miércoles, 18 de julio de 2018

“Los enemigos del alma”: “La carne”. AUSCHWITZ “LO REAL”



Algunas cuestiones humanas donde poesía y psicoanálisis se encuentran: una reflexión a partir del diálogo entre una psicoanalista y una poeta.



Estando  advertidos  de  que como dice Freud una vez más:

“el artista le lleva la delantera al psicoanalista ,  y que éste no tiene por qué hacer de psicólogo donde el artista le desbroza el camino”

O como lo dice Lacan:
“Trato de decir que el arte está más allá de lo simbólico. El arte es un saber-hacer, lo simbólico está en el principio del hacer. Creo que hay más verdad en el decir que es el arte que en cualquier bla-bla-bla...” Lacan “seminario 24”, 1976/77


“Al duende hay que despertarlo en las últimas habitaciones de la sangre”

“Con idea, con sonido, o con gesto, el duende gusta de los bordes del pozo en franca lucha con el creador. Ángel y musa se escapan con violín o compás, y el duende hiere, y en la curación de esta herida que no se cierra nunca está lo insólito, lo inventado de la obra de un hombre  (1)               García  Lorca.


A partir de mi anterior reflexión sobre  a-V-ATARES  DE UN ENCUENTRO MARAVILLOSO…CON LA VIDA a partir del diálogo entre la poeta Ana Martín Puigpelat y la psicoanalista Laura Salino, me quedé pensando en lo que allí escribí, y en algunas cuestiones que me siguen invitando  a escribir.

Tomando las palabras de la Ana Martín Puigpelat de  que “La carne”, el cuerpo, es aquello que no solamente la poeta “no sabe bien  cómo abordar” a- bordear en su poesía, como dice en el diálogo referido  (y compartido en ese anterior trabajo al que aludo acá), sino que en tanto REAL es lo imposible de decir… nombrar plenamente para todos los humanos. Carne,   imposible de ser apresada toda en lo simbólico e imaginario,  que cuando se enferma, nos enfrenta  de manera más contundente a la muerte: somos un cuerpo mortal, más allá de toda palabra o imagen bella o no, con que recubramos ese horror de la carne que en definitiva está destinada a la destrucción.
Porque del cuerpo, lo que no sabemos cómo abordar es precisamente su dolor, su descomposición y su destrucción, lo que Lacan denominó goce, aquello que está “Más allá del principio del placer” (1920), cómo asumir, aceptar sin a-penarnos profundamente (melancolía) nuestra propia muerte y la de los otros.

Me preguntaba si lo que enfermó a la poeta fue  de alguna manera su intento de abordar La carne , o si su carne enferma y sufriente la llevó inconscientemente en ese momento a necesitar poetizar sobre ella, a  querer a-bordearla poéticamente, ya que no es algo nuevo que muchos poetas y escritores escriban obras “a partir de”  o basándose en  situaciones donde lo real se hace presente en forma de enfermedades graves o situaciones de muerte de otras personas, sean familiares o no , puesto que siempre, tanto unas situaciones como las otras, requieren un trabajo de duelo, y escribir es la manera singular  de poetas y escritores fundamentalmente de hacer dichos duelos, aunque haya otros tipos de escrituras como puede ser la que se hace en un psicoanálisis: escritura o re-escritura en el habla, o como la que se hace en otras artes , donde lo imaginario puede tener un papel fundamental, pero está soportado por lo simbólico la mayor parte de las veces, como puede ser la pintura, la escultura, la fotografía , el cine, etc.

Me preguntaba si querer o necesitar escribir sobre temas que implican abordar lo real puede enfermar a alguien, ya que la poeta dice que  ella venía abordando temas todos terroríficos: la guerra, los demonios y cuando va a abordar La carne, enferma (la carne , tanta carne, enferma)  y es  como si ya “lo simbólico no diera más de sí” para abordar tanto real, bordear con la palabra durante demasiado tiempo a la muerte, llegara a un límite donde eso ya no es posible y se tocara el hueso de lo real, y ahí entonces, el propio sujeto se diluyera (sumergiera, destruyera) en el agujero del mismo, y por eso enfermara. O si en vez de esta causalidad que supongo, habrá operado la casualidad en que justo en medio de esa batalla creativa la poeta enfermara.

(Y en relación con este planteamiento, me surge una pregunta  respecto a si esta suposición sería de utilidad para pensar  aquellos casos de las personas que enferman cuando están sometidas durante largos períodos de tiempo a situaciones generadoras de estrés, puesto que  el mismo,  consiste en definitiva, en estar en contacto de forma permanente en algunos casos, con diversas formas de la pulsión de muerte: experiencias diferentes pero cuyo común denominador es la vivencia de desamparo, de estar a la intemperie, al borde del precipicio o en el mismo, de inestabilidad e incertidumbre o de-privación   psicológica, y /o socio económica extremas, de estar sometido a situaciones que privan a las personas en exceso de espacios, tiempos y condiciones  diversas(sanitarias, laborales, geográficas o territoriales como el caso de refugiados y migrantes, económicas, etc.), para dar un lugar de mínima estabilidad a su yo, a su subjetividad).

Y  poder separarse del hueso de la muerte o de lo real  cuando se lo palpa, o lo que es lo mismo, salir de la enfermedad del pozo de un abismo, o de la yaga de una herida que caló hasta el hueso, solamente puede hacerse si alguna palabra del Otro, viene como significante S1 en auxilio del suejto, en este caso una poeta , para representarlo ante otro significante para que  el sujeto pueda al menos empezar a balbucear algo de ese horror de la carne mortal.

Dice Ana  Martín Puigpelat, en cuyo saber me estoy apoyando para escribir esto, que se le impuso el pensamiento sin saber porqué (esto es, sin saber consciente acerca de  la conexión representacional o significante que había entre su enfermedad (que no sabemos cuál fue, ni la gravedad de la misma, pero sí que le requirió estar yacente) de que tenía que ir a AUSCHWITZ. De un horror se traslada metonímicamente  a otro, ¿aún peor? 

No sabemos, ni pretendemos  saberlo, porque es un dato de su vida personal, ni necesitamos saberlo tampoco  para el objetivo de esta escritura, porqué ella en su singularidad subjetiva asocia la carne y el sufrimiento de su carne con la enfermedad que padecía, con la masacre horrorosa de cuerpos que fueron  despojados de alma, ese trauma histórico que significa Auschwitz. Pero sí he de hacer notar que muchos poetas y escritores vuelven…, metafóricamente ahí -no necesariamente allí como efectivamente hizo Ana P.- en momentos de “quiebres” (repetición del trauma personal)  donde palpan el agujero de lo real, y  poietizando  sobre  ese trauma social, que parece operar como “modelo universal del trauma” (¿?), para así elaborar un duelo por ese des-nudo=desamparo originario común a todos los humanos. En este caso el desamparo (Hilflosigkeit en Freud), unido en este caso a lo siniestro (el Unheimlich) (2)
Y ahí dice Ana Martín  que  encontró la tercera parte del libro: La carne, y sí,  porque  allí estaba la carne despojada del alma, una carnicería, lugar del  horror del DESAMPARO. Y haciendo poesía con la carne, haciendo decir poéticamente a la carne muerta su horror, le dio vida revistiéndola con belleza (creación poética),  y ella misma en tanto  poeta se rescató a sí misma de la muerte, puesto  que ella se buscaba en las fotos de los muertos, pero no se encontró. “Fue un trabajo duro y costoso”- dice la poeta, como corresponde a  todo trabajo de duelo. Ella hace poesía con su oscuridad, con  su sombra (en su caso, “la sombra del objeto no cae sobre el yo”, como dice Freud que sucede en la melancolía, en “Duelo y melancolía” (1919/1915), puesto que ella no está muerta y se rescata para la vida; prueba de eso son sus “Naranjas robadas”.

La tristeza congénita de que habla la poeta es común a todos los seres humanos desde el origen, por cuanto a la dicha de la vida  nacemos pendientes/pendiendo ya de la muerte, que por tanto ensombrece ya de entrada en mayor o menos medida, esa dicha. Y quizás  la melancolía que caracteriza a los sujetos, muchos  de ellos poetas, obedece a que tienen más conciencia o una conciencia más permanente y sin disfraz imaginario, o con uno más frágil , de esa sombra de la muerte o de lo real, y que por tanto lo palpan más continuamente que otras personas, y el ponerlo al servicio de su creación, es su forma de rescatar y rescatarse del vacío de la  muerte. Así lo dice  Heine citado por Freud en su “Introducción al narcisismo” (1914) : “Estaba enfermo, y ese fue/ de la creación el motivo/ creando convalecí,/ y en ese esfuerzo sané/


(1)    Lorca: Juego y teoría del duende. Obras Completas: tomo III, p. 150.
(2)    Lacan por su parte, en el seminario de La angustia vincula la Hilflosigkeit con el Unheimlich, el desamparo con lo siniestro. Dice que cuando surge la angustia, no obedece a algo nuevo, sino a “lo que ya estaba ahí, mucho más cerca, en la casa, Heim”.
Lacan, Seminario 10: “Hay angustia, cuando surge en este marco lo que ya estaba allí, mucho más cerca en la casa, Heim”… “este huésped desconocido que aparece de forma inopinada tiene que ver, enteramente, con lo que se encuentra en lo unheimlich, pero designarlo así es insuficiente.” P. 86… “Este huésped, en el sentido corriente, no es lo heimlich, no es el habitante de la casa, es lo hostil domesticado, apaciguado, admitido… Lo que es Heim… ha permanecido unheimlich… Es el surgimiento de lo heimlich en el marco lo que constituye el fenómeno de la angustia, y por eso es falso decir que la angustia carece de objeto.” “La angustia es este corte…es este corte que se abre y deja aparecer… lo inesperado, la visita… lo que expresa también el término presentimiento…” que deberá entenderse también “como el pre-sentimiento, lo que está antes del nacimiento de un sentimiento”. (p.87)
 Lo siniestro sería como un ‘huésped’ que se ha vuelto hostil, habría girado hacia lo horrible, hacia lo oscuro y lo inquietante, que aparece según él, tan enmarcado como lo hace la angustia. Al mismo tiempo es algo hogareño, familiar, que habría permanecido siniestro pero domesticado en la casa (del goce) de la pulsión de muerte.

lunes, 16 de julio de 2018

a-V-ATARES DE UN ENCUENTRO MARAVILLOSO…CON LA VIDA.



a-V-ATARES  DE UN ENCUENTRO MARAVILLOSO…CON LA VIDA.


Gracias a Ana Martín Puigpelat especialmente, por su poesía  que también hace sin querer en su hablar, y a Laura Salino por su comprometida y lúcida lectura.

Propongo una lectura psicoanalítica y algunas reflexiones  a partir de   fragmentos del diálogo entre la poeta Ana Martín Puigpelat y la psicoanalista Laura Salino, en  2º Encuentro de Psicoanálisis y Poesía organizado por el Foro Psicoanalítico de Madrid en el Colegio de Psicoanálisis de dicha ciudad, el 11/5/2018.



Existió una naranja
pequeña como el mundo de tus ojos
fui incapaz de comerla
y la devolví al árbol nuevamente 
por no verla morir entre mis manos
     ("Naranjas robadas")                                                                                                                                   

     
Tu infancia es sólo un río detenido/ a las sombras de todos  los naranjos” (“El descanso del viento”)



Dice la poeta : “Naranjas robadas “ sale de una idea sencilla; el libro anterior era terrorífico,  “Los enemigos del alma” donde me meto en cuestiones más duras como la guerra, la guerra, el demonio y la carne, que son las tres partes del libro…coinciden con una situación personal y una vivencia dura como es una enfermedad. Empezamos con la guerra, ese mal que siempre nos queda de la infancia…, es evidente que yo, cualquiera de nosotros hemos vivido con guerras, aunque no hayamos vivido una guerra cercana , en el telediario todos los días hay guerra, y pasamos de ahí a hablar del demonio, de esa imposibilidad de ser feliz, y justo cuando lo acabo y tengo que empezar el tercero que tenía “la carne”, que no sabía muy bien por donde abordarlo, tuve una situación personal que tuve que pasar en cama durante algún tiempo ,y ahí de esas cosas que surgen dije: yo si me levanto de esta cama tengo que ir a Auschwitz, porqué no lo sé, yo creo mucho en la memoria genética  y creo mucho que en que hay muchas personas anteriores, y ahí me buscaba entre las fotos pero no me encontré, pero sí encontré esa tercera parte….

-Te encontraste en las fotos- le dice la psicoanalista que la entrevista, Laura Salino.

-No, no me encontré, me buscaba pero no me encontré, y escribí esa tercera parte, pero a lo que voy es que fue todo muy duro, muy costoso y era como ¡ay! yo quería escribir algo más alegre dentro de mi tristeza natural congénita, y quería algo más fresco, y esto fue tan sencillo como que estaba en Valencia y una persona que conozco me contó la historia de que cuando iba a trabajar un día se paró junto al huerto del tío Moncae? Y robó una naranja y era la más rica que había tomado en su vida y entonces fue a partir de ahí que me vino “Naranjas robadas” y a partir de ahí salió el libro, porque ya metiéndome en cuestiones de creación el título es lo primero.
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Los enemigos del alma que son la guerra, el demonio, la carne, diferentes y no,  por momentos metonímicamente equivalentes, tres partes del libro… de la Vida que nos impiden “ser feliz”: lo Real de la Vida, lo que atenta contra la vida y que solamente es  soportable convirtiéndolo en libros-significantes puesto que al nombrarlos,  el hacer “de” y “con” ellos  poiésis, permite al sujeto poético y a todos los humanos, mantenerlos a distancia. No siempre, ya que la poeta dice haber  sufrido una enfermedad,  signo que hace presente lo indomeñable de la carne y su resistencia al significante. La carne que la poeta dice no saber en ese momento como a-bordarla  a bordear-la. No saber cómo hacerlo la enferma, la pulsión de muerte ganando, provisionalmente al menos, la  guerra entre Eros y Thánatos , guerra que desde  la infancia todos conocemos más allá de las guerras que también… la repiten. Y ahí una especie de ¿promesa al Otro simbólico?, ¿conjuro?  ¿compromiso al pago de alguna deuda? (deuda- deudo- duelo) cuyo porqué el sujeto desconoce: “si yo me levanto de esta cama tengo que ir (deber=deuda moral) a Auschwitz”, porque hay una memoria genética en la que la poeta afirma creer, genética no por los genes, sino por  provenir de las generaciones anteriores: una deuda histórica (que desplaza y reparte la culpa entre todos y que también  hace seguramente enlace con las deudas personales /familiares de cada cual ) con todos aquellos que perdieron las guerras y la vida. ¿Y la culpa por sobrevivir , por estar viva? Una culpa transgeneracional, histórica, que afecta en más o en menos a cada quien. Dice la poeta en relación a este punto: “yo ahí me buscaba en las fotos…. (de los muertos) y no me encontré” No se encontró y sí, no para la muerte, ya que no estaba muerta, aunque ¿lo hubiese creído, esperado por sentirse en deuda, culpable?, y sí para la vida: “ encontré esa tercera parte de La Obra: La carne”, su carne viva. Y al escribir  sobre la carne/cuerpo que regresa de la muerte, o que logró salvarse, o que fue rescatada por sí misma  de la muerte en ese acto, a pesar de lo costoso y duro que dice que fue (no puede ser nunca de otra manera).

 Y dentro de esa tristeza de la muerte atroz, ( tristeza congénita no solamente para la poeta, como ella parece creer, sino para todos los que logramos palpar la melancolía que de la pérdida de la vida , la muerte supone), a ella, y a todos nos gustaría escribir algo alegre, algo más fresco(vivo) que le vino, como viene casi siempre  todo lo que es vital, de forma sencilla, y  de un encuentro  azaroso (*) : una anécdota sobre el robo de una naranja que según la persona que le contó la anécdota  “era la más rica naranja que esa persona había probado en su vida”. Y que mejor referencia al estar vivo que el comer, saborear la naranja de la vida.

Y a partir de ahí, de ese duelo, ese  dejar caer la tristeza, a la poeta le vino “Naranjas robadas” porque cuando se trata de creación el título, el nombre , el significante, sin lugar a dudas es lo primero…para salir  mediante el mismo del agujero o vacío de la nada-muerte.
Y es que a la muerte hace falta muchas veces robarle… las NARANJAS de la vida.
Entonces, se deprende de lo anterior algo aparentemente obvio: que  no puede haber poiésis sin robo.
En este sentido, la psicoanalista dice en este diálogo que ella entró en la obra de Ana Martín Puigpelat  por “Naranjas robadas”, quizás porque ella es desobediente y le gustó el título por esto de una infracción de la ley. Y se me ocurre que justamente para crear hay que infringir la ley, que no es más que ley del lenguaje.

La poeta aborda en su obra también este tema:
“este verso me suena y le pido perdón si tiene dueño” (“Naranjas robadas”) “Tengo un oficio mentiroso, infernal pero me gusta”

 Y  en el diálogo Ana dice: “es que  eso me pasó, según lo estaba escribiendo dije , uff ésto como me suena, no puede ser mío, pero bueno , ya lo he escrito.”… Y cuando me puse a escribir Lyon quería hablar sobre la resistencia y salió eso y tal,  y al cabo del tiempo releo “La suite Francesa” de Nemirovsky y  me di cuenta de que lo que estoy contando ya estaba en “La suite francesa”, que yo había leído pero bueno, en el momento que me pongo no, no estoy…y me da igual, ni le voy a quitar mérito al libro ni muchísimo menos al de N. que es maravilloso. Pero…vuelvo a esa idea de que en mi memoria genética debe de haber ahí, aunque no es tan lejano, eso lo podría haber vivido mi abuelo, aunque solo sea haber ahí el miedo, el  haber leído algo sobre ello”.
Y es que la memoria genética, del génesis, o sea  histórica, hace trasmisión transgeneracional  de los traumas , y hay repetición significante (automatondice Lacan) a la espera de que se lea para que  algo nuevo(poiésis) se haga ahí.

 (*) El azar tyche en psicoanálisis es opuesto al automatom, tyche encuentro fallido con lo real donde en vez de repetir la melancólica tristeza de la pérdida genética=agujero de origen (ya que en el origen siempre está la muerte),  la poeta crea (da vida)  algo nuevo, valga la redundancia: fresco, alegre, colorido, naranja. Ella misma habla de “construcción de la sombra” en otro poema de “Apuntes para un génesis”, y habla de que la sombra es un monstruo que más allá de que pensemos y creamos que viene del Otro (padres etc.) construimos nosotros mismos, y del cual “hay que tener el coraje de defenderse” ¿Cómo?-le pregunta Laura Salino , y dice Ana Martín P.: “crear con la sombra, no hacerte amigo de ella, porque es imposible, pero sí sacar los materiales con los que puedes crear”. .. “que finalmente es una alegría”-concluye Laura Salino… pues como refiere  Laura que dice  el escritor Juan José Saer:

 “mi sombra no me impedirá trabajar”



miércoles, 23 de mayo de 2018

Genética y psicoanálisis


Revista Departamento de Ética, Política y Tecnología,Instituto de investigación interdisciplinario sobre subjetividad, política y arte.

Jorge Forbes
Mayana Zatz

1. Acerca de la paternidad y el derecho a “no saber” [1]
Ingrid 
Entre las nuevas tecnologías relacionadas con el material genético, por cierto la que más se ha popularizado ha sido la del examen de certificación de paternidad. Se trata de un recurso tecnológico que ofrece la genética, esclareciendo situaciones de incertidumbre que en el pasado desgastaron las relaciones y la calidad de vida de los hijos.
Se esperaba que los test de paternidad terminaran con el síndrome de Capitu, así llamado en alusión al romance Dom Casmurro, de Machado de Assis. En la historia, Bentinho, casado con Capitu, vive atormentado por la duda de ser o no padre de Ezequiel, quien se parece mucho a Escobar, un amigo de la pareja. En el final, corroído por la incertidumbre, Betinho se separa de su mujer y de su hijo.
Pero ¿qué ocurre cuándo la duda sobre la paternidad no existe y el examen de paternidad revela secretos que la familia querría que permaneciesen ocultos? Una de esas situaciones ocurrió en la Universidad de Leiden, en Holanda, y fue discutida en un seminario por colegas del Departamento de Genética Humana con los cuales hacemos investigaciones en colaboración. Ellos habían atendido en el servicio de diagnóstico prenatal a Ingrid, una abogada muy bien informada, que estaba en el inicio de su embarazo. Su padre padecía de hemofilia y ella sabía que era portadora asintomática del gen que provocaba la enfermedad.
La hemofilia es el nombre que se da a un trastorno en la coagulación de la sangre provocado por mutaciones en el gen de los factores VIII o IV, que son proteínas involucradas en ese proceso. En los casos más graves, los sangrados se transforman en hemorragias a veces internas o en músculos o articulaciones. Muchas veces, esos sangrados ocasionan una seria restricción de los movimientos, aumento de temperatura y fuerte dolor.
Ingrid contó que estaba muy ligada a su padre y sufría cada vez que lo veía en esta situación. No quería por lo tanto traer al mundo un hijo con esa enfermedad y estaba dispuesta a interrumpir la gestación para que eso no ocurriese. En Holanda, como en otros países europeos, eso está permitido cuando se trata de enfermedades genéticas, en caso que la pareja manifieste esa intención. Interrumpir un embarazo cuando el diagnóstico prenatal revela que el feto trae una enfermedad que no tiene tratamiento es siempre una decisión dolorosa. Eso ocurre con parejas que anhelan fervientemente un hijo, pero no ven justo traerlo al mundo, sabiendo de antemano que padecerá una enfermedad.

Recuerdo que en California, donde hice mi post doctorado, mientras que las enfermeras trataban con mucho desprecio a las mujeres que querían abortar por motivos sociales, había todo un equipo para dar apoyo a aquéllas que interrumpían el embarazo porque el diagnóstico prenatal había revelado una enfermedad en el feto. Además de eso, tomábamos una serie de cuidados para intentar disminuir el vínculo materno-filial y minimizar el sufrimiento de esas parejas con alto riesgo genético, mientras esperaban los resultados del test. Por ejemplo, se usaba siempre la expresión “feto en riesgo”, y no “bebé en riesgo”. Los profesionales del servicio de diagnóstico prenatal tenían la indicación de no revelar el sexo durante las ecografías hasta que no se supiera si el feto tenía o no una mutación patógena.

Pero volviendo a Ingrid, para entender mejor el drama que ella estaba viviendo, es necesario explicar que la hemofilia resulta de una herencia genética transmitida por un gen presente en el par de cromosomas sexuales XX y XY. Normalmente, las mujeres, que son XX, tienen sólo uno de los dos genes alterados y el otro compensa la falla, proveyendo los factores de coagulación en cantidades suficientes. En los hombres, en cambio, el par está formado por los cromosomas XY. Disponiendo sólo de un X, ellos no tienen cómo compensar la deficiencia y, por lo tanto, la producción de la proteína queda comprometida.
Existen varias otras enfermedades que siguen el mismo patrón de herencia ligada al cromosoma X. Eso explica por qué las mujeres pueden ser portadoras sin signos clínicos, en tanto los hombres manifiestan la enfermedad. Un padre hemofílico transmite siempre el cromosoma X afectado a sus hijas mujeres. Ellas no tendrán ninguna manifestación, pero sus descendientes de sexo masculino tienen una probabilidad del 50 % de tener el gen de la hemofilia.
Actualmente ya es posible determinar el sexo del futuro bebé y si él es o no portador de una mutación responsable de la hemofilia, con apenas ocho o diez semanas de gestación. Es un examen simple, que analiza el ADN del feto por medio de la extracción intravaginal de vellosidades coriónicas (un tejido generado por la placenta). El primer paso es descubrir cuál es la mutación, lo cual se hace por medio de extracción de sangre y análisis del ADN de la embarazada y de sus padres, en particular en el caso de Ingrid, de su padre afectado. En el caso en que ella estuviera esperando un varón, sería necesario determinar si él había o no heredado de su abuelo materno la mutación que causa la hemofilia.
El examen fue realizado con amplio consentimiento de toda la familia. Pero al hacer el primer análisis genético, antes del diagnóstico prenatal, los investigadores holandeses descubrieron inesperadamente que el señor hemofílico no era el padre biológico de Ingrid. Por un lado, se trataba de una excelente noticia. Significaba que ella no era portadora y por lo tanto no podía transmitir el gen de la enfermedad. No tenía riesgo alguno de tener un bebé afectado ni en esa gestación ni en un futuro embarazo. ¿Pero cómo dar esa noticia?

Uno de los primeros mandamientos de la ética médica es informar al paciente de todos los procedimientos que serán adoptados En el caso de los test de reconocimiento de alguna enfermedad, el paciente debe conocer los riesgos, los beneficios, los posibles resultados y todo lo que sería dable descubrir en base a su análisis. El objetivo es posibilitar que la persona esté totalmente informada sobre cómo esos exámenes pueden eventualmente cambiar su vida y las posibles consecuencias sobre su organismo o el de su descendencia.
Pero en una especialidad como la genética médica, en la que los descubrimientos ocurren tan rápidamente, es imposible prever todas las implicancias éticas. Y una cosa que debe quedar clara es que a pesar de no ser un test de paternidad, frecuentemente el examen determina el vínculo genético entre la persona testeada y sus parientes. Y –lo que termina chocando a muchas personas– investigaciones realizadas en Estados Unidos mostraron que ese tipo de información “accidental”, revelada por el análisis de ADN, no es rara. En cerca del 10 % de las familias testeadas en ese país, el padre reconocido no es el padre biológico de ese niño, lo cual puede alterar totalmente el riesgo para futuros descendientes de esa pareja.
De acuerdo a una investigación norteamericana realizada en varios países, el 96 % de los médicos consultados optan por no revelar los resultados del test para mantener a la familia unida. Una minoría (13 %) dice que ocultaría el hecho o mentiría al respecto (diría por ejemplo que la mutación no está presente, a pesar de la enfermedad familiar).

Conté esta historia en mi blog de la revista Veja, y los comentario de los lectores fueron bastante divididos. Muchos sugerían que no se contase la verdad, apenas se revelase que el bebé no corría riesgos de tener hemofilia. Decían que si el examen solicitado fue de averiguación del gen de la hemofilia, y no de investigación de paternidad, no existía ninguna obligación de revelar un hecho que no dice nada acerca de la salud del hijo de Ingrid. Otros dijeron que lo correcto sería tener una conversación con la madre de Ingrid para que ella entonces contara la verdad a su hija y a su marido. Hubo incluso quien considerase que se debería revelar el resultado del examen a Ingrid y a su madre, y ellas entonces decidirían si se lo contarían al supuesto padre. Y hubo también quienes optaron por la regla básica de que toda la verdad debe ser dicha. Ingrid y el padre también deben saber y las consecuencias deben ser asumidas por la madre. Los lectores que optaron por esta solución, dijeron que la noticia debería ser dada con todo cuidado, con auxilio de un psicólogo o un servicio especializado, teniendo en cuenta el drama que podría causar a toda la familia.
Como se ve, la situación es bien delicada y no hay un consenso sobre qué hacer. En el caso de Ingrid, la familia era muy unida y nadie desconfiaba de la situación. Contar la verdad –aunque fuera sólo a la futura madre– podría desestructurar la relación familiar. No contar implicaba hacer exámenes que no dejaban de ser invasivos e innecesarios.
¿Qué haría usted si estuviese en la situación de los genetistas responsables?
Sonia
Historias de este tipo ocurren también en Brasil. Yo misma tuve la oportunidad de atender a Sonia, una mujer casada hacía más de diez años, cuyo padre tenía Corea de Huntington, una enfermedad neurodegenerativa que, en general, sólo se manifiesta después de los cuarenta años de edad. La enfermedad, que se caracteriza por una pérdida progresiva de las células nerviosas, no tiene cura y suele avanzar muy rápidamente. El riesgo de heredar la mutación también es del 50 %. En casos incurables y de manifestación tardía como ese, nuestra conducta es desalentar a los adultos en riesgo que quieren someterse a ese test genético, dado que no hay tratamiento adecuado o preventivo. Tampoco testeamos a niños, incluso cuando así lo manifieste la voluntad de los padres. En vez de traer beneficios, un diagnóstico positivo puede significar un peso enorme que la persona tendrá que cargar durante toda su juventud. Es como una bomba de tiempo cuyo plazo para detonar no puede ser previsto ni interrumpido.
La situación de Sonia, sin embargo, era diferente. Después de diez años de casamiento, ella quería tener un hijo, pero temía transmitir el gen de la enfermedad paterna a su descendencia. Se enfrentaba por lo tanto a un dilema: si se hiciese el test, y el resultado fuera positivo, tendría que convivir con el drama. Si no se sometía al test, no tendría el valor para embarazarse.

En la primera consulta de asesoramiento genético, Sonia vino acompañada de su marido y de su madre. El marido, viendo su sufrimiento, le aconsejaba desistir del test; la madre, por su lado, insistía en que ella siguiera adelante. Nos pareció extraña su actitud, porque en general las madres quieren liberar a los hijos de esa carga. Pero después de que la pareja dejó el consultorio, la madre reveló el motivo de su insistencia. Dijo que el padre de Sonia no era de hecho su padre biológico, pero ella no tenía el coraje de contárselo a su hija, incluso viendo todo su sufrimiento, porque temía que Sonian no la perdonase.
Aparece nuevamente la pregunta: en casos como éste, ¿debemos entrar en el juego familiar y realizar el test, incluso sabiendo que es innecesario, porque no hay mutación a ser revelada? ¿Debemos contarle a Sonia que ella no era portadora y el motivo que nos llevaba a afirmarlo? ¿O nos negaríamos a hacer el test esperando que la madre hablase?

Como quedó claro en la situación anterior por los colegas holandeses que trataron el caso Ingrid, no existe consenso. Discutimos este caso con el equipo de clínica de psicoanálisis que asesora nuestros estudios de Genoma Humano. Nuestro sentimiento era de rabia, de profundo enojo con esa madre, por dejar sufrir a su hija tanto tiempo sin necesidad. Finalmente, cuánto más fácil sería contarle la verdad. Decirle que ella podría alcanzar su sueño de ser madre sin temor porque no era portadora de esa mutación. Y más aún, que estaba libre para siempre del temor de manifestar la enfermedad en el futuro. Pero el grupo de psicoanalistas nos orientó y prefirió mantener en suspenso aquella tensión en el ámbito familiar, apostando a que las posiciones, especialmente la de la madre, cambiarían. Sonia no volvió a consultarnos y se embarazó. Desconfío de que la madre haya finalmente contado la verdad.

Paulo y Pedro
El fantasma de la falsa paternidad suele asombrar a los clínicos de maneras totalmente inesperadas. El siguiente caso me fue relatado por colegas. Paulo era un adolescente que padecía de leucemia, una enfermedad de la sangre que puede ser curada con trasplante de médula ósea o sangre del cordón umbilical de un donante combatible. La sangre donada necesita tener la máxima afinidad posible con la del receptor para que no haya rechazo y, para eso, se creó un test de compatibilidad llamado Antígenos Leucocitarios Humanos (HLA, por su sigla en inglés).

Cuanto mayor es la compatibilidad de los HLA, mayor la probabilidad de éxito del trasplante. En gemelos idénticos, los antígenos son exactamente los mismos. Entre hermanos existe la posibilidad de 25% de que sean semejantes. Por eso, el criterio es testear a toda la familia para saber si hay un donante compatible.
Fue lo que ocurrió. Todos los miembros de la familia de Paulo fueron testeados. Se descubrió entonces que uno de los hermanos, Pedro, no era hijo biológico del mismo padre y, peor aún, eso se hizo público. La tragedia de la enfermedad fue agravada por esa otra noticia. La inesperada repercusión amenazaba con desestructurar una familia unida en torno de la enfermedad. El padre estaba a punto de abandonar a esa mujer que supuestamente lo había engañado, mientras que ella aseguraba que eso nunca había sucedido: “si él no es tu hijo tampoco debe ser mío”, exclamaba perpleja. De hecho, llevó adelante una indagación hasta descubrir que Pedro, al nacer, había sido cambiado en la maternidad. No era hijo biológico de ninguno de los dos. El drama adquirió otra connotación. Nos preguntamos entonces: ¿era necesario que esa información se hiciese pública? ¿No era suficiente decir que Pedro no era donante compatible para el trasplante?
¿Cuál es nuestra conducta actualmente? Toda vez que descubrimos un caso de falsa paternidad, discutimos en equipo si esa información tendrá algún impacto en el asesoramiento genético. En caso que no lo tenga, no hay por qué contar. Establecemos así que eso no corre por nuestra cuenta.

Paula, Joao y Ronaldo
Pero no es una decisión tan simple. Consideremos un dilema ético más: Paula y Joao buscaban el servicio de asesoramiento genético porque su hijo Ronaldo era portador de una enfermedad genética cuyas características incluían un importante trastorno de comportamiento. Querían confirmar el diagnóstico del niño y saber si existía riesgo de repetición en caso de tener más hijos. La historia adquiría contornos todavía más dolorosos porque la enfermedad en cuestión, en tanto heredada, era transmitida por el padre.

En este tipo de situaciones es común que, por más que intentemos explicar a los padres de los niños afectados que nadie tiene la culpa de transmitir una mutación a un hijo, el sentimiento permanece. Era el caso de Joao. Incluso antes de saber el resultado, ya se sentía responsable por la enfermedad del hijo. Hicimos la extracción de sangre para analizar el ADN de los tres (Paula, Joao y Ronaldo), con el objetivo de confirmar el diagnóstico de Ronaldo y verificar si había realmente riesgo de recurrencia. El diagnóstico fue confirmado, pero, inesperadamente, el examen de ADN reveló que Joao no era el padre biológico de Ronaldo.

Relaté este caso en un congreso de bioética organizado por una Facultad de Derecho, y pregunté a los abogados cuál debería ser nuestra actitud. La respuesta fue que los genetistas podríamos ser procesados en ambas situaciones: si revelábamos y si no revelábamos la información. Es importante recordar que estos descubrimientos son siempre inesperados pues ocurren cuando testeamos parejas con hijos o parientes afectados que quieren saber el riesgo de tener descendencia con determinadas enfermedades, pero las situaciones de falsa paternidad no son infrecuentes.

Entre los comentarios que hemos recibido está la de un abogado que sugirió que una forma de evitar cualquier proceso sería justamente establecer un consentimiento, que los consultantes firman antes de someterse al examen, en el cual conste que podría ser necesario establecer una constatación de paternidad, y, en ese caso, si ellos querrían ser informados en caso que el resultado revelara alguna alteración. Algo así: usted está siendo sometidoa un test genético para confirmar el diagnóstico de su hijo y saber si existe riesgo de repetición para la futura prole. Este test puede revelar una falsa paternidad. En caso positivo, ¿usted quiere saberlo? ¿O usted sólo quiere conocer esa información únicamente en caso que esa información pueda interferir el riesgo de que usted vaya a tener descendencia afectada?

Les dejo a ustedes la reflexión sobre los pros y los contras de incluir esta información en términos de consentimiento, sabiendo que la decisión no es nada fácil. Como se puede apreciar, se puede generar una verdadera paranoia, por la cual las personas se ven enfrentadas a reflexionar y debatir, pensando primero en la ética y no en lo que es mejor para toda la familia. O tal vez algunas personas puedan decidir no someterse al test genético por temor a resultados inesperados.

Recientemente tuve oportunidad de discutir este asunto con un grupo de genetistas en Israel. Ellos afirmaron categóricamente que el problema no existiría en su país. Según la ley israelí, el niño debe ser protegido a cualquier costo. Revelar una falsa identidad podría transformarlo en un “hijo bastardo” y perjudicarlo en el futuro. Para evitar que eso suceda, los test en caso de paternidad dudosa están prohibidos en Israel, y si un laboratorio infringe la ley, su licencia será automáticamente revocada.

2. Inconsciente y responsabilidad [2]
Los casos presentados por Mayana Zatz suponen un desafío que interpela nuestra noción de moralidad. Son una bomba que hace estallar nuestras certidumbres, haciendo evidente que la genética es para el siglo XXI lo que fue la física para el siglo XX. Los avances de la genética dejan atrás una forma de vivir y generan problemas de orden ético que no pueden ser resueltos en el campo de la genética misma. Es justamente lo que nos propone Mayana Zatz con su texto. En lenguaje simple, claro, preciso, incisivo, ella va apretando de manera implacable el torniquete en nuestro cerebro de lectores invitándonos dulcemente a responder cuestiones imposibles, en las cuales ella, siempre en la primera persona en la que escribe, incita al lector a participar. ¿Cómo rechazar semejante invitación? Imposible. No sólo por la enérgica gentileza de la autora, sino sobre todo porque no hay cómo escapar a las preguntas que ella plantea.
Frente a este tipo de fenómenos actuales se hace más necesario que nunca cuestionar las raíces de la moralidad que pretende sus fundamentos en la culpabilidad. El psicoanálisis puede vislumbrar nuevas posibilidades de orientación en la teoría y en la clínica, actualizando su abordaje de la moralidad a partir de una noción más contemporánea de responsabilidad, lo cual conlleva la necesidad de una nueva clínica psicoanalítica para el siglo XXI.

¿Maktub?
Como primera cuestión, examinemos la influencia del psicoanálisis sobre la expresión de los genes. ¿Podemos considerar lo ya escrito en el código genético como un Maktub, una determinación inflexible de la vida?
En la actual confrontación del psicoanálisis con los lazos discursivos del siglo XXI, notamos dos corrientes entre los psicoanalistas. Una de ellas, privilegia las alertas para no desnaturalizar al psicoanálisis frente a las transformaciones contemporáneas; la otra privilegia las nuevas posibilidades que se abren para el psicoanálisis, justamente a partir de esas transformaciones. Estas corrientes no se excluyen y motivan la presente indagación.
Maktub es un viejo y confortable sueño de la humanidad: mi destino está escrito en algún lugar, luego sólo me resta conocerlo y cumplirlo. El Maktub releva por lo tanto al sujeto de la responsabilidad sobre su destino.
El ser humano siempre buscó un lugar en el cual estaría alojada su historia, el cual variaba dependiendo de la época. Si antiguamente eran las estrellas, lo que lo llevaba y todavía lo lleva a consultar a los astrólogos, hoy es el genoma; es en el secuenciamiento de los genes humanos donde busca el confort del Maktub.
Curiosamente, en una entrevista del día 13 de abril de 2008, en el diario O Estado de Sao Paulo, Craig Venter, uno de los más importantes pioneros de la genómica, contrarió la ideología cientificista al afirmar:
Sí, los seres humanos son animales altamente influenciados por la genética, pero son también la especie más plástica en su capacidad de adaptarse al ambiente. Hay influencias genéticas, sí, pero aseguro que las personas son responsables por su comportamiento.
Esta afirmación de Venter coincide con la posición de la mayor parte de los genetistas y los aproxima a los psicoanalistas en un punto fundamental, a saber: no hay relación biunívoca entre en fenotipo y el genotipo, entre el mapa genético y su expresión, conocida como expresión génica. Existe una distancia que sólo es rellenada singularmente, no de manera universal, por objetos a. Tenemos aquí por lo tanto un campo común a los cientistas y a los psicoanalistas y, recordémoslo, también a los filósofos como Hans Jonas y su Principio de Responsabilidad, necesario para el pensamiento ético actual, exactamente en correlación con los cambios del lazo social en la globalización. La quiebra de los patrones de verticalidad de las identificaciones en esta nueva sociedad de red, plana u horizontal, como se prefiera, corresponde en igual medida al aumento de la responsabilidad subjetiva ante el encuentro y la sorpresa.
Los avances de las investigaciones científicas en materia de genética importan al psicoanalista de hoy, así como importaron los avances de la física al psicoanalista de un siglo atrás; la genética representa en nuestros tiempos, para la ciencia, lo que la física ya representó: el lugar de punta del avance científico.

El método de la intervención analítica
La primera investigación que realizamos fue formalizada a partir de un diagnóstico situacional sobre el sufrimiento reportado por los pacientes y por los genetistas. Detectamos un nuevo y verdadero virus del lazo social que hemos denominado RC, iniciales de Resignación y Compasión. Resignación de los pacientes, Compasión de las familias.

Estamos acostumbrados a recurrir a un médico cuando sufrimos de algo, no cuando nos sentimos bien. Por lo tanto, un fenómeno típico de nuestro tiempo, antes impensable, es la comunicación de un diagnóstico y pronóstico científicos anunciándole a una persona una enfermedad futura, de la cual ella todavía no sufre y que frecuentemente tiene un nombre extraño, aterrorizante. Pasado un primer momento de enojo, casi siempre la persona elige alienarse en un “sujeto supuesto saber” del imaginario social o, en otros términos, en un sufrimiento prêt-à-porter. Sabemos bien cómo la sociedad es capaz de producir sufrimientos y alegrías en modelos prêt-à-porter.

Al adoptar tal actitud, el sujeto deja la puerta abierta a dos problemas: primero, resignándose anticipa el sufrimiento, facilitando en esa anticipación el progreso de la enfermedad anunciada. Segundo, del lado de la familia, yuxtapuesta a la resignación surge una compasión que bajo su aspecto de virtud, esconde el vicio de comodidad indiferente, congelando la situación en un dueto dolor–misericordia. Es por eso que hemos titulado nuestra investigación “Desautorizar el sufrimiento”, entendiendo con eso el sufrimiento patrocinado/auspiciado.

Hemos logrado así verificar que una intervención psicoanalítica era posible con estos pacientes, sustrayéndolos de la seguridad de una solución prêt-à-porter y devolviéndoles la sorpresa del encuentro que ellos habían tenido con aquel veredicto terrible. Entendíamos que nuestro “sujeto supuesto saber”, creativo y responsable, obtendría beneficios en dos aspectos críticos: el momento inmediato y el progreso de la enfermedad.
Pudimos notar en la práctica clínica lo que Jacques-Alain Miller (2006, p. 12) anunció a propósito del tema de las 36° Jornadas de Estudio de la Escuela de La Causa Freudiana:
Cuando trabaja en su máxima potencia, el psicoanálisis hace, para un sujeto, vacilar todos los semblantes, [incluyendo aquellos del dolor, debemos agregar]. […] Esto libera una señal de apertura, incluso de inventiva o de creatividad, que va a contramano del festín de Baltasar. Lo que de allí emerge, en la mejor de las hipótesis, es una señal que dice “no todo está escrito".
Una objeción al amo contemporáneo. No todo está escrito. Aun cuando está escrito en el código genético, existe un gap, una distancia entre lo escrito, el genotipo al que hicimos referencia, y su expresión en el fenotipo.
A lo largo de un año hicimos el seguimiento de diecinueve pacientes, elegidos entre los que solicitaron ser atendidos por un psicoanalista en el Centro de Estudios del Genoma Humano. Sus enfermedades eran muy variadas: distrofia muscular de Duchenne, distrofia mitónica de Steinert, distrofia muscular facioescapulohumeral, ataxia espinocerebelar.
La primera y la segunda entrevista estuvieron a cargo de Jorge Forbes con la presencia de Mayana Zatz. Estas entrevistas fueron transmitidas en directo a un equipo de psicoanalistas del IPLA de Sao Paulo y estaban orientadas a delimitar el campo de incidencia de la separación entre el S1 y el S2. Citemos al respecto el referido texto de Jacques-Alain Miller:
Esto define la condición de la propia posibilidad de ejercicio psicoanalítico. Para que haya psicoanálisis es necesario que sea lícito, permitido –y es eso lo que se enfrenta a los poderes de los demás discursos establecidos–, alcanzar al significante amo, hacerlo caer, revelar su pretensión absoluta, como un semblante, y reemplazarlo por lo que resulta del embrague del sujeto del inconsciente sobre el cuerpo, esto es, lo que llamamos con Lacan el objeto a.
A partir de esas entrevista preliminares, discutidas con todo el equipo, uno de los miembros asumió la dirección del tratamiento analítico con una frecuencia semanal. Mayana Zatz y Jorge Forbes volvieron a ver a los pacientes cada tres meses.
La adhesión al tratamiento fue total. No hubo una sola ausencia a las consultas durante todo el año, y vale recordar que esas personas tienen dificultades de locomoción. Sus cambios de posición en relación al goce fueron evidentes, así como el cambio de posición de las familias en relación al sentimiento de piedad. 
Esta práctica clínica nos enseña muchas cosas, entre ellas:
  1. Que existe la posibilidad de una práctica del psicoanálisis en instituciones, lo cual supone partir de la cuestión de cómo crear una institución a partir del psicoanálisis o, en algunos casos, cómo reorientar la institución existente con el psicoanálisis.
  2. que existe la posibilidad de transmitir, por la clínica, el savoir faire inspirado en la segunda clínica de Jacques Lacan, aquella que llamamos Clínica de lo Real.
  3. que existe apertura a una colaboración con los cientistas que no se limita a decir que “Freud también era un neurólogo”. Esto confirma la necesidad de respetar las diferencias entre los discursos para ponerlos en genuina colaboración.
Concluimos entonces: la clínica de los objetos en la experiencia psicoanalítica posibilita al ser humano del siglo XXI liberarse de los nuevos maktub, y, correlativamente, responsabilizarse por el hueso de su existencia de una forma renovada y creadora.

[1Este acápite está tomado del capítulo 1 del libro GenÉtica, de Mayana Zatz (Editora Globo, 2011)

[2Este acápite está tomado del prólogo de Jorge Forbes al libro de Mayana Zatz ya referido y a pasajes de la obra de Jorge Forbes Inconsciente e Responsabilidade: Psicanálise do Século XXI (Editora Manole, 2012).

martes, 2 de enero de 2018

LA HERIDA DE LA MÚSICA, LA MÚSICA DE LA HERIDA.




  “Soy una herida, un cuerpo pulsante, sufriendo ser” (Björk: “Black Lake”).


“Nosotros, las personas espirituales… (…) soñamos todos con un lenguaje sin palabras, que diga lo inexpresable, que refleje lo irrepresentable.”   
“El lobo estepario” Hermann Hesse.


Anoche soñé que le regalaba a mi psicoanalista un libro de música. En su tapa se podían leer los nombres de algunos compositores: Bach, Mozart , Haydn y Mendelssohn (por qué ellos y no otros,  en principio no lo sé; yo no sé de música, aunque creo que sí del sentir /de /la música). Le decía que si bien era un libro que planteaba algunas cosas que eran incomprensibles y muy complejas para alguien que como él o yo no sabemos de música (no sé si él sabe o no, sí sé que le gusta como a mí), sí había  podido, y suponía que él también podría hacerlo,  captar algunas  cosas mínimas, esenciales. Agregaba que  aún siendo las mismas tan fragmentaria o pulsátilmente aprehensibles,  su efecto sobre  mí en este caso, había sido tan deslumbrante, que su valía se me hacía  incalculable.  Asimismo le explicaba que una novela no podía regalarle porque podría tornársele aburrida si no le interesaba el tema que trataba, y yo no sabía que temas podían ser de su interés.

Tratando de interpretar el sueño, llegué a esta conclusión: que la falta o la herida de cada cual es una música capaz solamente de ser sentida y sabida solamente por una misma, pero no comprendida (cual una novela) 

Y escribí esto: 


Se puede decir, leer y escribir    
todo lo que se quiera 
sobre la herida             
propia y de los otros,                                                                            pero solo la propia                                                                                carne"sabe"  
de su música: 
su pulsación, su ritmo, su tono y su melodía.


                                                                                                                                                 

Me acordé inmediatamente de Chantall Maillard y su “Matar a Platón”:




Un hombre es aplastado...

Un hombre es aplastado.
En este instante.
Ahora.
Un hombre es aplastado.
Hay carne reventada, hay vísceras,
líquidos que rezuman del camión y del cuerpo,
máquinas que combinan sus esencias
sobre el asfalto: extraña conjunción
de metal y tejido, lo duro con su opuesto
formando ideograma.
El hombre se ha quebrado por la cintura y hace
como una reverencia después de la función.
Nadie asistió al inicio del drama y no interesa:
lo que importa es ahora,
este instante
y la pared pintada de cal que se desconcha
sembrando de confetis el escenario.

Tuerzo la esquina. Apresuro el paso. Se hace tarde y aún no he almorzado.

De "Matar a Platón" 2004


¿Y qué hay del sentimiento...

¿Y qué hay del sentimiento?
No, no lo hay, aquí no hay sentimiento.
¿Debería haberlo?
¿Es poesía el verso que describe
fríamente aquello que acontece?
Pero ¿qué es lo que acontece ?

De "Matar a Platón" 2004



También recordé el poema de Rimbaud que trabaja Lacan :

A una razón



"Un golpe de tu dedo sobre el tambor descarga todos los sonidos e
inicia la nueva armonía.

Un paso tuyo. Y el alzamiento de los hombres nuevos y su
caminar.

Tu cabeza se vuelve: ¡el nuevo amor! Tu cabeza gira, ¡ el nue-
vo amor!

'Cambia nuestros lotes, criba las plagas, empezando por el tiem-
po', te cantan esos niños. 'Eleva no importa adónde la sustancia
de nuestras fortunas y nuestros anhelos', te ruegan.

Llegada desde siempre, tú que irás por todas partes".

Arthur Rimbaud (Francia, 1854-1891)





Y para finalizar, dos poemas de Roberto Juarroz.



Hay fragmentos de palabras

Hay fragmentos de palabras
adentro de todas las cosas,
como restos de una antigua siembra.

Para poder hallarlos
es preciso recuperar el balbuceo
del comienzo o el fin.
Y desde el olvido de los nombres
aprender otra vez a deletrear las palabras,
pero desde atrás de las letras.

Quizá descubramos entonces
que no es necesario completar esos fragmentos,
porque cada uno es una palabra entera,
una palabra de un lenguaje olvidado.

Y hasta es posible que encontremos en cada cosa
un texto completo,
un reservado y protegido texto
que no es preciso leer para entender.


Roberto Juarroz ,  Duodécima poesía vertical







Roberto Juarroz de su “Novena Poesía Vertical”:


Desde todas las cosas se levantan cantos.
Algunos se duermen en el aire
y caen enseguida como semillas huecas.
Otros tropiezan con las otras cosas
y se pierden en ella.
Y otros encuentran las palabras que vagan
y se funden así con el canto del hombre.
De ese agreste montaje,
de esa insólita mezcla
híbrida como el mundo,
impura como el mundo,
empieza un nuevo canto,
más libre,
más suelto que la vida:
nace el canto del mundo.
Y ese canto reemplaza,
casi en un rito clandestino,
la prolongada ausencia
del canto de los dioses.
De los dioses,
que nunca se entendieron del todo con las cosas.

Roberto Juarroz, Novena poesía vertical