje y la capacidad de pensar, conocimientos de las disciplinas humanísticas)ES MÁS FÁCIL DE “GOBERNAR”.TAL VEZ ES PREFERIBLE ENTONCES, QUE LA GENTE ENFERME TANTO FÍSICA COMO MENTALMENTE (adicciones, fracaso escolar, depresión, etc.) PORQUE DE ESTA MANERA CARECE DE FUERZA REIVINDICATORIA Y SE LA PUEDE CONTROLAR MEJOR (medicar, encerrar en diversos centros sean cárceles, hospitales, centros de supuesta re-habilitación) HACIENDO RECAER TODA LA RESPONSABILIDAD DE SU SITUACIÓN O ESTADO SOLAMENTE EN SÍ MISMO, EN SUS NEUROTRASMISORES Y/ O GENES, Y NO EN LA SOCIEDAD DE LA CUAL EL SUJETO ES SU PRODUCTO CADA VEZ MÁS A-SUJETO O MÁS OBJETO?

Por si las pruebas anteriores no fuesen convincentes acerca de la importancia práctica de las Humanidades podría citar otros aspectos de la vida en que son muy necesarias. En este sentido podemos asentar la practicidad de las Humanidades en que la comprensión lectora (la cual es muy deficiente actualmente en el alumnado) es fundamental no solamente para “leer la realidad”, sino también para resolver cuestiones en disciplinas que se piensan como “más prácticas o de la vida real”¡Cuántos alumnos no pueden resolver problemas matemáticos porque ni siquiera entienden qué se les está planteando!, incluso las Letras son esenciales para leer la cotidianeidad: una señal de tránsito, una receta médica o de cocina, un folleto de promoción, etc.

(AUNQUE TAL VEZ TAMPOCO INTERESE QUE LA AMPLIA MAYORÍA DE LA POBLACIÓN ENTIENDA DE CUESTIONES MATEMÁTICAS QUE LES PERMITAN A SU VEZ APREHENDER LAS ECONÓMICAS, NI QUE APRENDA A LEER ENTRE LÍNEAS EN LAS ATRAYENTES CAMPAÑAS PUBLICITARIAS PRO-CONSUMO).

Supongo que la argumentación anterior es suficiente para revalorizar la importancia práctica que la formación humanística tiene para los seres humanos. Aunque en lo que sí considero que debería hacerse hincapié, es en la forma en que se enseña en general y en especial en cómo se enseñan las Humanidades. A mi modo de entenderlo, ahí radica en parte problema que las hace aparentemente inaplicables para la vida real, o poco prácticas. Se las estudia desvinculadas de la vida de los estudiantes, sin indagar ni pretender que los mismos indaguen en sí mismos valiéndose de ellas, lo que le impide adquirir un mayor auto-conocimiento, el cual a su vez le permitiría desarrollar la llamada “inteligencia emocional” y también su formación ética. Pero esta disociación entre la teoría y la práctica, esta desvinculación de las materias de estudio con la realidad, es moneda común en la educación en general y una de las principales causas tal como yo lo entiendo, de la desmotivación para los estudios que tienen muchos niños y jóvenes, y que hace síntoma que provoca especial malestar en el ámbito escolar.

Exactamente a este aspecto, la inteligencia emocional, cuya enseñanza es deficitaria en la educación actualmente, es al que hacen referencia algunas de las citadas opiniones cuando hablan de que “no es lo mismo ser inteligente que listo, es inteligente pero le falta tener audacia, picardía, arrojo, porque en el mundo triunfan los listos”, tal vez a ella se refieren también quienes dicen que “la academia no prepara para la vida real”. Hay diferentes aspectos de la inteligencia emocional a los cuales se hace mención en las opiniones que he recogido al inicio de este escrito, y cuya carencia explicaría en gran parte, según ellos, el fracaso de este joven en la búsqueda de empleo. Dichos aspectos son por lo tanto aquellos que se considera que son necesarios para que dicha búsqueda sea más efectiva. Ellos son:

-decisión y capacidad de montarse por su cuenta o montar su propia empresa.
-“ser un poco más agresivo a la hora de luchar por lo que realmente quiere”.
-“tomar riesgos grandes como mudarse de país”.
-tener más empuje: “todo es cuestión de empuje”.
-iniciativa, audacia, picardía arrojo.

Y finalmente entre las opiniones citadas hay hasta quien se atreve a realizarle al joven en cuestión un pseudo diagnóstico con visos pretendidamente psicoanalíticos de su estado emocional, con recomendación terapéutica incluida: “un poco de terapia en especial Programación Neurolingüística (PNL) y que cambie su Programación y adquiera mayores recursos. Los Niveles Neurológicos que debe trabajar y cambiar son: el Entorno (cambiar de país). Conductas (aumentar su autoestima) Creencias y Valores y finalmente su Identidad (Quien soy Yo)”.

Sin lugar a dudas que todos estos aspectos de la inteligencia emocional son importantes, sino precisamente imprescindibles para la persona y para su desarrollo en el ámbito laboral, y más en la actual situación de crisis social y económica que se está viviendo. Y más allá de que este joven al que aludimos pueda carecer o no de estas aptitudes, es aceptable que las personas pueden tener ante la búsqueda de empleo, como es el caso, actitudes más o menos activas, las cuales están en estrecha relación con aspectos emocionales de su personalidad. La capacidad de decidir montar una empresa propia o por su cuenta como opción a “esperar a conseguir un trabajo” en el que otros sean los emprendedores, implica como lo indican claramente los términos “propia” o “por su cuenta”, tener autonomía, para lo cual es imprescindible conocerse a sí mismo y respetarse, o sea estar en conexión consigo mismo, saber lo que se necesita, lo que se desea y confiar en los propios recursos internos ( autoestima y autoconfianza)para llevar adelante el proyecto personal “ o hacer un sueño realidad”. En esa confianza radica en parte la fuerza (empuje) para asumir lo que seguramente sea vivido como un riesgo (porque es algo nuevo, diferente, desconocido). También lleva implícito que la persona es flexible y con capacidad de adaptación, así como creativa, características que también se requieren para poder tomar la decisión de mudarse a otro país, sugerencia que muchos le hacen a este joven.

Así mismo la agresividad que alguien menciona es importante siendo puesta al servicio del amor que se siente por lo que se ha elegido hacer. Una agresividad dirigida a desintegrar lo obsoleto, lo que ya no nos sirve de nuestra configuración emocional anterior al cambio de actitud, y dirigida a emprender nuevas formas de encarar la tarea.

A nivel educativo, si bien a la importancia de la inteligencia emocional se la viene reconociendo desde hace un tiempo, recién en los últimos tiempos están empezando a plantearse propuestas y experiencias en algunos centros escolares para el desarrollo de la misma. Pero la limitación que encuentro en el enfoque que se hace- según lo que yo conozco- es que nuevamente se la intenta “enseñar” como otra materia o un espacio aislado del resto de las materias, cuando en realidad cualquier situación que sucede en el ámbito escolar ya sea entre maestro y alumno o entre alumnos entre sí, son oportunidades ¡y las más pertinentes! para aprender sobre los diferentes aspectos que se han dado en constituir la misma (conocimiento de sí mismo, autoestima, autocontrol, empatía).
Las formas de trato que se establecen en el aula: la forma en que el maestro se dirige a los alumnos, la forma en que ellos se dirigen a él, el trato que se dispensan los alumnos entre sí, constituyen oportunidades para aprehender o no, la inteligencia emocional.

Algunas veces puede darse el caso de que hayan situaciones en las cuales sea más importante de cara a la formación de la persona en forma integral, el abordar en ese momento algo relacionado con la mejora de la inteligencia emocional (la forma de hablar o de proceder de un alumno con otro, o la actitud de no perseverancia ante una tarea o algún tema, como por ejemplo el duelo si hay algún alumno que ha perdido a un ser querido, la menarca si es que las chicas inician su período menstrual, etc. ) que la resolución de la tarea escolar en sí. Sucede que para hacerlo habría que considerar el poder dejar en suspenso por unas horas, por un día, la tarea concreta que se está realizando en el momento en que ocurriese la situación en cuestión, para reflexionar sobre ello. Es el maestro quien debería evaluar en cada caso si una situación donde lo afectivo es lo determinante, requiere una intervención urgente en el “aquí y ahora” y por lo tanto si la misma es más importante para la formación de los niños o jóvenes como personas (para su inteligencia emocional para su capacidad de aprender, para su capacidad de aprender a pensar, a resolver conflictos, etc.) o para el “clima del aula” que un ejercicio del libro de clase. O tal vez, sin llegar a tener que dejar de lado la tarea que realizan en ese momento, poder “tomar nota” de aquellas situaciones que requieren de un aprendizaje emocional, y poder disponer de algún horario semanal para trabajar los mismos. Ese trabajo redundará sin lugar a dudas en una mejora que podrá ser medible también en lo cognitivo. Trabajar sobre aspectos tales como una pelea entre chicos, un insulto, una burla, también llamar la atención sobre actitudes positivas como por ejemplo si un chico se esfuerza en una tarea y logra vencer obstáculos , comparar su actitud (¡la actitud y no a los sujetos!) con otra que implique darse por vencido, destacar las conductas que denoten empatía, etc.) , tal vez buscar algunas alternativas para que trabajarla diariamente en base a las miles de situaciones que suceden día a día en el ámbito escolar (en las aulas, en los patios a la hora de recreo, en las entradas y salidas, etc.)

Claro que habría que analizar también si los maestros y profesores están de acuerdo en formarse y llevar a cabo dicha tarea, la cual implica que estén dispuestos a realizar su tarea de forma más compleja, tal como yo lo entiendo. Habrá que considerar que ello requerirá una mayor preparación, y que implicara para maestros y/o profesores de un mayor número de contenidos para abordar. Además habrá que evaluar las condiciones en que esta forma de trabajo se llevaría a cabo, especialmente el tema del sueldo. Aunque el trabajo de la inteligencia emocional podrían llevarla a cabo perfectamente psicólogos y psicopedagogos que están formados para ello y muchos de ellos desempleados, sin necesidad de invertir en formación más específica para maestros.

Retomando el tema de las Humanidades, las mismas son además de gran utilidad para trabajar la “inteligencia emocional”, los hechos históricos tienen correlación con la vida y la historia de los jóvenes, las obras literarias también. ¿Por qué no tener un acercamiento a dichos conocimientos apelando a la identificación afectiva que no excluye como parece creerse, lo cognitivo. Abordar el trabajo desde el que sienten al leer tal o cual texto -en vez de qué piensan-, indagar si les recordó algo, si lo asocian a algo de vuestra vida, de vuestra familia, etc.)

Más allá de toda esta argumentación a favor de la inteligencia emocional y de la importancia de propuestas que permitan el desarrollo de la misma en niños y jóvenes, cabe cuestionarse si no se corre el riesgo de pretender que la misma se convierta en una panacea, y buscar algo así como una erradicación de la falta de inteligencia emocional bajo el lema: ¡inteligencia emocional para todos en el SXXI! , y que ello se constituya en un mandato más que fuerce a las personas a forjar su personalidad de una determinada manera que lo haga más productivo para la sociedad.
Hay que considerar que el desarrollo de la inteligencia emocional no conviene que sea concebido como algo que ha de estar desarrollado de tal o cual manera y en todos los casos, ya que nuestra esencia es humana y ello implica que estamos constituidos como sujetos psíquicos en relación a la carencia, a la falta, lo que nos permite la libertad. Eso hace que no siempre podamos, que no siempre queramos inclusive, comportarnos en forma emocionalmente inteligente. Por ello se trata finalmente, de ayudar a la mejora de la misma, siempre y cuando, y en aquellas situaciones, en que los sujetos así lo deseen.