martes, 17 de febrero de 2015

COMO HACER LITERATURA CON LA PROPIA VIDA.




Durante el año 1996  estuve asistiendo a un taller de escritura creativa y al finalizar el mismo se realizó  la publicación de alguna de las creaciones de cada integrante  del mismo en el Libro “Lapislázuli”.

Para la publicación, cada integrante presentaba un texto producido a partir de una propuesta del taller que consistió en  elegir  un símbolo que  representara a cada cual  a partir de una lista de  estos que nos fuera dada por la coordinadora. A continuación se incluye  un texto que pretende expresar  lo que significaba para cada cual el proceso de la creación. Y finalmente  se presentan aquellos textos que cada cual prefirió publicar.

Yo elegí de esa lista de símbolos a Venus, y a partir de esa elección escribí un texto sobre el Amor, un poema de presentación, en el cual  esa referencia alude al amor (que en psicoanálisis denominamos  transferencial) dirigido tanto a la coordinadora del taller, la escritora uruguaya Elena Romitti, como a mi analista, con la que llevaba en ese momento un largo tiempo de análisis.

Asimismo  el cuento “El viaje”, que presento luego del texto sobre el proceso creativo,  se refiere metafóricamente,  como pude darme cuenta luego de haber escrito el mismo, tanto al viaje analítico, como al viaje que significó el taller de escritura y la escritura en sí misma. En este  “El viaje” se aúnan muchos viajes, y  simbolizo lo que significó para mí  ese período extenso de mi análisis, en términos fundamentalmente de una apertura hacia el deseo maternal , el cual estaba muy presente pero como algo a resistir (obviamente  por  pensamientos y vivencias negativas en relación a la misma)  en los comienzos de mi análisis.

Así como escribe la propia Elena Romitti en el prólogo al  libro, comenzamos el viaje  “ … empujados por Venus, porque todo viaje va a cubierto o descubierto detrás del amor .”

VENUS

¿¡Qué importa que la llamen Venus o Afrodita?!
¿Acaso no es el amor lo que hace que yo haya llegado hasta acá, 
que Ella estuviera esperando, 
que dos almas sin saberlo se hayan estado comunicando eternamente?                                                         Si desde tiempos remotos Venus ha vivido                                                                                                 naciendo de la espuma 
renaciendo en Boticcelli 
y también en mí.
¿Y Elena?,¿ acaso  no fue pro su belleza, por su perfección que se la disputaron 
ocasionando la guerra de Troya?
¿Cómo es posible ? ¡¿Justo  Venus  la Diosa del Amor generando una guerra?!                                         
                                                                                                    
Ante la propuesta de la coordinadora del taller de escribir sobre que significa crear yo escribo el siguiente texto.

CREAR   ES…

"… impaciencia, excitación , pasar de la vida al sueño y del sueño a la vigilia sin poder pensar en nada más , robarle horas al sueño, y todavía en sueños concluir, encontrar, el principio, el final, de la historia a contar. Perder el reloj, olvidarse de comer, de las cuentas, del orden ¡y hasta del cuidado personal!, ¡Qué horror! Hacerse la desentendida con los enfados de familiares y amigos , que desesperados llaman para saber si aún estoy viva, celosos de que no les permita entrar en este mudo privado. Dicen no entender como me gusta tanto estar sola. ¡Sola!, ¡qué tontería! Acá adentro hay más gente de la que se podrían imaginar. Mi soledad está poblada, de personajes, de sentimientos, de recuerdos, de imágenes, olores, sabores, sonidos, sensaciones, que luchan cuerpo a cuerpo agolpándose en las puertas de mi mente para que las elija y les permita la dicha de ser paridas. Y así, las palabras dan vueltas y vueltas en el laberinto hasta que solo algunas cuentan; sin saber por qué ni que he de hacer aún con ellas, son ellas quienes en realidad me eligen obligándome a escribir. Lapicera en mano, comienza a brotar el agua, de la mano de Elena que abre una puerta invitando a entrar a Venus.                                                                                                                Folleto blanco y azul, blanco-pureza-¿muerte?
¡Sí, muerte de la razón! ¡Dejad hablar al alma que ella sabe más de ti que tú mismo.                                      Azul-cielo-mar, donde la mirada se pierde en el infinito.                                                                                Y aquel reloj de arena azul?                                                                                                                          El tiempo. ¿Cuál tiempo?
El de crear, jugar, crear, leer, comunicar, escribir, crear al borde del misterio,                                      ¡porque la escritura nos permite hacer viajes fantásticos!"



“EL VIAJE" 
                                 
A Marta por lo que me dio,
a mi madre pro lo que me dio
y por lo que no me pudo dar.

Y a Ana Luisa Hounie, mi analista de entonces.


                                                                                                 
Querido Marcelo,                                                                                                                                            
          
en la presente  te cuento una experiencia muy extraña que ha tenido una trascendencia enorme en mi vida. La he denominado “Viaje fantástico” o “Viaje al interior”, y comienza un día en la playa, más precisamente en el mar.  
Estando yo siendo mecida  suavemente por las olas, dejando el tiempo pasar, creyendo que nada ni nadie podrían perturbar aquella paz, aquel silencio que resonaba  en mis oídos transportándome a otro tiempo…cuando de pronto, una inmensa ola y un remolino aterrador me arrastra a la deriva . Ni siquiera me da tiempo de preguntarme qué sucede. Si sé de la sensación de haber atravesado un túnel oscuro.Cuando         despierto me encuentro en un lugar…sin palabras.
Parece ser una cálida noche de verano. Siento en mi piel la caricia suave de una brisa que perfuma el aire con una exquisita mezcla de rosas y jazmines, despertándome sensaciones totalmente desconocidas, o quizás tan primeras, que celosamente guardadas en los confines de mi memoria, no puedan ser recordadas. Un placer sin fronteras invade todo mi ser.                                                                                              Hasta donde mi mirada asombrada se pierde, se abre extendiéndose una frondosa alfombra de un verde oscuro sin mácula. Doy unos pasos y mis pies se hunden en este increíble mullido colchón de hierba. A mi izquierda, grandes y altos edificios en tonos de blanco y azul pastel irradian una rara luminosidad lechosa que baña la oscuridad nocturna creando una atmósfera en las que día y noche se confunden. A mi derecha, un hermoso parque de juegos donde cientos de niños corretean, se zambullen en los areneros, se tiran de los toboganes , andan en los “sube” y “baja”. Veo sus rostros felices, sus gestos de alborozo, pero ¡qué raro!, no emiten sonido alguno. Allí parece ser el reino de un silencio y una calma rebosantes de vida que se hace presente en el cúmulo de sensaciones que me embriagan, meciéndome en un mar de paz y seguridad primordiales.
Quebrando la armonía pastel del lugar, un cartel de madera en letras doradas dice: “Bienvenidos al Parque Alicia”, y un poco más abajo: “para poder jugar acá, lo único que has de hacer es ponerte estos zapatos rojos”. Y efectivamente, allí, al lado de este anunciante sobre el frondoso verde se encuentran unos pequeños zapatos rojos, que en un toque de infantil coquetería , se abrochan con una presilla y  una hebilla en el costado.                                                                                                                                               Me pregunto a que juego se refiere, acaso al parque con sus juegos, o a este otro, cuyo creador desconozco,  y al que fui arrastrada sin pedirlo.

 ¡Qué ocurrencia!-pensé- ¡¿yo ponerme estos zapatos?! Estaría como las hermanas de Cenicienta , ¡y encima jugar!...Pero, ¡si está lleno de niños  pequeños y yo soy grande!-exclamé azorada. 

¿Eres realmente tan grande?-sentí que preguntó una voz. Y luego afirmó : tu perteneces a ese grupo de incautos han quienes han hecho creer que la cantidad de años vividos es siempre buen metro de la sabiduría.
Un calor sofocante  arrebató mis mejillas, y miré para todos lados temiendo que algún observador oculto se hubiera percatado de que me sentí humillada.

-Pero no, está todo en orden –me dije reponiéndome-Y bueno, ¿porqué no intentarlo?, total…acá nadie me conoce, sea cual sea el juego al que haya que jugar…

Mientras me quitaba precipitadamente mis zapatos, e intentaba torpemente ponerme los rojos, me imaginaba lo ridícula que quedaría tratando de calzarme unos zapatos que me habrían ido bien de haber tenido nueve años.
Me quedé atónita cuando mis pies se deslizaron dentro de ellos a la perfección. Comencé a caminar lentamente mirándome extasiada en aquellos mágicos zapatos, mientras me parecía estar flotando y siendo transportada en una nube.

A medida que avanzaba, diversos árboles  interceptaban mi camino, y el aroma de aquellos que perfumaban el aire se iba haciendo cada vez más intenso. De pronto pude divisar hermosos rosedales cubiertos totalmente por grandes rosas rojas, y jazmines cuidadosamente cultivados, exhibiendo una perfección y belleza celestiales.

Una mujer , cuyo cabello sedoso parecía descansar sobre la curva dulce de su espalda, ataviada con un vestido blanco largo, semitransparente, se me acerca y sin articular palabra o emitir sonido alguno ,me mira y yo siento :
- Te estaba esperando, ¡por fin has llegado, ya era hora!

Yo la miraba entre temerosa y maravillada preguntándome cómo era posible que nos comunicáramos sin mediar palabras. Ella como leyendo mis pensamientos me respondió:

 - Acá  tan solo con desear o pensar algo serás escuchada- Luego agregó : -si me miras fija y profundamente a los ojos podrás verte en ellos y encontrarás la Verdad que has venido a buscar.

¿ A qué verdad se refería-me pregunté, y cómo iba yo a encontrarla no sabiendo de qué se trataba, y más aún, estando acá sin haber decidido voluntariamente venir . Quizás me estaba confundiendo y creía que era yo a quien ella esperaba. Pero, había tanta dulzura en su confiable mirada esmeralda,  que me dejé seducir, ¡y cuál no sería mi sorpresa al verme reflejada en sus ojos, con mis nueve años   vestidos de zapatos rojos! Me sentí hermosa como nunca, y tuve la oscura certeza de que la respuesta estaba en aquellos zapatos.
Ella me dirigió una sonrisa afirmativa y agregó:

- acaso no me recuerdes, pero yo soy Marta , y ahora sé que el regalo que te hice te encantó.
-¡Marta!, pero entonces …ella es… -pensé.

-Sí, tu madrina de confirmación –dijo sin palabras , sin darme tiempo a continuar.

-Pero...¡¿ cómo es posible que estés tan joven?!-le increpé , cada vez más incrédula . ¡Y tan distinta!-continué empezando a sentir cierta angustia.

-¿Acaso estás muerta?, ¡entonces yo también!-exclamé horrorizada.

-¡Cálmate!, simplemente estaba esperando por ti para  envejecer. Era necesario que yo estuviera así para poderte confirmar. Ahora, como ya lo he hecho, puedo irme tranquila. Ha llegado la hora de mi partida.

-Pero…¿cómo que ya o has hecho?-pregunte triste y empezando a lagrimear.

-¿No te has mirado en mis ojos y te has encontrado hermosa con mi regalo?- me respondió.

-¡Oh!, sí , sí-contesté- ¿pero eso que tiene que ver con mi confirmación?-volvía a cuestionar.

-Lo sabrás luego de encontrarte con tres personas más.

-Pero… -  alcancé a balbucear cuando ya había desaparecido.

Me invadió una profunda tristeza y lloré por su partida, hasta que de pronto, uno de los niños que jugaban en el parque se me acerca y me dice:

-No llores, vamos a jugar y verás que se te pasa: Yo me llamo Marcelo.

-Está bien, siempre me han gustado mucho los niños- le respondí. ¿A qué quieres jugar? Antes de que pudiera terminar de esbozar la pregunta supe su respuesta.

-Bien, acepto-le dije-, solo porque tu nombre me suena familiar.

Me dice que cuando el juego se inicie , yo debo ir hacia los edificios blancos y azul pastel donde me están esperando. Y cuando termine lo que he ido a hacer , nos encontraremos nuevamente en uno de los toboganes que ahí allí en el parque.

Guiada por Marcelo me quito mi recién adquiridos viejos zapatos rojos, y él los suyos , y cada uno se pone los del otro. Me dirijo entonces hacia los altos edificios corriendo.

¡Qué raro sentí …!, aquellas piernas musculosas y duras…Extrañé mis nada bien ponderadas pero suaves y redondeadas piernas de mujer. Además, dónde estaba toda aquella emoción, la sensible fascinación que este lugar ejercía sobre mí hace apenas unos segundos. Evidentemente Marcelo no siente igual. Le parece lindo sí, como quien mira de afuera , pero nada tan especial. Buscando dentro suyo un atisbo de ternura, se halla una fría aridez.

Cavilando sin cesar he llegado al edificio. Como si supiera exactamente  donde debía ir, entro sin llamar y me encuentro a dos personas de cabellos blancos, de espalda encorvada, como si sobre sus hombros levaran una pesada carga, y en cuyos rostros, surcados de imborrables líneas, puede leerse como en el tronco de un gran árbol, el paso del tiempo.

El hombre al verme entrar exclama: ¡mira quien llegó!, y la mujer capturada por una extraña pantalla, levanta apenas la vista para dirigirme una mirada de reproche. Un acero helado me atraviesa el corazón, y con una voz igualmente fría dice:
- ¡linda hora para llegar!, ¡a esta altura te acordaste de nosotros¡, ya no te esperamos.

El hombre balbucea tratando de limar la aspereza de su mujer :

-Marcelo, tu madre dice eso porque está enojada, pero en realidad siempre te ha esperado. Tres veces te esperó y tres veces no llegaste; ella ha envejecido esperándote, es entendible que esté resentida.

La mujer, que en apariencia seguía ajena al niño, comienza sollozar. Se levanta de la silla y abrazándolo le dice: Marcelo querido, ¿por qué llegas justo ahora que ya nada podemos darte?

Impelido por no sé qué extraño mandato , me sorprendo diciéndoles: A mí no, pero al hijo que va a tener Andrea sí.

Me despido de ellos bruscamente y corro hasta el tobogán. Al final de este están mis zapatos rojos. Urge que los recupere. En ese instante comprendí las palabras de Marta.
Antes de que pueda despedirme de Marcelo, un torbellino aterrador me arrastra nuevamente, y otra vez la sensación de haber atravesado un túnel oscuro.

Cuando despierto estoy nuevamente en el mar y al salir observo que mis pies están manchados de un color rojo intenso.

Ahora cuando escribo esta carta , querido Marce, han pasado varios meses. Acaban de confirmarme que estoy embarazada. Ya decidí que aquella doctora, no sé si la recordarás Marta, será quien me asista en el parto. Me despido de ti con un gran beso. Debo darme prisa ya que me he de preparar para darle la noticia esta noche a mi esposo. Para una ocasión tan especial, he elegido un lindo vestido blanco y un precioso par de zapatos rojos.
                                                                                                                        Andrea.    
   


COMENTARIOS SOBRE ESTE RELATO.


Este relato surge a partir de una propuesta de la coordinadora del taller literario denominada “Como hacer literatura con la propia vida”. La misma implicaba elegir objetos, lugares y personas  significativas, y a partir de allí crear una historia.
Yo elegí: unos zapatos rojos que mi madrina de confirmación me regalo ese día, el “parque Alicia” que era un parque cercano a  mi casa. Además,  Alicia es mi mejor amiga , hija de Marta mi madrina de confirmación, y Alicia también lo elegí  porque me recordó en ese momento a “Alicia en el país de las maravillas”, lo cual está presente en la forma en que se inicia y desarrolla  el cuento: en otro lugar y espacio donde una es llevada sin pedirlo, como sucede en todo cuento o novela, a  La Otra escena, la del inconsciente.

El análisis que viene a continuación fue realizado un tiempo  después de escribir el cuento; en el momento que lo escribí, solo tenía una vaga noción de que el mismo era significativo para mi historia por algunos de los elementos elegidos , pero en sí no sabía todo lo que allí se recreaba acerca de historia y mi deseo. He de aclarar que el significado de todos estos significantes que tejen este trazo de historia, los fui encontrando paulatinamente mucho tiempo después de escribir el cuento en sucesivas relecturas; cuando lo escribí no tenía idea de lo significativo e importante que era para mí.                                                                                    
 Marcelo (celos del mar) es el nombre de un bebé , un hermano mío  no nacido, es el hijo varón que mis padres desearon y nunca llegó, y tres veces lo esperaron;  una primera vez en que  mi madre sufrió un aborto espontáneo , y luego también era esperado cuando nací yo y mi hermana según lo que me contó mi madre. En el momento en que escribo esto, mi analista y mi hermana están embarazadas. Entonces, es desde la identificación con ellas, y especialmente con mi hermana que lo escribo y que  firmo la carta dirigida a ese hermano no nacido. Andrea es el nombre de mi hermana. 
Marta es efectivamente el nombre de mi madrina de  confirmación religiosa. Pero la auténtica confirmación que ella hace es la de mi femineidad y maternidad (eres mujer, puedes ser madre) al brindarme, al yo encontrar en ella, otro modelo de ser mujer diferente (más valorado por mí) que el del mi madre, donde el atributo fálico valioso está presente  y es otorgado por una mujer en posición de madre a una niña, metaforizado en unos zapatos rojos  que efectivamente fueron el regalo de mi madrina el  día de mi  confirmación. 

El número nueve es significante de  la edad en la que tuve mi primera menstruación y son los meses de  embarazo. El lugar que es recreado y donde están tantos niños , llegué  a darme cuenta más tarde, de que  es el vientre materno, y la descripción que realizo del mismo la hago a partir de un sueño que había tenido en días previos a que fuera dada esta propuesta en el taller, sueño  en el cual  experimenté una gran fascinación visual  (no quería despertarme)y auditiva (por el silencio absoluto que allí había). A ese lugar-vientre materno  yo vuelvo para probar como sería ser  ese varón que mi madre o padres desearon. El deseo del hijo varón pasa de una generación a otra, no habrá Marcelo, pero habrá otro posible niño, nieto que colmará a medias  esa falta y deseo de varón: ese primer hijo que esperaba mi hermana en la realidad, pero yo identificada con ella en el sueño y en el cuento.


El siguiente texto lo escribí pensando en una amiga que en esos momentos vivía una situación muy conflictiva con su hija adolescente  y me pedía consejo como psicóloga para mejorar la misma. Obviamente en este texto también recreo aspectos de mi propia  relación con mi madre, aunque las circunstancias reales no eran las mismas.
La propuesta del taller de la cual surge este texto no lo recuerdo bien en el momento en que decido escribir esto, pero vagamente tengo idea de que era una propuesta en que una mujer debía irse obligada a un castillo y una joven irse  aun apartamento.

LA NIEVE.              
                   A mi amiga María.  
                                                                 Avatares de mi relación con mi propia madre, 
                                                               desplazados y recreados sobre una amiga y su hija.


Desearías que aquella noche no hubiese llegado nunca.
Aunque siempre supiste, al igual que todo el que tiene la suerte, pensarás la desgracia, de arribar hasta allí, que más tarde o más temprano deberías abrir esa puerta y entrar, titubeas miedosa sin atreverte a cruzar el umbral. Sabes que no tienes escapatoria, ¿acaso alguien la tiene? Ese castillo es eterno, y aunque cierres  una y mil veces los ojos para cerciorarte que no es real, él estará allí inamovible.
Ya no puedes jugar como lo has hecho todos estos años a hacerte la desentendida, creyendo poder escabullirte detrás de unos cuantos afeites, ocultando tu edad  y lanzando alguna que otra mirada recriminatoria a quien osara tener el mal gusto de enunciar la pregunta prohibida.

Te cuestionas cómo es posible  que no hayan puesto alguna señal en el camino hacia allí , que evitara tantos tropezones y caídas , y que hiciera que el impacto frente a aquella enorme mole  que imaginas oscura, fría y solitaria fuera más débil. Estás furiosa y dolida  porque sientes que esto no es más que una premeditada emboscada que te ha tomada desprevenida. Pero no te das cuenta que tú misma aprisionabas con fuerza la venda que cubría tus ojos y que los otros, y sobre todo Inesita intentaban quitar infructuosamente. Ella más que nadie, te señalaba el camino. Aquella cayó de golpe cuando  la sorprendiste llevando a escondidas a ese chico, a quien sientes como un intruso, a vuestros cálido refugio de Pocitos. Te das cuenta que no se trata de acusarlo de ladrón; de no haber sido él, hubiese sido cualquier otro, y amargamente tomas conciencia que mientras tú te dirigías hacía ahí, ella crecía impunemente sin pedirte permiso.

Tal vez pretendías que viniera contigo a este castillo que ahora ves horrible, pero vencida te das cuenta que eso no es posible. Ella necesita del bullicio de los recreos en el colegio, de las interminables e inoportunas charlas por teléfono que tantas veces intentaste impedir llevándote el tubo en la cartera, de sus cartas de amor que como una dictadora pasaste por la censura, creyendo que así podrías detener el tiempo. 
Te rehúsas a aceptar esta separación, quizás no tanto porque ella pueda disfrutar del colorido y alegre apartamento, sino porque tú debes irremediablemente entrar allí. Y haces esfuerzos inútiles como quien quiere resucitar a un muerto.

Imaginabas que siempre estarían unidas, acallando el temor inconfesable de una voz que te decía que ella ya estaba lista para iniciar el vuelo, y creíste que su amor habría de estar solamente dirigido a ti, pues desde que se separaron con tu esposo siendo Inesita muy pequeña, viviste para ella, y quizás ese fue tu error -piensas ahora.  Tal vez pretendías sin saberlo que contraería contigo una deuda eterna.                                
Pero te duelen en el alma y en el cuerpo los años equivocados, y te rebelas contra un ser imaginario que te hizo creer que tu vida se limitaba a ser una buena madre , y aún dudas si lo fuiste. Pero, ¡asómate sigilosamente por el amplio ventanal de vuestro querido apartamento y compruébalo por ti misma!¡Mírala correr feliz en su adolescencia y confórmate con recordar aquella niñez desde donde te abrazaba la calidez del café con leche y tostadas con manteca y mermelada que se desparramaba en las risas y cuentos de aquella nena tuya  que soñaste eterna!
Como esa luna grande y redonda que ilumina la noche y que no podrás evitar que en unos días se divida en dos , y tan solo te deje ver una mitad , así te sientes ahora sin ella .
Quizás más tarde, cuando la nieve fría que cae cubriendo aún más la montaña sacándote bruscamente de tus pensamientos, se derrita, puedas volver a reunirte con ella en su primavera.
                                                                                                                      


                          
Elena Romiti Profesora de Literatura egresada del Instituto de Profesores “Artigas”. Doctora en Ciencias del Lenguaje, mención Culturas y Literaturas Comparadas (Universidad Nacional de Córdoba, Argentina) y Magíster en Ciencias Humanas, opción Literatura Latinoamericana (Universidad de la República). Actualmente trabaja como profesora de Literatura Iberoamericana y de Didáctica en el IPA y como investigadora en el Departamento de Investigaciones de la Biblioteca Nacional. Sus últimos libros son: Las poetas fundacionales del Cono Sur. Aportes teóricos a la literatura latinoamericana (Biblioteca Nacional, 2013), Los hilos de la tierra. Relaciones interculturales y escritura: el Inca Garcilaso de la Vega (Biblioteca Nacional/MEC/FHUCE, 2009), Literatura de Cuarto Año. Textos, estudios y apéndices de términos literarios –en coautoría con Rafael Varela– (Aitana Ediciones, 2008).


sábado, 14 de febrero de 2015

INTERVENCION SOCIAL, DESEO Y EMPODERAMIENTO.


“Querido Cheng, usted ha conocido una serie de
rupturas en su vida, usted sabrá transformar estas rupturas en vacío mediador,
actuando, lo que le va a permitir re-enlazar su presente a su pasado y, al final,
usted estará en su tiempo”. Jaques Lacan. 

 Maluenda E., “Un nuevo lazo con el pasado” en Revista Enlaces N| 12, -Grama , Bs.As. 2007, pág.27,
Laurent, Ë., “El Tao del psicoanalista”, El Caldero de la Escuela 74, Bs.As. nov.dici. 1999




En estos  tiempos  en que cada vez son más las personas que debido fundamentalmente a la crisis de desempleo, van quedando excluidas o al margen del sistema social, como objetos de desecho del sistema capitalista, se requiere más que nunca de  nuevos modelos de intervención social y psico-social que posibiliten a las mismas  recuperar su lugar de sujetos. Ello requiere ayudarlos a salir de ese lugar de pasividad y victimismo en que muchas veces ellos mismos se ubican (y que es también el que muchas veces les es otorgado y reforzado por las propias instituciones y profesionales que pretenden a ayudarle a salir de la misma), proyectando toda la culpa de lo que les sucede en términos de exclusión y pérdida  en el funcionamiento del actual sistema socio-económico.
.
Sin dejar de reconocer la enorme y brutal incidencia en la actual exclusión que padecen muchas personas, del sistema socio-económico neo-liberal, de nada sirve mantenerse en una actitud de protesta  y enfado generalizado. proyectando toda “la culpa” en el sistema. Para poder cambiar la misma, se requiere de la asunción de responsabilidad subjetiva que permita al sujeto adueñarse de sí mismo o como dicen actualmente empoderarse. Efectivamente, si la situación depende totalmente de ese Otro gozador (del antes sujeto, ahora objeto de consumo consumido el mismo por “el sistema” que encarna a ese Otro), y la culpa es toda de ese Otro,  encarnado en diferentes otros(políticos, empresarios) que no responde al sujeto, y entonces  “haga este lo que haga, nada puede cambiar”, la persona queda imposibilitada de realizar cualquier acción que le permita re-insertarse como sujeto de deseo, quedando muchas veces merced a un sufrimiento similar al que padece una persona con síndrome de indefensión aprendida.
Ello no implica tampoco  que se intente hacer recaer a “la culpa” por entero en el sujeto que padece la exclusión, pues eso además de que tampoco es así, no habilita para salir, al contrario, sume a la persona en la depresión y de esa manera no logra salir adelante,  pues en ese estado nadie  tiene energía para pensar ni hacer para salir de una situación. Se trata de ir en busca de una toma de conciencia de  la responsabilidad (diferente de culpa) que cada persona tiene en lo que (le) está sucediendo a nivel  particular y social, para así  recuperar su dignidad como sujeto y cobrar energía (deseo) para llevar a  cabo acciones individuales y/o colectivas que le permitan salir de la misma.

Las instituciones y muchos profesionales que trabajan en las ellas tienden a reforzar quizás si tener conciencia de que lo hacen, o teniéndola, pero debido a que han de acatar las directivas de la institución para la que trabajan, el posicionamiento de estas personas en el lugar de víctimas pasivas que necesitan ser ayudadas, y muchas veces la ayuda es de tipo asistencialista solamente y para cubrir necesidades básicas (se les brinda alimentos, ropa, dinero para pagar algún gasto), o en el caso de  aquellos programas dirigidos a desempleados que apuntan a la orientación y acompañamiento para el empleo, se les brinda herramientas para estar en mejores condiciones de encontrar empleo (se trabajan habilidades sociales, como hacer una buena entrevista laboral, como realizar un buen currículo). Ambos tipos de intervención son del orden de “darle el pescado” directamente, o brindarle una estrategia y artilugio de pesca que se pretende serán más eficaces. Están pensadas previamente, protocolarmente inclusive en la mayoría de los casos, y dirigidas por la institución y/o profesionales  que trabajan en la misma, y no cuentan con la participación activa de la persona a quienes están dirigidas, no tienen en cuenta su subjetividad: si la persona está en condiciones psicológicas de llevar a  cabo lo que se le propone, si está de acuerdo, cómo se juega en ello su deseo y sus resistencias al cambio, etc.

Este tipo de intervención estipulada de antemano, dentro de ciertos parámetros caracterizados generalmente por la rigidez, esclerosa el vínculo entre el profesional o la institución y el llamado usuario o demandante del servicio de ayuda, y también a ambos miembros del mismo que se mantienen fijados a sus respectivas posiciones de saber autoritario lo que el otro necesita el uno, y no saber o no querer saber el otro (pues si dice saber y querer saber lo que necesita, y ello no coincide con lo que la institución y o el profesional que lo atiende considera que necesita y debe querer, corre el riesgo de no ser ayudado), de darlo el uno y recibirlo el otro, o solicitar ayuda uno  y ayudar el otro, lo cual lleva muchas veces a la frustración de ambos debido a la  repetición ad infinitum del circuito tan bien metaforizado por el mito de las danaides. Posición de alienación que requiere de una operación de separación posible, que permita avanzar hacia la libertad de quien es ayudado, hacia su empoderamiento subjetivo o lo que es lo mismo,  hacia su “ser sujeto”, al  muchas veces considerado “objeto de intervención”, y también así liberar al profesional y a la institución de sentimientos de frustración e ineficacia entre otros.

Y en lo referido al área laboral y las orientaciones posibles para la búsqueda de empleo, se realiza sin tener en cuenta un aspecto esencial que es que de nada sirve saber hacer un mejor currículo u entrevista laboral si el tejido empresarial no crea empleo, sino que al contrario, lo destruye, y eso implica que cada vez hay una competencia más feroz entre los desempleados en la búsqueda de inserción. No se trata de que estas acciones no se lleven a cabo, pues es obvio que a todas las personas le son de utilidad, más allá de que a unas sí les permitirán encontrar un empleo y a otras igualmente no, sino de pensar otras posibilidades.

Y eso, debido precisamente a que no hay empleo creado o que esté siendo creado para poder dar trabajo a toda la gente desempleada que hay, como tampoco organizaciones que puedan brindar todas las ayudas necesarias cuando cada vez más personas  son “víctimas” de la exclusión. Por lo tanto es hora quizás de que vayamos pensando que cada persona ha de intentar por lo menos, inventarse su propio empleo o reinventarse para poder re-crear un lugar laboral posible entre los intersticios del sistema. Poder llegar a hacerlo, implica  antes que nada reinventarse, recrearse a sí mismo como persona, empezar a descubrirse y conocerse de nuevo, descubrir en un doble sentido a aquella persona, posiblemente aquel niño o joven que fui y que en aquel entonces estaba movido por el deseo, (motivado),recuperar el “yo” auténtico, que años de lo que llaman educación y orientación para el empleo, domesticaron y reprimieron hasta hacerlo casi desaparecer , para adaptarse, cercenando su vocación y sus sueños, a un Dios Mercado que les prometía el Paraíso del pleno empleo, adaptarse  hasta  ser un perfecto desconocido para este otro mi mismo que la persona es hoy. 

Y a partir de ese reencuentro o  nuevo encuentro en realidad con él o ella mismo/a, poder valorizar y vibrar “reivindicando el espejismo de intentar ser uno mismo” (trabajar el conocimiento personal y la autoestima ), porque solo ello permite empoderase, tener el poder y dominio sobre sí mismo, saber lo que se desea y ponerse en marcha con energía  para hacerlo, recuperar quizás aquel hobby tan insignificante que parecía no tener más valor que ser solo eso, un pasatiempo, y ponerlo a trabajar para generarme un empleo. Porque la energía, la motivación o lo que en psicoanálisis llamamos deseo, solo es posible si estoy conectado con mi ser auténtico, o más bien si soy, si me logro recuperar de ese Otro (convenciones o exigencias “adaptativas” sociales excesivas) en quien me había perdido. Lugar de máxima libertad subjetiva, de encuentro y permiso para la  diferencia, para que cada quien sea lo que es, y por tanto haga acorde a su ser. 

Ello daría lugar a que muchas más personas pudieran re-ubicarse socialmente, auto-emplearse, auto-regenerarse  pues no sucederá, como temía una persona a quien le hacía este planteamiento, que nadie va a querer limpiar o hacer otras tareas que ella suponía horribles, ni habrá superpoblación en las profesiones que más se desean, ya que cada cual podrá  reinventarse un lugar único entre los intersticios que el sistema no cubre, y que nunca cubrirá totalmente. Siempre habrá alguien en cualquier oficio o profesión que si da rienda suelta a su ser (para lo cual se requiere un nuevo modelo de ayuda e intervención piscosocial), y esto es,  a su creatividad, estará en condiciones de hacer algo de manera única, y aunque a veces la diferencia entre el hacer de unos y otros pueda parecer mínimo, ese mínimo tendrá siempre un valor diferencial que permitirá otro tipo de crecimiento personal y social diferente al que se ha buscado hasta ahora. Así que se trata de hacer valer la diferencia.

Y a esas personas que quizás no les interese más ocuparse de lo que nadie aparentemente querría hacer (como era limpiar para esta amiga), quizás la libertad les permita crear algo que supla el tener que ocuparse de hacerlo. Una persona interesada en la limpieza (modo de goce que se  asienta en el erotismo anal como decía Freud),no solo tiene que canalizarlo limpiando , puede hacerlo intentando crear mejores detergentes o artilugios que faciliten la misma, desarrollando una línea de productos de limpieza que respeten la naturaleza, canalizándolo hacia el arreglo y cuidado de parques naturales, o aún también limpiando casas,¿ por qué no?, hay gente que le gusta hacerlo.

También he de agregar que para crear este tipo de sujetos que un nuevo modelo social requiere, se necesita urgentemente cambiar la educación, salirse de ese modelo que sigue siendo autoritario, discurso del Amo y Universitario diría Lacan, donde aún el saber y las directivas de lo que hay que saber, el cómo, el ritmo y la manera (fundamentalmente repetitiva y teórica), las sigue determinando el maestro o “los expertos” que no dejan de auto-encumbrarse en las diferentes áreas del conocimiento en la actualidad, que a su vez cumple con planes que a veces parecen  estar hechos por gente que no sabe nada de una educación ni de una psicología que respeten el ser de la persona (“Educar para ser” dice la educadora alternativa Rebeca Wild en su maravilloso libro). Se necesita un modelo educativo donde lo pulsional, o sea  la forma de gozar de cada sujeto sea considerado: no reprimido en exceso (o que la represión no se la vía única para su tratamiento sin dar alternativas), ni tampoco subsumido a una única forma de goce posible (el consumo sin freno), favorecer en esa alternativa posible a la sublimación de lo pulsional, de  forma tal que se de lugar a un "saber hacer" (praxis o sea encuentro entre la teoría y la práctica, también entre lo intelectual y afectivo), que tenga en cuenta esa diferencia, para que la persona pueda aprender "con" y desde las entrañas, o sea, con y desde lo afectivo. Que el que aprende sea un sujeto afectado por el aprendizaje, motivado, sujeto de deseo, y no como ahora sucede con muchos estudiantes y personas que aún teniendo su trabajo, se aburren y están precisamente faltos de deseo, desmotivados, deseando que llegue la hora de “borrarse” de lo impuesto por Otros para poder ser un poco ellos mismos.


Cuando no se respetan las diferencias, sino que se las borra homogenizando  tanto a los alumnos como a los trabajadores, cuando ese aporte diferencial de cada uno no se tiene en cuenta, y a la persona se la obliga a adaptarse a lo que el Otro estipula cercenando su "ser" una y otra vez (lo que a él le interesa de eso que se está abordando, lo que él quisiera hacer o la manera en que quisiera hacer, etc.),el sujeto reprime su interés respecto a ello, y una parte de sí, -la más importante porque es el caldero pulsional de donde surgiría toda creatividad posible-, muere. El sujeto deviene en mayor o menor medida un robot automatizado, que “más o menos va llevando” su vida educacional y/o laboral para conformar al Otro social (padre, maestros, empresario, Estado), rindiendo bajo mínimos a veces, implicándose un poco más quizás también a veces, cuando por ahí el Otro deja un pequeño resquicio a la libertad del alumno o del trabajador y permite que una chispa fugaz(fugar) del prisionero prenda e ilumine, aunque solo sea por unas horas o un día, el recinto de la escuela o el comercio (es que ya casi  no hay fabricas!!). 

O quizás a veces, esa chispa de vida y creatividad de la persona asoma inesperadamente, tomando a todos por sorpresa( por ejemplo cuando el maestro dice: ¡Fulanito hoy si has estado ¿acertado, despierto, atento, feliz?; yo diría feliz . El niño debería decir: ¿no será más bien que esta vez  usted sí – suspiro, ¡al fin!- , me ha sabido escuchar y dar lugar a lo más diferente (propio) en mí?).

Aunque ese estado solo es posible de parte de los más osados, los  sobrevivientes que aún conservan agazapada la fuerza para luchar, y que como soldados de su sí mismo, atentos al momento de  claudicación del control del Otro, aprovechan un mínimo tropiezo, titubeo o distracción  del mismo, para por esa brecha  hacer asomar la propia chispa , esa, la del deseo (que es la verdadera chispa de la vida y no la Coca Cola, como nos han vendido),  burlando al fin aunque sea ocasionalmente, la censura de toda diferencia.

Anabella Rodríguez.

viernes, 30 de enero de 2015


"El sujeto perverso y el capitalismo total" Francisco de la Peña Martínez Publicado en La otra versión del padre: perversiones. Cristina Jarque (compiladora). Editorial Ledoria. Toledo. 2004.

Ideología y perversión.

La perversión ha sido abordada desde el psicoanálisis fundamentalmente como una estructura clínica mayor, junto a la neurosis y la psicosis. Sin embargo ella también constituye una estructura ideológica cuyos alcances políticos y culturales, bastante significativos en nuestros días, quisiera analizar aquí.

Una exploración de las diversas aproximaciones que han sido elaboradas desde lo que entiendo como una clínica de la cultura nos permitirá comprender la naturaleza perversa de la ideología dominante en el capitalismo tardío. La sociedad posmoderna actual es indisociable del dominio global de las políticas neoliberales que apelan a la disminución del rol del Estado y que favorecen el reinado del dinero, la preeminencia de la mercancía y los mercados por sobre cualquier otra consideración, la emergencia de una vasta economía informal e ilegal que no es ajena a la industria de la delincuencia organizada, y el desarrollo de una cultura hiperindividualista fuertemente narcisista, exhibicionista y hedonista, volcada a la competencia, al consumo y la búsqueda de placer. A este respecto son muchos los pensadores, comenzando por Lacan mismo, a partir de los cuales es posible sostener que la sociedad capitalista se caracteriza por erigir a la subjetividad perversa en un modelo dominante de personalidad, la cual se reproduce a través de un discurso ideológico que impele a los individuos a someterse al mandato superyoico de gozar en todas sus formas y a cualquier precio, y de ostentar dicho goce abiertamente, sin limitaciones y sin culpa. 

Es sabido que en el contexto de la invención de los cuatro discursos, Lacan introdujo una variación sobre el tema que le llevo a afirmar la existencia, al lado del discurso del amo, de la histérica, de la universidad y del psicoanálisis, de un quinto discurso al que denomino discurso capitalista. Aunque no es un tema sobre el que haya ahondado mucho, Lacan se refirió al mismo en algunos célebres pasajes. En la sesión de su seminario del 3 de febrero del 1972, por ejemplo, afirmará que “El discurso capitalista se distingue por la Verwerfung, por el rechazo, la expulsión al exterior de todo el campo de lo simbólico… ¿el rechazo de que? El de la castración” (Lacan, 2011:96) El rechazo de la castración y la desimbolización son aquí articulados para dar cuenta de la naturaleza del capitalismo, cuyo discurso Lacan concibe como una prolongación, una renovación y una variante del discurso del amo, como un encuentro entre éste último y la ciencia, al afirmar que “uno no ha esperado hasta ver que el discurso del amo se haya desarrollado plenamente para mostrar su verdadero trasfondo en el discurso capitalista, con su curiosa copulación con la ciencia” (Lacan, 1991:126) 

El discurso capitalista introduce una torsión en las relaciones entre los términos que intervienen en la estructura del discurso del amo: el significante amo (S1), el Saber (S2), el Sujeto ($) y el objeto (a). Lacan destaca el hecho de que el capitalismo pone en relación directa al Sujeto con el objeto plus de goce (a), relación que el discurso del amo excluye. El Sujeto del capitalismo, atrapado en el goce consumista, es completamente ajeno al saber científico-técnico (S2), un saber que está en el fundamento del mundo capitalista, si bien subordinado al mandato único (S1) de la producción incesante de bienes u objetos (técnicos y mercantiles) que cumplen la función de objetos de goce (a). Ligada intrínsecamente al modo de producción capitalista, la técnica está entregada a la producción desenfrenada de objetos destinados al mercado, tras ser concebidos a la sombra de la ciencia, objetos que Lacan llamará lathouses, y que se caracterizan “por pasar del brillo intenso en el escaparate a la opacidad del desecho” (Alemán, 2000:32) o en los que “lo no bastante coincide con el exceso”, como dice Zizek. 

Este autor afirma que el capitalismo “ha dejado de ser un orden soportado por una prohibición fundante que invita a ser transgredida” y se ha convertido en una economía libidinal del consumo en el que “la propia transgresión es solicitada”, un mundo dominado por los artilugios tecnológicos y constituido por una “multitud dispersa de goces, en el que proliferan síntomas y tics particulares que le dan cuerpo al goce” (Zizek, 2001: 29). Braunstein, por su parte, plantea la existencia de un tercer discurso, distinto al del amo clásico y al del capitalista (que correspondería al discurso del amo moderno), que el mismo Lacan habría anunciado en su conferencia en la Universidad de Milán de 1972 llamándole discurso pst (homófono con la palabra peste), y al que Braunstein denomina discurso de los mercados o discurso post-capitalista. Vinculado a la aparición de la escritura digital o virtual, que sucede a la escritura a mano y a la escritura impresa, se trata de un discurso en el que el mercado aparece como un agente impersonal y mudo que impele a los sujetos a gozar a través de su sumisión a los servomecanismos, fetiches tecnológicos que son el semblante del objeto (a). 
Ellos proveen a los consumidores de identificaciones imaginarias a pequeños relatos atomizantes y egotistas (redes sociales, comunidades virtuales, sectas y grupúsculos) que sustituyen las identificaciones simbólicas a los grandes relatos modernos (La Nación, el Pueblo, la Raza o el Partido) y aseguran el tránsito de las sociedades disciplinarias a las sociedades de control. (Braunstein, 2012) 

En todos los casos, el discurso del capitalismo favorece un tipo de subjetividad que está supeditada al imperativo de goce del objeto, que es goce del objeto desechable y renovable por excelencia, la mercancía. La naturaleza perversa de está subjetividad no es ajena a la desimbolización que produce el capitalismo, la cual remite ante todo a una erosión de la función del nombre del padre en el terreno cultural, es decir, al declive de los referentes ternarios y la caída de las figuras del gran Otro.

La decadencia del gran Sujeto Como ha señalado Dufour, asistimos al agotamiento del sujeto de la modernidad, encarnado en el par formado por el sujeto crítico kantiano y el sujeto neurótico freudiano, y a su sustitución por el sujeto postmoderno. Para este autor, en efecto, la condición subjetiva moderna se basa en tres rasgos, a saber, la diferencia, la crítica y la neurosis. Si la diferencia refiere a las formas extremas de sumisión de los nooccidentales, de los “otros” sometidos a través del colonialismo y la esclavitud a la voluntad del sujeto de la modernidad, su contraparte al interior del mundo occidental lo constituye la figura del sujeto crítico, que se mueve entre múltiples referencias e ideologías haciendo uso de la razón y apelando a los principios universales de la racionalidad. El sujeto neurótico, por su parte, es el lado oscuro o el revés del sujeto crítico, es el sujeto de la culpa que surge como resultado de la deuda contraída con un gran Otro que se vuelve múltiple, pero es también el sujeto de la repetición y de la insatisfacción, aspectos que están en la base de la actitud crítica (Dufour, 2007). Las distintas figuras del Otro simbólico que recorren la modernidad (Dios, la Nación, el Pueblo, la Revolución, el Proletariado, el Progreso, la Ciencia), los grandes relatos que han estructurado el vínculo de los sujetos a algún significante amo que se presenta investido de un aura sublime y trascendente, han dado su razón de ser tanto al inquisitivo sujeto crítico como al insatisfecho sujeto neurótico.Ahora bien, con el paso a la posmodernidad asistimos a la decadencia del gran Otro, a la ausencia radical de grandes Sujetos. 

Este desvanecimiento del sujeto de la modernidad es correlativo a la emergencia del capitalismo tardío neoliberal, que se caracteriza por disolver todas las formas de intercambio que se remiten a un garante absoluto o metasocial. Al no estar garantizados por una potencia superior, los intercambios se reducen a su condición puramente mercantil, lo que implica que el intercambio comercial tiende a desimbolizar el mundo puesto que rechaza toda figura trascendente como sustento del valor. El valor simbólico se diluye en beneficio del simple y neutro valor monetario de la mercancía, eliminándose toda consideración (moral, tradicional o trascendental) que obstaculice la libre y más amplia circulación de mercancías. La posmodernidad, una era dominada por el vacío de referentes sólidos y por el pensamiento débil, es por ello un más allá de la modernidad carente de ideales fuertes, propicio a una cultura narcisista en la que las definiciones idiosincráticas se generalizan en detrimento de los valores o las ideologías universales. Si en la modernidad el ser del sujeto depende de un Ser exterior a él, en la posmodernidad esta hetero-referencia se desdibuja a favor de una auto-referencia radical. A pesar de que la idealización del mercado es hoy un relato dominante que pretende erigirlo como nuevo referente absoluto o gran Otro, el mercado por su propia naturaleza es incapaz de ocupar este lugar, pues su lógica profunda no es ternaria. La economía de mercado, en efecto, es incapaz de dar respuesta a la cuestión del origen o del fundamento y al deseo de infinito o de absoluto, pues su lógica no es ni simbólica, ni jerárquica ni trascendente.

 Por el contrario, el mercado se basa en relaciones dualistas e imaginarias y en una lógica que es horizontal, uniformizante, inmanente, interactiva y reticular, sin exterior ni principio excluido. La progresiva desaparición de la figura del gran Otro acarrea una mutación de la condición humana y un cambio en la forma de subjetividad dominante, a la que se le exige adaptarse a la mercancía y a los flujos del mercado de manera voluntaria, práctica y “libre”. La creación del hombre neo-liberal ha llevado a una revolución de nuestra economía psíquica consistente en el desplazamiento de una cultura basada en la lógica de la neurosis (la represión, la culpa, la deuda y el sacrificio) a una cultura que promueve la perversión, los desórdenes narcisistas y la psicosis ordinaria. La caída de los ideales produce un sujeto indiferente al sentido del deber y carente de espíritu crítico, pues conlleva la caída del superyó y de la ley simbólica. Un sujeto narcisista, hedonista y cínico, sin deuda ni compromiso con el Otro y por tanto liberado de la culpa, dotado de una fuerte desinhibición, de impulsos transgresivos y de fantasías de omnipotencia. Sin anterioridad ni exterioridad simbólicas, sin referentes espaciales o temporales amplios, el sujeto postmoderno queda prisionero en un presente inmediato, sin proyecto a largo plazo, abandonado a la búsqueda de un goce instantáneo. Si la modernidad se caracteriza por una palabra que prohíbe y está referida a los grandes relatos, la postmodernidad remite a una palabra que incita a gozar desde una proliferación de pequeños relatos que prescinden del gran Otro y propician el egotismo y el individualismo más extremo. Nuevos síntomas, nuevos desordenes Existe una historia de la locura que da cuenta del porque los síntomas y los trastornos mentales varían de una época a otra o entre distintas culturas. En este sentido, modernidad y postmodernidad se distinguen por los malestares que alientan y los modelos de personalidad que propician. Si las patologías en la modernidad remiten al sujeto neurótico y se fundan en la pasión de ser otro, o más precisamente, sujeto del Otro, las patologías postmodernas giran en torno a la ausencia del Otro y la cuestión de la auto-fundación y la auto-referencia. Si la modernidad idealizó al sujeto moral, racional y responsable, la postmodernidad hace de la subjetividad narcisista el ideal del “hombre neoliberal”, y del narcinismo el perfil característico de un sujeto cuyos sentimientos de omnipotencia, desinhibición o exhibicionismo y cuya ambición y desestimación de los otros, que en muchos casos pueden lindar con la perversión y la psicopatía, lo convierten en el más apto para desenvolverse en un entorno mercantil de fuerte competencia, búsqueda de ganancias y excesos consumistas.

 Por esta razón, las patologías más extendidas en nuestra época están en función o son alguna variante del complejo narcisista. Entre ellas destaca en primer lugar la depresión, un trastorno que remite a la dificultad del sujeto para arreglárselas sin el gran Otro, a la fatiga para ser uno mismo que se traduce en impotencia, dificultad para la acción, inhibición, tristeza y desaliento. Más que estar habitado por la culpa, como el sujeto neurótico de la modernidad, el sujeto deprimido está habitado por la vergüenza. Si la culpa es un estado que remite al Otro, la vergüenza remite a sí mismo, es el sentimiento de desvalorización, autodesprecio e inferiorización de un yo destituido frente a un ideal de sí mismo inalcanzable. Si el sujeto deprimido es aquel que es menos que sí mismo, sus contrapartes patológicas son, por un lado, la personalidad múltiple, en la que el sujeto es más que uno mismo, dividido en identidades distintas entre sí pero que habitan en un mismo cuerpo, y por otro lado el llamado estado límite o borderline, que remite a un transtorno con una clara impronta narcisista que ha llevado a algunos clínicos a concebirlo como una psicosis ordinaria, es decir, una suerte de psicosis de baja intensidad que se distingue tanto de la neurosis como de la psicosis tradicional. (Maleval, 2003) Anorexia, bulimia o vigorexia, otros populares males de época, remiten a las alteraciones de la imagen del cuerpo que afectan a los sujetos atrapados en el juego de apariencias de un sí mismo deficitario frente a la mirada propia y de los demás. Lamultiplicación de los casos de transexualismo y las demandas de transexualización, por su parte, no son ajenos a la desimbolización, a la negación de lo real de la diferencia sexual y al rechazo de la castración. Finalmente, las adicciones o toxicomanías constituyen otra forma generalizada de manifestación de lo inconsciente, en las que la ausencia del Otro es suplida a través de una sustancia que ocupa su lugar y es consumida compulsiva e inevitablemente hasta llevar al mutismo de un goce ensimismado y no simbolizable.

 En todos los casos, los sujetos de las nuevas patologías narcisistas son reacios al tratamiento analítico y se distinguen del neurótico tradicional por su impermeabilidad a la relación transferencial, es decir, a la relación con el Sujeto Supuesto Saber. Con una dificultad para la simbolización y el trabajo de la asociación libre, son sujetos que difícilmente se interrogan por sus síntomas y cuyo malestar se presta a la palabra analítica solo en condiciones muy particulares. A este respecto sabemos que Lacan anticipó en el último periodo de su enseñanza, y no por azar, la necesidad de transitar de una clínica del Otro a una clínica del Uno, en una perspectiva que privilegia la forma única en que cada ser hablante organiza su modo de gozar el síntoma. Una clínica que muestra toda su utilidad frente a los nuevos síntomas donde lo Real se hace presenta en formas inéditas y la relación a lo simbólico se vuelve problemática. Captalismo gore y necropolítica La ausencia del Otro da cuenta de otro fenómeno propio de la postmodernidad y que revela su faz perversa: el incremento de la violencia en todas sus formas (físicas y simbólicas, legales e ilegales, implícitas o explícitas), que se ha convertido en un fenómeno transversal que permea el conjunto de las dinámicas sociales. La violencia extrema, la muerte y la necro-política son los signos característicos de lo que Valencia ha llamado capitalismo gore, en el que lo gore ya no designa un género cinematográfico sino una realidad muy cercana, la de un capitalismo cada vez más condicionado por elcrimen organizado (y del que México constituye actualmente un modelo) en el que se extiende el tráfico ilegal de drogas, órganos, armas, mujeres o mercancías, o en el que el secuestro, la tortura, la estafa, la piratería, la extorsión y el sicariato se han arraigado como prácticas ordinarias. (Valencia, 2010)

 La multiplicación de actividades criminales que son cada vez más transnacionales y globales (y que algunos han llamado McMafia) acompaña a la implantación del capitalismo ultra-liberal, basado en el hiper-consumo hedonista y en la necesidad de abastecer su demanda a través de una inmensa economía ilegal (que si bien predomina en los países subdesarrollados, no está menos presente en los países avanzados). Una de las consecuencias más negativas de este nuevo régimen es la desafiliación y la disgregación social, que debilita las tradicionales identidades de clase (tanto la del proletariado como la de la burguesía) y conduce a una lumpenización o desclasamiento generalizado que encuentra en la figura del delincuente (mafioso, asesino o ladrón) su modelo identitario y su personificación heroica. La necro-política, que consiste en el empoderamiento creciente de los criminales que reivindican abiertamente sus actividades y su influencia en el campo político, es el efecto inevitable de este proceso. En su competencia por imponerse en los mercados globales, la delincuencia organizada recurre a un muy bien organizado sistema empresarial que comprende lo mismo sofisticadas actividades financieras de inversión y lavado de dinero que un conjunto de necro-prácticas o tecnologías del asesinato. Se trata de formas de violencia que rompen con las tradiciones de las antiguas mafias (por ejemplo el respeto a la vida de mujeres y niños) y que constituyen métodos de exterminio de una excesiva crueldad (decapitación, descuartizamiento, desintegración en ácido) que son exhibidos y publicitados a través de los medios según una estrategia de comunicación muy precisa, que apunta a banalizar la pulsión tanática. En este sentido, la deificación de la violencia a través de los medios de comunicación y de entretenimiento (desde el cine y la televisión hasta la internet y los videojuegos) y el desarrollo de una cultura criminal que es un vasto mercado para la producción y el consumo de modas vestimentarias, géneros musicales o manifestaciones religiosas (como los narco-corridos o el culto a la Santa muerte en México), series televisivas de éxito (como Los Soprano o Pablo Escobar) o videojuegos infantiles (como Grand theft auto), ha contribuido a la glorificación del transgresor de la ley y a la reivindicación de la delincuencia y la impunidad en un universo libre-cambista que es percibido como una jungla regida por la ley de la selva. En todos los casos, la espectacularización de la muerte, el gusto por la violencia y la destrucción, la atracción por el suicidio, la crueldad y el sadismo alimentan un poderoso imaginario tanático que es propicio a todas las derivas perversas. Películas hiper-violentas, programas de televisión que explotan las miserias de la gente, redes sociales basados en el morbo voyeurista o noticieros centrados en la nota roja propician una estética de la violencia que la vuelve decorativa, la naturaliza y la torna aceptable y legitima. Y la literatura y el arte de vanguardia no escapan a esta interpelación por la violencia criminal y la muerte, convertida en una moda que influye en la creación artística. El porno-capitalismo y el sujeto perverso Uno de los rasgos que distinguen el capitalismo actual es su carácter obsceno. A diferencia de lo que sucedía en la antigüedad, en la que el goce se circunscribía al ámbito de lo privado, lo discontinuo y lo no visible, la incitación al goce y el imperativo de gozar no solo es permanente en la posmodernidad, también se hacen públicos y ostentatorios. Vivimos en un mundo en el que lo pornográfico pierde su tradicional carácter marginal y clandestino y se transforma en la esencia de un sistema, el pornocapitalismo, que visibiliza, idealiza y rentabiliza el goce en todas sus formas. Pues si enla sociedad compuesta de neuróticos se ocultan los cadáveres y los órganos sexuales, en la sociedad perversa la muerte y el sexo se muestran y se exhiben cotidianamente.

 Como ha demostrado Dufour, el neo-liberalismo actual tiene la más estrecha relación con las doctrinas del Marqués de Sade, siendo la solución pornográfica la salida que permitió al capitalismo moderno y puritano salir de sus crisis recurrentes por la vía de la democratización del goce (Dufour, 2009: 203). Como señala Roudinesco “los medios audiovisuales se han convertido, con el consentimiento de todos los protagonistas del gran espectáculo posmoderno de la autoexhibición, en el instrumento primordial de una ideología tan pornográfica como puritana. En todo el mundo, la telerrealidad, género televisivo que muestra a personas reales en su intimidad, funciona como el nuevo psiquiátrico de los tiempos modernos, un psiquiátrico abierto, que por lo demás no es ajeno al espíritu que inspiró las clasificaciones del DSM, vasto parque zoológico organizado como un reino de la vigilancia infinita y el tiempo suspendido. Una sociedad que profesa semejante culto a la transparencia, la vigilancia y la abolición de su parte maldita es una sociedad perversa” (Roudinesco, 2009: 211). 1

1 Roudinesco ha subrayado el hecho de que los criterios que antaño permitían especificar la estructura
perversa en el campo psiquiátrico (a través del DSM) se han desdibujado a un tal grado que hoy en día la
perversión ha sido vaciada de su sustancia. El recurso a una nueva terminología que no emplea más el
término de perversión sino el de parafilia, se basa en un enfoque que incluye en esta última tanto a
prácticas sexuales perversas –exhibicionismo, fetichismo, pedofilia, masoquismo, sadismo, travestismocomo
a simples fantasías perversas, y que deja fuera conductas perversas consideradas como delitos
(violación, crimen sexual, proxenetismo) o auto-destructivas (toxicomanía, anorexia y bulimia).
Roudinesco llama “clasificación perversa de la perversión” a lo que el DSM-4 realiza, que a sus ojos es
el proyecto de una sociedad sadiana en la que las diferencias se disuelven, se suprime el orden del deseo
y la subjetividad y se impone una ideología de la disciplina y la vigilancia. (Roudinesco, 2009: 208)

 La liberación de las pulsiones sexuales, de las pulsiones de dominio (de avaricia y de acumulación, de depredación y de abuso) y de las pulsiones auto-destructivas, el empobrecimiento del discurso en favor de la imagen y el protagonismo de los cuerpos, la pasión escópica (el exhibicionismo, el voyeurismo y la espectacularización), la afirmación de sí mismo a través de la victimización del otro, son algunas de los rasgos 1 Roudinesco ha subrayado el hecho de que los criterios que antaño permitían especificar la estructura perversa en el campo psiquiátrico (a través del DSM) se han desdibujado a un tal grado que hoy en día la perversión ha sido vaciada de su sustancia. El recurso a una nueva terminología que no emplea más el término de perversión sino el de parafilia, se basa en un enfoque que incluye en esta última tanto a prácticas sexuales perversas –exhibicionismo, fetichismo, pedofilia, masoquismo, sadismo, travestismocomo a simples fantasías perversas, y que deja fuera conductas perversas consideradas como delitos (violación, crimen sexual, proxenetismo) o auto-destructivas (toxicomanía, anorexia y bulimia). Roudinesco llama “clasificación perversa de la perversión” a lo que el DSM-4 realiza, que a sus ojos es el proyecto de una sociedad sadiana en la que las diferencias se disuelven, se suprime el orden del deseo y la subjetividad y se impone una ideología de la disciplina y la vigilancia. (Roudinesco, 2009: 208) de la pornocracia emergente, cuyos ideales solo los más aptos, es decir los más proclives a la perversión, están en condiciones de cumplir. A diferencia de la polis clásica, compuesta por neuróticos que creen en un Amo al que deben su existencia y su obediencia, en la polis perversa actual el imperativo pulsional, que es privilegiado en detrimento de la mediación por lo simbólico, propicia lo que Lebrun llama una perversión ordinaria o neo-perversión, es decir, una condición subjetiva de base neurótica pero impregnada de perversión (Lebrun, 2007). Si el sujeto moderno es kantiano en la medida que obedece a la ley que lo obliga a considerar al otro como un fin en sí mismo, la ley sadiana que ordena gozar empuja al sujeto posmoderno a considerar al otro como un medio para alcanzar sus fines. El sujeto perverso, en efecto, es aquel que se imagina ser el Otro para asegurar su goce, es decir, alguien que se coloca en relación a todo otro, en la posición del gran Otro.
A diferencia del sujeto neurótico, acosado por una deuda simbólica impagable, atormentado por la culpa y la falta, el perverso cree no deber nada a nadie, es un sujeto que se autoriza para imponer su propia ley, para acercarse a lo prohibido y para renegar de las leyes de los hombres pero también de las leyes de la naturaleza (por ejemplo, renegar de la diferencia sexual). Con todo, si el perverso puede resultar transgresor en aquellas sociedades en las que predominan las neurosis y los neuróticos, sometidos a los dogmas, las normas o los valores trascendentes, cuando la subversión perversa deviene la norma, cuando el goce perverso está permitido y no prohibido, entonces difícilmente puede subvertirse algo y la perversión, integrada al sistema, pierde su rol de Otro de la neurosis.

 En este sentido tiene toda la razón Zizek cuando afirma que la neurosis, por revelar la división subjetiva y afirmar la existencia del inconsciente, es más contestataria que la perversión, que solo es transgresiva en apariencia. Por ello sostiene que pensadores como Foucault o Deleuze, al exaltar el potencial subversivo de laperversión, encarnan “el modelo de la falsa radicalización subversiva que se adecua perfectamente a la constelación existente del poder, un radicalismo transgresor falso”. (Zizek, 2001: 267)2 Zizek nos recuerda que la oposición entre la histeria y la perversión es especialmente pertinente “en nuestra era de declinación del Edipo, en la que la subjetividad paradigmática no es ya la del sujeto integrado en la ley paterna mediante la castración simbólica y la función paterna, sino la del sujeto perverso polimorfo que obedece al mandato superyoico de gozar” (Zizek, 2001: 264), y en la que hemos transitado a un escenario pos-político en el que el sujeto del mercado ha desplazado al sujeto de la democracia moderna, una democracia cada vez más mercantilizada y pervertida en la que están ausentes la dimensión histérica de la falta, la interrogación y la relación ambigua respecto de la autoridad simbólica.

 El proyecto sadiano del capitalismo fármaco-pornográfico, dominado por el tráfico y la distribución de drogas legales e ilegales (que permiten reducir la vigilancia superyoica del neurótico y conducirlo del lado de la perversión), un imaginario pornográfico que impele a los sujetos a dotarse de un porno-cuerpo y devenir autómatas sexuales, y un culto a la violencia y la muerte que erige al canalla como nuevo héroe cultural, está en marcha. Los medios masivos de comunicación refuerzan este sistema al poner en escena el goce en todas sus formas, al estimular la pulsión escópica, erigida en pulsión dominante por encima de la pulsión epistemológica o letrada, al imponer una estética de lo grotesco y lo extremo en detrimento de la estética moderna de lo sublime. La 2 Zizek afirma que en el proyecto foucaultiano de romper con el dispositivo sexual y el orden disciplinario confesional, que se despliega desde la época del cristianismo hasta la del psicoanálisis, oponiéndoles un arte de la existencia basado en el uso de los placeres y el cuidado de sí, inspirado en los filósofos grecolatinos, la imagen foucaultiana de la Antigüedad es estrictamente fantasmática, pues “recurre al mito de un Estado anterior a la caída en el cual uno mismo forjaba su propia disciplina, que no era un procedimiento impuesto por un orden moral universal culpabilizador” (Zizek, 2001: 268). En esa misma línea, Zizek cuestiona la crítica realizada por Deleuze al “psicoanálisis edípico”, a la que considera otro caso de rechazo perverso de la histeria, que exalta la productividad múltiple de los flujos libidinales en detrimento de cualquier forma de autoridad simbólica.popularidad de los reality show y de los talk show en la televisión o de las comunidades virtuales en las que los sujetos pueden desdoblarse, inventar o cambiar de identidad, nos hablan de la sobrevaloración del placer voyeurista y del exhibicionismo narcisista ligado al culto al ego y a la intimidad convertida en espectáculo. El boom del cine gore o del cine extremo, hiper-violento e hiper-sexual, o de los video-juegos sanguinolientos y transgresivos, muestran otro ángulo de la voluntad de goce que anima a la cultura contemporánea. En definitiva, todo indica que hemos entrado a un mundo sin vergüenza dominado por la desmesura, lo extremo, lo excesivo y lo sin límites, un mundo en el que la exhibición del goce, que se trate del goce sexual, del goce del poder (económico o político) o del goce del saber, es la regla. 

Bibliografía
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2012 El inconsciente, la técnica y el discurso capitalista. México. Siglo XXI.
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2007 El arte de reducir cabezas. Sobre la servidumbre del hombre liberado en la era del
capitalismo total
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2011 Nuestro lado oscuro. Una historia de los perversos. Anagrama. Barcelona
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Zizek, Slavoj
2001 Amor sin piedad. Hacia una política de la verdad. Editorial Síntesis. Madrid.
2001 El espinoso sujeto. Paidos. Buenos Aires.

miércoles, 28 de enero de 2015



LA PERVERSIÓN DEL DISCURSO CAPITALISTA ACTUAL Y ALGUNOS DE SUS EFECTOS EN LA SUBJETIVIDAD.



"La creación del hombre neo-liberal  ha llevado a una revolución de nuestra economía psíquica consistente en el   desplazamiento de una cultura basada  en la lógica de la neurosis (la represión, la la culpa, la deuda  el sacrificio) a una cultura que promueve la perversión, los desordenes narcisistas y la psicosis ordinaria”.    
                                                                           
"Si el sujeto moderno es Kantiano en la medida que obedece  a la ley que lo obliga a considerar al otro como un fin en sí mismo, la ley Sadiana que ordena gozar empuja al sujeto postmoderno a  considerar al otro como un medio para alcanzar sus fines”.

  “El sujeto perverso y el capitalismo  total” Francisco de la Peña Martínez,                                                                                                     en  “La otra versión del padre: perversiones"; Ed. Ledoria, Toledo, 2004.



 
 Partiré para escribir este texto de una imagen que me golpeó hace bastante tiempo en uno de las emisiones del programa “Callejeros”: un hombre de unos cuarenta y tantos años contaba al periodista su  situación  socio económica y laboral crítica, explicándole  que en unos días no tendría donde vivir porque sobre él y su familia pendía una orden de desahucio. Lo decía desesperado, mientras en su camiseta sobre su pecho se podía ver en letras enormes: “EMPORIO ARMANI”.      
                   
Indudablemente la marca vende, se vende, ya que el Otro actual no la da (no hay don simbólico), y  los sujetos hacen lo imposible por  comprarla  y pagan de más por adquirirla, no solamente por las más o menos cuantiosas cifras que cuesta “estar vestido de marca” (identificación narcisista), sino por las horas trabajadas muchas veces en empleos  que nada tiene que ver con el  deseo de quien muchas veces no tiene más remedio que realizarlos para cubrir necesidades básicas para la supervivencia y estas otras, que no lo son, pero que se han tornado gracias al reforzamiento adecuado, también en necesidades de este mismo orden  para “el ser”. Pagan en empleos que encima  muchas veces están  mal pagados y son llevados a cabo en diversidad de condiciones laborales cada vez  más precarias, y  también a  la larga, lo hacen con desahucios y malestares diversos.

Hoy la identidad se define por el objeto y por la marca, a pesar de las consecuencias a que son llevados en este circuito infernal del consumir para ser, del ser lo que se consume, del ser que se consume o es consumido por el consumo finalmente. Marca solamente imaginaria de pertenencia en coalescencia (que no ex -istencia)  ante la caída de las marcas simbólicas que alojaban al sujeto en el Otro del lazo social  en la época del discurso del Amo. 

Pero, de manera insólita, esta fusión o soldadura del ser con la marca del objeto que vende identidad y la ilusión de pertenencia e inclusión, en el Emporio Armani en este caso, o en cualquier otro, no impide para nada, al contrario(solo le importa en calidad de  consumidor, no está interesado salvaguardarle  como persona), que el sujeto se pueda encontrar en cualquier momento, al decir de un programa televisivo, “con el culo al aire” o “en pelotas”, que viene a ser más pertinente en este caso por cuanto da cuenta de quedar en  la desnudez más radical, caído él mismo como objeto porque esa marca, al contrario de la marca simbólica de antaño forjada en los ideales, en la distancia entre el ser y el deseo del ser, no le sostiene.
   
El problema es cómo, hasta quienes viven en condiciones sociales paupérrimas quieren también tener acceso a esos objetos, porque aún en las peores condiciones, siempre hay medios audiovisuales en cualquier casa, fundamentalmente la televisión, donde la publicidad intenta vender con un mismo mensaje que obviamente no tiene en cuenta las diferencias de  posibilidades adquisitivas de los televidentes, y en la vida cotidiana también los escaparates cumplen esa función de pantalla que atrae al ojo en pos de los objetos. El despersonalizado Mercado, de forma permanente y agresiva, atrae a sus hipnotizadas víctimas a la impulsión de la compra y del “goce ya y como sea”, mimetizando al sujeto con los objetos.

Este mandato super-yoico feroz, en aquellos casos en que las personas no tienen los medios económicos para acceder a la compra de los mismos(o aquellos que sí los tienen pero siempre quieren más), se lleva por delante muchas veces toda barrera ética, y así en pos de estos objetos hay a quienes no les importa ya robar, matar, prostituirse; la desesperación por el consumo de la promesa del goce absoluto del objeto, quiebra el pacto social fomentando individualismo y la competencia despiadada, pues ya no hay Dios ni Padre que promueva ley de prohibición alguna, en cuyo nombre y por amor el sujeto deba estar dispuesto a resignar su goce pulsional.

En otros casos, entre quienes no sobrepasan esa barrera, se presenta el odio y la gama de afectos y sentimientos que van en su línea: la envidia, la frustración, la rabia y el resentimiento. Verse privado de los objetos de goce, suponer que los que lo tienen gozan y gozan  más, o sea gozan sin falta, provoca sufrimiento. Y aunque es un engaño esa creencia en la completud o total satisfacción, los sujetos en esta lógica del consumo  lo desconocen. Y así,  a quienes sí pueden acceder, los mantiene funcionando adictos a la rueda del consumo, en la creencia de que si este objeto no es suficiente para otorgarle el placer del placer,  siempre habrá otro pronto a ser ofrecido, que ¡ahora sí! me otorgará la plena satisfacción. Todo consiste en perfeccionar el objeto (más rápido, con más funciones, etc.). y así enganchados sin cejar en su re-negación  de la falta siguen de la ilusión a la desilusión, de la euforia a la depresión, del síndrome de abstinencia al entusiasmo de la  nueva adquisición, y de ahí de nuevo vuelta al bajón, y así ad infinitum, siempre cuando dejen algún lapso de tiempo entre cada compra y la siguiente, pues puede que para no sentir  el bajón no paren nunca (ese aceleramiento sin pausa es lo promueve precisamente el tipo de “música” que habitualmente hay en los locales de venta).

Y a quienes no pueden acceder a los mismos, los hace sentirse injustamente excluidos del goce que suponen supremo, simples espectadores del goce de los otros en-vide-ando y maldiciendo a quienes si creen que pueden acceder al Paraíso, desconociendo que es solo de artificio, y ni aún así cumple bien su oficio, porque somos seres en falta, caídos del supuesto y solo  imaginario lugar celestial. La defensa  que algunas de estas  personas pueden anteponer ante tales sentimientos, para soportar y hacer menos dolorosa su privación, puede ser la devaluación de esos objetos o del acceso a los mismos, como hacía la zorra en el cuento de “La zorra y las uvas” para auto-convencerse que no se perdía nada que valiera la pena; cuando ello no es posible, seguramente la bilis negra  corroerá su alma y sus vínculos.

Otra posibilidad, es encontrarse en un lugar en el  que aún pudiendo contar con los  medios económicos  para acceder a los objetos, la persona sea capaz de  resistir la tentación del desenfreno y adquirirlos de manera discriminada,  en base  a un consumo responsable tanto consigo mismo/a , como con los otros y con el medio, lo cual  requiere el ejercicio de la libertad, única que permite el  poder de decidir, y eso implica ser capaz de pensar, y esta capacidad precisamente es la que se encuentra muy disminuida ante la colonización que de ella ha hecho el funcionamiento del mercado actual.

Pero independientemente de cuál sea la forma en que las personas se posicionen frente a  esa impulsión(actuación) al goce, ya sea que lo satisfagan supuestamente respetando las “normas” ( porque muchos de esos objetos han sido ya realizados violando importantes normas- trabajo infantil, explotación, etc.), que se defiendan de él, que lo satisfagan violando toda norma, no deja de ser una perversión del sistema que se promueva ese goce sin límite para todos  sin crear las condiciones mínimas  para que algo de la  satisfacción del mismo sea posible. Por el contrario, cada vez hay más desempleo y ello implica que cada vez más personas se sienten  excluidas del acceso a los objetos que supuestamente hacen posible la satisfacción, por lo que están sometidas a un doble engaño: creer que esos objetos la brindan, y creer que no la obtienen porque no tienen las condiciones laborales y  socio-económicas para acceder a los objetos que permitirían alcanzarla. 

Obviamente el goce no está,  ni estará, ni tiene por qué estar bien o justamente distribuido; y encima nunca hay “el goce”, sino que hay “los goces”: oral, anal,  escópico o de la mirada, invocante o del oído, para el psicoanálisis. Y si bien esto no ha sido así en toda la historia de la humanidad, porque no hay medida, no se puede medir, en épocas anteriores el pacto social intentaba regular basándose en el ideal de justicia, democracia y libertad una distribución de las condiciones que posibilitaran acceder a esos objetos de goce, supuestamente de manera más equitativa. 

Ahora ya no, mientras quienes tienen mayor  acceso a los objetos de consumo, y cada vez  más, los otros, los desarrapados del mundo al decir de Paulo Freire, quienes no lo tienen, se los somete a idéntica presión sobre su ser pulsional, pero al mismo tiempo se les reducen y quitan los medios  que permiten acceder a ellos dentro de los permisos (ya no puede siquiera llamárselas normas) que otorga  el sistema: cada vez trabajan más horas por menos dinero, cada vez hay quienes intentan pasar de  los convenios colectivos, cada vez las empresas pueden trasladarse de un lugar a otro según sus conveniencias y  sus ganas,  etc., y lo que es peor, se deja fuera de combate a  la principal arma para poder  tener la libertad de pensar y  sentir que se la tiene, única que permite el ejercicio libre de una verdadera elección: la educación crítica, la educación como ejercicio de la libertad.

Aunque las personas creen que están siendo libres de elegir, solo eligen y aún relativamente el objeto que consumen, y digo relativamente ya que muchas veces no pueden decidir porque no logran conjugar en un solo objeto las cualidades de los tantos que atiborran sus sentidos, y poder elegir implica estar capacitado para resignar algo para ganar lo otro, lo cual es imposible cuando nada se quiere perder. Tampoco están muchas veces en condiciones de  decidir en qué cantidad  consumen los mismos.

Y finalmente el sistema  castiga tanto a quienes no se incluyen en la rueda del trabajo  y del consumo, como a quienes no pudiendo hacerlo,  o mantenerse en la del trabajo( que es el que brinda los medios para intercambiar el dinero por los objetos en cuestión), optan por forzar su entrada de manera ilegal en la del segundo. Pero eso sí, solo en forma más severa  o principalmente a  los sin nombre  o los nadie, como les llama Eduardo Galeano.


Los nadie.

"Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en llovizna cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los niguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanías.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata".

(El libro de los abrazos).